Acuerdo con bonistas ¿Qué festejan los capitalistas?

La situación económica en el país sigue siendo catastrófica y la pandemia se hace más grave cada día, son 5,5 millones de afectados por despidos, suspensiones, ataques al salario y los alimentos aumentaron en julio 1,3% en promedio, con una suba en carnes y derivados que llega hasta el 5,5%, pero el gobierno anuncio con énfasis que “el primer paso está dado”. Se llegó a un acuerdo con los acreedores privados extranjeros para reestructurar una deuda superior a los u$s65.000 millones y de esta forma salir del default.

Argentina suspendió pagos formalmente en mayo, cuando dejó de pagar los vencimientos de bonos. Fue el noveno default de su atormentada historia financiera. “Resolvimos una deuda imposible en la mayor crisis económica que se recuerde y en el medio de una pandemia”, dijo Alberto Fernández, quien felicitó por su gestión al ministro de Economía, Martín Guzmán y en consonancia con lo planteado en la campaña del 2019 animó a los empresarios a invertir ya que “Ahora tienen un mejor escenario para proyectar sus negocios. Argentina necesita que se comprometan a poner el país de pie. Y que entiendan que tras la pandemia debemos replantear muchas cosas”. “Ahora tenemos despejado el horizonte”, el pacto, que deberá ratificarse en los próximos días, supondrá para las arcas argentinas un “ahorro” de u$s30.000 millones en una década«.

Según el presidente, hace falta “un capitalismo con más compromiso social” y “mejor distribución de las ganancias”. De esta manera el ejecutivo apuntala su gobernabilidad enfocándose en el acuerdo con los bonistas y dejando atrás el impuesto a las grandes fortunas y la fallida “expropiación” a Vicentin, donde se mostró en un principio con cierta “iniciativa política” para más luego mostrar sus límites de clase y de programa político, débil ante los ojos del que quiere ver, retrocediendo en sus decisiones. Administrar el capitalismo en crisis implica administrar su crisis.

La idea de un capitalismo con compromiso social o la idea de que la desigualdad es producto de una mala redistribución de ganancias tienen un hilo conductor que termina en el reformismo.

El capitalismo es uno sólo y no existe un capitalismo con compromiso social y uno sin compromiso social. No es posible optar por un tipo de capitalismo u otro, ya que esto no depende de la decisión particular de cada país o gobierno. La actual fase de desarrollo capitalista nace de las características inherentes al capitalismo: la propiedad privada de los medios de producción y la sed ilimitada por las ganancias.

Las tendencias depredadoras, bárbaras e irracionales del capitalismo; las tendencias de este régimen social son irreformables ya que estas se basan en el robo “legal” del trabajo ajeno. La ganancia capitalista viene dada por la apropiación de la plusvalía o plusvalor, es decir el capitalista se apropia de una parte del trabajo que realizan los trabajadores. Este es el origen mismo de la desigualdad y no una mala distribución de la riqueza.

Al señalar a la mala distribución de riquezas como la base de la desigualdad el presidente confunde el síntoma con la enfermedad.

El más fabuloso ciclo de endeudamiento

Los fondos acreedores, liderados por BlackRock, cuyo dueño Larry Fink tiene mucha influencia en la administración Trump, necesitaban dar vuelta a la página del pésimo negocio de financiar el más fabuloso ciclo de endeudamiento externo argentino. Están apurados para concretar una redefinición de las condiciones de emisión de la deuda argentina para así marcar un precedente o caso testigo que les guie el camino a los otros estados endeudados, tratando de evitar pérdidas mayores en momentos de una terrible crisis global, en el marco de default general es muy posible que haya condonaciones de deudas, por tal motivo es necesario para ellos reactivar los pagos y poder entonces comenzar un nuevo ciclo de negocios.

