Ucrania: ¿Está Rusia perdiendo la guerra?

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Si hubiera que creer a los medios occidentales y las declaraciones de los funcionarios de ambos lados del Atlántico, se tendría la impresión de que Ucrania está ganando la guerra contra Rusia y que es solo cuestión de tiempo antes de que Putin sea derrocado por su propio pueblo. Para entender lo que realmente está sucediendo, primero debemos atravesar la niebla de propaganda que rodea esta guerra.

Solo para dar un ejemplo de la propaganda occidental, el jefe de la organización de inteligencia británica GCHQ, Jeremy Fleming, declaró: “Creemos que Rusia se está quedando sin municiones, ciertamente se está quedando sin amigos y lo hemos visto, debido a la declaración de movilización., que se está quedando sin tropas”. Irónicamente, el discurso de Flemming se pronunció el mismo día en que Rusia lanzó un ataque masivo, utilizando alrededor de 100 misiles balísticos y golpeando la red eléctrica de Ucrania. El ataque se repitió durante varios días, desmintiendo de inmediato las afirmaciones de Flemming de que el ejército se estaba quedando sin municiones.

Ucrania consiguió importantes logros en el frente de batalla en septiembre. Al declarar una ofensiva en Jersón, obligó a Rusia a desviar tropas a esa sección del frente, abriendo la posibilidad de un ataque sorpresa contra las fuerzas rusas mucho más débiles en el frente de Jarkov, lo que provocó una derrota de las fuerzas rusas en ese área..

En esta región, Rusia tuvo que retirarse a nuevas líneas defensivas dispuestas apresuradamente más al este, y luego estas también se rompieron parcialmente en Kupiansk, pero también en Limán. Las tropas ucranianas pudieron avanzar hasta la frontera de Lugansk. En el frente de Jersón, tras semanas en las que la ofensiva ucraniana no pudo avanzar, se produjo un gran avance, con los rusos obligados a retirarse a Dudchani, cediendo un importante terreno en la margen derecha del río Dniéper.

Se intensifica el coro de propaganda

Estos fueron avances importantes para Ucrania, quizás las únicas victorias reales que han logrado desde el comienzo de la guerra. Las retiradas rusas anteriores de las regiones de Kiev, Sumi y Jarkov fueron solo eso: retiradas rusas, diseñadas para concentrar sus fuerzas. Los desarrollos recientes en los frentes de Jarkov y Jersón son en realidad derrotas rusas sobre un territorio que no querían ceder.

A raíz de estos acontecimientos, se intensificó el coro de la propaganda occidental. ‘¡Rusia ha sido derrotada!’, fue el veredicto unánime. En realidad, ganar una o dos batallas no determina el curso ni el resultado de toda la guerra.

Desde el punto de vista de Putin, esta guerra es un asunto existencial. Es plenamente consciente de que si pierde esta guerra, será destituido del poder. Por ello, ante estos reveses, decidió dar los pasos necesarios para cambiar la correlación de fuerzas a su favor.

Una de las principales razones de las derrotas rusas en septiembre fue la falta de tropas, que es la ventaja de Ucrania. Se cree que Ucrania tiene más de 600.000 hombres en armas, mientras que se cree que las fuerzas rusas en Ucrania tienen entre 170.000 y 200.000. Reforzar la defensa en Jersón significó dejar huecos en la línea del frente en Jarkov, que Ucrania supo aprovechar. Para revertir eso, Putin decretó una movilización parcial para reunir 200.000 soldados adicionales para la guerra en Ucrania.

La razón por la que no lo había hecho antes es principalmente porque pensó que una fuerza más pequeña, respaldada por una abrumadora superioridad en el poder de fuego, podría hacer el trabajo. Y de hecho, eso pareció ser así entre abril (tras la retirada del norte) y agosto. Las fuerzas rusas estaban manteniendo la línea del frente mientras al mismo tiempo avanzaban en el Donbás.

Sin embargo, a fines de agosto, el avance ruso parecía haber perdido impulso. Esto fue probablemente el resultado de una combinación de la estrecha coordinación entre los comandos militares de la OTAN y Ucrania, las piezas de artillería suministradas por Occidente, en particular los HIMAR más precisos y de mayor alcance, que permitieron a Ucrania atacar la retaguardia rusa, con tropas ucranianas equipadas por EEUU con apoyo de inteligencia con imágenes satelitales.

La otra razón por la que Putin se mostró reacio a decretar la movilización antes fue que involucrar a grandes sectores de la población en la guerra conlleva ciertos riesgos. A largo plazo, si la campaña no sale según lo planeado y las bolsas de cadáveres comienzan a acumularse, la movilización masiva puede preparar el escenario para la oposición masiva a la guerra y el descontento social general.

A fines de septiembre, con las tropas ucranianas haciendo retroceder a las rusas en dos frentes, Putin no tuvo otra alternativa que optar por una medida intermedia, declarando una movilización parcial.

