VII Congreso Nacional de la CTA

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En pocos días sesionará el VII Congreso Nacional de delegados de la Central de Trabajadores Argentinos. Este importante evento para los trabajadores, agremiados o no, tiene gran relevancia en la actual coyuntura. La creciente ola de reclamos laborales exponen a la herramienta sindical como medio de organización de las más amplias capas explotadas para luchar por conquistas no sólo económicas. La propia experiencia demuestra a los trabajadores la necesidad de dar un paso más allá de la lucha reivindicindicativa.

Impulsemos un sindicalismo clasista, combativo y democrático

En pocos días sesionará el VII Congreso Nacional de delegados de la Central de Trabajadores Argentinos. Este importante evento para los trabajadores, agremiados o no, tiene gran relevancia en la actual coyuntura. La creciente ola de reclamos laborales exponen a la herramienta sindical como medio de organización de las más amplias capas explotadas para luchar por conquistas no sólo económicas. La propia experiencia demuestra a los trabajadores la necesidad de dar un paso más allá de la lucha reivindicativa.
La pulverización de los magros aumentos salariales, las condiciones de superexplotación, el desempleo, el hambre, la falta de salud y educación y cada uno de los derechos que vienen arrasando tanto la burguesía nacional como los grupos imperialistas, muestran claramente la necesidad de ir a la raíz de los problemas de los trabajadores. Por ello, la sola lucha económica -que resulta importantísima- se muestra insuficiente y es en el terreno político donde también hay que dar pelea: cómo queremos que sea Argentina y Latinoamérica, cómo pensamos que es posible hacerlo.

La falta de un análisis de clase

La CTA nació en contraposición a la burocracia de la CGT, defendiendo su autonomía respecto de los partidos políticos, las patronales y el Estado. También atendió a sectores ignorados por la vieja central, creando organizaciones de la juventud, mujeres, y desocupados. Sin embargo debemos señalar algunas limitaciones y contradicciones. Como por ejemplo el sobredimensionamiento de las consecuencias de algunos cambios en los procesos de producción. La luchas de los últimos meses desmienten que “la ofensiva del capital ha transformado a la empresa en un espacio hostil para la organización del trabajo… Los trabajadores somos una franca minoría en la fuerza de trabajo… el territorio es el espacio natural a ocupar y liberar para una nueva unidad política.”
El debilitamiento -relativo en números- ha sido más que nada en el plano subjetivo, hoy vemos como ante la mínima recuperación económica es la clase obrera organizada a través de sus sindicatos o comisiones internas combativas la que toma en sus manos la lucha por el aumento salarial. De este error de análisis se puede llegar al descuido de la labor en los lugares de trabajo e incluso a cuestionar el rol protagónico de la clase trabajadora en el proceso de recomposición social necesario.

Fracaso del sindicalismo reformista

A lo largo de varios años de confusión política, desconfianza en la fuerza de las masas, adaptación a los cargos y posibilidades de negociación por arriba, algunos dirigentes han adoptado prácticas sindicales perjudiciales para los trabajadores. Las consecuencias las vemos en los conflictos de estatales y docentes donde la falta de planes de lucha, la dispersión y falta de coordinación, han llevado al desgaste y a la no consecución de los reclamos: salarios dignos, pase a planta permanente de los precarios, blanqueo de sumas en negro, defensa de la salud y la educación pública, etc. También son notorias las violaciones a la democracia sindical y los obstáculos que impiden la participación de las bases.
Desde la CTA deberíamos plantearnos además una política hacia la base de la CGT, proponiéndole un frente único en las luchas, particularmente en los sectores donde ambas centrales tienen presencia gremial (estatales, aeronáuticos, etc).

La CTA debe dar la lucha política

Las mencionadas limitaciones políticas han llevado a la violación del principio de independencia política de los trabajadores en distintas oportunidades con el apoyo a frentes y alianzas policlasistas. Esto pareció cambiar en diciembre de 2002 cuando en el VI Congreso Nacional se caracterizó la orfandad de representación política de los intereses de los trabajadores y el pueblo en general, y se dejó planteado -con el voto de 10.000 delegados- el objetivo de crear el Movimiento Político Social y Cultural (MPS) “con capacidad de gobernar el destino de nuestro país desde los intereses de la clase trabajadora, amplio, de unidad antiimperialista y de encuentro de todo el pueblo trabajador”.
A partir de la crisis de 2001 se hablaba de enfrentar, con el MPS, los intentos de reconstitución del régimen político al que se caracterizaba como de “ajuste permanente”. Pero en estos años ha surgido una corriente kirchnerista que llega al extremo de violar la autonomía de la CTA con la asunción de D’Elía como Secretario de Estado. Nadie debe negarnos a ningún integrante de la Central la posibilidad de militar en una organización política. Pero un dirigente no puede mantener su cargo en la Central mientras se integra al estado capitalista que explota, reprime y persigue a los luchadores. Si no, ¿cuál es la diferencia en este campo con las prácticas de la dirección de la CGT? Además este sector aplaudió el pago de la deuda al FMI, cuyo desconocimiento es uno de los principios de la CTA desde su nacimiento.
Sin embargo, de cara al VII Congreso, desde la dirección nacional y en algunos congresos provinciales parece retomarse la idea de crear el MPS como expresión de los intereses de clase de los trabajadores. Aunque se ha perdido mucho tiempo, sería necesario que este congreso aborde este problema y comience a definir qué política llevaría adelante el MPS, cómo propiciaría el desarrollo de Argentina y la integración latinoamericana. Y también cómo estaría conformado, nosotros creemos que la libertad de tendencias debe ser esencial.
El II Congreso de la pcia. de Bs. As. (de fines del 2005) afirma correctamente que a través de la acción de los trabajadores se puede terminar con la pobreza y generar políticas sociales que resuelvan los problemas de salud, educación, justicia y vivienda. De ahí se desprende la necesidad de un gobierno de los trabajadores. Es importante entonces avanzar en la creación de una herramienta para implementarlo.

Articular una oposición clasista

Uno de los aspectos más relevantes del 2005 ha sido la posibilidad de poner en pie el Movimiento Intersindical Clasista que intenta articular a la oposición clasista de la CTA y la CGT. Consideramos imprescindible que las seccionales opositoras, comisiones internas, cuerpo de delegados, activistas y sectores descontentos con las direcciones, luchadores y trabajadores antiburocráticos, se sumen a este desafío de luchar por la unidad de la clase trabajadora y en defensa de la democracia obrera. Superaríamos la histórica dispersión de la oposición clasista que nos impide aparecer como una opción de dirección ante la mayoría de los trabajadores.