El pasado martes 12 de mayo, luego de varias idas y vueltas, se concretó la Cuarta Marcha Federal Universitaria desde que se transita el gobierno reaccionario de Javier Milei. La postergación de la misma se daba en el contexto de rodeos burocráticos que incluyeron denuncias, intimaciones entre el Poder Ejecutivo y el Consejo Interuniversitario Nacional (CIN) en conjunto con frentes sindicales (CONADUH, FATUN, etc.), mediadas por el Poder Judicial, sobre el incumplimiento de la Ley de Financiamiento Universitario. Como ya hemos descrito anteriormente, tal Ley surge como un “salvavidas económico” para la clase obrera del sector universitario y gestionado por la dirigencia burocrática del sector. No obstante, esta Ley propone una recomposición salarial parcial de aproximadamente un 44% (https://www.eltribuno.com/nacionales/2026-5-12-21-56-0-cuanto-gana-un-docente-universitario-en-argentina), mientras que el porcentaje de inflación interanual a principio de año fue de 32, 4%. De tal manera que a este ritmo inflacionario y el tiempo transcurrido hasta ahora determina un aumento no menor al 50% del sueldo bruto para los y las trabajadores universitarios.
A pesar del clima de bronca y rechazo que se percibió en la Marcha para con las medidas del Gobierno Nacional, durante el acto las intervenciones de las y los oradores no presentaban un contenido político concreto de agitación y mucho menos de dirección. Aún más, en algún caso, se ha llegado agradecer a los representantes del Poder Legislativo por haber sancionado la Ley de Financiamiento, mientras que, por otro lado, los mismos han aprobado recientemente otras leyes nefastas como el Régimen Penal Juvenil que baja la edad de imputabilidad y la reforma de la Ley de Glaciares. Estas declaraciones demuestran, por un lado, la desconexión de la dirigencia obrera con la realidad concreta en el contexto de crisis del establishment. Y, por otro, la insolvencia de la dirigencia obrera para canalizar el descontento de la clase para golpear a los capitalistas con contundencia en huelgas por tiempo indeterminado y la toma de los lugares de trabajo conformando asambleas que permiten consolidar el plan de lucha. En contraposición a los paros intermitentes sin cierre de los establecimientos y asegurando el dictado de clases por parte de las autoridades y docentes que no acatan para que los estudiantes no pierdan clases.
La situación entre los diferentes claustros de la comunidad universitaria (docentes, no docentes y estudiantes) presenta cierta desconexión determinada por los intereses superficiales que se contraponen entre ellos. De tal manera que las medidas de fuerza entre los docentes y no docentes (estos últimos garantizan el cierre total del edificio y otros medios para impedir el normal funcionamiento) no están sincronizadas y el efecto suele dispersarse, más aún, mitiga el apoyo de la mayoría de los y las estudiantes que busca que se garantice la cursada a cualquier costo. Tal situación demuestra la falta de unión entre la comunidad universitaria. Por un lado, debido a la confusión que generan los frentes gremiales de cada claustro con llamados a medidas de fuerza totalmente descoordinados determinados por la naturaleza que estos poseen. Por otro lado, de parte de las autoridades que garantizan la cursada y boicotean cualquier medida de fuerza esperando que se concrete la sanción de la Ley de Financiamiento. No obstante, la Facultad de Ciencias Exactas de la UBA ha marcado una vía más contundente con medidas de paro por tiempo indeterminado que ya lleva nueve semanas y cortes de ruta el día de la Marcha intentando visibilizar que la lucha va más allá del cumplimiento de una Ley insuficiente para solventar las problemáticas del sector, en contraposición a la burocracia universitaria que solo aspira a que se cumpla la Ley. Sin embargo, esta es la única Facultad del país que ha optado por esta vía y muestra la postura efectiva para golpear desde las bases al establishment en profunda crisis.
Como señalaron Marx y Engels, el desarrollo capitalista genera capas burocráticas privilegiadas y diferenciaciones en el seno de la propia clase obrera. Marx explicaba que el avance de la producción capitalista desarrolla sectores que, “por educación, tradición y hábito”, terminan adaptándose a las condiciones existentes, mientras Engels afirmaba que ciertos sectores “forman una aristocracia dentro de la clase obrera” y aceptan como definitiva su posición relativamente privilegiada (Marx, El Capital; Engels, prólogo de 1892 a La situación de la clase obrera).
Estas tendencias generales también se expresan en nuestro país, creando una división fundamental en el seno de la clase obrera entre una capa superior de obreros aburguesados (autoridades del sector educativo y dirigentes gremiales) y la masa del proletariado (el resto de los trabajadores universitarios y estudiantes). Los primeros, son el principal apoyo social de los capitalistas traicionando los intereses de la mayoría a costa de mantener su posición de privilegio económico y burocrático. De tal manera que, la salida para derrotar a los opresores y parásitos capitalistas es a través de la organización de los claustros, sosteniendo que no es posible confiar en la clase dirigente que posee fuertes intereses contrapuestos con los de nuestra clase. Para ello, es necesario ampliar y profundizar las acciones que se llevan a cabo en la Facultad de Exactas de la UBA por ejemplo y extenderlo a cada universidad, escuela, fábrica y todos los sectores que llevan sobre sus hombros la crisis que generan los capitalistas al costo de nuestra calidad de vida y nuestro futuro.
¡En defensa de la Educación pública!
¡Por la organización política de los claustros universitarios!
¡Ninguna confianza en la burocracia, el poder está en nuestras manos!
¡Contra el ajuste de Milei y el FMI
¡Por un gobierno de los trabajadores y trabajadoras!









