1973-2003: A 30 años del golpe militar en Chile

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Debemos conocer las lecciones del proceso revolucionario chileno, para no volver a cometer los mismos errores del pasado y para que no pueda imponerse otra dictadura sangrienta como la encabezada por la burguesía nacional y por el imperialismo estadounidense. Debemos conocer las lecciones del proceso revolucionario chileno, para no volver a cometer los mismos errores del pasado y para que no pueda imponerse otra dictadura sangrienta como la encabezada por la burguesía nacional y por el imperialismo estadounidense.

El gobierno de la Unidad Popular

La victoria de socialistas y comunistas, agrupados en la Unidad Popular junto con otros pequeños partidos, el 4 de septiembre de 1970, expresó el deseo de un pueblo por el cambio hacia una sociedad mas justa , hacia el socialismo.

Bajo el Gobierno de Salvador Allende se nacionalizaron los principales sectores económicos (minas de cobre, carbón, hierro, nitrato, textil, multinacionales). Se aceleró la reforma agraria. Sólo en 1971 Allende expropió 1.379 grandes propiedades, equivalentes a una superficie de 2.558.000 hectáreas. El Estado compró los bancos extranjeros. Avanzó en el control de la industria manufacturera, de las cadenas de comercialización y de la construcción. El producto bruto interno creció el 7,7 %, la desocupación en Santiago bajó del 8,3% al 3,8% y la inflación del 34,9 al 22%. Esto permitió aplicar reformas sociales y aumentar el apoyo e ilusión de las masas. Pero los dirigentes del PS y PCCH no estaban seguros que éstos fuesen los objetivos.

Los dirigentes del PC argumentaban que no era el momento de luchar por el socialismo, sino por una "revolución democrática", habían caído en el reformismo. Querían paralizar muchas de la nacionalizaciones y expropiaciones de tierra para, según ellos, no asustar y provocar una intervención del imperialismo. Aunque esto ya venía ocurriendo con el sabotaje económico y con un plan de propaganda con el fin de desprestigiar al gobierno de Allende.

En cambio, Allende y otros dirigentes socialistas creían que la transformación socialista se iba dar gradualmente, a través e la profundización de las instituciones democráticas burguesas. Si bien reconocemos que debemos participar en ellas, esto es para denunciar todos los males producto del capitalismo y para concienciar a las masas y para convencerlas que avancen hacia el socialismo.

La burguesía inicia la conspiración

Pero cuando la burguesía ve amenazada su sistema, ésta no duda en utilizar las instituciones para atacar a los intereses del pueblo, así como sucede con el ejército al provocar un golpe de estado.
Todos los sectores de la burguesía eran concientes que sólo podían salvar su sistema, sino era por medio de un golpe de estado. En este objetivo se encontraba la burguesía chilena, apoyada por el imperialismo estadounidense. En esto habían una división en el trabajo: los que organizaban abiertamente la contrarrevolución con el apoyo a bandas fascistas (Patria y Libertad), practicando el sabotaje económico, propagandas en contra del gobierno de Allende, etc y quienes utilizaban las instituciones parlamentarias burguesas para entorpecer la revolución y desestabilizar políticamente al gobierno de Allende, como la Democracia Cristiana. Tenían como objetivo hacer bajar el entusiasmo de los revolucionarios, para así dar el golpe.

Ausencia de una dirección revolucionaria

Sobre la derrota de la revolución chilena no podemos negar que los dirigentes se equivocaron, al no confiar en la fuerza de las masas, basándose en su movimiento y organización parta sustituir el aparato del Estado capitalista por un Estado obrero y culminar la revolución. Se exigía armar al pueblo y crear milicias populares en la fábricas y barrios ante los ataques de las bandas fascistas y de un futuro golpe. Aplicando estas medidas y organizando comités de soldados en el ejercito, democráticamente elegidos y revocables, vinculándolos a los comités de trabajadores que se estaban organizando. De esta manera se habría limitado la capacidad de la reacción para utilizar las Fuerzas Armadas, al separar las bases del ejercito, de orígenes populares, de las castas del ejercito, ligadas a la oligarquía. Es evidente que si el proceso hubiera sido un hecho, si hubiera estado encaminado por las masas, éstas hubieran dado confianza y valor a las clases medias y soldados para seguirlas.

El "Tancazo"

Previo al golpe del 11 de septiembre de 1973, hubo un intento de golpe el 29 de junio del 73, el Tancazo, derrotado por los trabajadores y al que se opuso un sector de las Fuerzas Armadas por considerarlo demasiado prematuro. El fracaso rotundo del "tancazo" del día 29 de junio, fue una prueba del poder formidable adquirido por el movimiento obrero. En cuestión de horas, miles de trabajadores hicieron huelgas, ocuparon las fábricas y, dejando piquetes para guardar las fábricas ocupadas, marcharon hasta el Palacio de la Moneda. Los campesinos estaban a la vista. Abortado el movimiento, los parlamentarios de derechas temblaban en los pasillos del Congreso.

A pesar del papel heroico que jugó el pueblo chileno, Allende hizo un llamamiento para que volviesen a trabajar. La policía dispersó a las masas que circulaban sin rumbo fijo por las calles de la capital.

Los dirigentes no hicieron caso a las masas que pedían que se basasen en el poder popular, que unificasen los comités y colectivos de luchas en las fabricas y barrios para sustituir al Estado, que constituyesen milicias populares o comités de soldados en el ejercito.

Pero los dirigentes de la UP creían poder evitar el golpe confiando en el ejercito "democrático" y en la negociación con los dirigentes de la Democracia Cristiana, quienes conspiraban junto con Pinochet. Insistían que organizar comités en el ejercito o profundizar la revolución sería una excusa a los reaccionarios o el imperialismo para una posible intervención, como si éstos no estuvieran ya interviniendo, desde el principio.

¿Por qué triunfó el golpe?

El día 4 de septiembre, siete días antes del golpe, en todos los poblados y ciudades de Chile se realizaron fabulosas concentraciones de apoyo al Gobierno. En Santiago desfilaron 800.000 personas exigiendo: armas para el pueblo.

Los trabajadores chilenos confiaban en sus dirigentes, a quienes pidieron armas y una estrategia de lucha. Si en vez de palos hubieran tenido armas, aunque fuesen pocas y deficientes, la historia de Chile habría sido muy diferente. La manifestación gigantesca del 4 de septiembre demuestra que la clase obrera no había perdido su voluntad de lucha, sino que pedía armas para resistir. Los errores y las dudas de la dirigencia desalentó a las masas y los militares pudieron imponerse desatando un salvaje golpe el 11 de septiembre, que empujó a la muerte a Salvador Allende y a miles de activistas obreros y de la juventud, y al abismo a todo un pueblo.