La política de la división: Marxismo frente a política de identidad

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Compartimos a continuación la transcripción de la charla «Marxismo frente a política de identidad», que nuestra compañera Ylva Vinberg de la CMI desarrolló en la Universidad Marxista Internacional el pasado 27 de julio. En el período actual, las políticas de identidad están en moda. Junto con la tendencia relacionada de la interseccionalidad, estas ideas subrayan la importancia de la autoidentificación, la experiencia personal y las diversas capas de opresión que experimentan las personas en el plano racial, sexual, de género y otros. ¿Cuál es la base de las políticas de identidad? ¿Por qué son tan populares entre los jóvenes en particular? ¿Y cómo encajan con el método marxista de solidaridad y lucha de clase


Camaradas, echen un vistazo al mundo que les rodea. La violencia policial contra los negros en los Estados Unidos, controles fronterizos y disparos contra refugiados en el Mediterráneo, los asesinatos de mujeres, los feminicidios en México. Este es el sistema en el que vivimos.

Un mundo donde la gente se enfrenta al acoso, la violencia, a ser visto como un ciudadano de segunda clase, debido a su género, sexualidad, el color de su piel, su etnia o su religión.

A pesar de toda la charlatanería sobre la igualdad de género de los líderes mundiales, la situación de las mujeres y las niñas no está mejorando, sino empeorando.

En el mundo de los ricos y famosos, es aclamado como un gran paso adelante cuando una mujer se convierte en Primer Ministro, o una celebridad de Hollywood da un discurso sobre la igualdad de género al ganar un Oscar.

En el mundo real, la opresión a la que se enfrentan las mujeres condena a la mayoría de ellas a una vida de pobreza y discriminación.

El 60 % del mundo que padece hambre crónica son mujeres y niñas, y las mujeres constituyen más de dos tercios de los 796 millones de analfabetos del mundo.

En el mundo real, 50.000 mujeres en todo el mundo son asesinadas por un miembro de su propia familia cada año.

Entonces, ¿cómo luchamos contra la opresión?

En esta charla discutiré dos puntos de vista opuestos: los puntos de vista del marxismo y los puntos de vista de las políticas de identidad.

Para los marxistas la lucha contra la opresión está conectada con la lucha contra el capitalismo porque todas las opresiones están enraizadas en la sociedad de clases.

La opresión bajo el capitalismo es un mecanismo utilizado para dividir a la clase obrera y a los pobres.

Fomentando el sexismo, el racismo, la homofobia y otras ideas reaccionarias, los capitalistas y los políticos enfrentan a diferentes sectores de las masas entre sí para que los trabajadores se vean como enemigos en lugar de ver como tales a los capitalistas y al propio sistema.

Y vemos esto hoy – cómo políticos reaccionarios como Trump, Bolsonaro y Boris Johnson, tratan de agrupar a una parte de los sectores políticamente más atrasados de las masas contra las personas trans, contra el derecho al aborto, contra los inmigrantes, para evitar que los trabajadores se unan, para evitar que luchen contra el capitalismo.

La opresión también es muy rentable para los capitalistas.

Los inmigrantes y otras personas de la clase obrera reciben menos salario y eso presiona a otros sectores mejor pagados de la clase obrera para que bajen sus salarios y acepten condiciones de trabajo inferiores para no ser reemplazados.

Al bajar los salarios de un sector de la clase obrera, los capitalistas pueden por lo tanto bajar los salarios de todos los trabajadores.

La forma de luchar contra la opresión que planteamos es a través de la unidad de clase. Cuanto más fuerte sea la unidad de la clase obrera, más difícil será usar la opresión para dividir a los trabajadores.

Y cuanto más apoyo tenga un movimiento contra la opresión entre las capas más amplias de la clase obrera, y cuanto más activamente actúe la clase obrera en la dirección de esa lucha, y cuanto más ese movimiento amenace al propio sistema – más conquistas se pueden obtener.

Esto se debe a la posición de la clase obrera en la producción capitalista. El capitalismo se basa en la explotación de los trabajadores para obtener ganancias.

Esto significa que los trabajadores pueden organizarse y atacar a los capitalistas donde les duele. Las huelgas que detienen la producción, significa que los capitalistas pierden ganancias. Y eso le da a la clase trabajadora un poder que otros grupos en la sociedad no tienen.

No es un accidente, por ejemplo, que las mayores conquistas obtenidas por las mujeres en Suecia, de donde soy, que es lo mismo en muchos otros países, fueron producto de la lucha de clases.

Por ejemplo, el derecho al voto. El derecho de la mujer al voto fue conquistado en Suecia en el período revolucionario de 1917-1918, que obligó a la clase dominante sueca a hacer concesiones ya que tenían miedo de que la revolución derrocara todo el sistema capitalista como lo había hecho en Rusia.

La lucha contra la opresión es parte de la lucha contra el capitalismo porque una revolución socialista no puede tener éxito a menos que los trabajadores se unan.

Es fundamental que los trabajadores entiendan, por ejemplo, que es el sistema capitalista el que tiene la culpa del desempleo y los recortes, y no los inmigrantes como los políticos quieren que crean los trabajadores.

Es fundamental que comprendan la necesidad de luchar juntos contra la opresión si quieren luchar por su propia liberación. Y es precisamente en los períodos de grandes luchas de clase, y más aún en las revoluciones, cuando los trabajadores entienden que tienen mucho más que ganar al unirse y que los capitalistas están tratando de usar la opresión para enfrentarlos entre sí.

Es entonces, cuando aprenden quién es el verdadero enemigo. Es en una revolución cuando los trabajadores a escala masiva comienzan a cuestionar todo lo que la sociedad ha tratado de instruirles. Y esto lo hemos visto una y otra vez en las revoluciones.

Las mujeres que participaron en la revolución de 2011 en Egipto dijeron que, durante el punto álgido de la revolución, las mujeres podían estar fuera toda la noche en la plaza Tahrir de El Cairo sin ser acosadas. Como dijo una mujer que participó: «Aquí nadie te ve como una mujer; nadie te ve como un hombre. Todos estamos unidos en nuestro deseo de democracia y libertad.» Además, la mayoría de la clase obrera del mundo son mujeres, o parte de algún otro grupo oprimido, que se encuentra en la cima de la explotación y la opresión que todos los trabajadores enfrentan como obreros.

La idea de que una revolución socialista no significa también una lucha contra la opresión, es bastante absurda, porque cuando los trabajadores se mueven para cambiar la sociedad ponen por delante todas sus reivindicaciones, todos sus problemas y luchan por una liberación total de toda explotación y opresión.

Así que cada período de grandes luchas de clase y revoluciones también despierta la lucha contra la opresión.

Hemos visto esto durante la última década. Con Black Lives Matter en los EE.UU.. El movimiento de masas que vimos este año contra la ley de ciudadanía de Modi que estaba dirigida contra los musulmanes en la India. Los 5,3 millones que salieron durante la huelga de mujeres en España en 2018.

Hemos visto movimientos masivos contra la opresión en todo el mundo en los últimos tiempos, porque estamos viviendo un período de una profunda crisis del capitalismo que ha provocado lucha de clases y revoluciones.

Las feministas a menudo afirman que a los marxistas no tienen interés en luchar contra la opresión aquí y ahora, ni por ninguna reforma que mejore la vida de los trabajadores oprimidos. Dicen que sólo estamos esperando la revolución. Pero, por el contrario, es sólo en la lucha diaria por mejores condiciones de vida y contra la injusticia y las contrarreformas, que los trabajadores pueden aprender a luchar contra el capitalismo.

Pero lo que sí explicamos es simplemente que no puedes reformar la opresión.

