Masiva marcha universitaria: balance y perspectivas

Este 12 de mayo se llevó adelante una nueva movilización federal universitaria que volvió a mostrar la enorme disposición de lucha existente entre estudiantes, docentes y trabajadores de la educación frente al ajuste del gobierno de Milei sobre la universidad pública. Masivas columnas recorrieron las calles de distintos puntos del país en defensa del presupuesto universitario, los salarios docentes, las becas estudiantiles y el sostenimiento de la investigación científica, en un contexto marcado por el deterioro acelerado de las condiciones de vida de la clase trabajadora y sus familias.

Lejos de tratarse de un hecho aislado, esta marcha se inscribe en un proceso más profundo que viene desarrollándose desde las grandes movilizaciones universitarias de 2024. La universidad pública aparece como uno de los escenarios donde se expresa el choque entre las necesidades que tenemos los trabajadores y estudiantes y la lógica de ajuste permanente que impone el capitalismo argentino en crisis, el choque entre vida o muerte. No hablamos de una abstracción. Hablamos de jubilados que recortan medicamentos porque no pueden pagarlos, de familias enteras que saltean comidas porque el salario ya no alcanza, de estudiantes que intentan cursar mientras trabajan jornadas cada vez más precarizadas y de miles de trabajadores arrojados a la desocupación por cierres de empresas y despidos. Cuando cada vez más personas tienen que elegir entre comer o comprar remedios, entre estudiar o trabajar doce horas para sobrevivir, entre pagar el alquiler o endeudarse, queda claro que este sistema ya no puede garantizar ni siquiera las condiciones mínimas para vivir.

La masividad en las principales ciudades del país no fue solo “un reclamo educativo”, sino parte de una reacción más amplia contra el deterioro de las condiciones de vida. Ya que en las ultimas semanas vimos una fuerte caída de la imagen de Milei, un crecimiento de la bronca que se expresa en el rechazo al ajuste. Encuestas nacionales registran caídas de hasta diez puntos en su imagen positiva en apenas dos meses, mientras la desaprobación de su gestión ya supera ampliamente el 50%. Otros estudios muestran incluso que más de siete de cada diez personas consideran necesario un cambio de gobierno. No se trata solamente de un desgaste mediático o electoral. Detrás de esos números aparece el impacto concreto del ajuste sobre los nervios, la carne y los músculos de millones de personas de a pie, los despidos, el deterioro salarial, el hambre, la pobreza y el creciente malestar social. El gobierno expresa cada vez más abiertamente los intereses del gran capital, es decir un puñado de empresarios, banqueros y terratenientes, contra las necesidades de la inmensa mayoría de la sociedad como somos los trabajadores y el pueblo pobre.

Pero ese malestar que crece no es solamente contra Milei, sino contra el régimen político de conjunto. Cada vez más gente empieza a ver a los políticos de todos los partidos como parte del mismo circo de siempre: tipos que prometen una cosa en campaña y gobiernan para otra, completamente desconectados de la vida cotidiana y de los problemas reales que atraviesan millones de laburantes.

Como señalamos en nuestro documento congresual: “La crisis económica viene minando las bases materiales de la legitimidad del régimen, mientras la crisis política acelera el descrédito de las instituciones que deberían garantizar el orden para que los capitalistas puedan hacer sus negocios. A esto se suma la crisis ideológica, nacida de la impotencia de los partidos burgueses para ofrecer algo diferente al ajuste y la represión, lo que alimenta una desconfianza generalizada. El resultado es una crisis del Estado burgués, una crisis de poder en la que la clase dominante intenta sostener sus ganancias y mantener el orden social que las garantiza, aunque cada maniobra de estabilización abre nuevas fisuras y contradicciones.”

Y agregamos: “La situación política está atravesada por giros bruscos hacia la izquierda y hacia la derecha y, en ese marco, el FIT-U, pese a sus límites estructurales y la orientación electoralista de su dirigencia, podría canalizar temporalmente la radicalización de una franja de la juventud y de la clase trabajadora.” Algo que comienza a vislumbrarse con el crecimiento de Myriam Bregman, del PTS, a quien encuestas y estudios recientes muestran como la dirigente con mejor imagen de la Argentina, incluso por delante del candidato del peronismo, el gobernador de Buenos Aires, Axel Kicillof.

Es este el escenario concreto en que tuvo lugar ayer la marcha federal universitaria que inundó las calles del país. Sin duda, las movilizaciones de masas son una muestra masiva de fuerza en las calles que sacude el tablero político. Es por eso que tiene gran importancia y utilidad realizar una serie de reflexiones acerca de la impactante movilización del 12 de mayo.

