Una nueva etapa en la crisis del capitalismo

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En la crisis reciente, las clases dominantes del mundo, empezando por los EEUU, se asustaron por los efectos sociales y políticos de una recesión, y tomaron medidas extraordinarias para impedirla. Estas medidas han tenido cierto efecto, pero no resuelven nada fundamental. Por el contrario, los niveles enormes de la deuda pública causados por el rescates financieros son una receta acabada para nuevas crisis, e incluso más graves, de carácter económico, social y político.

Este artículo es un extracto de una serie más extensa aparecida en www.marxist.com en donde se puede acceder al original en inglés (http://www.marxist.com/new-stage-in-crisis-of-capitalism-part-one.htm). Está en preparación una traducción completa del texto en castellano.

Algunas crisis se pueden resolver con reformas, que no van más allá de los límites establecidos. Esto es sobre todo el caso después de un largo período de crecimiento económico cuando el capitalismo ha acumulado una capa de grasa. Puede usar sus reservas acumuladas para evitar que la crisis se convierta en una depresión profunda.

En la crisis reciente, las clases dominantes del mundo, empezando por los EEUU, se asustaron por los efectos sociales y políticos de una recesión, y tomaron medidas extraordinarias para impedirla. Desde el punto de vista de la economía ortodoxa capitalista estas medidas son totalmente irresponsables.

Estas medidas han tenido cierto efecto, pero no resuelven nada fundamental. Por el contrario, los niveles enormes de la deuda pública causados por el rescates financieros son una receta acabada para nuevas crisis, e incluso más graves, de carácter económico, social y político.

Hace mucho tiempo, Ted Grant predijo que en el caso de una crisis profunda, la burguesía utilizaría sus reservas acumuladas, y esto es precisamente lo que ha sucedido. Durante un período de más de medio siglo los capitalistas acumularon una capa de grasa que pudieron utilizar para evitar que arraigara una depresión profunda. Pero estas reservas están siendo rápidamente consumidas, y ahora los gobiernos del mundo occidental se han visto obligados a recurrir a la política de financiamiento del déficit para evitar un colapso total. El resultado ha sido la creación de nuevas e insolubles contradicciones en forma de déficits públicos que no tienen precedentes históricos en tiempos de paz.

Europa se enfrenta a una espiral descendente

Europa se enfrenta a un prolongado período de austeridad, con recortes importantes en la producción, consumo y empleo. La crisis ha comenzado en los más pequeños, las economías más vulnerables, como Grecia, Portugal e Irlanda. Pero los otros seguirán, empezando por Gran Bretaña.

En el período posterior a la Segunda Guerra Mundial, en 1945-47, los EE.UU. financiaron al capitalismo europeo por una suma de 200 mil millones dólares (en dinero actual). Pero en los dos primeros años de la crisis actual, el gobierno de EE.UU. financió al sistema bancario por $ 800 mil millones de dólares, y Gran Bretaña (una economía mucho más pequeña) entregó más de $ 400 mil millones – el doble de la cantidad total de ayuda del Plan Marshall. Esta situación no puede sostenerse. Las opciones de la clase dominante se ven muy limitadas. Las tasas de interés están cerca de cero, y no pueden reducirse más para estimular los préstamos.

Las enormes deudas remanentes del período anterior todavía tienen que devolverse, lo que inhibe el consumo y explica la lenta recuperación de Europa y todo el mundo. El recurso a la "flexibilización cuantitativa" es una medida desesperada, que, si continúa, dará lugar a una combinación de estancamiento e inflación ("estanflación"). Por lo tanto, los capitalistas acabarán con el peor de los mundos.

La viabilidad del "rescate" del paquete lanzado por la burguesía en Europa (estimado en 750.000 millones de dólares) depende de la aplicación de medidas de austeridad brutales. El fracaso en llevarlas a cabo podría dar lugar a cortar la circulación de dinero en efectivo, es decir, sería aproximadamente lo mismo que cortar el suministro de líneas vitales que mantienen vivo un paciente críticamente enfermo. Incluso si el plan tuviera "éxito" dejaría a Grecia con una carga insoportable de deuda pública. Las llamadas medidas de rescate significan años de austeridad dolorosa para el pueblo de Grecia, sin dar a otros países ningún alivio.

Si hubiera una crisis de pagos (default) en Europa, vendrá acompañada de una contracción masiva del consumo, que puede arrastrar toda la economía mundial de vuelta a la recesión. Afectará a los EE.UU. y Asia. Ninguna de las contradicciones ha sido eliminada. Una nueva crisis inmobiliaria está preparándose en los EEUU. Se trata de 6,7 billón de dólares, mientras que la última crisis sub prime "sólo" estuvieron involucrados 1,3 billones. Se puede arrastrar todo el sistema financiero hacia abajo en un colapso total.

Están creciendo los temores a una recesión de doble W. Los dirigentes chinos también están preocupados. Los chinos gastaron dinero masivamente para evitar la recesión, pero esto ha creado nuevas e insolubles contradicciones. China ha construido una fuerza productiva colosal, que no puede ser absorbida por su mercado interno. Si se reduce la demanda de Europa y los EE.UU., ¿a dónde van a exportar? Y puesto que China ha sido el principal motor del crecimiento mundial cuando el mundo luchaba por salir de la recesión, una fuerte desaceleración en China podría asestar un duro golpe a la recuperación económica mundial.

¿Qué futuro para Europa?