Movilización parcial y ataque al puente de Kerch

El hecho es que el movimiento contra la guerra en Rusia hoy en día es insignificante y está completamente dominado por fuerzas liberales pro-occidentales que no están en contacto con la población en general. La creciente participación de la OTAN en la guerra, las sanciones occidentales a Rusia y las declaraciones muy provocadoras de los formadores de opinión en Occidente, hasta el extremo de que Rusia debería ser dividida, han ayudado a solidificar el apoyo de la opinión pública a la guerra. Grandes sectores de la opinión pública en Rusia, particularmente entre la clase trabajadora, ahora ven la guerra como una amenaza existencial para el país.

Sin embargo, la situación no es exactamente la misma en todas partes. La sobrerrepresentación de soldados de algunas de las nacionalidades en las fuerzas rusas en Ucrania, particularmente del Cáucaso Norte, tiene el potencial de crear resentimiento. De hecho, el único lugar donde hubo protestas significativas contra la movilización fue en Daguestán. Este, por ahora, no es el panorama general.

Los discursos recientes de Putin, al declarar la movilización, al firmar la anexión de las cuatro regiones ucranianas, fueron elaborados en consecuencia. Apenas mencionó a Ucrania, pero concentró su fuego principal contra Occidente, al que describió como imperialista y con un historial de intromisión en otros países. Esto repercutiría, no solo en Rusia, sino en todos los países del tercer mundo, donde existe un fuerte sentimiento anti-imperialista estadounidense.

Si bien Putin no está equivocado en sus críticas a Occidente, y que incluso estas están parcialmente formuladas en términos de volver al pasado zarista de Rusia, su discurso fue completamente cínico, ya que él mismo está a la cabeza de una potencia regional con ambiciones imperialistas propias.

En términos de opinión pública, como resultado de los avances ucranianos en septiembre, Putin ha estado bajo presión, no desde el campo antibelicista, sino más bien desde la derecha nacionalista rusa a favor de la guerra, que exigía medidas más duras, ¡incluido el uso de armas nucleares tácticas!

Por supuesto, el uso de armas nucleares está fuera de discusión y se usa principalmente por razones de propaganda y como una amenaza potencial. De ahí que, aunque Biden dice que debemos tomar muy en serio la amenaza de Putin, éste en realidad nunca mencionó las armas nucleares y lo dejó en la expresión convenientemente vaga de «todos los medios a nuestra disposición». Luego, Zelenski dice que Occidente debería atacar a Rusia «preventivamente», lo que es utilizado por el Kremlin con fines propagandísticos. Finalmente, el ministro de exteriores ruso Lavrov reafirmó la doctrina militar rusa con respecto a las armas nucleares, que se usarían solo como una medida de represalia “para evitar la destrucción de la Federación Rusa por ataques nucleares directos” o por ataques con otras armas que “pongan en peligro su existencia misma”.

La movilización parcial lleva tiempo y las 200.000 tropas reunidas deben ser entrenadas y equipadas antes de que puedan desplegarse en Ucrania. La otra carta en la mano de Putin, además de aumentar el número de tropas involucradas en la guerra, era aumentar los aspectos en los que tiene superioridad, en este caso los ataques con cohetes y misiles. El atentado terrorista ucraniano en el puente de Kerch (pues nadie duda de que fueron las fuerzas ucranianas las que lo llevaron a cabo), le proporcionó un pretexto perfecto.

El intento de cortar el puente de Kerch, que conecta la parte continental de Rusia con Crimea, cumplía algunos objetivos militares. El puente proporciona la línea principal de suministro para el ejército ruso en el sur, particularmente el frente de Jersón que ahora está bajo presión. Si eso se interrumpiera, las fuerzas rusas se volverían mucho más vulnerables a un ataque ucraniano en Zaporiyia, que si llegara al Mar de Azov dividiría en dos a las fuerzas rusas en Ucrania.

Pero, por supuesto, desde el punto de vista ucraniano, un ataque al puente de Kerch también tenía un significado muy simbólico. El puente se construyó después de la anexión de Crimea en 2014 y fue un proyecto de prestigio para Putin.

La respuesta de Putin

En la práctica, el ataque, planeado con meses de antelación, no logró sus objetivos y Rusia pudo restablecer el tráfico, tanto ferroviario como vehicular, muy rápidamente. Lo que sí hizo fue proporcionarle a Putin un regalo de propaganda, que utilizó para justificar una andanada de misiles, a pesar de que este ataque había sido planeado antes del ataque al puente.

Docenas de objetivos en todo el país fueron alcanzados durante varios días por misiles balísticos y drones, lo que revela la debilidad de las defensas aéreas de Ucrania. El ataque tenía como objetivo principal destruir o dañar gravemente la red eléctrica de Ucrania, tanto las centrales eléctricas como la red de distribución. Las plantas de energía térmica y combinada, así como las subestaciones, fueron atacadas desde Leópolis hasta Jarkov, dejando grandes partes del país sin electricidad, agua ni comunicaciones.