La deuda contraída es mediante el sistema de amortización americano, que, es aquel en el que el prestatario se compromete a pagar al prestamista una cantidad periódica formada solo por los intereses del préstamo y a abonar, al final de la vida del mismo, los intereses del último año y el capital prestado. Explicado de forma sencilla, con este método el que solicita el préstamo paga una cantidad que es constante e incluye solo los intereses, la periodicidad de los mismos se pautan de antemano y por supuesto que la deuda contraída por los estados con los acreedores acarrea en este sistema de amortización, una expoliación del PBI y de las grandes mayorías del país. En el último periodo, además, hay que devolver el capital prestado. Es el sistema de amortización que más intereses paga, ya que no se amortiza capital en cada período y, por lo tanto, no se reduce el monto de intereses como sucede con el método francés o alemán. Es un sistema colonizador ya que uno queda perpetuado a pagar solo los intereses sin comprimir capital, por tal motivo era fundamental poder reducir la tasa de interés pactada cuando se asumió el compromiso de pago, los nuevos bonos tendrán una tasa en promedio de 3,07% anual, cuando la anterior era de casi 7,00%.

De esta forma el gobierno pretende tener aire para poder plantear un plan económico de producción y embolsar lo necesario para cumplir con lo acordado, ya que no es como en el 2006 cuando había espalda económica para acompañar la disposición, estamos hoy ante la mayor crisis capitalista de la historia.

«Hemos tomado las decisiones institucionales que nos permitirán destinar nuestras reservas de libre disponibilidad al pago de la deuda total con el FMI», dijo Kirchner en un colmado salón blanco en diciembre del 2005. El por entonces presidente del Banco Central, Martín Redrado, explicó que tras el pago al FMI la entidad quedará con más de u$s17.000 millones de reservas.

El alivio de pagos para los próximos cinco años suma u$s42.500 millones. Los pagos de deuda en los próximos cinco años serán de sólo u$s4.500 millones, cuando el monto original era de u$s30.200 millones. En este proceso de reestructuración se pagaron a los bancos las comisiones más bajas de la historia por emisión de deuda. La era Macri pagó de 0,14% a 0,18%, y en este acuerdo sería de 0,10% o un poco menos en el momento de cerrarse la operación global. Aunque la cifra final puede generar desconcierto en algunos, porque pensarán que la «última oferta» finalmente no fue y que hubo un ajuste de algunos centavos en el cierre, el ministro de Economía, Martín Guzmán, impuso el principal concepto de la negociación: la sustentabilidad de la deuda.

Si bien en los primeros años son de una baja proporción, se comenzarán a realizar los pagos de intereses desde 2021, en principio con una tasa baja del 0,125 % anual. Por otro lado, con un título a 2030, se reconocerán los intereses corridos y no pagados desde abril, cuando el país dejó de abonar los compromisos asumidos. El comunicado oficial señala que “Argentina, sujeto a la oportunidad en que se evidencie su apoyo por parte de la comunidad internacional en un sentido general, ajustará ciertos aspectos de las cláusulas de acción colectiva”,  esta parte del comunicado implica otra concesión a los lobos de Wall Street, que en cuestiones contractuales venían reclamando las mismas condiciones para el canje de bonos emitidos por el macrismo, que para el canje de los bonos emitidos bajo contrato del 2005 (canje de Néstor Kirchner y Roberto Lavagna), este último más favorable a los especuladores en términos de poder entablar un litigio en Nueva York, como aquél que provocó que el país aborde pagos exorbitantes acatando la orden del fallecido juez buitre Thomas Griesa.

La oferta original de Guzmán del mes de abril comprendía reconocer alrededor de u$s40 por cada u$s100 adeudados. Ahora el Gobierno está reconociendo u$s54,8 de cada u$s100 adeudados. Esto es el resultado de un cálculo técnico que estima lo que se llama valor presente neto de los pagos futuros de deuda. La situación fue bien grafica en boca de Emmanuel Álvarez Agis que, en defensa del acuerdo, señaló que había una mochila de 100 kilos que dejó Macri y ahora queda una mochila de 55 kilos. Esta concesión implica, según varios analistas, que los lobos de Wall Street se embolsarán más de u$s17 mil millones adicionales en relación a la propuesta de abril.

Sin grieta en los festejos

La oposición también festejo ya que el acuerdo de Guzmán convalida el endeudamiento de la era macrista, el préstamo fue tomado sin pasar por el parlamento como lo indica el artículo 60 de la ley 24.156 establece que las entidades de la administración nacional “no podrán formalizar ninguna operación de crédito público que no esté contemplada en la ley de presupuesto general del año respectivo o en una ley específica” de esta forma no tuvieron representación las mayorías populares,  que vieron aumentar la pobreza, el desempleo y caer el poder de compra del salario en la gestión Macri, mientras que a los trabajadores no les llegaron los capitales prestados, que en su mayoría, se fugaron en grandes negocios de empresarios y amigos del poder de turno. Los acreedores sabían de la situación argentina y la imposibilidad de pago, era solo cuestión de tiempo entrar en default -re perfilamiento-, desde el origen de la estafa cuando en los inicios del 2016 el Congreso votó pagarles a los fondos buitres, según lo que decía el juez Griesa.

