¿ESTALINISMO O LENINISMO? – III PARTE

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En la segunda parte concluíamos con lo fácilmente que la vieja burocracia soviética aceptó el paso al capitalismo. El compañero Ziuganov pronuncia alabanzas de la vieja burocracia estalinista en el terreno económico. Pero contrariamente a lo que el compañero Ziuganov le gustaría hacernos creer, la burocracia estalinista y el propio Stalin, no fueron los defensores de la economía planificada. En realidad estaban preparando las condiciones que finalmente llevarían al colapso de la economía planificadacada y la propiedad estatal.

Por el restablecimiento de las tradiciones de Lenin

En la segunda parte concluíamos con lo fácilmente que la vieja burocracia soviética aceptó el paso al capitalismo. El compañero Ziuganov pronuncia alabanzas de la vieja burocracia estalinista en el terreno económico. Pero contrariamente a lo que el compañero Ziuganov le gustaría hacernos creer, la burocracia estalinista y el propio Stalin, no fueron los defensores de la economía planificada. En realidad estaban preparando las condiciones que finalmente llevarían al colapso de la economía planificada y la propiedad estatal.

La casta burocrática

Increíblemente, Ziuganov también pronuncia alabanzas a la Constitución de Stalin, que fue aprobada en un momento en el que Stalin estaba imponiendo un feroz régimen totalitario y pisoteando los derechos del pueblo soviético, una época en la que millones de personas eran enviadas al Gulag, del que muchos nunca regresarían, cuando se torturaba a los dirigentes del partido de Lenin para conseguir de ellos falsas confesiones y ejecutarlos como a perros, cuando la pena de muerte existía para los niños de catorce años.

Ziuganov escribe lo siguiente: “La Constitución de la URSS poniendo broche de oro a este proceso creador, por primera vez en la historia, proclamó un completo sistema de nuevos derechos socialistas: derecho al trabajo, al descanso, a la educación superior, a la jubilación. Nunca en ningún lugar un documento había proclamado derechos parecidos”.

La Constitución de 1936 de Stalin fue un fraude. Sólo había un partido, el Partido Comunista, y sus candidatos siempre salían elegidos por aproximadamente un 99 por ciento, algo que es imposible estadísticamente. Todo el mundo en la URSS sabía que las “elecciones” eran un fraude. El país estaba dirigido por una camarilla inamovible de burócratas que no rendían cuentas a nadie, excepto ante el Jefe. En contraste, con Lenin y Trotsky la república soviética disfrutó de derechos democráticos que no han existido en ningún otro país en la historia. No debemos olvidar que esto fue en un momento donde el estado obrero era pobre y débil, cuando estaba rodeado por enemigos poderosos que intentaban destruirlo con todos los medios a su disposición.

Ziuganov presenta una imagen entusiasta de las condiciones de las masas soviéticas con Stalin. Escribe que en los años treinta los niveles de vida y los salarios aumentaron. En realidad, los niveles de vida de las masas soviéticas en aquellos momentos eran muy malos. El campo sufría una hambruna devastadora, provocada artificialmente por Stalin y monstruosa política de la colectivización forzosa. Pero Ziuganov no dice nada de esto. No explica que en el mismo período hubo un enorme aumento de los diferenciales entre los niveles de vida de los trabajadores soviéticos normales y los de la burocracia privilegiada.

Ziuganov escribe que: “El sistema de racionamiento pasó a ser un recuerdo del pasado”. Y resulta que ciertas capas de la población tenían acceso a productos que las masas nunca veían. Esto no se llamaba racionamiento, todo el mundo sabe lo que es. Durante décadas aumentó continuamente la brecha entre los niveles de vida de los trabajadores soviéticos normales y el de los altos funcionarios. Aquellos que realmente disfrutaban del aumento de los niveles de vida fueron los millones de apparatchiks y burócratas soviéticos que tenían todo tipo de privilegios si se mantenían leales a Stalin.

En 1930 Stalin abolió el Partimaximum –el principio leninista que limitaba los salarios de los burócratas al salario de un trabajador cualificado-. Como resultado de esta medida los salarios y prebendas de la burocracia se incrementaron y continuaron subiendo, creando condiciones para la existencia de una enorme desigualdad que finalmente socavó toda la Unión Soviética.

