Política Obrera y la consigna de la Asamblea Constituyente: un paso adelante, dos pasos atrás

La expulsión de Jorge Altamira y un sector importante de dirigentes y militantes del Partido Obrero en 2019 impulsó inicialmente hacia la izquierda a la nueva formación que crearon los expulsados: el Partido Obrero Tendencia o Política Obrera.

Un ejemplo de eso fue su crítica al electoralismo de los partidos que componen el FIT-U. En particular, Política Obrera oponía consignas claras de poder obrero (huelga general, gobierno de los trabajadores) a las consignas meramente electorales, y por lo tanto dentro de los límites de la democracia burguesa, que eran promovidas por el FIT-U.

Este giro a la izquierda se reflejó por ejemplo en una crítica al planteo de Asamblea Constituyente por parte de varios de los partidos componentes del FIT-U. Por ejemplo, en un artículo de julio de 2022 (FIT-U: que el gobierno convoque a una asamblea constituyente https://politicaobrera.com/7582-fit-u-que-el-gobierno-convoque-a-una-asamblea-constituyente) se crítica de manera clara y correctamente la consigna de Asamblea Constituyente levantada tanto por el PTS como por el MST.

Los compañeros de Política Obrera en ese artículo señalan el centro de la cuestión: “lo más significativo es que esta izquierda aborde la crisis de conjunto de Argentina y, ¿porque no?, mundial, desde lo formal y desde lo institucional. Porque de lo que se trata no es de votar una Constitución que garantice el cumplimiento de los supuestos mandatos electorales, sino de una estrategia para quebrar el espinazo del capital y del estado.” (énfasis nuestro).

Coincidimos por completo. Argentina tiene ya una democracia burguesa que, con todos sus límites, es lo más democrática que se puede esperar teniendo en cuenta las condiciones de atraso del capitalismo en el país. Lo que se necesita no es una democracia burguesa más democrática, sino la sustitución de la misma por el poder de los trabajadores.

¿Y cuál es la alternativa que planteaban hace un año los compañeros de Política Obrera? “La profundización de la crisis exige concentrar la atención política de la clase obrera, no desviarla con tiros al aire. Esto es: Huelga general, congreso de trabajadores.” De nuevo, totalmente correcto, coincidimos por completo. Las consignas a levantar son aquellas que concentran la atención de la clase obrera en la necesidad de su irrupción en la escena, de manera independiente, para derrocar el capitalismo. Consignas que contrapongan el poder de la clase dominante al poder de la clase obrera.

Estas consignas, correctas en nuestra opinión, fueron el centro de la agitación de Política Obrera durante todo un período, y representan un paso adelante en la dirección correcta.

Por eso no deja de ser sorprendente el nuevo giro que han dado los compañeros de Política Obrera en las últimas semanas. Así en las “Tesis políticas aprobadas en el II° Congreso de Política Obrera” (11 de marzo, 2023 https://politicaobrera.com/9222-tesis-politicas-aprobadas-en-el-ii-congreso-de-politica-obrera) vemos como regresa la consigna de la Asamblea Constituyente, y lo hace de la peor forma posible. Veamos. Los compañeros empiezan por rechazar la consigna como consigna de agitación:

“Dadas las características que va teniendo la crisis y la necesidad de verificar las que irá adoptando el movimiento de masas, la reivindicación de la asamblea constituyente libre y soberana está fuera de lugar como reivindicación agitativa. (…) Un sector amplio de las masas, por otro lado, interpretaría el planteo de poner fin al gobierno de los Fernández para imponer esa constituyente, como funcional a la derecha. En el estadio prematuro actual no serviría para impulsar un movimiento de masas ni una lucha política. Las consignas, para ser válidas, deben recoger, en primer lugar, la naturaleza de la situación histórica, pero de forma tal que interprete la inquietud de los trabajadores y refuerce sus tendencias a una lucha de clases consciente. La tendencia a la autoconvocatoria y a la huelga indefinida han tomado vida real, por eso son un punto sólido de agitación que es necesario desarrollar en forma consecuente.”

Es correcto. Ante una situación de crisis aguda del capitalismo donde hay tendencias fuertes hacia la autoconvocatoria de los trabajadores, la consigna de la asamblea constituyente “está fuera de lugar” y la agitación debe centrarse en consignas de poder obrero, que desarrollen y expresen esas tendencias hacia la auto-organización.

