Las movilizaciones contra el FMI, la represión y la violencia

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El 10 de marzo mientras legisladores del Frente de Todos y de Juntos con el Cambio se ponían de acuerdo para votar una declaración de guerra contra la clase trabajadora, al darle media sanción, al “entendimiento” con el Fondo Monetario Internacional (FMI) la respuesta popular no se hacia esperar, y poco a poco una multitud de compañeras y compañeros fue llenando toda la Plaza del Congreso y Avenida de Mayo hasta 9 de Julio, en la tercera gran movilización contra el Fondo impulsada por más de 300 organizaciones de izquierda.

Desde la Corriente Socialista Militante participamos el 11 de diciembre, así como también el 8 de febrero en la gran jornada nacional contra el FMI y nuevamente este 10 de marzo poniendo en debate la necesidad de agitar e impulsar en los lugares de trabajo y estudio la preparación de una Huelga General que frene el ajuste en marcha y que ponga sobre la mesa la cuestión de quién manda. Si la clase capitalista a través de sus instituciones o la clase trabajadora a través de sus armas más efectivas, en la perspectiva de ligar esta lucha con un planteo de poder. Es decir que la clase trabajadora tome el poder y tenga un gobierno propio.

El programa del Gobierno en el marco de la crisis capitalista y el acuerdo con el Fondo representa llevar adelante, con el apoyo de la burocracia sindical, un programa de contrarreformas que solo puede ser derrotado con las armas de lucha de la clase trabajadora.

Esto se contrapone a la agitación de la dirigencia del FIT-U que hace eje en la actividad parlamentaria y la necesidad de lograr una acumulación gradual de diputados que permita enfrentar al FMI y a los partidos del régimen.

Represión Estatal

El jueves, alrededor de las 15:00 hs, cuando una multitud estaba reunida para mostrar el rechazo al acuerdo con el FMI, la Policía de la Ciudad arremetió por calle Yrigoyen y dispersó a gran parte de los manifestantes al ir acorralando a la gente hacia la calle Lima y continuando la represión hasta Alsina, perdiendo así la masividad que tenía la movilización e impidiendo que miles y miles de trabajadores que salían de sus lugares de trabajo en el Centro puedan incorporarse al repudio contra la estafa del acuerdo.

Esto se da en un contexto de escalada represiva por parte del Estado hacia quienes reclaman, se organizan y se movilizan. A comienzo de marzo las marchas de los desocupados en Jujuy fueron reprimidas por la policía del Gobernador Gerardo Morales y fuerzas nacionales dejando cantidad de heridos y detenidos. En Córdoba hubo graves ataques a la marcha contra el FMI llevada adelante por grupos de infiltrados policiales que atacaron distintos puntos de la movilización dejando compañeros heridos y hospitalizados. También tuvimos la represión contra las compañeras y compañeros que se movilizaron este 16 de febrero al Ministerio de Desarrollo Social en Buenos Aires bajo la consigna “Pan y trabajo, el Fondo al carajo”

Es claro que el ajuste y el ataque a las condiciones de vida no pasa sin represión, es por eso que estamos viviendo un aumento en la represión selectiva a las movilizaciones, cuyo corolario son las persecuciones judiciales y detenciones a militantes populares que participaron de las marchas contra el ajuste en curso y el FMI. Así los diferentes gobiernos, nacional y provinciales, buscan tapar la realidad que sufren millones de trabajadores y trabajadoras en todo el país.

Desde la Corriente marxista Internacional en Argentina exigimos el cese de la represión y la inmediata libertad para Oscar Santillán, Jaru Rodríguez Julián Lazarte y todos los militantes detenidos. Así mismo la situación impone la necesidad de discutir la puesta en pie de organismos de seguridad y autodefensa para proteger a todas y todos los compañeros que se movilizan.