Y que no puede haber colaboración con la clase dominante en la lucha contra la opresión.

Los capitalistas, no importa si son hombres o mujeres, blancos o negros, gays o heterosexuales – se benefician de la opresión como capitalistas. Cualquier intento de colaborar con la clase dominante o sus representantes políticos siempre terminará haciendo que descarrilen el movimiento, o tratando de descarrilar el movimiento, hacia algo que no amenace al sistema capitalista ni las ganancias de los capitalistas.

Así que como marxistas tenemos un claro entendimiento de cómo luchar contra la opresión y cómo podemos abolirla.

Pero las fuerzas del marxismo siguen siendo una minoría, demasiado pequeñas para poder ofrecer nuestro consejo sobre cómo luchar a las masas más amplias – y para dirigir los movimientos de masas. La mayoría de los que buscan formas de lucha contra la opresión se encuentran con las ideas de las políticas de identidad como la interseccionalidad, la teoría queer, y las diferentes corrientes del feminismo, como el feminismo radical.

Ahora, las políticas de identidad se basan en la idea de que todas las luchas contra la opresión tienen que ser dirigidas por aquellos que sufren directamente esa opresión específica.

Son las mujeres las que deben liderar la lucha contra el patriarcado, son las personas trans las que deben liderar la lucha contra la transfobia, son los negros y las personas de color los que deben liderar la lucha contra el racismo.

Para ellos la lucha contra las diferentes opresiones son todas luchas separadas.

Y entienden la opresión como una estructura más o menos separada del capitalismo.

Dicen que la opresión de las mujeres se basa en el patriarcado – una estructura de dominación de los hombres sobre las mujeres que no depende completamente del sistema capitalista.

El racismo se debe al privilegio de los blancos, que no se basa en el sistema capitalista.

Pero ¿qué es el privilegio de los blancos?, ¿qué es el patriarcado?

La tendencia dominante dentro de las políticas de identidad es entender la opresión como resultado de una serie de ideas o normas desafortunadas, como se dice.

La lucha contra la opresión para ellos es, por lo tanto, en primer lugar, una lucha para convencer a la gente y a la sociedad de dejar de tener estas ideas y comportamientos opresivos.

Esto es lo que los marxistas llamamos idealismo, que en términos filosóficos significa que ves la sociedad, la forma en que el mundo opera como consecuencia de las ideas, la moral o las normas que la gente tiene. El marxismo tiene el punto de vista opuesto, como materialistas entendemos que las ideas que la gente tiene, las ideas, las ideas dominantes de la sociedad, están moldeadas por cómo se construye la sociedad.

La tarea, por lo tanto, es cambiar la sociedad. Por ejemplo, explicamos que las ideas de racismo surgieron para justificar la esclavitud y el colonialismo, y existen hoy en día para justificar la explotación imperialista y la discriminación racista.

La opresión de la mujer que explicamos surgió junto con la sociedad de clases, en la que las mujeres pasaron de ser iguales y bien respetadas dentro de las antiguas sociedades igualitarias de cazadores y recolectores a estar subordinadas a los hombres dentro de la familia, con el surgimiento de la propiedad privada y la sociedad de clases.

Fue el surgimiento de la propiedad privada, a través de la agricultura, el principal campo de trabajo de los hombres, lo que llevó a la relegación de la posición de la mujer en la sociedad.

Para mantener su propiedad privada y transmitirla a sus herederos, los hombres forzaron a la monogamia a las mujeres, para poder identificar a sus hijos como propios.

Y así, los hombres llegaron a dominar a las mujeres, que ahora estaban confinadas en el hogar. Fue sobre esta base que surgió el control sobre las mujeres y de su sexualidad en la familia.

Bajo el capitalismo muchas mujeres han ganado una mayor independencia económica de los hombres, al ser arrastradas a la producción, convirtiéndose en parte de la clase obrera y ganando un salario para sí mismas.

Pero el capitalismo sigue dependiendo de la familia y del trabajo doméstico de las mujeres en el hogar para que se formen nuevos trabajadores que puedan ser explotados por los capitalistas.

Las mujeres reciben menos sueldo, trabajan más a tiempo parcial y, por lo tanto, siguen siendo económicamente dependientes de los hombres. Y, mientras exista esa desigualdad económica, mientras la sociedad descanse en la familia, entonces los hombres tendrán poder sobre las mujeres. Y con eso también sigue la violencia, el acoso y los estereotipos sexistas. Estas ideas reflejan el mundo real en el que vivimos.

Pero es la clase dominante la que difunde el prejuicio y el odio contra las minorías oprimidas a las que los trabajadores no son inmunes, a través de los medios de comunicación, del Estado y de toda la sociedad. Y las opresiones son cosas concretas que no pueden ser simplemente eliminadas con la educación.

Una empresa norteamericana que explota los recursos naturales y la mano de obra barata de un país pobre no deja de ser una explotación y un mecanismo que sostiene el orden mundial racista si esa empresa consigue un CEO, un alto gerente, negro; o que se considere así misma antirracista, feminista o lo que sea. No se puede simplemente convencer a los grandes monopolios del mundo de que «dejen de explotar a los países pobres». Tienes que derrocar el sistema imperialista en el que vivimos. No es una cuestión de prejuicios, sino de la forma en que se construye la sociedad. Así que decimos que tenemos que luchar por una sociedad, una sociedad socialista, donde la opresión no será sostenida por el sistema.

Sólo si nos deshacemos de la base material de la opresión podremos sentar las bases para que los prejuicios, el acoso y la violencia desaparezcan gradualmente.

Pero, por otro lado, las políticas de identidad dicen que los culpables de la existencia de la opresión son los que no están oprimidos de la misma manera: los hombres son responsables de la opresión de las mujeres y se benefician de ella; los blancos son responsables del racismo y se benefician de él; los heterosexuales son culpables de la homofobia, y así sucesivamente.

Como dijo la académica interseccionalista Frances Kendall: «Cualquiera de nosotros que tenga el privilegio de la raza, que todos los blancos tienen, y por lo tanto el poder de poner nuestros prejuicios en la ley, es racista por definición, porque nos beneficiamos de un sistema racista».

La feminista Heidi Hartman, dice lo mismo sobre la opresión de la mujer en su texto «El matrimonio infeliz del marxismo y el feminismo», de 1979, donde dice que «los hombres tienen un interés material en mantener la opresión de la mujer».

La lucha contra la opresión es por lo tanto para ellos una lucha de mujeres contra hombres, de negros y gente de color contra blancos, de personas transexuales contra las llamadas personas cis, es decir, no trans.

Los que no sufren la misma opresión son privilegiados y como ellos dicen, deben «poner a prueba sus privilegios», lo que significa cuestionar sus privilegios, y sólo pueden ser partidarios o aliados de los que deben dirigir la lucha.

Esto significa que la mayoría de los opresores son trabajadores y pobres en todo el mundo, y la lucha es del trabajador contra el trabajador, del oprimido contra el oprimido.

La forma en que las políticas de identidad echan la culpa a los llamados trabajadores privilegiados en realidad refleja los mecanismos de mantenimiento de la opresión por el capitalismo.

Los capitalistas quieren que los trabajadores blancos piensen que se benefician del racismo, quieren que los hombres piensen que se benefician de la opresión de las mujeres – quieren que los trabajadores se enfrenten entre sí. Y las políticas de identidad refuerzan esto diciendo lo mismo. Por ejemplo, algunas feministas en Suecia han afirmado que los trabajadores masculinos mejor pagados en los sectores dominados por los hombres no deberían ir a la huelga, porque ya están muy bien pagados y son privilegiados. Pero no son las trabajadoras del sector público con salarios más bajos las que se beneficiarían si estos trabajadores no se declararan en huelga y exigieran más salarios. Son los capitalistas para los que trabajan estos trabajadores.