Los privilegios de los que disfrutaba la burocracia soviética en los años treinta, cuando Stalin hablaba de una “vida feliz” en la URSS, no eran nada comparados con estilo de vida extravagante de los círculos dominantes de la burocracia en el período previo al colapso de la Unión Soviética. Breznev y la camarilla dominante vivían como millonarios. Estaban aún más alejados de la clase obrera que sus homólogos en occidente. Mientras pronunciaban discursos demagógicos sobre la “construcción del comunismo”, estos diferenciales aumentaban constantemente.

Lenin explicó que los diferenciales que existían en los primeros años del estado soviético eran diferenciales capitalistas que disminuirían gradualmente cuando la Unión Soviética se aproximara al socialismo. En realidad, ocurrió exactamente lo contrario. Incluso cuando la Unión Soviética registró un enorme avance económico, la desigualdad en lugar de disminuir aumentó, en lugar de aproximarse al socialismo la Unión Soviética se fue alejando de él. Vimos el resultado final en 1990. Pero todavía estamos esperando una explicación de Gennady Ziuganov o de cualquier otro líder estalinista.

La herencia que rechazamos y la que defendemos

En la parte titulada: La herencia de Stalin, Ziuganov intenta “nadar entre dos aguas”. Dice que Stalin no puede ser imitado porque pertenecía a otra época y ésta es irrepetible. Esta es una buena forma de evitar toda la cuestión. Es la misma lógica que utilizan los revisionistas para deshacerse de Lenin quien, como sabemos, vivió hace mucho tiempo…

No debemos seguir ciegamente todo lo que Stalin escribió, nos dice Ziuganov, en su lugar deberíamos seguir su método. ¿En qué consiste este método? Ziuganov cita a Stalin:

“No podemos exigir de los clásicos del marxismo, separados de nuestro tiempo en 45 o 55 años, que previesen todos y cada uno de los devaneos de la historia en cada país concreto y en un futuro lejano. Sería ridículo exigirles que desarrollasen para nosotros soluciones prefabricadas para hacer frente a cualquier problema teórico que pudiese aparecer en un país determinado dentro de 50 o 100 años, para poder permitirnos a los seguidores de esos mismos clásicos del marxismo, poder descansar tranquilos y masticar soluciones mágicas. Pero lo que si podemos y debemos exigir de los marxistas-leninistas de nuestro tiempo, es que aprendan a interpretar la experiencia de los clásicos, a concretar sus fundamentos básicos, desarrollarlos y mejorarlos”.

A pesar de la ostentosidad del escritor, estas perlas de sabiduría están tan trilladas que parecen haber sido tomadas de un libro escolar de ejercicios para niños de seis años no muy inteligentes. En realidad no es muy aconsejable “pedir” al marxismo cosas que no puede hacer, aún menos aconsejable es pedir peras al olmo o una frase coherente a George W. Bush.

Pero el hecho es que en todos sus fundamentos, las ideas del marxismo no han cambiado desde los días de El Manifiesto Comunista. Las ideas de Marx, Engels, Lenin y Trotsky hoy mantienen totalmente su validez. Por eso continuamos defendiéndolas implacablemente contra los intentos de los revisionistas -incluidos los estalinistas- que las abandonan o las cambian hasta no poder reconocerlas. Lo que aquí tenemos es un verdadero himno de alabanza a Stalin. Cualquier error o defecto es considerado como algo secundario, “manchas en el sol”, como alguien dijo en una ocasión.

“La prueba del poder”

“Seguir el ejemplo de Stalin”, continúa Ziuganov, “significa ante todo comprender su época, la esencia de las fuerzas sociales y políticas que interactuaban, la naturaleza del poder”. Todo esto es muy hermoso. El problema es que el compañero Ziuganov no hace esto. Se busca en vano en este artículo cualquier atisbo de un análisis marxista serio sobre las razones que llevaron a Stalin al poder. En su lugar, Ziuganov da unas cuantas citas de Stalin de 1912 sobre la Duma zarista, a la que compara con la Duma actual de Putin.

Las citas sobre la democracia burguesa y el parlamento podrían ser correctas, pero no responder a las preguntas hechas por el propio Ziuganov. Sería muy bueno que el PCFR adoptara una verdadera política comunista, una auténtica política de oposición al corrupto régimen bonapartista burgués de Putin. En lugar de limitarse a las intrigas parlamentarias, el PCFR debería organizar una campaña de agitación de masas contra el gobierno. Es decir, debería adoptar una postura leninista.

