A 25 años del triunfo de la revolución sandinista

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En el mes de julio de 1979 cayó la dictadura de Somoza después de 40 años de saqueos indiscriminados, explotación y represión. La revolución nicaragüense abrió la puerta a una serie de movilizaciones de los trabajadores en toda América Latina. En el mes de julio de 1979 cayó la dictadura de Somoza después de 40 años de saqueos indiscriminados, explotación y represión. La revolución nicaragüense abrió la puerta a una serie de movilizaciones de los trabajadores en toda América Latina.

La dictadura de Somoza

Somoza llegó al poder a través de elecciones amañadas en enero de 1937, después de un golpe de estado protagonizado por la Guardia Nacional y de la derrota de la guerrilla dirigida por Sandino, asesinado en 1934.

Somoza instauró una dictadura que perduró 40 años y que fue apoyada y guiada de manera directa por el imperialismo norteamericano. No en vano, el presidente estadounidense Roosevelt declaró: "Somoza puede ser un hijo de puta, pero es nuestro hijo de puta".

A pesar de la represión, la resistencia no fue aniquilada. Principalmente en Managua, la CTM (Confederación de Trabajadores de Managua) siguió funcionando con unos 3000 miembros de manera clandestina. En 1956 Somoza fue asesinado, lo sustituyó su hijo mayor y después a la muerte de éste, su hijo menor, Anastasio.

La fortuna que los Somoza acumularon fue gigantesca: se calcula que en 1979 alcanzaba los 150 millones de dólares en el interior del país y otros tantos en el exterior. Eran propietarios de más de 150 fábricas (el 25% total de la industria) y de más del 10% de tierra cultivable; también eran dueños de la única línea aérea, de una cadena de televisión, de un periódico y de la agencia de distribuidores de Mercedes Benz

Entre 1969 y 1974 la economía nicaragüense fue golpeada por una recesión cuyos efectos fueron devastadores para los trabajadores, se registró el cierre de 292 fábricas que representaban el 37% de la industria nacional. La clase obrera industrial se puso en movimiento durante esta etapa. Estallaron huelgas de profesores, en la construcción y en hospitales. Todo este movimiento en las ciudades coincidió con la agitación entre los campesinos y las luchas dirigidas por el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), organización guerrillera formada unos años antes en la sierra.

En diciembre de 1974 un sector de la burguesía formó una organización interclasista llamada Unión Democrática de Liberación (UDEL). También participaron algunas organizaciones sindicales. Esta organización le pareció adecuada al imperialismo norteamericano para que se detuviera el proceso que emergía.

Durante este período los sandinistas lanzaron una serie de ataques guerrilleros, ocasionando una oleada de represión. Esta represión no intimidó a los trabajadores, que se lanzaron con todo a la lucha. En noviembre de 1978 UDEL publicó un manifiesto en donde proponían la inclusión del FSLN en una alternativa democrática a Somoza. El periódico que publicó este manifiesto estaba dirigido por el líder de la UDEL, Chamorro, lo cual le costó la vida.

La toma del poder

Los sindicatos junto con la UDEL convocaron a una huelga general el día del entierro de Chamorro, se calcula que participaron unas 120.000 personas. La burguesía "progresista" que formaban parte de la UDEL salió atemorizada por los tintes que tomó esta movilización histórica de los trabajadores, y formó una organización junto a un sector de los sandinistas, "los terceristas", y crearon la FAO en 1978. Estos quisieron dialogar con el imperialismo para que les ayudara a resolver los problemas que vivía Nicaragua, tiempo después los "terceristas" salieron.

Ante la ausencia de un partido marxista revolucionario que estuviera dispuesto a dirigir a la clase obrera nicaragüense hacia la toma del poder por medio de sus propios organismos de poder obrero, los sandinistas (que daban una lucha incesante en el campo), aparecían como la única alternativa para las masas urbanas, y su reputación creció enormemente.

En febrero del "79 se fundó una organización con los tres sectores de los sandinistas, sindicatos y algunas agrupaciones burguesas. Habiendo sido forzados a suspender sus acciones militares, en marzo de 1979 el FSLN unificado lanza una ofensiva en la cual encuentra a un régimen totalmente aislado y solo. Únicamente la Guardia Nacional estaba dispuesta a responder.

Los días de la dictadura estaban contados, los sandinistas lanzaron un llamado a las masas de trabajadores para que se movilizaran y el 10 de junio estalló una huelga general en Managua. La guardia civil salió corriendo para más tarde formar la "contra" nicaragüense.

Se constituyó un gobierno provisional compuesto por tres sandinistas y dos políticos burgueses. La presión de las masas hizo que los dirigentes sandinistas llevaran a cabo medidas revolucionarias de expropiación, fundamentalmente las propiedades de la familia Somoza y de una parte de la oligarquía. Se anunció una reforma agraria y la entrega de la tierra a los campesinos. Esto fue demasiado para los burgueses "progresistas" que alertaron sobre la llegada del "comunismo" a Nicaragua, pasando a la oposición política y armada al nuevo régimen. La burguesía nacional "progresista", fiel a sí misma, traicionó a su propio pueblo y se echó en los brazos del imperialismo.

