La clase trabajadora necesita su propia organización política

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Editorial El Militante Nº 57

A diferencia de los países de nuestro entorno, la clase trabajadora argentina carece de un partido político propio que exprese o refleje sus intereses particulares.  Por el momento es un hecho irrebatible que para una gran parte de la clase trabajadora el kirchnerismo aparece como la única alternativa viable frente a la oposición de derecha y sus políticas reaccionarias

A diferencia de los países de nuestro entorno, la clase trabajadora argentina carece de un partido político propio que exprese o refleje sus intereses particulares.

 Por el momento es un hecho irrebatible que para una gran parte de la clase trabajadora el kirchnerismo aparece como la única alternativa viable frente a la oposición de derecha y sus políticas reaccionarias.

  El kirchnerismo no es una alternativa

 Esto se ve potenciado por la mala política seguida por los grupos de izquierda y la dirección de Proyecto Sur, quienes se muestran incapaces de conectar con el ambiente real de la clase trabajadora. Sus críticas a la oposición de derecha son casi inaudibles, mientras ponen un signo igual entre aquélla y el kirchnerismo; lo que suscita el rechazo de amplios sectores de la clase.

Indudablemente, el kirchnerismo ha hecho concesiones importantes que son vistas como pasos adelante por las masas trabajadoras: en el tema de derechos humanos, en la democratización de la vida social y en favorecer ciertas mejoras en las condiciones de vida de los jubilados y los trabajadores.

 Pero estos avances no resuelven los problemas de fondo: como la pobreza, la dificultad de acceder a una vivienda; tampoco terminan con la sobreexplotación laboral, ni con el empleo en negro, ni con la suba de precios; igualmente persisten la falta de democracia sindical y las mafias del aparato del Estado, entre otras lacras. Para resolver estos problemas habría que atacar frontalmente los intereses vitales de los grandes grupos empresarios del país, algo que el kirchnerismo no está dispuesto a hacer. Su política consiste en conciliar los intereses opuestos de empresarios y trabajadores, en un contexto donde ha tenido la suerte de atravesar un ciclo económico favorable excepcional desde el 2003 hasta la fecha. Pero en otro contexto económico, o en las condiciones políticas y sociales cambiantes de nuestro país, inevitablemente llegará una etapa donde el kirchnerismo mostrará su insuficiencia para mostrar una salida a la clase trabajadora.

La necesidad de un partido de los trabajadores  

Por eso necesitamos construir un partido de los trabajadores. Los trabajadores asalariados, junto con nuestras familias, formamos la inmensa mayoría de la sociedad en Argentina; y abarcamos el 75% de la población económicamente activa.

La clase obrera es el producto genuino del sistema capitalista. La existencia de una clase trabajadora numerosa se corresponde con las necesidades de una economía capitalista productiva, moderna y desarrollada. Los trabajadores sostenemos todo el andamiaje económico y social del país (en la industria, el transporte, el comercio, el campo) y tenemos intereses y necesidades propias que se oponen frontalmente a los intereses empresarios.

La clase obrera tiende a desarrollar una conciencia colectiva que surge del proceso de trabajo mismo y de las condiciones de la vida social moderna, donde trabaja y lucha en común junto a sus compañeros. El trabajador no aspira a la  propiedad sino a que le paguen un salario digno para sostener a su familia. Por tanto, el obrero es ajeno a la búsqueda mezquina, egoísta y enajenante del interés individual por la ganancia que se deriva de la posesión de una propiedad individual.

 De ahí que la clase obrera sea la clase más capacitada de la población para velar por los intereses comunes y más progresistas de la sociedad, y de la inmensa mayoría que trabaja y sufre agudamente los problemas sociales: por la defensa e impulso de la propiedad pública, por la conservación de un medio ambiente sano, por la reducción de la jornada laboral y mejores condiciones de trabajo, por que la democracia entre a las empresas, por un incremento general del nivel de vida, por la existencia de escuelas y de un sistema de salud público digno y decente, por que haya viviendas accesibles y de calidad para quien las necesite, etc. Son todas aspiraciones, en suma, que dibujan una nueva forma de sociedad más justa e igualitaria, que para nosotros sólo puede representar una sociedad socialista, sin explotadores ni explotados.

 

  El papel de la CTA y de la CGT 

Toda la experiencia histórica muestra el vínculo íntimo que existe entre los sindicatos y los partidos obreros.

 Por eso tiene una gran importancia la declaración del Secretario General recién electo de la CTA, Pablo Micheli, de que esta central relanzará la puesta en marcha de un movimiento político-social que represente a la clase trabajadora, tarea que lleva varios años  pospuesta, pese al lanzamiento de instancias preparatorias como fue la Constituyente Social. Es verdad que hay dirigentes de la CTA que desorientan con posiciones confusas y contradictorias. Es el caso de De Gennaro cuando llama a Margarita Stolbizer y al Partido Socialista de Binner (ambos aliados de la UCR y de Carrió) a confluir en dicho movimiento político-social y en la Constituyente Social. Pero estas posiciones no son representativas de los anhelos de las bases de la CTA.

La formación de un partido o movimiento político de masas tendría la ventaja de incorporar a la lucha política a cientos de miles de trabajadores y de jóvenes, para luchar por una transformación profunda de la sociedad. Y ofrecería  a todas las corrientes políticas obreras, incluidas las socialistas revolucionarias, un espacio amplísimo para desarrollar una agitación de masas y difundir sus ideas y posiciones.

No obstante, la formación de este partido o movimiento político no se resuelve simplemente proclamándolo. Es necesario un método y una táctica que permita incorporar en su seno a los más amplios sectores de nuestra clase. No nos cabe ninguna duda que un futuro partido de los trabajadores incluirá no sólo a la militancia activa de la CTA sino también, y especialmente, a los trabajadores encuadrados en la CGT y a una amplia capa de sectores que, por las razones anteriormente explicadas, miran actualmente al kirchnerismo y necesitan todavía pasar por un período de experiencia hasta agotar sus ilusiones en el mismo.

Por eso, nos parece necesario que sería una buena cosa que la nueva dirección de la CTA propusiera políticas de frente único con la CGT para ganar el oído y la simpatía de las bases cegetistas hacia sus posiciones políticas y sindicales.

Igualmente, el activismo de izquierda y de Proyecto Sur que simpatice con esta propuesta también debería participar en la construcción e impulso de este partido de los trabajadores.

 Perspectivas

 No cabe duda de que el lanzamiento de un Partido de los Trabajadores, dotado con un programa amplio de reivindicaciones y demandas socialistas, tendría  un impacto político enorme.

 En un tiempo relativamente breve, podría adquirir una base de masas, y marcaría un salto cualitativo en la historia reciente de Argentina, con la emergencia del primer movimiento político sustentado en la clase trabajadora después de décadas de orfandad política.