Y no son los hombres los que quieren mantener bajos los salarios de las mujeres trabajadoras del sector público. Son los políticos que están ansiosos por defender los beneficios capitalistas gastando menos en prestaciones sociales los que no quieren aumentar los salarios de las enfermeras, de los trabajadores de la salud y otros.

Las ventajas diarias que algunos trabajadores obtienen al no estar doblemente oprimidos no es nada comparado con lo que ganarían si se unieran y lucharan por más.

Así que para nosotros no es una lucha entre diferentes grupos aliados por sus propios intereses sino una lucha común por intereses comunes.

Las políticas de identidad comenzaron a cobrar importancia a finales de los ‘80 y durante los ‘90. Este fue un período de reflujo en la lucha de clases, la era de Reagan y Thatcher, la caída de la Unión Soviética y la supuesta derrota final del comunismo.

Los académicos que habían sido testigos de los grandes movimientos de los ‘60 y ‘70 llegaron a la conclusión de la imposibilidad de que los trabajadores derrotaran al capitalismo. Mientras que el socialismo en su mente no parecía ser un camino para seguir, el capitalismo tampoco parecía ofrecer un futuro más brillante para la humanidad. Sacaron las conclusiones más pesimistas y se convirtieron en defensores de diferentes variantes del postmodernismo – que es la raíz filosófica de la política de la identidad. Aunque todavía a veces utilizan la fraseología marxista, estas ideas se utilizaron para desafiar y eliminar el apoyo al marxismo en el mundo académico, para gran satisfacción de la burguesía. Y desde el mundo académico se extendió a la izquierda y al movimiento obrero en un momento en que el movimiento obrero se vaciaba de trabajadores como resultado del reflujo de la lucha de clases y el desplazamiento hacia la derecha del movimiento obrero.

Los arribistas de la clase media ocuparon el lugar de los trabajadores y abrazaron con entusiasmo estas llamadas «nuevas» ideas. Si uno mira más de cerca las ideas de la política de identidad, puede encontrar las ideas del postmodernismo por todas partes.

El rechazo de la capacidad de entender el mundo objetivo en el que vivimos, el rechazo del llamado “gran cambio del mundo”. En lugar de la revolución – los pequeños grupos o la lucha individual contra el «poder». La idea de que sólo yo puedo entender mi opresión, mi realidad y la de nadie más. Como dice la prominente feminista interseccionalista Patricia Hill Collins: «Ningún grupo tiene un ángulo de visión claro. Ningún grupo posee la teoría o la metodología que le permite descubrir la ‘verdad’ absoluta». El marxismo, o más bien lo que se pensaba que era el marxismo, ya había sido desafiado como herramienta para analizar la opresión por parte de las feministas en los años ‘70. Pero el marxismo, con el que muchos izquierdistas entraron en contacto en este período, no era marxismo sino estalinismo.

También hubo una tendencia en el movimiento obrero reformista de considerar menos importantes los temas de los trabajadores más oprimidos, basándose en los trabajadores mejor pagados y con más ilusiones en el reformismo. La incapacidad del movimiento obrero para tomar la delantera en la lucha contra la opresión, y la existencia de un estalinismo que afirmaba haber alcanzado el comunismo en la Unión Soviética a pesar de no haberse deshecho de la opresión de las mujeres, del Estado, de la desigualdad, llevó a algunos a pensar que el marxismo y el movimiento obrero no eran la respuesta para la lucha contra la opresión.

Esto dio un impulso a las organizaciones divisionistas y a la búsqueda de «nuevas ideas», como el feminismo radical. Un ejemplo de cómo las feministas de los años ‘70 vieron el marxismo fue un grupo de lesbianas feministas negras en los EE.UU. llamado Combahee river collective: que en 1977 publicaron una declaración, donde decían que estaban de acuerdo con la teoría de Marx al analizar las relaciones económicas – pero que el marxismo no podía explicar la opresión de las mujeres negras. Dijeron:

«Este enfoque sobre nuestra propia opresión se encarna en el concepto de la política de identidad. Creemos que las políticas más profundas y potencialmente más radicales provienen directamente de nuestra propia identidad, en oposición a trabajar para terminar con la opresión de alguien más.»

Y al final de su declaración citan a Robin Morgan, quien dijo: «No tengo la menor idea del posible papel revolucionario que los hombres blancos heterosexuales podrían cumplir, ya que son la encarnación del poder del interés reaccionario».

Irónicamente, todas estas feministas tomaron prestadas sus ideas del marxismo, o más bien lo que pensaban que era el marxismo, pero al igual que los otros posmodernistas tomaron esas ideas y las convirtieron en su opuesto. Y la consecuencia de esas ideas es lo que vemos en el movimiento hoy en día.

Algunas feministas piensan que debido a que se centran tanto en la opresión de la mujer, son las que se toman más en serio la lucha contra la opresión de la mujer.

Pero si uno tiene una idea o un entendimiento incorrectos, entonces eso llevará a una estrategia contraproducente. El idealismo de la política de identidad deja abierta la posibilidad de ser engañados por el sistema. Si la idea es que sólo tenemos que poner a prueba nuestros privilegios, y si sólo tenemos que luchar contra las ideas del sexismo y el racismo, entonces uno puede ser fácilmente engañado y pensar que se han hecho verdaderos progresos simplemente porque un político o capitalista importante dice que es feminista o antirracista.

Al igual que los políticos, pueden jurar que se toman muy en serio la crisis climática y luego no hacen nada; los políticos pueden decir que están a favor de la igualdad de género y al mismo tiempo atacar las condiciones de vida y de trabajo de las mujeres.

Las empresas pueden iniciar pequeñas cosas, como todas las empresas que dicen apoyar a Black Lives Matter, donde pueden aparecer con el movimiento, o «apoyar el movimiento» todo el tiempo explotando a sus trabajadores de la misma manera que antes, beneficiándose de la opresión.

Y si la idea es que las mujeres tienen que ser representadas por otras mujeres, que necesitamos más líderes femeninas: entonces uno puede ser fácilmente engañado para apoyar a las líderes de un grupo oprimido que son elegidas líderes del partido o líderes de un gobierno – sin importar la política que realmente representan o los intereses de clase que representan.

Esto deja la puerta abierta para la colaboración de clases. En Suecia, un partido tras otro se ha convertido en feminista desde los años ‘90, precisamente en el período en que los avances logrados en la posguerra comenzaron a retroceder a través de los recortes y la privatización. Ebba Busch Thor – la líder del Partido Demócrata Cristiano de Suecia, se llama a sí misma feminista mientras que es una conservadora que quiere limitar el derecho al aborto. El Partido Liberal de Suecia tiene una líder negra, y ella representa un cambio hacia un perfil racista más abierto para ese partido porque quiere acercar el partido a los demócratas racistas de Suecia. La socialdemocracia que ahora está en el poder ha afirmado que lleva a cabo «políticas exteriores feministas», mientras que vende armas a Arabia Saudita que han sido utilizadas en la guerra contra el Yemen.

Todos estos políticos, todos estos líderes de partido, utilizan etiquetas y sus identidades como una forma de distraer de las verdaderas políticas que llevan a cabo. El feminismo se ha convertido en una industria de masas en Suecia – donde una miríada de académicos puede agradecer al feminismo por su carrera, afirman que están haciendo un trabajo importante contra la opresión de la mujer a través de algo que llamamos en Suecia la pedagogía de género en las escuelas y en los lugares de trabajo, donde desafían los roles de género.