Si el PCFR fuera un verdadero Partido Comunista no habría problema. Pero desgraciadamente hay personas en la dirección de ese partido que se oponen al leninismo. Hay personas que intentan constantemente defender esa aberración monstruosa, esa caricatura burocrática y totalitaria del marxismo-leninismo que fue el estalinismo. Afortunadamente, no tienen oportunidad de triunfar.

“Haremos todo lo posible”, escribe Ziuganov, “para no permitir en nuestras filas el espíritu del trotskismo”. ¿En qué consiste el “espíritu del trotskismo”? Según Ziuganov son “los intentos de determinados activistas engreídos, que se sienten superiores, ‘superhombres, por encima del CC, de sus leyes, de sus decisiones, dando de este modo la excusa a determinada parte del partido de hacer un trabajo de desgaste que haga perder la confianza en ese mismo CC’. Este es el trabajo que están haciendo, con la bendición de las altas esferas del Kremlin, y cada vez más activamente”.

¡El lenguaje bizantino que utiliza el líder del PCFR haría justicia al mismo Stalin! ¿Quiénes son estos “determinados activistas”, estos “superhombres”, que han provocado la ira del compañero Ziuganov? No lo dice, lo deja a nuestra imaginación. ¿Por qué no llamar a las cosas por su nombres? ¿Por qué no dar nombres? Está suficientemente claro que el compañero Ziuganov aquí está polemizando no contra el trotskismo, sino con una u otra de las numerosas fracciones y camarillas que existen dentro del PCFR y que están luchando por tomar el control de la dirección como si se tratara de gatos dentro de una bolsa.

Como la dirección ha abandonado la política, los métodos y los principios del leninismo -porque en su perspectiva sigue siendo esencialmente estalinista y no leninista- por esa razón el partido está afectado por las crisis y las divisiones, pero no son divisiones como las que se daban en el Partido Bolchevique en los tiempos de Lenin. No tienen una base política o ideológica, son simplemente divisiones entre grupos rivales de burócratas, empresarios y arribistas.

Una cosa está clara, Ziuganov no está haciendo referencia a trotskistas o personas que en cierto sentido, modo o forma estén defendiendo las ideas de Trotsky. Por eso el compañero Ziuganov, que aparentemente todavía le queda algo de vergüenza, no hace referencia al trotskismo, sino al “espíritu del trotskismo”, su fantasma liberado. Pero como somos materialistas dialécticos no creemos en fantasmas.

En un verdadero partido leninista esta situación sería algo impensable. En el partido de Lenin había un régimen interno democrático y sano, donde los militantes no tenían miedo de decir lo que pensaban, criticar a la dirección, discutir de políticas e ideas. El régimen leninista fue destruido por Stalin y fue sustituido por un régimen totalitario y burocrático, donde el único deber del partido era pronunciar alabanzas al Líder, y en el cual, la oposición y la disidencia estaban recompensadas con la expulsión, el arresto y la cárcel. La tradición leninista de la democracia soviética fue pisoteada para consolidar el dominio de la burocracia estalinista.

Por supuesto que el régimen interno del PCFR no es ese tipo de régimen. El partido ya no es parte del estado -como lo fue antes- y sin duda esto es una mejoría. Pero todavía tiene que hacer una autocrítica seria de su propio pasado, debe romper decisivamente con el estalinismo y regresar a los principios leninistas de la democracia obrera, al marxismo revolucionario y al internacionalismo proletario.

¡Restablecer las tradiciones de Lenin!

Sin duda hay muchos comunistas honestos en y alrededor del PCFR que desean ardientemente esto. Pero muchos en la dirección se oponen firmemente a un rumbo leninista. Son los remanentes del antiguo régimen que no han roto todavía con el pasado estalinista y se resisten a cambiar. Con su dirección el PCFR ha ido de una derrota a otra. La suerte del partido no mejorará hasta que rompan decisivamente con su pasado estalinista y emprendan decididamente el camino leninista.