Otro ejemplo es cuando el «Messi» de las finanzas, el ex ministro de Finanzas, Luis Caputo emitió el bono a cien años que favoreció a un fondo de inversión que él mismo había fundado, además de J.P. Morgan del cual había sido empleado. Le pedían a Caputo que emita bonos para canalizar excedentes de dólares sobrantes en Nueva York y aprovechar las altas tasas de interés que pagaba el país.  «¡Gran acuerdo!», escribió el mismo Caputo por twitter. «Ojalá esta pesadilla de pandemia termine pronto y comience el proceso de recuperación económica que tanto necesita la gente», completó. «El anuncio de acuerdo para la reestructuración de la deuda con los tres principales grupos de bonistas es una muy buena noticia», expresó Guido Sandleris, quien sucedió a Caputo en el Banco Central en el tramo final del mandato de Macri.

Rodríguez Larreta celebró también que la Argentina «haya encontrado un esquema de pagos sostenible para el futuro del país» que, a la vez, le permita cumplir con sus «obligaciones». También lo hicieron el ex candidato a presidente por Consenso Federal, Roberto Lavagna; el jefe del interbloque de Juntos por el Cambio en Diputados, Mario Negri; los intendentes bonaerenses del PRO Jorge Macri (Vicente López) y Néstor Grindetti (Lanús) entre otros.

¿Hay que pagar la deuda? https://argentinamilitante.org/hAy-que-pagar-la-deuda/

El mito de que hay que pagar o no entramos al «mercado de capitales» (curiosa definición del capitalismo feroz) es mentira ya que debemos recordar que estuvimos en esa misma situación tras el Argentinazo de 2001 y no nos caímos de ningún mercado y de ninguna galaxia, podemos citar como ejemplo a Malasia (entre 1981 y 1993), Islandia (2008). Existen ejemplos de países que han salido con políticas propias, como las que Francia implementó entre el mayo francés y 1987 cuando Édouard Balladut anunció la supresión del control de cambios que habían implementado para evitar la fuga de capitales. Con estos ejemplos podemos afirmar que, incluso en un marco capitalista, han existido experiencias alternativas al FMI. Pero también es necesario aclarar que éstas respondieron a coyunturas puntuales.

Aquellos que plantean argumentos y excusas del estilo “Nos van a bloquear, nos van aislar”, “Es una utopía”, “El imperialismo nos atacaría militarmente”, solo dejan en evidencia su postración ante el sistema capitalista y su falta de alternativas.

Los marxistas en cambio tenemos una alternativa basada en el Socialismo científico que se expresa en un programa político que rebasa los límites del capitalismo en decadencia.  Los reformistas solo atinan a decir “¡No es real!”, nosotros decimos todo lo contrario, que lo que no es real, lo que no es realista es obligar a personas, a seres humanos a pagar lo que no tienen.

“La fortaleza de los mercados es el oprobio de los trabajadores”.

La posición el Frente de Izquierda – Unidad

La mayoría de los principales referentes de la oposición celebró el acuerdo alcanzado por el Gobierno con tres grupos de acreedores privados en la renegociación de la deuda externa y destacó la gestión del presidente Alberto Fernández y del ministro de Economía, Martín Guzmán, a excepción de los dirigentes del frente de izquierda, que se mostraron críticos.

El diputado Del Caño consideró que «este acuerdo legitima y legaliza sin investigar una deuda fraudulenta, que fue para beneficiar a los especuladores y fugadores de siempre, que arrojó a la pobreza a 4 millones de personas, que le sacó un 20% a los jubilados y al salario de los trabajadores». En el mismo sentido, Pitrola, señaló: «De una oferta argentina en el canje de deuda de u$s39 que sería lo sustentable, se pasó a una de u$s54,8 después de cuatro meses de ultra derrumbe económico. Me explican por qué esto sería sustentable».

