El desembarco de Sergio Massa – Un intento desesperado por no caer en el abismo –

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Después de una semana desenfrenada de corridas cambiarias, crisis económica, escalada inflacionaria, con un Frente de Todos casi al borde del abismo, un sector importante de la burguesía junto al gobierno de los Fernández, logró poner «orden» a una realidad de incertidumbre sin fin.

La llegada de Sergio Massa vino a poner “tranquilidad” a los capitalistas y al conjunto de políticos parlamentarios que los representan. Los bombos y platillos sonaron alto en la jura del superministro de economía, acompañado con una cobertura mediática del rango de un presidenciable.

Pero la primavera será corta ante los embates de la crisis capitalista mundial ya que las medidas anunciadas no son más que un nuevo golpe a las familias obreras. La segmentación en las facturas de gas, electricidad y agua, no deja dudas que no solo siguen las pautas dictadas por el Fondo Monetario Internacional (FMI), sino que además, beneficia a los dueños de las grandes empresas distribuidoras de la energía, como es el caso de José Luis Manzano (ícono de la década menemista), Daniel Vila (socio de Manzano en América y en Edenor) y Mauricio Filiberti (histórico proveedor “privilegiado” por el Estado).

El respaldo político de empresarios no deja de ser toda una radiografía de lo que viene en un futuro próximo. El superministro de Economía, Desarrollo Productivo y Agricultura ostentó el apoyo de dirigentes sindicales como Hugo Moyano, Héctor Daer y Hugo Yasky, de la CTA de los Trabajadores. Empresarios como Marcelo Mindlin, Francisco de Narváez, Jorge Brito, Daniel Vila, José Luis Manzano, Daniel Funes de Rioja de la UIA y Adelmo Gabbi de la Bolsa de Comercio.

Sergio Massa logró el apoyo de una fracción del establishment junto con el de la vicepresidenta y jefa de la porción mayoritaria de los votos dentro del FdT. También el de los medios de comunicación, la plana mayor de los gordos cegetistas, de los movimientos sociales afines al gobierno, la embajada de Estados Unidos y los fondos de inversión de Wall Street. El “salvador” de la gobernabilidad aparece como una balsa en el océano a la cual la mayoría se aferra.

De todas formas, la escalada de precios en los alimentos no cesa, como la desbocada inflación, la brecha cambiaria no deja de ser un hierro al rojo vivo que solo pudo ser levemente “controlada” a cambio de la intervención del Banco Central, profundizando la pérdida de reservas con la posibilidad cierta de quedar con saldo negativo.

Por otro lado, el creciente stock de pasivos del Banco Central, tanto no remunerados (base monetaria) como remunerados (Leliqs y Pases) siguen socavando la economía y profundiza las tendencias inflacionarias.

El contexto explosivo de la situación no cesa y más con la andanada de medidas que Sergio Massa anunció, que van desde la segmentación, que al día de hoy dejó afuera de los subsidios a 9 millones de personas y, el intento de pagar sumas fijas limitando las paritarias. Todo esto se suma al intento de “bajar” el déficit del 2,5% del PBI que se acordó con el FMI y que mantendrá el congelamiento de planta estatal anunciado por Silvina Batakis.

La idea de Sergio Massa de acumular u$s 5.000 millones en los próximos 60 días por la liquidación de divisas de sectores exportadores, pesca y minería para fondear al BCRA está por verse.
Todos los factores en juego encuentran una sola certeza, que es descargar y hacer pagar la crisis a los millones de mujeres y hombres de la clase trabajadora y sus familias. Lo único que discuten los partidos políticos del régimen es la velocidad del ajuste en relación a preservar la gobernabilidad.

La clase obrera debe luchar por su programa e independencia de clase

Las tendencias a la lucha comienzan lentamente a expresarse, de una u otra manera los y las trabajadoras empiezan a ponerse de pie. El corsé de los jefes sindicales y de los movimientos sociales afines al gobierno no va a detener la bronca acumulada de tiempo ya que, de una u otra manera, saldrá a la superficie. Lo que sentencian los escépticos que la clase obrera no pelea ante los ataques y embates del gran capital, resulta tan solo un análisis superficial que pierde de vista el contexto y las condiciones económicas, sociales y políticas que atraviesa al capitalismo internacionalmente.

La idea sostenida por el establishment de que Argentina se encuentra blindada o que tiene lo que el mundo necesita (energía y alimentos) como un trampolín para su salvación, no resiste análisis alguno ante las puertas de la recesión mundial, que hoy se expresa en dos ejercicios negativos de la economía de EE.UU, entrando en lo que llaman una recesión técnica, adelantándose a lo que se pronosticaba recién para el 2023.

La salida para nuestra clase solo se logrará y saldrá del propio seno de la misma, confiando en nuestras fuerzas y poniendo por delante nuestro programa y gobierno.

Debemos prepararnos para la etapa que se avecina impulsando reuniones y asambleas en los lugares de trabajo y estudio, en las barriadas y en las fábricas. Se trata de contextualizar cualquier demanda que levantemos entendiendo que lo que sufrimos y padecemos en nuestro país también les pasa a nuestros hermanos de clase en Gran Bretaña, Italia, Sri Lanka, Chile, Ecuador o cualquier parte del mundo, ya que ante la magnitud de la crisis orgánica del sistema capitalista no existe país alguno donde la clase trabajadora no se encuentre bajo ataque. Es el capitalismo el que no funciona más y nos arrastra a la barbarie.

Luchar por nuestra independencia de clase es luchar por reconocer nuestros verdaderos intereses que son opuestos a los capitalistas o empresarios que intentan arrastrarnos a sus cantos de sirena, pretendiendo seducirnos o diciéndonos que no queda más que aceptar las condiciones de miseria a la que el país se ve sometido; llamándonos a que hagamos sacrificios para que en realidad ¡ellos se salven!

La etapa de preparación que atravesamos implica forjar nuestro Estado Mayor, nuestra dirección. La política que tenemos que fraguar es la que nos posibilite una vida digna con trabajo pleno, educación y salud. La que ponga por delante los intereses de las grandes mayorías del país y los de la clase obrera de todo el mundo. Como marxistas afirmamos que bajo el capitalismo no hay ninguna solución posible para los trabajadores y las trabajadoras, ni en Argentina ni en el mundo. La salida es Socialista.

Es por esto que debemos preparar e impulsar encuentros y asambleas hacia un congreso obrero que levante la huelga general para detener la ofensiva de los capitalistas. Poniendo como centro la necesidad de una nueva legalidad, que se levante sobre la base del derrocamiento político de la burguesía, hacia un gobierno de los trabajadores.

No hay futuro dentro de los marcos de la democracia parlamentaria burguesa que se sostiene en las relaciones de producción capitalista, su justicia dependiente del poder económico y sus fuerzas represivas que cuidan como perros de presa la propiedad privada de los medios de producción. Es claro que la revolución socialista sería impensable sin la lucha cotidiana para avanzar bajo el capitalismo, pero no se trata de hacer propaganda abstracta a favor del socialismo. Por lo tanto, todas las luchas parciales, reivindicativas, sectoriales o democráticas deben estar vinculadas, sin ambigüedades ni atajos, hacia el objetivo del poder obrero.

Inflación, inestabilidad, guerra y movimientos insurreccionales son la “nueva normalidad” del capitalismo mundial. Es la hora de la clase obrera: ¡Los trabajadores tenemos que gobernar!