Estos ataques fueron diseñados para mostrar el poder de Rusia y someter a Ucrania. El mensaje es claro: si Ucrania no se rinde a los términos de Rusia, destruiremos su suministro de energía justo antes de la temporada de invierno.

Al mismo tiempo, Rusia se ha acercado a Bielorrusia para erigir un grupo militar conjunto, presionando así la frontera norte de Ucrania, con el objetivo de desviar tropas de otros escenarios.

La combinación de más tropas rusas, ataques a la infraestructura de Ucrania y la amenaza de una nueva invasión en el norte tiene como objetivo cambiar nuevamente el equilibrio de fuerzas y eventualmente crear una situación en la que Ucrania se verá obligada a sentarse a la mesa de negociaciones.

Hay otros problemas para Ucrania. El conflicto es fundamentalmente una guerra de poder entre la OTAN y Rusia. El objetivo declarado de Washington es debilitar gravemente a Rusia. Ucrania depende completamente de los EE. UU. y la UE para financiar la guerra, suministrarle municiones, hardware e inteligencia, entrenar a sus tropas, etc.

Ya hay voces que advierten que las reservas de armas a ambos lados del Atlántico se están agotando. Parte de eso es el complejo industrial militar que presiona por nuevos contratos y más gasto militar. La guerra es terriblemente lucrativa, como comentó sarcásticamente Lenin.

Pero también hay un serio problema real. Según Dave Des Roche de la Universidad de Defensa Nacional de EE. UU., la producción normal de proyectiles de artillería en EE. UU.  para el obús de 155 milímetros que se utiliza actualmente en Ucrania, es de unos 30.000 proyectiles al año. ¡Ucrania gasta esa cantidad cada dos semanas! La UE también está preocupada.

“Las existencias militares de la mayoría de los Estados miembros han estado, no diría agotadas, pero sí mermadas en una alta proporción, porque hemos proporcionado mucha capacidad a los ucranianos”, dijo el comisario de asuntos exteriores y seguridad de la UE, Josep Borrell.

A pesar de todas las garantías de que la OTAN apoyará a Ucrania “a largo plazo”, este nivel de financiación y suministros se está convirtiendo en una carga grave y, combinado con el inicio de una profunda recesión económica, podría volverse insostenible.

La tormenta que viene en Europa

Además, la guerra ha creado serios problemas en Europa en cuanto al suministro de energía, a medida que se acerca el invierno. Las sanciones a Rusia han llevado a precios más altos de la energía y a las represalias rusas, al asfixiar el suministro a los países de la UE. Es comparativamente fácil para EE. UU. exigir e imponer sanciones a Rusia, ya que no depende tanto del suministro de energía de este país. Europa en cambio es extremadamente dependiente de Rusia y como esa fuente de energía se está cortando, tiene que buscar otros proveedores mucho más caros.

En la UE se prepara una gran tormenta social, económica y política y el apoyo a la guerra ya se está desvaneciendo, tanto en la opinión pública como entre los políticos. Esto, a su vez, pondrá de manifiesto las diferencias entre la UE y los EE.UU.

Incluso en EE. UU., una victoria de los Republicanos de Trump en las elecciones intermedias podría alterar el equilibrio de poder y dificultar que Biden continúe con su apoyo aparentemente ilimitado a Ucrania. Trump ha dejado clara su posición: está a favor de un acuerdo negociado entre Rusia y Ucrania. Desde su punto de vista, EE. UU. debería concentrarse en el que considera su principal enemigo: China.

Si Rusia recupera la iniciativa, sobre la base de un mayor número de tropas y la destrucción de la infraestructura de Ucrania, entonces aumentará la presión en Occidente para retirarse de la guerra. En ese momento, habría una fuerte presión de Occidente que empujaría a Ucrania hacia un acuerdo, en el que las ganancias de Rusia sobre el terreno se codifiquen en la mesa de negociaciones. Este es el cálculo de Putin.

A raíz de la ofensiva de septiembre, Kiev se volvió cada vez más beligerante, declarando enfáticamente que sus objetivos de guerra eran la liberación total de todo el territorio ucraniano, incluida Crimea. Zelenski ha ido tan lejos como para aprobar una ley que prohíbe cualquier negociación con Rusia mientras Putin esté en el poder. Estas declaraciones están diseñadas principalmente para levantar la moral del público y del ejército.

Si la situación en el frente cambia a favor de Rusia y el apoyo de la OTAN flaquea, Zelenski bien podría cambiar de tono y aceptar hacer un acuerdo. Después de todo, originalmente fue elegido como el «candidato de la paz con Rusia». Si se resiste, podría verse destituido del poder. Tal vez no se firme un acuerdo de paz adecuado, pero cuando las condiciones lo impongan, se podría acordar un alto el fuego.

Como hemos argumentado desde el principio, esta es una guerra imperialista reaccionaria por ambos lados, el de Rusia pero también el de la OTAN. El papel de los marxistas revolucionarios es ante todo oponerse al belicismo de nuestra propia clase dominante y vincular la lucha de clases en casa con la lucha contra sus objetivos imperialistas en el extranjero.