Nosotros pensamos que la consigna de la asamblea constituyente no es aplicable a Argentina actualmente, no solamente por los motivos que mencionan los compañeros (coyunturales), sino además por el hecho de que en Argentina ya existe una democracia burguesa, pero de eso hablaremos más adelante. Volvamos a las Tesis del IIº congreso de Política Obrera. Después de haber rechazado la consigna de asamblea constituyente, los compañeros dan una pirueta de 180º y la reintroducen como consigna válida para la campaña electoral (!!). Vamos a citar todo el párrafo completo para que no haya lugar a duda:

“Dicho esto, el planteo de una Constituyente libre y soberana sería muy adecuado y conveniente en el campo circunscripto de la campaña electoral. Incluso una vanguardia revolucionaria desarrollada, con capacidad de utilizar las elecciones como tribuna de agitación, estaría obligada a adecuar su labor de propaganda a las condiciones de un proceso electoral. Estas peculiaridades no deben afectar de ninguna manera el planteo estratégico, que es la reivindicación de un gobierno de trabajadores. Esto especialmente en el caso de reivindicar una Constituyente soberana. Desde este ángulo, la afirmación o el compromiso de que, de ganar las elecciones, Política Obrera convocaría a una Asamblea Constituyente que reemplace al régimen actual, serviría enormemente para introducir en el debate electoral la cuestión del poder. Es muy oportuna porque la campaña electoral deberá discutir la crisis del Estado. Sería positiva para desarrollar el lado progresivo de las ilusiones democráticas de las masas, presentaría una salida a la crisis y a la corrupción institucional. Se opondría por el vértice al ángulo pequeño burgués autorreferencial del tipo “somos la tercera fuerza” o “vota a la izquierda que lucha”, o plataformas estrechamente sindicales” (nuestro énfasis).

En primer lugar, debemos señalar que la argumentación de que una consigna es incorrecta para la agitación, pero “muy adecuada y conveniente” para la campaña electoral, es caer justamente en el cretinismo parlamentario que Política Obrera le había criticado, correctamente, al FIT-U. La crítica a esa adaptación parlamentaria fue justamente una de los puntos de diferenciación entre Política Obrera y el PO cuando los compañeros fueron expulsados. ¿Cómo puede ser legítimo decir una cosa en la agitación diaria entre las masas obreras y justo lo contrario durante la campaña electoral? La excusa que plantean los compañeros (“adecuar su labor de propaganda a las condiciones de un proceso electoral”) es justamente una descripción de lo que es la adaptación al parlamentarismo burgués.

En segundo lugar ¿cómo se puede afirmar que no hay contradicción entre llamar a una asamblea constituyente y “el planteo estratégico, que es la reivindicación de un gobierno de trabajadores”. Una asamblea constituyente es una forma particular de parlamento burgués cuya tarea principal, como su nombre indica, es la de elaborar una constitución. Es justo lo contrario de un gobierno de los trabajadores. Cualquier confusión sobre este particular es potencialmente muy peligrosa.

Lo que los compañeros están argumentando es que la consigna de una asamblea constituyente “presentaría una salida a la crisis y a la corrupción institucional.” Lamentablemente debemos señalar que Política Obrera cae en el mismo error que le criticaban a los partidos del FIT-U: pensar que hay una salida formal e institucional (burguesa) a la crisis, en lugar de plantear “una estrategia para quebrar el espinazo del capital y del estado”.

Veamos cómo se plantea la consigna en el programa electoral de Política Obrera:

“En estas condiciones de crisis excepcional, POLÍTICA OBRERA reclama el voto de los trabajadores para reunir la mayoría necesaria para convocar a una Asamblea Constituyente Soberana que proceda a aplicar las reivindicaciones del presente programa.”

A esto se añade una calificación: “En oposición a las asambleas constituyentes declamativas que pululan por América Latina, es necesaria una Asamblea Constituyente deliberativa y ejecutiva, o sea que asuma el poder político, ponga en práctica sus resoluciones y desplace al régimen actual en descomposición.” (Programa de Política Obrera para las elecciones nacionales de 2023 https://politicaobrera.com/9221-programa-de-politica-obrera-para-las-elecciones-nacionales-de-2023)

En realidad este planteamiento es extremadamente confuso. Política Obrera quiere ganar una mayoría en el parlamento para poder convocar una asamblea constituyente que aplique el programa con el que se presentan a las elecciones. Eso quiere decir, si hemos entendido bien, que lo que proponen es que el parlamento (burgués) convoque a una asamblea constituyente (burguesa) para que desplace al régimen actual (burgués). Este planteo demuestra una adaptación democratizante al régimen de la democracia burguesa, que es justamente lo que está en crisis y en descomposición.

Por supuesto que hay que utilizar la tribuna de la campaña electoral. Pero hay que usarla para agitar a favor de una salida obrera, que implique la irrupción de la clase obrera de manera independiente para resolver la crisis. Para eso sirven las consignas de huelga general y congreso obrero que los compañeros han estado levantando en el último período. Pero ahora resulta que, cuando llegan las elecciones burguesas, esas consignas se abandonan.

Si nos permiten la pregunta, si Política Obrera logra una mayoría en el parlamento burgués ¿qué necesidad hay de convocar a una constituyente? Si tienen mayoría, ¿por qué no simplemente aprobar una moción que diga, tomamos todo el poder y empezamos a aplicar el programa? Claro, eso debería ir acompañado de una campaña de agitación fuera del parlamento, mediante huelgas y manifestaciones de masas y la convocatoria de un congreso obrero para romper la resistencia del aparato del estado burgués. De todo esto no se dice nada en el programa que avanzan los compañeros.