No es casualidad que Ziuganov condene el trotskismo (sobre el que evidentemente no sabe nada) y escriba tan cariñosamente sobre Yosif Vissarionovich. Desea levantar una muralla de acero contra la posibilidad de que los jóvenes y trabajadores revolucionarios de Rusia tomen el control del Partido Comunista, expulsen a los reformistas, estalinistas, arribistas parlamentarios y burócratas, a que exijan el regreso a la política y tradiciones revolucionarias de Lenin y Trotsky. No lo conseguirá. La marea de la historia está en su contra.

Lenin dijo en cierta ocasión que el marxismo es todopoderoso porque es verdad. A pesar de todos los reveses y derrotas, a pesar de todas las mentiras y falsificaciones, el proceso de la historia condenará tanto al capitalismo como al estalinismo, arrojándolos al cubo de basura de la historia, al que pertenecen. A través de su experiencia en la lucha de clases, los jóvenes y trabajadores de Rusia redescubrirán las ideas, el programa y las tradiciones del bolchevismo. No hay otro camino.

El compañero Ziuganov dice que el PCFR está preparándose para la lucha por el poder. Realmente nos gustaría creerlo. Con una militancia considerable, con presencia en todas las regiones de Rusia y un aparato poderoso, el PCFR es el único partido de izquierda en Rusia que estaría en posición de desafiar al gángster de Putin. Cuenta con el nombre del Partido Comunista -el activo más importante-. Muchos trabajadores y jóvenes buscarán en él una alternativa. La fuerza de Putin es realmente sólo una ilusión. Los acontecimientos implacablemente la pondrán en evidencia.

Armado con un verdadero programa leninista estaría en una posición poderosa. Y es precisamente esto lo que le falta. Aunque jure por Lenin en cada una de las frases, este artículo demuestra que Ziuganov está muy alejado de tener una posición leninista. Para empezar, dice que la tarea principal de los comunistas rusos es “dirigir la lucha por la democracia”. No hay duda de que los comunistas deben luchar por todos los derechos democráticos, oponiéndose al régimen bonapartista de Putin. Pero para los leninistas la lucha por la democracia no es un fin en sí mismo, es sólo un medio para conseguir el objetivo.

Peor aún, Ziuganov sitúa en el centro la llamada lucha por el “estado y los intereses nacionales de Rusia. Aquí es más que evidente su alejamiento del leninismo. La posición de Ziuganov lleva directamente a un bloque con la burguesía nacional rusa y el abandono de una posición de clase. Pero esta misma política ha llevado al PCFR a una derrota tras otra. El hecho de que en las últimas elecciones incluyera en sus listas electorales a muchos empresarios rusos fue una gran razón para alejar a las personas que normalmente lo votaban.

Ziuganov intenta justificar su capitulación a la burguesía rusa diciendo que Rusia se ha convertido en una colonia de los capitalistas extranjeros. Y escribe lo siguiente: “Rusia se ha convertido hoy en una colonia de la que extraer materias primas, para la que la perspectiva socialista, representa la única estrella guía hacia la salvación”.

La referencia a una “perspectiva socialista” no se debe tomar en serio. ¡Una perspectiva es algo que puede representar un período de tiempo muy largo! Los mencheviques rusos también decían en 1917 que tenían una “perspectiva socialista” para Rusia -lo que significaba aproximadamente doscientos años-. Mientras tanto, era necesario que la clase obrera se subordinase a la “burguesía nacional progresista” y que luchara por la democracia (burguesa).
Lo más relevante es la caracterización de la Rusia actual como una colonia, oprimida por los capitalistas extranjeros. Este análisis deja la puerta abierta a una política de colaboración con la “burguesía (rusa) nacional progresista” contra los malos capitalistas extranjeros.

Esto es exactamente lo contrario a la posición de Lenin. Lenin defendía una política de clase, una política revolucionaria, no el nacionalismo ni la colaboración de clases. ¡En Rusia hoy es necesaria una política leninista! La clase obrera debe ponerse al frente de la nación y luchar tanto contra los imperialistas extranjeros como contra sus representantes locales (rusos).

Cuando un trabajador ruso maldice a los capitalistas extranjeros sabemos que es sincero. Quiere liberarse del yugo de los capitalistas estadounidenses y alemanes. Pero no pensamos que el gobierno de los capitalistas rusos (esa banda de canallas mafiosos, ladrones y parásitos) sea algo mejor. El trabajador quiere liberarse del yugo del CAPITAL, no le importa su nacionalidad. Y eso es correcto.

