Tomas obreras en FATE y Aires del Sur contra la contrarreforma y el ajuste

El gobierno avanzó en el Senado con la contrarreforma laboral en un contexto de movilización de sindicatos, partidos de izquierda, organizaciones sociales y centros de estudiantes, junto a tomas de fábricas y luchas parciales en las provincias. El tratamiento parlamentario estuvo acompañado por un fuerte operativo represivo. La Plaza fue sitiada por fuerzas federales y se utilizaron hidrantes contra gremios y trabajadores despedidos que se movilizaban contra la iniciativa. La central obrera especuló, jugó a la contención social y se negó a convocar una huelga general política. La dirigencia de la CGT no marchó el día de la aprobación de la ley y postergó su convocatoria para una movilización a Tribunales con el hecho consumado.

Tomando el período entre noviembre de 2023 y noviembre de 2025, la Superintendencia de Riesgos del Trabajo (SRT) informa que el número de empresas que cerraron escaló a 22.000. Se perdieron más de 290.000 puestos de trabajo. Las industrias más golpeadas fueron la textil, la construcción y el comercio.

Fate anunció el cierre definitivo de su actividad como fabricante de neumáticos. La empresa argentina, propiedad de la familia Madanes Quintanilla, está dispuesta a despedir a 920 trabajadores. Es la planta industrial de San Fernando que producía solamente al 40% de su capacidad total. La fábrica FATE fue tomada por sus trabajadores contra el cierre definitivo, con el apoyo del SUTNA (Sindicato Único de Trabajadores del Neumático Argentino). En el marco de esta lucha, Víctor Ottoboni, trabajador de Fate, fue detenido durante una movilización en defensa de los puestos de trabajo. Ottoboni participaba junto a sus compañeros, docentes, estudiantes, organismos de derechos humanos y organizaciones sociales y políticas de izquierda cuando fue arrestado en el contexto de la represión. La ofensiva patronal no solo pretende cerrar fábricas y destruir empleos, sino disciplinar mediante la persecución a quienes se organizan para resistir.

Los trabajadores de Aires del Sur, en el marco de la Unión Obrera Metalúrgica (UOM), tomaron la fábrica en Río Grande el 23 de febrero, luego de que la empresa generara una deuda salarial que afecta a 140 trabajadores. El conflicto se arrastra desde el cierre de la planta el 26 de diciembre, cuando la patronal no retomó la producción tras el receso vacacional y acumuló casi dos meses sin abonar los salarios. La medida busca garantizar el pago de los salarios adeudados y de los vouchers habituales, que no fueron abonados. Hasta el momento, la empresa no retomó el diálogo con los trabajadores.

En todo el territorio nacional, el movimiento obrero atraviesa un proceso de lucha que se expresa en ocupaciones, paros y conflictos en numerosas fábricas afectadas por cierres y deudas salariales. Estas luchas se definirán mucho más por la determinación y la organización desde abajo que por la voluntad de las direcciones sindicales. Será la fuerza de los trabajadores desde abajo, a través de la democracia obrera, la que incline la balanza.

Como el capitalismo debe avanzar a pesar de la crisis, la regulación del RIGI y la contrarreforma laboral intentan abaratar la producción. El desarrollo o avance de la tecnología es una herramienta de producción que, lejos de alivianar la carga de la explotación sobre el obrero, es utilizada para abaratar la fuerza de trabajo, poniendo en disponibilidad a una masa obrera en el ejército de reserva. Mientras un grupo reducido de familias amasa grandes fortunas, ha lanzado a la clase obrera a la más profunda de las miserias. Esta es la lógica inherente del capitalismo.

Las acciones obreras que hoy se presentan aisladas son el germen de la unidad del movimiento obrero contra sus explotadores. Esta lucha por la supervivencia de la clase trabajadora debe conducirse a la lucha política por la dirección del Estado y transformarse en una lucha internacionalista. Cuando hablamos de la abolición de la propiedad privada, nos referimos a una medida que va contra los intereses de los capitalistas y que muchas veces es utilizada con ambigüedad por las patronales y sus voceros para confundir a las masas laboriosas. La abolición de la propiedad privada implica la expropiación de los medios de producción y su puesta en manos de los trabajadores. La propiedad privada debe convertirse en propiedad social.

La CGT ha volcado sus fuerzas en hacer del movimiento obrero algo inofensivo para la clase capitalista, más aún cuando se han desarrollado procesos de huelga y tomas de fábricas. Los burócratas de la CGT son ministros del FMI, y esto debe discutirse para poder conquistar la democracia obrera en las fábricas, impulsando los comités de fábrica.

De nada sirven los intentos sectarios de crear o preservar pequeños sindicatos revolucionarios como una segunda edición del partido. Esta política de sectarismo llevará a los trabajadores al aislamiento y es una política que capitula ante los sindicatos de masas. Hay que impulsar la recuperación de las centrales obreras bajo la defensa de los derechos materiales y democráticos de la clase obrera que este gobierno y toda la patronal, con sus partidos y medios de comunicación, quieren borrar.

Está en los comunistas explicar con claridad estos problemas concretos de la clase trabajadora y evitar la tentación de levantar consignas que no puedan materializarse en la relación de fuerzas actual. En este caso, la nacionalización mediante la expropiación estatal puede plantearse como salida frente al cierre de fábricas, pero debemos comprender que hoy no está en nuestras manos imponer una expropiación sin pago. La orientación debe ser impulsar la organización desde abajo, promoviendo comités de fábrica que permitan a los trabajadores apoyarse en sus propias fuerzas.

Ante el vacío y la pasividad de las centrales obreras, la formación de órganos de coordinación y acción política se vuelve una necesidad para unificar las luchas, evitando gestos aislados que puedan separar a la vanguardia del conjunto de las masas. Necesitamos organizarnos para defender y recuperar los puestos de trabajo, utilizando la toma de fábrica como herramienta de lucha y garantía del pago de salarios adeudados. En ese camino avanzaremos con firmeza, quizás no al ritmo que reclaman los oportunistas o los izquierdistas impacientes, pero es el único camino serio hacia la organización revolucionaria de la clase trabajadora.

A Milei y a la patronal los derrotamos con organización. Vamos por los comités de fábrica. Vamos por la huelga general.

¡Abajo la reforma laboral!

¡No a los despidos ni al cierre de fábricas!

¡Ocupación de toda fábrica que cierre o despida!

¡Fuera la burocracia de nuestros sindicatos!

¡Por el triunfo de Fate, Aires del Sur y todas las fábricas en lucha!

¡Por un gobierno de los trabajadores!

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí