En Argentina se ha generado un debate dentro de la izquierda en torno al 1º de Mayo ante la posibilidad de que el Frente de Izquierda y de los Trabajadores – Unidad, un bloque de partidos de izquierda con representación parlamentaria integrado por el Partido de los Trabajadores Socialistas (PTS), el Partido Obrero (PO), Izquierda Socialista (IS) y el Movimiento Socialista de los Trabajadores (MST), realizará dos actos. La razón es que el PTS ha convocado para este 1º de Mayo a un “acto internacionalista” en el estadio cubierto de Ferro, mientras que las demás fuerzas PO, IS y MST convocan a un acto en Plaza de Mayo.
Desde su conformación en 2011, el Frente de Izquierda ha impulsado en la mayoría de los años actos unitarios del 1º de Mayo, principalmente en Plaza de Mayo, aunque esa práctica no fue completamente uniforme y registró excepciones en determinados momentos, como en 2016 y 2025, cuando se realizaron convocatorias separadas. El Frente de Izquierda nació como una acción anti proscriptiva ya que los partidos políticos debían superar un piso del 1,5% en las PASO (Primarias Abiertas Simultáneas Obligatorias) impuesto por el gobierno Kirchnerista. Al firmar esta alianza electoral, los partidos PO, IS y PTS han logrado superar este piso. Esta unidad en pocas ocasiones, llegó a tener acciones por fuera del ámbito electoral, pero aun así han logrado sobrepasar en algunas secciones y direcciones sindicales a las enquistadas burocracias peronistas. Para el año 2016 le permitió ganar sindicatos como SUTNA, recuperar direcciones sindicales en seccionales docentes, salud entre otras. Canalizaba, así ,una acción política que luego se reflejó en el campo parlamentario.
La unidad de facto de los partidos que componen el Frente de Izquierda y de los Trabajadores – Unidad no ha logrado superar su carácter de herramienta electoral, es decir, se mantiene principalmente para intervenir en elecciones pero no como una herramienta política común en todos los terrenos. Las luchas internas hacia el FIT-U están ancladas en si se avanza hacia un frente popular (una alianza política más amplia que incorpora sectores ajenos a la clase obrera y tiende a subordinar su independencia) o si se mantiene el bloque bajo el peso de las direcciones de los partidos mayoritarios, que terminan funcionando como una especie de imposición “divina”, es decir, como decisiones que bajan desde arriba y que las organizaciones más pequeñas deben aceptar sin una verdadera discusión en común.
No hay congresos comunes, o sea, instancias donde toda la militancia del frente pueda debatir y decidir colectivamente, ni canales de difusión compartidos que expresen una política única hacia afuera. Sin instancias de debate donde toda la militancia del FIT-U pueda discutir las perspectivas y la línea política del frente, la bajada de línea entre los partidos tiende a imponerse desde arriba, lo que debilita la formación de cuadros dentro de los partidos individuales.
En determinado momento hubo un planteo en esta dirección por parte del Partido Obrero, es decir, la propuesta de avanzar hacia una mayor coordinación y organización común. En nuestro último documento congresual fuimos más allá y planteamos que cualquier votante del FIT-U pudiera afiliarse y participar en la vida del frente, algo imposible hoy si no se ingresa directamente en el PTS, PO, IS o MST, lo que marca una diferencia cualitativa respecto de su forma actual. Un organismo puramente electoral, sin estructura democrática ni espacios comunes de deliberación, no puede hacerse carne en la clase trabajadora ni canalizar de manera organizada las tendencias reales de radicalización que existen en su entorno.
Hoy el FIT-U funciona como un frente de aparatos; nuestra propuesta apunta a transformarlo en una organización viva de militantes.
La apertura del FIT-U a la afiliación directa y a una vida militante común con libertad de tendencias permitiría que sectores numerosos de jóvenes, activistas y trabajadores que hoy lo acompañan de manera pasiva encuentren un espacio donde agruparse y participar de forma estable. No se trata de diluir el frente en alianzas con otras clases en búsqueda de un atajo en la construcción, sino de profundizar su carácter de clase y su base militante.
Esto podría transformarlo en un punto de referencia para miles y en un posible ámbito de reagrupamiento político en una etapa marcada por giros bruscos y búsquedas por fuera del régimen tradicional, pero estas propuestas han sido rechazadas en varias oportunidades por las direcciones de los partidos del FIT-U.
Los marxistas tenemos que explicar también que no son solamente las formas organizativas las que van a determinar el éxito del FIT-U al representar una alternativa para los trabajadores, sino las ideas que expresa. No alcanza con cambiar las formas organizativas si no se da una batalla política por el programa.
Los partidos integrantes muchas veces se encuentran con posiciones enfrentadas sobre cuestiones importantes. Hay que librar una batalla política en contra de ideas de clases ajenas, como el posmodernismo, y contra adaptaciones al sindicalismo y al parlamentarismo burgués que entran en la izquierda bajo las presiones cotidianas del sistema capitalista.