¿Cómo seguir después de la marcha?

En las calles volvió a aparecer una de las principales contradicciones que atraviesan al movimiento universitario. Mientras por abajo crece la disposición a luchar y sacar conclusiones cada vez más profundas sobre la crisis actual, buena parte de las direcciones reformistas, burocráticas y sindicales continúan intentando mantener el conflicto dentro de márgenes compatibles con el régimen. Buscan reducir toda la pelea a reclamos institucionales, presión parlamentaria o negociaciones con las mismas autoridades responsables del ajuste, evitando desarrollar métodos de lucha sostenidos y una coordinación concreta con el conjunto de los trabajadores.

Esa es precisamente la orientación que vienen impulsando Yacobitti y los rectores agrupados en el CIN (Consejo Interuniversitario Nacional), junto al Frente Sindical de las Universidades Nacionales, la FUA y las centrales sindicales. Aunque se ven obligados a convocar movilizaciones por la enorme presión que existe desde abajo, también necesitan preservar sus propios espacios de poder y privilegios dentro del régimen universitario. Por eso, los discursos desde el escenario montado en Plaza de Mayo mostraron una profunda desconexión con el momento político concreto. Mientras millones ven deteriorarse brutalmente sus condiciones de vida, desde el palco se volvía a sembrar confianza en las mismas instituciones responsables del ajuste, llegando incluso a agradecerle al Parlamento la aprobación de la seis veces votada y nunca aplicada Ley de Financiamiento Universitario.

Las propias noticias posteriores a la marcha muestran rápidamente los límites de esa estrategia. Mientras las autoridades universitarias vuelven a depositar expectativas en la Corte Suprema para que obligue al gobierno a aplicar la Ley de Financiamiento Universitario, queda expuesto que incluso una ley votada reiteradamente puede seguir sin aplicarse mientras el ajuste continúe siendo una necesidad central para el régimen político y económico.

Frente a esta situación, los problemas de las mayorías estudiantiles, docentes, no docentes y trabajadoras no pueden seguir quedando en manos de las mismas estructuras políticas y burocráticas que vienen administrando el deterioro de la universidad pública desde hace años. La defensa consecuente de la educación pública exige que quienes sufrimos el ajuste tomemos la lucha en nuestras propias manos, desarrollando formas de organización democráticas construidas desde abajo.

La profundidad de la crisis universitaria no se expresa solamente en el presupuesto. También aparece en la creciente imposibilidad de miles de jóvenes trabajadores para ingresar, sostener o terminar sus estudios. Cada vez más estudiantes deben trabajar jornadas agotadoras para sobrevivir, abandonar materias, recortar gastos básicos o directamente dejar la universidad.

Las enormes movilizaciones demostraron la fuerza social existente. El desafío ahora es evitar que esa fuerza vuelva a ser absorbida por las maniobras parlamentarias y los límites impuestos por las burocracias universitarias y sindicales. Defender verdaderamente la universidad pública exige desarrollar organismos de lucha y coordinación desde abajo, ligando la pelea estudiantil al conjunto de los trabajadores y sectores populares golpeados por el ajuste. Debemos defender la Universidad con huelgas, marchas, cortes, clases públicas, asambleas, comités y coordinadoras que pongan sobre la mesa la necesidad de construir una huelga general política.

De hecho, en las vísperas de la propia Marcha Federal Universitaria, el gobierno anunció nuevos recortes brutales contra las universidades, la educación y el sistema científico, reduciendo futuros gastos por casi 110.000 millones de pesos. Es decir, mientras cientos de miles se movilizaban en las calles y desde los escenarios se seguían sembrando expectativas en negociaciones parlamentarias o acuerdos institucionales, el ajuste continuaba avanzando. Esto demuestra los límites de las movilizaciones aisladas y de una estrategia puramente defensiva. El problema de fondo no es solamente Milei como individuo, sino un sistema entero que necesita descargar permanentemente la crisis sobre la educación, los salarios y las condiciones de vida de la mayoría para garantizar las ganancias de empresarios, banqueros y terratenientes.

Desde las protestas docentes y estatales en Chubut y Río Negro hasta la organización de trabajadores del INTI, los obreros de Fate, los legislativos bonaerenses y los jubilados que todos los miércoles se movilizan contra el ajuste, continúa desarrollándose una resistencia cada vez más amplia, aunque todavía fragmentada.