Todas estas personas pueden llevar una vida cómoda como parte del sistema, dándose palmaditas en la espalda por su compromiso contra la opresión, mientras que el mismo sistema ha desgarrado el Estado de Bienestar que se construyó en los últimos 30 años.

¿Qué les ha dado este feminismo oficial a las mujeres trabajadoras en Suecia?

Una mentira, eso es lo que se les da.

Lo mismo puede decirse de las ONGs en los países más pobres – se han convertido en una industria que permite a una pequeña capa de gente de clase media llevar una vida cómoda mientras que todo lo que ofrecen a las masas de mujeres pobres es un montón de charla vacía y caridad. La política de la identidad no es como dirían los que la defienden: un medio para asegurarse de que la lucha contra la opresión se convierta en una prioridad de los líderes políticos.

Es una fachada que estos líderes usan para cubrir en el mejor de los casos la falta de acción; en el peor de los casos, los recortes y la austeridad. Esto es cierto para los capitalistas, los partidos de derecha y el movimiento laborista.

La política de identidad también se utiliza como una forma de sofocar a los elementos de izquierda y revolucionarios dentro del movimiento obrero.

Presentando candidatos de un grupo oprimido como una alternativa a los de izquierda en el movimiento, o afirmando que los hombres ocupan demasiado tiempo en el debate, o que algo que dicen es sexista o racista.

En el Partido Laborista Británico, la derecha usó falsas afirmaciones de antisemitismo para atacar a la izquierda. Y cómo las políticas de identidad afirman que sólo aquellos que sufren la opresión pueden definir lo que es esa opresión: no se puede cuestionar sus afirmaciones de sexismo o racismo – y los elementos de la izquierda en el movimiento laborista a menudo son muy vulnerables contra este tipo de ataque: porque están tan ansiosos de demostrar que están en contra de la opresión, que son los mejores feministas, las mejores feministas interseccionalistas. Así que en el Partido Laborista muchos izquierdistas aceptaron más o menos todas esas afirmaciones sin cuestionarlas. Y vemos el mismo fenómeno en los movimientos de protesta.

Durante el movimiento Black Lives Matter en Suecia este verano, las manifestaciones de solidaridad, una joven indignada por la violencia policial e inspirada por el movimiento en los EE.UU. decidió organizar espontáneamente una manifestación en Gotemburgo a través de Facebook.

Pero como ella era de origen de Oriente Medio y no negra, fue inmediatamente bombardeada con el acoso de que «no puedes organizar esto, debes dejarlo a los negros». Lo cual hizo. Y, al final, estaba tan desmoralizada por el tratamiento, que por lo que sabemos, ni siquiera se presentó en la manifestación. Este es sólo un ejemplo, pero hay muchos ejemplos simples o exactamente iguales a éste.

Los marxistas nos enfrentamos con quienes no estamos de acuerdo, a través de la discusión política y el debate. Entendemos que no podemos simplemente prohibir los prejuicios y pretender que todo desaparecerá si simplemente gritamos o insultamos a cualquiera con el que no estemos de acuerdo. Los métodos de callar a un adversario político es algo que normalmente reservamos para los fascistas o trolls que simplemente quieren interrumpir las actividades políticas.

Pero en el movimiento político de identidad estos son métodos que se consideran justos para ser usados contra casi cualquiera que se atreva a estar en desacuerdo con ellos. Declarando un boicot contra ellos, bombardeándolos con comentarios de odio, exigiendo que sean removidos de su trabajo o posición. Esto crea un ambiente de miedo y sirve para sofocar el debate y dividir el movimiento. Denunciamos todos estos métodos e ideas. Decimos que siempre debe ser la política la que decida a qué candidato apoyar, no su género, sexualidad o color de piel. Porque las experiencias de opresión no son suficientes para saber cómo luchar contra ella y no da derecho a reclamar el liderazgo de ningún movimiento.

Uno tiene que saber de dónde viene la opresión, por qué existe hoy en día, para entender cómo deshacerse de ella y saber qué métodos y qué demandas plantear en la lucha. Es decir: hay que estudiar la historia y analizar la sociedad. El conocimiento de cómo luchar contra la opresión de la mujer no es algo con lo que se nace simplemente porque se nace mujer. Hay que aprenderlo. Como marxistas no estamos luchando para que una minoría de un grupo oprimido tenga una carrera dentro del Estado capitalista.

No luchamos para que los oprimidos sean «representados» por unos pocos individuos, sino que luchamos por una sociedad comunista – sin Estado, donde todos dirijan la sociedad. Lo que necesitamos no es estar igualmente representados por los capitalistas que nos explotan o los políticos que mantienen su sistema – lo que necesitamos es destruir el sistema a través de su derrocamiento revolucionario. Lo que necesitamos no es una miríada de diferentes organizaciones para diferentes grupos oprimidos que llevan a cabo sus luchas por separado – sino un movimiento de masas unido de todos los oprimidos bajo la dirección de un movimiento obrero revolucionario.

Aunque la mayoría de los que se llaman a sí mismos feministas y muchos de los que están a favor de la interseccionalidad sólo quieren decir que luchan contra la opresión, no nos llamamos feministas o marxistas interseccionalistas – precisamente porque estas ideas, no importa en qué forma las encuentres, no pueden explicar la opresión o cómo luchar contra ella de manera efectiva. Porque los líderes del feminismo y la interseccionalidad no entienden la necesidad de acabar con el capitalismo para acabar con la opresión, acaban adaptándose al sistema capitalista. No sólo eso – también son en general reformistas o incluso liberales. Pero sólo mira al Partido de Izquierda de Suecia, que le gusta verse a sí mismo como el partido más feminista de Suecia.

Una vez hicieron campaña por 200.000 nuevos puestos de trabajo en el sector público y una jornada de 6 horas. Estas reformas habrían mejorado mucho la vida de las mujeres de la clase trabajadora. Esas demandas no se ven en ninguna parte hoy en día, la dirección ya no las impulsa. Porque la dirección del partido está tan ansiosa por colaborar con los socialdemócratas que han abandonado todas las demandas más radicales para acomodarse.

Es lo mismo con todos los otros ejemplos que di – el Partido de Izquierda se ha convertido en feminista precisamente en el mismo período en que se ha movido a la derecha. Por lo tanto, nuestro problema con esas figuras líderes del feminismo y la interseccionalidad no es que tomen la lucha contra la opresión demasiado en serio, es lo contrario. Decimos: no haces lo suficiente en la lucha contra la opresión, tienes miedo de desafiar al sistema. No crees que la clase obrera pueda derrocar el sistema capitalista y dirigir una sociedad socialista. Te has convencido de que sólo los capitalistas y los políticos pueden dirigir la sociedad. Terminan siendo igual que todos los demás políticos y capitalistas que dicen: No salgas a la calle, deja todos tus problemas en nuestras manos y tarde o temprano las cosas mejorarán.

Nosotros decimos: salgan a la calle, luchen ahora contra todos los males de la sociedad, luchen ahora por su completa y total liberación.

Luchad ahora por una revolución mundial para destruir este sistema bárbaro, para destruirlo de una vez por todas, para acabar con toda la explotación, la injusticia y con ella, todas las formas de opresión.

Intervenciones

Sam: Hola a todos, soy Sam de Londres. Y les traigo saludos revolucionarios de Socialist Appeal, la sección británica de la CMI. Quería aprovechar la excelente exposición de Ylva para hablar más del papel central de la clase en la lucha contra la opresión.