Proponemos estos métodos de debate y de decisiones democráticas comunes al FIT-U, un acercamiento al centralismo democrático, como método de debate libre y acción común, el método de Lenin y del Partido Bolchevique, son la mejor forma de discutir diferencias internas y corregir posiciones equivocadas para llegar a posiciones marxistas necesarias para ganar a capas más amplias de la clase trabajadora a un programa revolucionario.
Hay que poner el esfuerzo en poder explicar este fenómeno que se presenta en Argentina, dado que es sumamente significativo para el desarrollo de las luchas en curso y la organización colectiva de masas, es decir, para cómo se organizan y actúan los trabajadores más allá de las elecciones. Mientras las discusiones se mantengan cerradas en meros acuerdos electorales, limitadas a candidaturas y campañas, no habrá una verdadera superación del problema ni un salto en la construcción política común.
Esta es la contradicción que atraviesa al FIT-U, entre una unidad actual que se expresa en lo meramente electoral y la necesidad de avanzar hacia una unidad más profunda en la acción, el debate y la organización, pero sobre la base de un programa de poder obrero, es decir, una orientación que apunte a que la clase trabajadora no sólo intervenga en la política sino que pueda dirigir la sociedad en su conjunto.
La burguesía ensaya un arma de doble filo. Por un lado, es consciente de que el PJ atraviesa una crisis de representación ante el desgaste de una salida populista, es decir, una forma de gobierno que intenta mediar entre clases pero que hoy pierde eficacia. Su principal figura, Cristina Fernández de Kirchner, aparece debilitada, y los cuadros medios o superiores no logran consolidarse como opciones presidenciables. Incluso el gobernador de la provincia de Buenos Aires, Axel Kicillof, mide en algunas encuestas por debajo de Myriam Bregman del PTS. Para la burguesía, esto representa un problema concreto: no contar con un recambio claro dentro del sistema una variante del peronismo o la derecha populista que le garantice estabilidad. Al mismo tiempo los medios de comunicación burgueses, viendo los inicios de un giro a la izquierda del electorado frente al fracaso del gobierno de Milei y la desorganización de la oposición Peronista, empiezan a instalar la idea de una candidatura de referentes del FIT-U, como Myriam Bregman.
Al mismo tiempo, la clase dominante busca quebrar el FITU, avanzando a fondo con causas judiciales para intentar provocar una implosión interna, acusando de manejo fraudulento de fondos del Estado destinados a asistencia social o a programas como Acompañamiento Social o Volver al Trabajo, con el objetivo de ponerlos al mismo nivel que los políticos corruptos y los empresarios que saquean.
Este proceso no actúa en el vacío. Dentro del propio FIT-U existen tensiones y debates sobre su orientación, en particular sobre si avanzar hacia formas más amplias o mantener una delimitación política más estricta. No se trata de procesos opuestos, sino de una misma dinámica donde las presiones externas y las contradicciones internas se refuerzan mutuamente.
El Estado, en manos de la “nueva casta” de La Libertad Avanza, le ha permitido comprar senadores, diputados y gobernadores, y construir estructura en distintas provincias, logrando una representación parlamentaria que antes no tenía. Este fortalecimiento partidario no se tradujo en beneficios para la burguesía nacional, sino que profundizó tensiones dentro de la propia clase dominante. Esa fricción es la que hoy se expresa con fuerza en la realidad política.
El plan del imperialismo yanqui, apoyado en el Fondo Monetario Internacional y la Reserva Federal de Estados Unidos, apunta a la reconfiguración del Estado y de la matriz productiva bajo sus intereses, lo que en los hechos implica el desplazamiento y debilitamiento de sectores de la burguesía nacional. Esto forma parte de una disputa más amplia por el control de los recursos del país, que se traduce en un ataque directo a las condiciones de vida de los trabajadores, con cierre o vaciamiento de industrias y la imposición de reformas laboral y previsional. Bajo tales ataques, a través de los cuales la clase dominante intenta descargar la crisis del capitalismo sobre la clase trabajadora, los trabajadores resisten, luchan y, aunque aún de forma fragmentaria, logran pequeñas victorias.
Este 1º de Mayo debe ser una manifestación simultánea de todos los trabajadores del mundo. Si existe una verdadera voluntad clasista de avanzar hacia la independencia de la clase obrera y la lucha por el poder, es necesario abrir la perspectiva de discusiones organizadas en un congreso obrero, tomando como punto de partida la unidad de la clase trabajadora en sus luchas contra los ataques de Milei y los imperialistas. Frente al conservadurismo de izquierda y el desvío parlamentarista, se impone la necesidad de un paso superador en la organización del FIT-U con un programa claro, basado en la perspectiva del poder obrero.
Un acto internacionalista de la clase obrera es movilizar a los trabajadores y a sus fuerzas revolucionarias hacia una acción política de conjunto, es decir, una intervención común, organizada y consciente. Esta es la base para que la clase trabajadora irrumpa como fuerza dirigente en la crisis capitalista. Nos unimos internacionalmente contra la guerra imperialista y los belicistas, y por la organización de la huelga general.