La acusación por parte del Estado de que los compañeros detenidos en Plaza Congreso constituyen una asociación ilícita marca un gravísimo precedente de cara a las luchas que vienen. Y a esto se suman los allanamientos contra locales partidarios y más detenciones contra la militancia del MTR Histórico y otras organizaciones. Mientras se desata una “caza de brujas” contra los y las que se organizan para luchar contra el hambre y la entrega del país, los que aprobaron este pacto a espaldas del pueblo gozan de total impunidad junto a quienes fugaron millones y millones de dólares. Queda aquí de manifiesto el carácter de clase de esta democracia amañada a favor de los ricos.

¿Qué necesitamos?

Las y los marxistas debemos ligar la actividad parlamentaria con la necesidad de impulsar, coordinar y potenciar en las fábricas, los lugares de trabajo, los barrios, las universidades y las escuelas; organismos de auto organización que puedan constituirse como embriones de doble poder o sea el embrión del futuro poder de la clase trabajadora en oposición al Estado de los capitalistas siempre en la perspectiva de una nueva legalidad, el Socialismo. Debemos plantear de manera clara que solo derribando al capitalismo es posible materializar un programa de clase. La idea de que dentro de los márgenes del capitalismo y su Estado se pueden resolver las postraciones históricas de nuestra clase es una idea reaccionaria que desarma políticamente a las trabajadoras, trabajadores y la juventud. Si bien es claro que las luchas parciales por mejorar las condiciones de vida son absolutamente necesarias y vitales, también es cierto que, si estas se mantienen dentro del dominio del capital se perpetua la desigualdad, la explotación y las contrarreformas. Las trabajadoras y los trabajadores no tenemos como fin lograr mejores leyes votadas por diputados y diputadas de izquierda dentro de la democracia formal, ni necesitamos una asamblea constituyente que redacte una nueva carta magna. Lo que necesitamos es una izquierda revolucionaria que tenga claro que las luchas reivindicativas son el medio, mientras que la revolución social es el fin.

Violencia

Con una situación social cada vez más dura para los de abajo, y en la perspectiva de una profundización de la miseria llevada adelante por el cogobierno con el FMI, es sobre los hombros de los distintos gobiernos que recae la responsabilidad por los hechos de violencia que genera el ajuste que se está descargando sobre la clase obrera, el pueblo pobre y sus familias. La violencia anida en las relaciones de producción capitalista y son los capitalistas y sus representantes políticos los culpables de la misma.

Desde el punto de vista de los intereses generales de la clase trabajadora la violencia se legítima una vez que se traduce o materializa en las masas. En cambio, las acciones aisladas o no discutidas por el conjunto son métodos nocivos para el movimiento y no ayudan a impulsar hacia adelante la conciencia de clase. La tarea de hoy no es tirar piedras, sino impulsar y fortalecer la tendencia a la huelga, la movilización, el piquete, la ocupación de fábrica para apuntalar la toma de consciencia de los sectores más avanzados de la clase trabajadora para que ésta pueda cumplir con su tarea histórica de acabar con el capitalismo. Cae entonces la crítica en las direcciones que no plantearon las tareas correctas.

Las tareas del día son políticas, ideológicas, reivindicativas y organizativas con los sectores más avanzados del movimiento obrero y estudiantil. Es decir aquellos que se organizan en la perspectiva de dar la lucha política contra el ajuste.

Debemos sacar las mejores enseñanzas.

La pelea contra el ajuste llevado adelante por el Frente de Todos, con el apoyo critico de Juntos por el Cambio, tendrá varios jalones y gravitará de forma determinante en la etapa política por venir. La inestabilidad de la situación política se ira profundizando hasta llegar a un punto crítico donde las masas entraran en escena.  Hay que explicar que las elecciones y las instituciones de los capitalistas no resuelven la miseria y el hambre.  Es necesario presentar a la vanguardia y a las masas un programa anticapitalista que gire en torno a la revolución, y no un programa adecuado y adaptados a las presiones del Parlamento o de la Justicia burguesa al servicio de las patronales.

Pandemia, crisis económica y guerra avanzan entrelazadas como parte de la crisis histórica del capitalismo. Necesitamos construir bajo la sólida roca de la teoría marxista para vencer.