Como marxistas, creemos que la principal contradicción en la sociedad es el antagonismo entre el trabajo asalariado y el capital. Pero no creemos que la explotación de la clase obrera sea más severa que el dolor que sienten los miles de grupos oprimidos por el capitalismo. Al poner la primacía de la clase, no estamos tratando de minimizar o descartar la opresión de la gente. Simplemente entendemos que las condiciones de trabajo asalariado bajo el capitalismo hacen posible la formación de la conciencia de clase. Y esta conciencia puede apoderarse de la amplia masa de la clase obrera que puede utilizar su poder económico para lograr un cambio revolucionario. No ocurre lo mismo con los grupos oprimidos: por eso la clase es tan importante. Porque la clase obrera tiene el poder en sus manos para aplastar el capitalismo. Y esto sentará las bases para la destrucción de todas las formas de opresión.

Esta es una oposición a las ideas de la política de identidad que sostiene que sólo los propios grupos oprimidos pueden luchar contra su opresión. Hemos visto a lo largo de la historia intentos de unir a los grupos oprimidos en la lucha, y nunca se rompió en líneas de clase. Esto se debe a que los miembros burgueses y pequeñoburgueses de los grupos oprimidos sólo quieren llevar la lucha hasta cierto punto. Sólo quieren adquirir los mismos privilegios y posiciones que sus pares de los grupos no oprimidos. Una vez que han alcanzado la forma adecuada, la feliz reforma, están felices de abandonar la lucha.

Un ejemplo de esto es el movimiento sufragista británico. Las sufragistas fueron un grupo de mujeres que lucharon por el derecho al voto de las mujeres a principios del siglo XX. Emmaline Pankhurst fue la principal líder de este movimiento. Pero su principal objetivo no era conseguir el sufragio universal. En su lugar, ella luchó por el voto para las mujeres sobre la misma base que los hombres. Y en ese momento, esto significaba que sólo se permitía votar a las personas con un cierto nivel de riqueza. Así que, en lugar de luchar por las mujeres en su conjunto, las sufragistas luchaban sólo por los derechos de las mujeres ricas.

Esta contradicción fue brutalmente expuesta por la Primera Guerra Mundial: Emmaline Pankhurst apoyó plenamente esta reaccionaria matanza imperialista. Llegó a un pésimo acuerdo con el gobierno conservador: suspender todas las protestas de las sufragistas. Recibió fondos del gobierno para movilizar a las sufragistas en apoyo de la guerra. Cuando las sufragistas más radicales protestaron por esta traición, fueron despiadadamente silenciadas.

A medida que la guerra avanzaba, las mujeres eran arrastradas a las industrias de guerra donde eran brutalmente explotadas. Pero Emmaline las instó a no hacer huelgas o protestas, sino a cumplir con su deber patriótico.

Emmaline también se convirtió en una prominente oponente de los bolcheviques. Y, en junio de 1917, fue enviada en una misión a Rusia. Esta fue organizada y financiada por el gobierno conservador británico y su propósito era apoyar al gobierno provisional y animar a Rusia a permanecer en la guerra. La ironía es que la exitosa Revolución Bolchevique de 1917 dio a las mujeres el derecho a votar en Rusia por primera vez.

Después de la guerra, Emmaline fue generosamente recompensada por sus servicios a la clase dirigente y se convirtió en diputada conservadora. Una sección del movimiento liderado por Sylvia Pankhurst, una de las hijas de Emmaline, se opuso a esta traición. Sylvia contrapuso la táctica de la militancia individual con la lucha de masas. Ella realizó el trabajo entre las mujeres de la clase obrera y creía que las sufragistas debían acercarse al movimiento obrero como sus principales aliados en la lucha. Continuó luchando y organizándose, oponiéndose a la guerra, y continuó luchando para convertirse en miembro fundador del Partido Comunista Británico.

Este es sólo un ejemplo de un patrón que se ha repetido en la lucha a lo largo de la historia. Una cierta capa sólo quiere usar la lucha para obtener concesiones que les beneficien a ellos mismos. Y una vez que han logrado estos privilegios, abandonan la lucha. Los oprimidos burgueses y pequeñoburgueses pueden permitirse el lujo de protegerse de su opresión de una manera que los oprimidos de la clase trabajadora no pueden. Y algunas personas de los grupos oprimidos son miembros activos de la clase dominante. Así que, a pesar de su enfoque teórico de la opresión, tienen un interés en defender el capitalismo.

Por eso es imposible para un grupo oprimido dirija con éxito una lucha por su cuenta – porque el movimiento inevitablemente se rompe en líneas de clase. Pero, como no entienden la clase, los defensores de las políticas de identidad no lo ven así. En su lugar, la solución de las políticas de identidad es tratar de identificar las capas más privilegiadas y excluirlas del movimiento para crear una subsección aún más pequeña de grupos oprimidos. Pero todo lo que esto logra es dividir aún más al movimiento, y disminuir su poder.

Como marxistas, no estamos interesados en hacer el movimiento más pequeño – queremos lo contrario. Queremos el movimiento más grande y poderoso posible. Y el grupo más grande y poderoso del mundo es la clase trabajadora. Por lo tanto, debemos tratar de superar todas las divisiones en la clase obrera. Reunir a todos los grupos oprimidos en una lucha contra su opresor común. Y, el verdadero opresor de un trabajador negro no es su compañero blanco – es su jefe y el sistema capitalista. Por eso la lucha contra la opresión debe ser una lucha contra el capitalismo, y los trabajadores del mundo son los únicos que pueden librar esa lucha con éxito.

Gracias camaradas, eso es todo lo que tenía que decir.

Marie: Hola, y saludos revolucionarios de Revolución Socialista – la CMI en Dinamarca.

Si miras la política de identidad, puedo ver por qué atrae a un montón de jóvenes radicalizados que están indignados y que quieren luchar contra la opresión. Las políticas de identidad parecen radicales e incluso revolucionarias – como querer hacer algo serio ante los problemas.

Pero la cosa es que no es revolucionaria y no es igual a la lucha contra la opresión – todo lo contrario, en realidad. Se centra en todos estos diferentes tipos de opresión en las personas. Por lo tanto, mira las luchas individuales, y no la lucha colectiva. Pero la lucha contra la opresión no se puede encontrar en una base individual.

Si miras a las políticas de identidad, miran todos estos diferentes tipos de opresión: sexismo, racismo contra las mujeres, y algunos de ellos incluso hablan del clasismo como un tipo de opresión. Así que parece casi como el marxismo o como el socialismo – pero no lo es. Es muy diferente. Ellos ven el clasismo: la opresión de la clase obrera, como algo idealista, algo en el discurso, algo en la forma en que hablamos de la clase obrera / el proletariado.

Pero, como marxistas, vemos la opresión de la clase obrera como algo arraigado en las estructuras económicas de la sociedad. Y eso significa que la opresión de la clase obrera es diferente de los otros tipos de opresión. La opresión de la clase obrera atraviesa todas las demás formas de opresión. Puedes tener un capitalista que es negro, puedes tener un trabajador que es negro. Puedes tener una mujer que es capitalista, y puedes tener una mujer que es trabajadora. Pero no tienes a los trabajadores siendo capitalistas.

Y puedes ver cómo las empresas ahora es algo de moda. Todas toman la bandera del arco iris, como una promoción de sí mismos. Pero no los verás tomar la bandera roja o la hoz y el martillo. Y la cosa es que la clase capitalista es una pequeña minoría, como también hemos explicado. Y usarán todos los medios para dividir a la mayoría: la clase trabajadora, en todas las líneas divisorias que puedan. Usarán los medios de comunicación, el sistema educativo, la Iglesia – todo para vomitar este veneno de racismo, sexismo, homofobia, etc.

Así que también puedes encontrar este tipo de ideas en la clase trabajadora, entre la clase obrera. Pero para ellos es muy diferente el racismo o el sexismo que existe en la clase trabajadora del sexismo que existe en la clase capitalista. Para la clase capitalista, es una necesidad. Para la clase obrera, es una desventaja objetiva – los debilita; va en contra de sus intereses objetivos.