Cómo reconstruir la URSS

La ruptura de la URSS fue un acto criminal y reaccionario que no tenía un solo átomo de contenido progresista. Iba en contra de los intereses de los trabajadores de todas las repúblicas. La reconstrucción de la URSS sería por tanto algo bueno, pero no sobre las viejas bases, porque fue precisamente el viejo sistema el que llevó a la ruptura.

Resulta irónico que Ziuganov defienda la consigna de la reconstitución de la URSS, mientras al mismo tiempo alaba a Stalin y levanta la bandera del nacionalismo gran ruso. Resulta irónico porque precisamente esta política socavó la solidaridad socialista entre los pueblos de la URSS e hizo posible la ruptura. La idea antileninista del socialismo en un solo país jugó aquí un papel fatal. En cada república nacional había una burocracia local empapada de nacionalismo. Tan pronto como se les presentó la oportunidad rompieron con Moscú y proclamaron su “independencia nacional”, naturalmente sobre bases capitalistas.

En realidad esta “independencia nacional” no tenía valor. Todas terminaron como satélites del imperialismo ruso o de la UE. La ruptura de la URSS fue un crimen contra los pueblos de todas las repúblicas. La clase obrera no ganó nada con eso. Perdió mucho. En ella no había un átomo de contenido progresista, como tampoco lo hubo en la ruptura de Yugoslavia o Checoslovaquia.

Sin embargo, las preguntas a responder son las siguientes: ¿Cómo pudo ocurrir esto? ¿Por qué la Unión Soviético se desintegró tan rápidamente? ¿Por qué no hubo una resistencia de masas al desmembramiento de la URSS? ¿Por qué las masas lo aceptaron? Es imposible responder a estas preguntas a menos que existiera algo fundamentalmente equivocado, y esto había sido preparado mucho tiempo antes y hundía sus raíces en el pasado.

La política de Stalin en la cuestión nacional -el polo opuesto a la política internacionalista de Lenin- provocó un daño irreparable en las relaciones entre los pueblos de la Unión Soviética y, finalmente, fue responsable de la ruptura de la URSS, como había advertido Lenin mucho tiempo antes. Los comunistas apoyarán la reconstitución de la Unión Soviética, pero eso no será posible sobre la base del estalinismo. Ziuganov cita triunfalmente a Stalin para decir: “En cierta ocasión dije a Lenin que el pueblo ruso era el mejor, el más soviético”. Desgraciadamente, la respuesta de Lenin a esta joya estalinista no quedó registrada. Pero afortunadamente sus ideas sobre el tema del chovinismo gran ruso son bien conocidas y están documentadas, como ya hemos visto.

“El estado unificado, creado por Stalin, resurgirá. Y renacerá en torno a la nación rusa”, exclama Ziuganov. “Ese momento ha llegado. Y nosotros comunistas de Rusia, decimos abiertamente: no será feliz, igual en derechos, el pueblo ruso. No habrá justicia ni igualdad ni felicidad para ninguno de los pueblos de Rusia. El renacimiento del espíritu ruso en la política estatal, es mérito histórico de Stalin”. (el subrayado en el original).

La Biblia en alguna parte dice: “como perro que vuelve a su vómito, el necio repite su necedad”. Estas líneas demuestran que Gennady Ziuganov no ha aprendido absolutamente nada de la historia. Sobre la base del estalinismo, es decir, el chovinismo gran ruso, nunca será posible volver a reconstruir la Unión Soviética. La condición previa para la reconstrucción de la URSS es el derrocamiento del capitalismo en Rusia y la instauración de un verdadero régimen soviético de democracia obrera, en las mismas líneas que 1917. Pero la política defendida por Ziuganov y los dirigentes del PCFR no ponen esto en el orden del día. Siguen fielmente la política de las etapas de Stalin, donde el socialismo es pospuesto hasta un futuro más o menos lejano.

La política de las etapas, que fue rechazada por Lenin, originalmente fue el invento de los mencheviques. A pesar de la terminología “marxista” utilizada por los mencheviques, es una postura puramente reformista. No concebía una revolución socialista en Rusia. En realidad, hasta 1917 el único marxista ruso que sostenía que Rusia podría experimentar una revolución socialista antes que Europa occidental era… Trotsky.