Se trata también de absorber las lecciones del pasado. Cada vez que el movimiento estudiantil logró desarrollar asambleas reales, coordinadoras y una verdadera unidad con la clase trabajadora, las luchas dieron un salto enorme y comenzaron a poner en cuestión mucho más que un reclamo puntual. Así ocurrió durante la Reforma Universitaria de 1918, el Cordobazo, el Rosariazo y las grandes rebeliones obrero-estudiantiles de finales de los años 60 y principios de los 70, donde la organización desde abajo y la unidad entre estudiantes y trabajadores transformaron conflictos parciales en movimientos de masas capaces de sacudir profundamente al régimen político y al orden social existente.

La defensa de la universidad pública no puede limitarse solamente a resistir un recorte presupuestario. La crisis actual vuelve a poner sobre la mesa una discusión mucho más profunda: qué universidad necesitamos y al servicio de quién debe estar el conocimiento, la ciencia y la educación. Bajo el capitalismo, incluso la universidad pública termina subordinada cada vez más brutalmente a las necesidades del mercado, la precarización y las ganancias de una minoría privilegiada, mientras millones de jóvenes trabajadores ven deteriorarse sus posibilidades reales de estudiar, investigar y desarrollarse plenamente.

Por eso, la pelea por la universidad pública no puede separarse de la pelea por transformar de raíz la sociedad que la vacía y degrada permanentemente. Necesitamos una universidad verdaderamente democrática, científica y al servicio de las necesidades sociales, no organizada en función de los negocios de empresarios y banqueros, sino del desarrollo integral de millones de trabajadores y jóvenes.

Las enormes movilizaciones del 12 de mayo muestran que existe una enorme fuerza entre la clase trabajadora y la juventud, latente bajo la superficie. La tarea ahora es que esa fuerza avance en organización, conciencia y coordinación con el conjunto de las luchas obreras y populares, retomando las mejores tradiciones de lucha del movimiento estudiantil y de la unidad obrero-estudiantil. Esa es la perspectiva que debemos defender los comunistas en cada facultad, en cada aula y en cada lugar de lucha.

El crecimiento de dirigentes de izquierda como Myriam Bregman muestra que sectores cada vez más amplios de la juventud y los trabajadores comienzan a buscar referencias políticas a la izquierda del régimen tradicional. Precisamente por eso, figuras con la autoridad política conquistada por la izquierda tienen la oportunidad y la responsabilidad de utilizar esa influencia para impulsar la organización desde abajo, la unidad obrero-estudiantil y la necesidad de levantar una perspectiva comunista y de poder obrero frente a la crisis del capitalismo.

La defensa consecuente de la educación exige cuestionar el dominio del capital sobre toda la sociedad.

Fuera Milei y todos los políticos responsables de décadas de ajuste, vaciamiento y desfinanciamiento de la educación pública. Que se vayan todos.

Por el cumplimiento inmediato de la Ley de Financiamiento Universitario.

Plan urgente de mejoras edilicias, ampliación de aulas, laboratorios, espacios de estudio y condiciones básicas de cursada en todas las universidades del país.

Aumento inmediato del presupuesto universitario.

Salario docente y no docente indexado automáticamente a la inflación y equivalente al costo real de vida.

Becas integrales, boleto educativo nacional, comedores gratuitos y acceso garantizado a materiales de estudio, para que ningún estudiante abandone la universidad por razones económicas.

Apertura irrestricta de ingresos y aumento masivo de infraestructura, cursadas y cargos docentes para garantizar el acceso y permanencia de la juventud trabajadora.

Fin de la precarización laboral en universidades y organismos de investigación. Pase a planta permanente de todos los trabajadores precarizados.

Ruptura de todos los convenios que subordinan la investigación y la educación a intereses empresariales privados.

Democratización real de la universidad mediante asambleas resolutivas, cuerpos de delegados y coordinadoras construidas desde las bases.

Unificación de la lucha universitaria con el conjunto de las luchas obreras y populares contra el ajuste, impulsando coordinadoras y un plan de lucha nacional hasta construir una huelga general política.

Por el control democrático de trabajadores, estudiantes y sectores populares sobre la educación, la ciencia y las palancas fundamentales de la economía.

Porque bajo el capitalismo la educación, la ciencia y la universidad siempre terminan subordinadas a las ganancias de una minoría privilegiada, la defensa consecuente de la universidad pública exige luchar por derrocar este sistema y que la clase trabajadora tome el poder para reorganizar la sociedad sobre nuevas bases socialistas, poniendo toda la riqueza social al servicio de las necesidades humanas y no del beneficio privado.

Por un Gobierno de Trabajadores.


Leer también: Sobre la Cuarta Marcha Federal Universitaria (https://argentinamilitante.org/sobre-la-cuarta-marcha-federal-universitaria/)

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