Y por eso vemos en la lucha, como Ylva mencionó, en Egipto o en las huelgas y así sucesivamente, que todas estas líneas divisorias en la clase obrera desaparecen cuando luchas codo con codo. Y ves que lo contrario sucede en la clase capitalista. Cuando la lucha de clases se intensifica, la clase dominante siempre elige su lado de clase: las mujeres capitalistas estarán del lado de los capitalistas, no de la mayoría de las mujeres.

Por eso, la lucha contra la opresión es una lucha completamente vinculada a la lucha contra el sistema económico. Porque está enraizada en este sistema económico. Y la clase obrera está formada por todos estos: mujeres, negros, homosexuales, transexuales, etc. – está formada por todos nosotros. Es una mentira que sólo los hombres blancos son trabajadores. Así que la lucha de la clase obrera es una lucha para liberar a todas estas personas de la opresión, y que son el único grupo en la sociedad que puede hacerlo.

Porque es el único grupo que puede cambiar las estructuras económicas de la sociedad. Pero en esta lucha, lo necesario es centrarse en lo que nos une, lo que une a la clase obrera. Y ahí es donde la política de identidad se equivoca – se centra en lo que nos diferencia. Se centra en el individuo. No significa que no luchemos por los derechos de las mujeres o los derechos de, o la opresión contra cualquier forma de sexualidad en esta sociedad.

Pero, como Sam también explicó, utilizamos esta lucha para unir a la clase obrera, para mostrar las limitaciones del capitalismo, y para explicar la necesidad de luchar por la revolución socialista. Porque esa es la única manera en que podemos eliminar la opresión, desde sus raíces. Y por eso necesitamos la teoría marxista, porque es la única base teórica que puede ser utilizada para llevar esta lucha. Gracias.

Serena: Hola camaradas. Cuando nosotros, los marxistas, decimos que la lucha contra la opresión de la mujer, y la lucha contra cualquier tipo de opresión debe estar conectada a la lucha de clases y a la lucha contra el capitalismo, no es un concepto abstracto inventado por nosotros, los marxistas. Se deriva de las raíces materiales de cualquier forma de opresión, y es una demostración viva en la experiencia si consideramos los períodos en los que todos los logros importantes en forma de derechos civiles han sido conquistados.

En mi contribución, me referiré como demostración a esto, a los acontecimientos en Italia en los años ‘70. Un decenio en el que se conquistaron algunas reformas cruciales en el ámbito de los derechos de la mujer. Por ejemplo, el derecho al divorcio, el derecho al aborto, la igualdad entre marido y mujer dentro del matrimonio. Y, por cierto, me gustaría señalar que todas estas reformas fueron primero en Italia y luego en los «países avanzados» en los años ‘70. Y no fueron en absoluto regaladas por el gobierno de la época, sino conquistadas a través de una dura lucha.

Mientras que en la Rusia revolucionaria, estas medidas fueron de las primeras que propusieron los bolcheviques después de la Revolución de 1917. Estas reformas son a menudo referidas como el resurgimiento del movimiento feminista de la época. Pero esta es una explicación muy superficial de lo que realmente ocurrió. De hecho, no podemos describir tales logros a las luchas sectoriales exclusivamente en el campo de los derechos civiles. Pero debemos adoptar una perspectiva más amplia que consiste en el carácter completo de esa época. Una época de intensa lucha de clases que casi llevó a la toma del poder por la clase obrera en la oportunidad revolucionaria del llamado «Otoño Caliente» en 1969. Una oportunidad revolucionaria que se perdió por el papel nocivo que desempeñó la burocracia reformista de los sindicatos y la burocracia del partido comunista estalinista.

El carácter revolucionario de esta época fue evidente no sólo en Italia, sino a escala mundial. En todos los demás países capitalistas avanzados, pensemos en el Mayo del ‘68 en Francia, y también en los países ex-coloniales. Así que, aunque esta oportunidad revolucionaria se perdió, abrió todo un período de luchas frente a las cuales la clase dominante se vio obligada a considerar otras reformas. No sólo en el campo industrial, sino también en el campo de los derechos civiles. Un ejemplo clásico de reformas que son el subproducto de una revolución, como Ylva ya explicó en su exposición.

Es cierto que, en ese momento, se desarrollaron varios grupos feministas que emergieron especialmente del medio universitario. Algunos de ellos pusieron todo el énfasis en la cuestión de la cultura como la principal causa de la opresión. De ahí que se vea la actividad política en la autoconciencia y no participar en la lucha por los derechos civiles. Otras fueron muy activas en estas luchas, e incluso se consideraron feministas-marxistas, lo que es una contradicción en los términos. De hecho, sus métodos, como el divisionismo, y sus consignas como «salario para el trabajo doméstico» iban en la dirección de dividir a las trabajadoras del resto de la clase obrera, mostrando una total falta de comprensión de lo que Marx pensaba sobre el papel progresivo de la participación de la mujer en el proceso de producción.

Así, aunque algunos grupos feministas hicieron una propaganda muy activa en las luchas por los derechos civiles, el carácter masivo de estos movimientos fue mucho más allá de las raíces que habían podido echar entre las mujeres y especialmente entre las mujeres de la clase obrera.

De hecho, la movilización de los derechos de la mujer fue realmente desbordante en ese momento. Más de 19 millones de personas votaron en defensa del derecho al divorcio en el referéndum de 1974. Con una abrumadora mayoría de casi el 60%. Pero la lucha no sólo estaba en los polos. Grandes manifestaciones sobre la cuestión de los derechos de la mujer tuvieron lugar en ese período con decenas de miles de mujeres participando. La más grande fue la de Roma en 1976, con 50.000 personas luchando por el derecho al aborto. Y no mucho después, el aborto fue legalizado en Italia.

Ahora, algo similar sucedió hace unos años, durante el movimiento Ni una menos y las huelgas de mujeres contra la violencia contra las mujeres. Cuando hemos visto enormes capas de jóvenes radicalizadas y trabajadoras que estaban decididas a luchar, pero la mayoría de ellas no estaban influidas por prejuicios pequeñoburgueses feministas, como el divisionismo o extraños hábitos lingüísticos. Así que debemos darnos cuenta de que tales movimientos, tanto entonces como hoy, expresan algo muy diferente del nivel de discusiones que categorizan el círculo feminista. Son la expresión del carácter de toda una época.

En el «Otoño Caliente» en Italia, las mujeres trabajadoras fueron de las primeras en tomar la iniciativa. Incluso antes de las grandes huelgas y la ocupación de fábricas de 1969, confirmando lo que hemos visto muchas veces en la historia. Por ejemplo, en la primera etapa de la Revolución Rusa que comenzó en el Día Internacional de la Mujer en 1917 – el tejido de una revolución.

¿Y qué hay de hoy? Piensa en los sectores laborales clave que estaban, que están en primera línea durante esta pandemia. Los trabajadores de la salud, los trabajadores de los supermercados, en todas estas ramas, las mujeres desempeñan un papel fundamental. Y piensa en esas mujeres trabajadoras comparadas con las llamadas «trabajadoras inteligentes» que cuidan a sus hijos al mismo tiempo porque las escuelas estaban cerradas. Esta situación está teniendo un gran impacto en su conciencia. Y, una vez más vemos a las mujeres jóvenes y a las trabajadoras entre las capas más radicalizadas de la clase.