Ahora Ziuganov y compañía quieren regresar a la vieja y desacreditada teoría estalinista-menchevique de las dos etapas, pero lo que intentan es encubrir su capitulación ante la burguesía rusa. Para encubrir su trayectoria lanzan ataques furiosos contra el “trotskismo”. En realidad, están repitiendo los mismos errores de Stalin, Kámenev y Zinoviev en 1917, ¡cuando se oponían al plan de Lenin para una revolución proletaria acusándolo de trotskismo! Hoy, exactamente de la misma forma, Ziuganov y los dirigentes del PCFR intentan disfrazar su oposición al leninismo con los mismos argumentos.

Ziuganov invoca a Stalin como una autoridad histórica para justificar lo que está haciendo hoy, para conseguirlo ha falsificado totalmente la historia y presenta una imagen de Stalin que no se corresponde en nada con la realidad.

Ziuganov acaba su trabajo con un panegírico a su héroe: “Yosif Visarionovich Stalin entregó sin reservas a nuestro estado todo su enorme talento, su energía inagotable, su gigantesca fuerza de voluntad. Bajo su mando el país de los soviets se convirtió en una potencia mundial. Logró una gran victoria. Stalin creía en nuestro pueblo. Y el pueblo creía en él. Estuvo dispuesto a realizar un trabajo creador y sacrificado en aras de un futuro feliz. Con Stalin nuestra gente sintió su fuerza, creyeron en sus posibilidades, demostraron una capacidad única de alcanzar los más altos objetivos, con un paso victorioso. Nosotros podemos y debemos servirnos de su herencia, aplicarla a nuestros días y a nuestras tareas actuales”.

En realidad Ziuganov no está proponiendo un regreso a la situación que existía con Stalin. Porque al menos con Stalin los medios de producción estaban en manos del estado y estaban planificados, aunque bajo el control de una elige burocrática y privilegiada. Ziuganov ha aceptado la transformación capitalista de la antigua Unión Soviética.

¡Hacia Lenin!

El compañero Ziuganov y el PCFR han hecho las paces con el capitalismo y la economía de mercado, hasta el punto que el PCFR cuenta con más empresarios en sus listas electorales que cualquier otro partido. Por lo tanto, su aparente deseo de regresar a Stalin tiene sólo una naturaleza cosmética. Pero nosotros decimos que la consigna a defender no es el regreso a Stalin sino hacia Lenin.

Contrariamente a las mentiras de los estalinistas, no hay diferencia fundamental entre las ideas de Trotsky y las de Lenin. Para subrayar este punto, el autor de estas líneas está dispuesto a lanzar un desafío, estaría preparado para abandonar toda mención de Trotsky con una condición, que estemos de acuerdo en regresar total y entusiastamente al programa, métodos, ideas y tradiciones de Vladimir Ilyich Lenin, y luchar por el mismo tipo de democracia obrera que existía en Rusia en 1917. Apoyaría con entusiasmo las cuatro condiciones que Vladimir Ilyich consideró requisitos previos para un estado obrero e incluidas en el programa del Partido Comunista Ruso en 1919.

Defendería el mismo tipo de Partido Bolchevique, basado en un verdadero centralismo democrático, no en la caricatura estalinista que tiene más que ver con la dictadura del aparato burocrático sobre la base. Apoyaría la creación de una verdadera Internacional Comunista, en las líneas de los primeros cinco años de la Tercera Internacional y basada en los manifiestos de sus primeros cuatro congresos.

Apoyaría las ideas, la teoría y la ideología marxista revolucionaria, el rico tesoro que contienen los cincuenta y cinco volúmenes de las obras completas de Lenin, uno de los pináculos del pensamiento marxista que mantienen hoy toda su validez y relevancia.

El más mínimo conocimiento de este maravilloso material inmediatamente demostrará la basura fraudulenta de Stalin y sus seguidores, demostrando que sólo son una caricatura maliciosa que no tiene nada en común con las ideas originales del leninismo.

¿Aceptan esta oferta? Lo dudo, porque a pesar de todas las referencias demagógicas al “marxismo-leninismo”, nuestros críticos estalinistas, en el fondo, son conscientes de que el estalinismo y el bolchevismo-leninismo son mutuamente contradictorios e incompatibles.