En relación a la consigna de Constituyente, el programa electoral añade más confusión al señalar:

“El compromiso es convocar a una Asamblea Constituyente Libre y Soberana que discuta y vote la ruptura con el FMI, el desconocimiento de la deuda pública financiera usuraria, y que satisfaga las reivindicaciones salariales, previsionales; el derecho a la vivienda, la salud y la educación; la defensa del medio ambiente; y el apoyo a la lucha internacional de la clase obrera. Convoca a votar por una asamblea ejecutiva, o sea que pondrá en práctica de inmediato sus resoluciones, poniendo fin a la cháchara y la estafa en que se ha convertido el parlamentarismo, que legisla para la clase capitalista y para los apetitos del gobierno de turno y de la burocracia estatal.

En realidad, una asamblea ejecutiva que ponga fin a la estafa del parlamentarismo capitalista, no es una asamblea constituyente. De lo que los compañeros están hablando en realidad no es de una asamblea constituyente (un organismo democrático burgués) sino de un organismo de poder obrero. Entonces ¿porqué no llamarlo por su nombre?

El mismo programa electoral concluye diciendo: “No se puede, sin embargo, ir a una movilización electoral clara sin la exhibición de una consigna que responda de inmediato a la crisis política. Una función fundamental del planteo es discutir el poder de cara a los trabajadores.”

Pero levantar la consigna de una asamblea constituyente convocada por el parlamento burgués no ayuda a discutir la cuestión del poder, sino que introduce más confusión. Es más, representa otro paso atrás de Política Obrera en relación a esta cuestión. En 2001, cuando sucedió el Argentinazo, la consigna del PO era una asamblea constituyente “convocada por el pueblo movilizado”. En aquél momento nosotros criticamos la consigna por confusionista y no apropiada. Pero ahora el planteo es incluso peor. No es una asamblea constituyente convocada por el pueblo movilizado, ¡sino por el parlamento burgués!

Lo que está sobre la mesa es una crisis profunda del capitalismo que se expresa en una crisis de sus instituciones. Ante eso hay que plantear aquellas consignas de transición que ayuden a las masas a comprender que la solución a sus problemas más graves y urgentes pasa solamente por el derrocamiento del capitalismo y la toma del poder por parte de los trabajadores.

A las consignas que se plantean en el programa electoral de Política Obrera quizás habría que añadir algunas, como la escala móvil de precios salarios, el control obrero de la producción, que las nacionalizaciones que se proponen sean bajo control obrero, apertura de los libros de cuentas de los capitalistas, etc.

Pero lo más importante que hay que plantear es para conseguir las reivindicaciones (en general correctas) del programa de Política Obrera no basta con votar en las elecciones sino que hay que organizar la lucha en las calles, las fábricas y los lugares de trabajo, construyendo organismos de coordinación con delegados electos y revocables, culminando en un Congreso Obrero nacional que dispute el poder. ¿Qué más democrático que eso? Si los de arriba, el FMI, capitalistas, banqueros, políticos burgueses, etc. son incapaces de resolver la crisis, que sea la mayoría, la clase obrera, la que tome las riendas del país.

Cualquier otra cosa es introducir confusión e ilusiones democráticas.

Ya en 2001/2002 tuvimos este debate con Altamira y Oviedo (ver “Sobre la consigna de la Asamblea Constituyente ¿Se puede aplicar a Argentina?”, Alan Woods https://www.marxist.com/sobre-la-consigna-de-la-asamblea-constituyente-se-puede-aplicar-a-argentina.htm). En aquél entonces señalamos que como explicó Trotsky en relación a China, la India, España, etc., y en el propio Programa de Transición, que la consigna de asamblea constituyente se aplica a países coloniales o semicoloniales atrasados en los que la tarea central es la revolución agraria o en países con regímenes dictatoriales, donde es necesario vincular las consignas democráticas con las consignas socialistas.

En Argentina existe la democracia burguesa desde hace décadas. Sí, es una democracia burguesa podrida, corrupta hasta el tuétano, pero la democracia burguesa al fin y al cabo no puede ser de ningún otro tipo. Es además un país con una poderosa clase trabajadora, que ha dado muestras a lo largo de su historia de su potencial revolucionario. La cuestión agraria es importante, pero juega solamente un papel secundario. La cuestión de la dominación imperialista, a través del FMI, está íntimamente vinculada a las tareas socialistas, no a las democráticas.

La consigna de la asamblea constituyente no juega ningún papel progresista. Al contrario. Como hemos visto recientemente en Chile, puede jugar un papel pernicioso. Llamamos a los compañeros a reflexionar sobre el paso atrás que han dado. Las consignas centrales que habían levantado desde su expulsión del PO eran correctas y siguen siendo válidas: huelga general y congreso obrero.


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