De todos modos, hay una diferencia fundamental con la experiencia a la que me referí en los años ‘70. Entonces, el sistema capitalista había experimentado un auge muy largo y tenía algunos márgenes, algunos recursos acumulados para otorgar, para otorgar algunas conquistas y concesiones. Hoy en día, el sistema no tiene márgenes, no hay espacio para considerar reformas. Así que la relevancia de los reformistas disminuye y la necesidad de una alternativa revolucionaria será más evidente para capas cada vez más grande de la juventud y de la clase obrera, especialmente en las mujeres.

Por lo tanto, debemos estar preparados para intervenir en este estado de ánimo para ser el partido revolucionario que se necesita para poner fin a la causa final de la explotación y la opresión: el capitalismo.

Joel: Gracias, gracias Ylva por la gran introducción. Honestamente, no creo que sea sorprendente que haya habido una explosión de luchas contra diferentes formas de opresión en todo el mundo. Está el movimiento contra el racismo en los EE.UU., el movimiento MeToo, la huelga de mujeres en el Estado español. Muchas de estas luchas han tenido lugar en los países capitalistas más avanzados. Y, creo que esto demuestra que la opresión no puede ser abolida bajo el capitalismo. En el mejor de todos los mundos capitalistas, todo el mundo sabe que la opresión está todavía viva y goza de buena salud.

Ahora bien, estas luchas son muy progresistas y deben ser apoyadas. Sin embargo, debemos participar con entusiasmo en la lucha, pero también tenemos que aportar un programa marxista claro de cómo luchar contra la opresión. Y para hacer esto, necesitamos entender cómo las diversas teorías de las políticas de identidad realmente socavan directamente estas luchas.

Si tuviéramos que resumir un pilar central de las políticas de identidad, como explicó Ylva, esto sería básicamente que alguien de un grupo oprimido sabe cómo luchar mejor contra la opresión que experimenta. Pero, el simple hecho de experimentar la opresión no significa que tengas todo el conocimiento de cuál es la mejor manera de luchar contra esa opresión – eso requiere estudio. Y, sólo quiero dar algunos ejemplos, ejemplos recientes, de cómo esta idea general que se centra en la identidad, en lugar de las ideas. Quiero darles algunos ejemplos de cómo esto tiene resultados extremadamente reaccionarios.

Por ejemplo, en Montreal, donde resido: cuando el reciente movimiento contra el racismo y la brutalidad policial explotó en los EE.UU., tuvo sus repercusiones sobre el terreno aquí y se convocaron manifestaciones. Y éstas fueron organizadas por organizaciones negras. Sin embargo, sólo porque todos fueran negros, no significa que todos tuvieran las mismas ideas. Es como un movimiento de liberación nacional en algunos aspectos, con diferentes clases de negros involucrados. Algunos de ellos más de izquierda, algunos de ellos revolucionarios, y algunos de ellos liberales.

Así que uno de los organizadores invitó a la policía de Montreal – que son muy conocidos por su racismo, brutalizando a la gente de color, matándolos. Y finalmente, se vieron obligados a rescindir esta invitación bajo la indignación y la presión. Pero en la manifestación, también hicieron hablar a la líder del Partido Liberal de Quebec, que es una mujer negra. Para que se hagan una idea, esta persona solía ser la presidente del actual partido del gobierno de Quebec, el CAQ, que es un partido xenófobo de extrema derecha, y más recientemente se ha unido a los Liberales y ahora los lidera. Y éstos, para ser honesto, no son mucho mejores – han estado en el poder durante la mayor parte de los últimos 20 años.

Pero seguir la política de identidad hasta la conclusión lógica te lleva a cosas como esta. La única razón real por la que fue invitada a hablar fue porque es negra y es una líder política. Por lo tanto, creo que la política de identidad es reaccionaria porque es un intento de apagar tu cerebro y sólo mirar la identidad de alguien y juzgar que, por lo tanto, eso es bueno, o que lo que va a decir es inevitablemente bueno.

Otro ejemplo, que creo que es aún peor, mucho peor, está relacionado con los acontecimientos de Portland en EEUU. Ahora el movimiento en Portland se ha convertido en una revuelta generalizada contra el Estado y contra las fuerzas armadas del Estado: la represión. Amplias capas de la población han salido y se han opuesto a la represión de Trump. Tienes líneas de actuación como la que llaman «Momtifa» que es como las mamás que cierran los brazos, protegiendo la manifestación. Y «Dadtifa» que son básicamente papás con sopladores de hojas soplando el gas lacrimógeno de vuelta a la policía, lo que es obviamente maravilloso y muestra la creatividad de la clase obrera. Y, es un movimiento bastante avanzado: muchas de estas personas están armadas. Y como dije, involucró a todas las capas de la población, muchas de estas personas son blancas – que es lo más progresivo, ya no se trata sólo de los negros.

Pero ha habido muchas políticas de identidad, los activistas en línea se quejan de esto. Diciendo que estaba «centrado» en los cuerpos blancos, que había demasiada gente blanca. Así que, básicamente están tratando de mantener el movimiento, hacer que no se extienda y en realidad hacer que el movimiento no gane – hacerlo débil. Lo cual es la conclusión lógica de las políticas de identidad: es centrarse en la forma, no en el contenido.

Esto en realidad lleva directamente a los liberales a cooptar estos movimientos. Ylva dio muchos ejemplos de esto en Suecia. Hay un último ejemplo aquí en Quebec. El gobierno de derecha ha aprobado una ley que es básicamente una prohibición del hiyab o del niqab (el velo musulmán), similar a las leyes que se han aprobado en Europa, que es una ley totalmente reaccionaria, islamofóbica. Y, hubo un gran debate dentro del Partido de Izquierda sobre esto, porque la dirección no se opuso totalmente por razones de identidad, porque la historia de los quebequenses, la gente secular, etc. Pero luego estaba el sector de los miembros del partido que quería luchar contra la dirección mandando a personas de color a puestos de dirección. Pero de nuevo, esto se centraba en la forma y no en el contenido. Hay líderes, gente de color líderes del partido, y tampoco se opusieron a esta ley. Y las dos figuras públicas del partido que se oponían a la ley eran blancas.

Así que, de nuevo, estoy de acuerdo con Ylva, les criticamos que no hacen lo suficiente para luchar contra la opresión. En realidad, no tiene nada que ver con la lucha contra la opresión lo que están haciendo. Y permite a los liberales hacer concesiones simbólicas para aplacar el movimiento. Pero la existencia de este movimiento en los EE.UU. demuestra que la gente está harta de eso: que la gente está harta de estas cosas. Que ya no aceptan este tipo de concesiones simbólicas.

Así que creo que tenemos un momento histórico para conectar estos movimientos con nuestra política. Con una perspectiva marxista, que sólo una lucha de clases unida puede terminar con todo tipo de opresión. Gracias.

Respuesta

Ylva: Creo que hemos tenido una excelente discusión. Todas las intervenciones fueron muy, muy buenas. Se plantearon muchos puntos y no podré tocarlos todos. Tengo algunos puntos que quiero añadir.

Joel hizo algunos muy buenos, tuvo algunos ejemplos muy concretos de cómo de reaccionaria es la política de identidad, cómo divide el movimiento. Y creo que lo expresó muy bien – que realmente los métodos e ideas de la política de la identidad están realmente dirigidos a no hacer que la lucha gane, a no hacer que se extienda.

Ahora, otro ejemplo de esto es un ejemplo del que hablamos a menudo, es precisamente la huelga de mujeres en el Estado español en 2018. Donde las feministas que lideraban esa huelga exigieron que sólo las mujeres fueran a la huelga. Y que los hombres tomaran el lugar de las mujeres en el trabajo, actuando, así como rompehuelgas. Esto realmente muestra – como todos los ejemplos que Joel dijo, lo absurdo de estas ideas.

