Precarización de la ciencia argentina

El Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) fue creado el 5 de febrero de 1958 a través del Decreto de Ley Nº 1291, con la motivación de estructurar un organismo institucional que promueva la investigación científica y tecnológica del país. El primer Director del organismo fue el Médico Farmacéutico Alberto Houssay, quien entre otros laureles fue galardonado con el Premio Nobel de Medicina en 1947. Como también el Dr. Luis Federico Leloir con el mismo reconocimiento, pero en el área de la química en 1970 y primer Director del Instituto que lleva su nombre.

Durante la mayor parte de su existencia, el ingreso al CONICET fue bastante limitado y, en todo caso, mediado por personajes influyentes de casta elitista en el ambiente científico. En la década del 90, la posibilidad de formar parte del CONICET se cerraría provocando la migración al extranjero de gran parte de la masa crítica argentina en una gran “fuga de cerebros”. La mayoría de los cuales habían concretado sus estudios de grado y posgrado en instituciones académicas estatales de alto nivel como Universidades e Institutos terciarios. Esto implicó que las grandes potencias capitalistas (e.g. Estados Unidos y Europa) se beneficien aprovechando la producción académica de un país devastado por una reciente Dictadura y gobiernos privatistas pagadores y generadores seriales de deuda externa y a los pies del FMI. En contraposición al alto nivel académico del país, la inversión en ciencia y tecnología siempre fue realmente pobre, oscilando alrededor del 0,3% del PBI.

A pesar de los mencionado anteriormente con respecto a la década del 90, en 1997 se creó la Agencia Nacional de Promoción Científica (ANPCyT) con el objetivo de financiar investigaciones en ciencia y tecnología a través de subsidios y becas doctorales y posdoctorales como una alternativa a la propuesta de CONICET. Luego de la crisis del 2001, la devaluación de Duhalde en 2002 y el boom de los commodities, con la asunción de Néstor Kirchner, se logró financiar una reactivación del sistema científico a través de la reapertura del ingreso a carrera de investigador y de becas Doctorales y Posdoctorales en CONICET. En el 2003, se implementó el programa RAÍCES, un proyecto que comenzó como un programa de la Secretaría de Ciencia y Tecnología que se institucionalizó recién en 2008 y logró repatriar alrededor de 1000 científicos y científicas que habían emigrado con la crisis económica-social precedente hasta octubre del 2013. Posteriormente, la reestructuración de la deuda externa durante el restante gobierno de Cristina Fernandez, y el retroceso económico producto de la crisis capitalista desatada tras la crisis internacional de las subprime, el progreso e inversión fue en detrimento, afectando el número de Becas, ingresos a carrera e incluso al pago de subsidios del Fondo Nacional de Ciencia y Tecnología (FONCyT) de los cuales también depende el FONCyT. Tales eventos despertaron un descontento radical en la comunidad científica, sobre todo en investigadores/as.

A partir del 2015, durante la presidencia de Mauricio Macri, el ámbito de ciencia y tecnología sufría un ataque tras otro, desde la degradación del Ministerio de Ciencia y tecnología a Secretaria (sin cambiar de Ministro/Secretario que en ese entonces era Lino Barañao). Esto provocó, como en los 90, el cierre del 50% del ingreso a carrera de investigador produciéndose una nueva fuga de cerebros. Sin embargo, una pequeña minoría de la casta elitista científica seguía demostrando su apoyo a través de una carta firmada por “intelectuales” en plena campaña por las elecciones presidenciales de 2019, en apoyo a una gestión que continuó con el deterioro de la ciencia y tecnología del país. En 2019, el CONICET vuelve a pertenecer al nuevamente creado Ministerio de Ciencia y Tecnología. La calidad de la Ciencia y Tecnología en Argentina nuevamente comienza a responder a las necesidades de una pandemia inesperada y de proliferación alarmante como fue el COVID-19. La creación de vacunas y elementos de higiene y seguridad fue casi inmediata a pesar de las siempre presentes condiciones de precarización y falta de seguridad en los lugares de trabajo en una situación de alerta en salud pública. No obstante, el uso de capitales privados para financiar investigaciones limita el protagonismo del Estado en la producción científica.

El sistema de Becas tanto de CONICET como otros casos (e.g. ANPCyT, Universidades Nacionales y demás) se vio obligado a atender la devaluación de los estipendios y a brindar prórrogas para poder finalizar proyectos doctorales y posdoctorales. No obstante, estas medidas de emergencia fueron tomadas ante el reclamo y lucha permanente de investigadoras e investigadores en formación (como se auto proclamaron becarios y becarias en pandemia). Hoy en día, el sistema científico y el Estado en general sufren un brutal ajuste para responder a las demandas del FMI y el sector privado. Esto era totalmente esperable, y la respuesta de los trabajadores y trabajadoras crece notablemente en las calles, sobre todo las agrupaciones independientes y autoconvocadas. Tal fenómeno evidencia también que el sector jerárquico más alto de la comunidad científica suele ser indiferente a la situación de precarización y de lucha conformando una casta elitista protegida por el mismo sistema científico. Esto demuestra la urgente necesidad de una renovación democrática de quienes llevan a cabo la dirección del progreso científico del país a través de las agencias de Ciencia y Técnica, incluido el CONICET.

El Museo Argentino de Ciencias Naturales “Bernardino Rivadavia” es una institución de un gran valor científico e histórico, que además cumple un rol fundamental en cuanto a la Administración de varias Unidades Ejecutoras de CONICET, además del propio Museo. El ajuste alcanzó a los trabajadoras y trabajadores con seis despidos, de los cuales uno solo fue reincorporado de manera formal recientemente, a través del reclamo de los compañeros y compañeras. Cabe destacar que, el inicio del plan de lucha fue encarado en principio y principalmente por los escalafones más precarizados del sistema científico (becarios, becarias y personal contratado temporalmente) por sobre investigadores e investigadoras en planta permanente. No obstante, la formación de una Asamblea de los trabajadores del Museo que incluye a todos los escalafones se ha fortalecido y organizado para afrontar en plan de lucha, asistiendo a las movilizaciones masivas como la Marcha Federal Universitaria del último 23 de abril. Además del continuo reclamo por la reincorporación de los compañeros y compañeras despedidos como se manifestó el miércoles 15 de mayo con una semaforazo y radio abierta en la puerta del Museo. Estos sucesos reivindican la lucha obrera que crece a cada momento y que es necesario organizar y direccionar para cesar con el ajuste brutal y derrotar al capitalismo que sufre una gran crisis mundial. Es evidente que, con la derrota del capitalismo, el sistema científico podría desarrollar su potencial plenamente para el progreso social, económico y ambiental, en lugar del lucro capitalista. Para ello, urge un sistema científico bajo control obrero al servicio de la clase trabajadora y el pueblo pobre.

¡POR LA DEFENSA DE LA UNIVERSIDAD PÚBLICA Y CIENTÍFICA!

¡UNAMOS LAS LUCHAS DE LOS TRABAJADORES Y TRABAJADORAS!

¡POR LA REINCORPORACIÓN DE LOS DESPEDIDOS!

¡CONTRA EL AJUSTE DE MILEI Y EL FMI!

¡CONTRA LA LEY DE BASES Y EL DNU!

¡POR UN GOBIERNO DE TRABAJADORES!

¡QUE VIVA LA LUCHA OBRERA INTERNACIONAL!

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