Una revolución a medias

Inmediatamente después del triunfo de la revolución, el imperialismo norteamericano con el apoyo de los capitalistas y terratenientes nicaragüenses armaron un ejército guerrillero contrarrevolucionario (la "contra") con la colaboración de los gobiernos de los países limítrofes, Honduras y Costa Rica.

La guerra agravó enormemente la economía nicaragüense, absorbiendo el 50% del presupuesto estatal durante los 10 años que duró el conflicto armado. Entre enero de 1980 y agosto de 1988 murieron 3.935 personas con más 8.000 heridos y secuestrados. Y entre marzo de 1988 y octubre de 1989 murieron 736 y hubo 1.153 heridos civiles. El imperialismo norteamericano financió con cientos de millones de dólares a los antiguos asesinos de la época de Somoza ahora en la "contra" para minar la revolución nicaragüense.

Lamentablemente, los dirigentes sandinistas se negaron a completar la expropiación de los capitalistas y terratenientes nicaragüenses. Ellos defendieron una economía "mixta", mitad estatal y mitad privada. Pero los capitalistas y terratenientes lo que hicieron fue boicotear la economía desde adentro: cerrando empresas, llevándose los capitales al exterior, etc. Para de esta manera crear el caos y que las masas nicaragüenses cayeran más en la miseria y se frustraran con la revolución.

La otra limitación de los sandinistas era su concepción nacionalista de la revolución. Su negativa a extender la revolución al resto de Centroamérica (como Guatemala, El Salvador u Honduras), donde también existían fuertes movimientos guerrilleros y combates de masas, haciendo un llamado internacionalista a las masas de dichos países para que se les unieran, los aisló internacionalmente.

Las primeras ventajas de la revolución: una reforma agraria limitada, alfabetización, avances en la salud, etc. quedaron muy mermadas conforme la crisis se profundizaba. Sólo una economía nacionalizada y planificada bajo el control democrático de los trabajadores y campesinos podía desarrollar la economía nicaragüense, junto a la extensión de la revolución socialista fuera de sus fronteras.

Lamentablemente, parte de la responsabilidad de esta política se debe al papel que jugaron los dirigentes cubanos, con Fidel Castro a la cabeza, convenciendo a los dirigentes sandinistas para que no siguieran el ejemplo cubano de expropiar a la burguesía.

La situación de la economía era caótica ya en 1988 con una suba de precios del 33.000 %, y del 1.700 % en 1989. La producción del país en 1989 era la mitad que en 1988. Los salarios suponían solamente un 10% de lo que valían en 1979. Todo esto profundizó la miseria de las masas.

El triunfo de la contrarrevolución bajo una forma "democrática"

En esta situación, los dirigentes sandinistas cedieron a las presiones de la burguesía y del imperialismo y llamaron a elecciones en 1990. La oposición burguesa se agrupó en una coalición electoral: Unión Nacional Opositora (UNO), que obtuvo el 54,7% de los votos y el FSLN obtuvo el 40,8%, resultando derrotado.

La falta de una orientación enérgica hacia la economía planificada mediante la expropiación de los capitalistas nicaragüenses y de la propiedad imperialista, unida al aislamiento de la revolución nicaragüense, llevaron a la victoria electoral de la reacción utilizando el descontento y la desilusión provocada por 10 años de "economía mixta" combinada con la agresión militar y económica de los EEUU y la "contra". El triunfo de la contrarrevolución bajo una forma "democrática" destruyó las principales conquistas al cabo de varios años en un ambiente de pesimismo, derrota y frustración en los trabajadores y campesinos. Coincidiendo con la caída del Muro de Berlín, los dirigentes sandinistas giraron a la derecha en sus políticas, a posiciones reformistas y socialdemócratas, alejándose todavía más de sus bases. Esto es lo que permitió a los diferentes gobiernos burgueses mantenerse en el poder en estos 14 años.

Ahora, con la crisis capitalista (Nicaragua es uno de los países más pobres de América Latina) y la corrupción generalizada, los políticos burgueses están muy desacreditados. El FSLN ganó las últimas elecciones municipales y la Intendencia de la capital, Nicaragua.

Un nuevo ambiente de bronca y de recuperación de la confianza de los trabajadores en sus propias fuerzas está comenzando a surgir. Hay que sacar lecciones de todo este proceso. Es necesario que los sectores más avanzados de los trabajadores y jóvenes nicaragüenses se organicen en una tendencia marxista revolucionaria que eche raíces en las organizaciones de masas para ganar su confianza y estar en las mejores condiciones de encabezar la próxima e inevitable oleada revolucionaria en el país.

Para volver a cantar: “En Nicaragua, señores, le pega el ratón al gato"