Luego, Marie habló de la importancia de un análisis de clase. Y mencionó cómo la interseccionalidad, la política de identidad en general, pero es específicamente muy común en la interseccionalidad, sólo ve la clase como simplemente otra forma de opresión. El llamado «clasismo» donde se centran, al igual que con todas las demás opresiones, en la experiencia de ser un trabajador, y lo que realmente significa ser un trabajador: quién es un trabajador y quién no es un trabajador, cuál es la cultura de los trabajadores.

Como marxistas, tenemos un enfoque completamente diferente de la clase. No nos interesa decidir a nivel individual quién es un trabajador y quién no lo es. «Hmm, ¿podría decirse que ese individuo es un trabajador o un pequeño burgués, porque empezó en la universidad, pero tiene este trabajo?» – ese es el tipo de enfoque que tienes. Pero más bien, miramos a la clase obrera en su conjunto – su papel en la producción, y cómo la clase obrera se moverá en la lucha de clases, cómo se moverán los diferentes sectores de la clase obrera.

Y de manera similar, no estamos interesados en decidir quién es una «verdadera mujer», que puede ser parte de la lucha de las mujeres – que es el enfoque de la política de identidad. Y hemos visto recientemente, una lucha entre feministas queer y activistas trans, y feministas radicales y algunas feministas liberales por otro lado, donde las feministas radicales y las feministas liberales están precisamente obsesionadas con la definición de quién es una «mujer real», y ven a las mujeres trans como una amenaza para su movimiento.

No estamos interesados en definir a nivel individual quién puede realmente decirse que sufre de racismo. Sino que miramos a la opresión en su conjunto y cómo luchar contra ella. Pero en el movimiento de política de identidad, ves esta competencia de quién es el más oprimido. O la forma en que identificas la identidad de este movimiento, no me siento incluido – lo que sólo lleva a la división y a las luchas internas.

Ahora, Sam también habló sobre el papel de la clase obrera en la lucha contra la opresión. Y, habló de cómo has visto esto una y otra vez. Cómo las feministas y otros movimientos políticos de identidad, cómo los líderes de la pequeña burguesía se contentan después de haber ganado alguna conquista parcial y luego se convierten en defensores del establishment / del status quo del capitalismo. Y puso a las sufragistas como ejemplo.

Otro ejemplo, es este grupo feminista en Suecia llamado «Grupo 8» que fue el principal grupo feminista radical en los años ‘70. Al principio, no se llamaban a sí mismas feministas, sino marxistas. Y se centraron en diferentes cuestiones relativas a las mujeres obreras, pero principalmente la lucha por el derecho al aborto. Pero una vez que se ganó en 1974, entonces comenzaron a retroceder en la lucha y se convirtieron en feministas – feministas radicales. Y comenzaron a centrarse en la elevación del arte y la cultura femenina, organizando pequeños grupos de mujeres que sólo hablaban de sus experiencias individuales de opresión. Y muchas de ellas hicieron una gran carrera en el mundo académico en los años ‘80, dando un paso atrás en la lucha y convirtiéndose en parte del sistema.

Ahora, otro punto que me gustaría señalar es que no tuve tiempo de entrar en mi exposición. Me referí al hecho de que muchas feministas han afirmado que a los marxistas no les importa la opresión y esto se debe en parte al estalinismo y a cómo veía la opresión, pero esa no es toda la explicación. También está claro que muchos académicos no se han preocupado por entender realmente lo que los primeros marxistas escribieron sobre el tema de la opresión.

Algunos de ellos han leído claramente a Marx, algunos incluso han leído el libro de Engels, » El origen de la familia, la propiedad privada y el estado». Puede que no todos estén familiarizados con la riqueza del material escrito por los primeros marxistas, especialmente en la Tercera Internacional comunista, sobre la opresión. Ni el verdadero historial de los marxistas en la lucha contra la opresión. Pero muy pocos de ellos han leído algunas cosas, y aún así han llegado a la conclusión de que a los marxistas no les importa la opresión.

Lo que está claro es que su método, y esto es cierto para todos aquellos académicos que han usado el marxismo para revisarlo o descartarlo, es que escogen citas e ideas que se ajustan a sus propios intereses. Y que a menudo se acercan al marxismo con la mente ya formada de lo que diremos. Cuando leen a Marx o Engels, buscarán palabras que hoy en día pueden ser consideradas políticamente incorrectas. Y luego decir, mira Marx o Engels fue racista o sexista porque usaron este término.

Un ejemplo que recuerdo vívidamente fue una feminista que me dijo que había leído un texto de Lenin sobre la opresión de las mujeres. Pero lo que ella me dijo que Lenin dijo era en realidad lo opuesto a lo que Lenin estaba argumentando. Otras veces, no pueden realmente descartar lo que los primeros marxistas han escrito sobre la cuestión, pero entonces simplemente llaman a esos marxistas, feministas. Así que Rosa Luxemburgo, Clara Zetkin, August Bebel, Alexandra Kollontai – todos son llamados feministas a pesar del hecho de que eran marxistas que lucharon contra el movimiento burgués feminista en ese momento.

La verdadera tradición del marxismo ha sido enterrada bajo un montón de mentiras, y es nuestro trabajo hacer surgir la verdadera tradición. Luego, Serena habló de cómo los logros alcanzados en Italia en los años ‘70 eran parte producto de la lucha de clases, y no sólo de las feministas como se decía en la lucha feminista. Y es lo mismo en Suecia, y vemos que a lo largo de la historia de Suecia – que todos los logros de las mujeres siempre se atribuyen al movimiento feminista como propio. Pero también en Suecia, fueron en gran medida producto de la lucha de clases.

Pero también en Suecia, a pesar de los enormes avances para la clase obrera y para las mujeres, también estaban los intereses de los capitalistas. El Estado del Bienestar, por ejemplo, permitió a los capitalistas atraer a las mujeres a la producción, y en el momento del auge necesitaban a esas mujeres para ampliar la producción.

Pero como dijo Serena, hoy estamos en una época completamente diferente. Un período de crisis del capitalismo en el que no están interesados en la expansión del Estado benefactor, sino en atacar todas las conquistas de la clase obrera del pasado. Lo que significa que no es sólo que necesitamos terminar con el capitalismo para acabar finalmente con la opresión, sino que incluso para dar mayores pasos adelante para mejorar las condiciones de vida y de trabajo de los trabajadores oprimidos se necesita el fin del capitalismo.

Y, como hemos visto, estos ataques contra la clase obrera – los ataques en todos los países contra la clase obrera, ha provocado luchas masivas. Y como dijo Joel, estos movimientos no se conformarán con lo que la política de identidad tiene para ofrecer. Y una vez que se hacen demasiado grandes, la gente de las políticas de identidad simplemente no puede contener el movimiento e introducir más sus métodos. Y hemos visto esto con Black Lives Matter en los EE.UU., por ejemplo.

Por lo tanto, estamos viviendo en un período de grandes luchas de clase donde la revolución socialista está a la orden del día. Pero una revolución socialista no puede tener éxito a menos que la clase obrera tenga una dirección marxista revolucionaria. Así que, si estás viendo esto y ardiendo por luchar por una sociedad socialista, da el paso. Únanse a nosotros en la CMI para construir las fuerzas del marxismo y luchen junto a nosotros para llevar estas ideas al movimiento y al movimiento obrero para que nuestro período no sea otra historia de cómo los líderes de la clase obrera la traicionaron, como es la historia de tantas revoluciones en el pasado. Sino que la historia que se cuente en el futuro es que logramos destruir el capitalismo para que las generaciones futuras pudieran vivir en un mundo comunista unido donde todos los restos de la sociedad de clases hayan desaparecido. Gracias.

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