Sin bien acordamos con lo expresado por los diputados del FIT-U en relación a la deuda externa y que el pago de la misma nunca es una opción favorable para las masas trabajadoras; los dirigentes del mayor aparato de la izquierda argentina salen al cruce vehementemente por la toma de decisión del Ejecutivo, pero muestran como salida al flagelo de la deuda al parlamento burgués.

No se tira sobre el tapete una explicación pedagógica de que significa la deuda y del acuerdo a que se llegó, para poder entender los “por qué” de la situación política y como el gobierno ha ganado un respiro en fortalecer la gobernabilidad.

Desarrollan un plan político apuntando al parlamento burgués, suponen cooptar una fracción del electorado desencantada con el peronismo, sesgan el programa de transición, tomando una o dos consignas, sin mostrar al conjunto de la vanguardia la necesidad del programa mínimo las consignas transicionales y establecer los puentes necesarios con el programa de poder.

Luchar por la escala móvil del salario y la escala móvil de las horas de trabajo

El único derecho que tenemos las y los trabajadores es el derecho al trabajo. Y en esta época de crisis estructural del capitalismo, es el derecho que se nos niega. No hay leyes parlamentarias que detengan a las leyes del mercado. La prohibición de los despidos es desconocida en los hechos. El trabajo remoto no define horarios mezclando vida personal y vida laboral, aumentando la carga horaria. El trabajo informal ha escalado al 50%.

Es en esta situación en que las banderas de la lucha por la escala móvil de salarios y la escala móvil de las horas de trabajo deben mantenerse en alto, declarando la guerra a los capitalistas.

Los salarios deben seguir el ritmo de los aumentos de la canasta de alimentos y servicios compensando el aumento inflacionario.

Ante la desocupación hay que levantar el reparto de las horas de trabajo entre ocupados y desocupados sin afectar los salarios.

Por una salida y de los trabajadores

La magnitud y el peso de la deuda sobre los trabajadores se encuentra altamente fundamentada por los hechos históricos tanto en el país, la región y el mundo. Ya dijimos más arriba que el endeudamiento externo, solo termina siendo un mecanismo perpetuo y de dominación imperialista a través del mercado de capitales. La única que se beneficia es la oligarquía financiera y la gran burguesía, dueña de los medios de producción.

Una salida real y factible a la debacle capitalista es poner los resortes y recursos fundamentales de la economía en manos de la inmensa mayoría de la clase obrera y los trabajadores.

El crédito y la fuga de capitales solo se puede controlar con medidas que lleven al monopolio del comercio exterior y la nacionalización de los grandes depósitos en el camino de poner en pie una única banca estatal.

Además de partir del desconocimiento de la totalidad de la deuda externa, avanzando en la expropiación de los grandes empresarios y poner todos estos capitales del país al servicio de un desarrollo real de un poderoso mercado interno, que ponga en funcionamiento no el 46% de la industria como es en el presente, sino la totalidad de la capacidad industrial instalada sobre una planificación del conjunto de la economía.

Los capitalistas concurren al mercado en el marco de la anarquía del mismo, no hay planificación real en tanto la propiedad privada de los medios de producción sigan en manos del empresariado y desconocen las necesidades reales de los millones de trabajadores y trabajadoras. Y en esta puja ganan los más fuertes, los grandes monopolios, los trust y los carteles. El capital financiero -fusión del capital industrial y el capital bancario- es en última instancia quien define la vida económica y social.

Solo la clase obrera y los trabajadores liderando al conjunto de las mayorías populares, en la perspectiva de tomar el poder y formar un gobierno propio, podrán poner en marcha todas y cada una de estas medidas. Solo con la movilización y los métodos de nuestra clase podremos poner fin a la expoliación y opresión de los millones de mujeres y hombres de a pie.

Necesitamos construir un partido revolucionario, necesitamos poner en discusión la necesidad de un Partido de Trabajadores, con una política de clasista, que supere las limitaciones de clase de las opciones que plantean la conciliación de clases poniendo los intereses de los empresarios, banqueros y terratenientes por encima de los intereses de las trabajadoras y trabajadores ya que no tienen otra alternativa al capitalismo que ofrecer.

¡Socialismo o barbarie!