El euro y la Unión Europea probablemente sobrevivirán a esta crisis, porque las consecuencias de una ruptura serían muy graves para todos. Sin embargo, la crisis es tan profunda, y la confianza de la burguesía tan sacudida, que algunos de los estrategas de la burguesía están empezando a contemplar lo impensable.

Si la UE se rompiera, ¿a dónde podría mirar Alemania? La respuesta obvia parece ser Francia. Pero, históricamente, Francia y Alemania han sido rivales, incluso en el contexto de la UE continuó esta rivalidad, con Francia aspirante a la dirigencia política y militar de Europa, relegando a Alemania la primacía económica. Por desgracia para Francia, el poder económico siempre es decisivo en última instancia.

Los intereses de Francia miran al Sur – hacia el Mediterráneo, Oriente Medio y África del Norte. Alemania, en cambio, mira hacia el Este – a Europa Central y Oriental, los Balcanes – y Rusia. Ahí es donde Hitler buscó Lebensraum. Lo que no hizo por medios militares, los capitalistas alemanes esperan hacerlo por medios económicos. No se descarta que Alemania en el futuro, amplíe sus contactos con Rusia, lo que representa un vasto campo de posibilidades de mercados e inversiones, materias primas y mano de obra barata. Pero esto sólo podría lograrse mediante la subordinación de Alemania a los intereses rusos. Esto sería visto como una ofensa amarga por Washington y el resto de Europa, especialmente Polonia.

La unificación de Europa es una tarea necesaria para que Europa no entre en una senda de declive pausado y sin gloria, como le sucedió a la España imperial desde el siglo XVII. Es una tarea históricamente inevitable, que el capitalismo ha planteado, pero que es totalmente incapaz de resolver. Sólo los Estados Unidos Socialistas de Europa pueden tener éxito en eliminar radicalmente las antiguas fronteras y unir a toda Europa, donde también se encuentran Rusia, Ucrania y Turquía. Sería capaz de movilizar el colosal potencial productivo de lo que es, de hecho, Eurasia, uniendo a los vastos recursos naturales y la agricultura de Rusia y Ucrania con las industrias de Europa.

Robar a los pobres para pagar a los ricos

En 1939, los capitalistas encontraron una manera de salir de la crisis a través de la guerra. Pero esta vía está cerrada. Está fuera de lugar una guerra entre Europa y los EE.UU., por ejemplo; o la conquista de Rusia (como intentó Hitler), y menos aún conquistar China. Europa, a pesar de su potencial colosal, sigue siendo débil y está dividida, como las pequeñas ciudades griegas de la Antigüedad, que terminaron bajo el dominio de Roma.

La Corriente Marxista señaló hace tiempo que el próximo período será un período de guerras, revolución y contrarrevolución. Los trastornos recientes en Irán, Kirguistán y Tailandia, por una parte; y en Irak, Afganistán y Gaza, por otra, demuestran la corrección de esta afirmación. Hay una inestabilidad colosal a todos los niveles: económica, financiera, social, política y militar.

Por las razones explicadas, una guerra mundial está descartada en la actualidad. Pero habrá muchas guerras pequeñas: las guerras por mercados y recursos naturales, especialmente el petróleo. Esto puede ser una fuente de conflictos internacionales o nacionales, lo que inevitablemente conducirá a un mayor gasto militar. Las burguesías de todas las naciones se están preparando para el futuro armándose hasta los dientes.

En estas circunstancias, las clases dominantes de Europa no tienen otra alternativa que atacar a la clase obrera. Durante el último medio siglo, compraron la paz social mediante la concesión de reformas. Pero esta opción ya no está disponible para ellos. Desde el punto de vista de los capitalistas, no sólo no pueden permitirse nuevas reformas: sino que mo pueden darse el lujo de mantener las reformas que fueron ganadas por la clase obrera durante los últimos cincuenta años. A fin de mantener sus ganancias, tienen que destruir todas estas reformas, que los trabajadores han llegado a considerar como algo natural.

En realidad no son naturales, sino el producto de décadas de lucha de clases. Vale la pena recordar que la propia democracia sólo se logró a través de una lucha larga y amarga. La clase dominante, que ahora habla a menudo de su compromiso con la democracia, se opuso a cada avance democrático. Y como toda otra ganancia que fue ganado con la lucha, los derechos democráticos de los trabajadores están bajo amenaza, comenzando por los derechos más importantes: el derecho de huelga y manifestación.

En el último período el sistema capitalista fue más allá de sus límites. La expansión desenfrenada del crédito (y, por consiguiente, de la deuda) ha llevado el capitalismo mundial hacia el abismo de la deuda, del que trata de liberarse ahora. Pero al hacerlo, ha creado nuevas e indisolubles contradicciones. La contradicción central es que la clase obrera europea es mil veces más fuerte que en la década de 1930.

El campesinado, la principal reserva de la reacción social, ha sido prácticamente eliminada. En Italia, España y Grecia, los campesinos eran la mayoría, e incluso en Francia y Alemania eran una fuerza considerable, no hace mucho. Ahora son una pequeña minoría y la clase obrera es una mayoría decisiva. Las organizaciones de trabajadores están intactas y no han sufrido ninguna derrota decisiva desde 1945. Los estudiantes, que en la década de 1930 fueron un campo de reclutamiento para el fascismo, se han movido hacia la izquierda y son actualmente un campo de reclutamiento para la revolución, como lo fueron en la Rusia zarista.

Un horizonte de lucha de clases

Teniendo en cuenta esta correlación de fuerzas de clase, la burguesía contempla la perspectiva de un conflicto general entre las clases con temor. Pero no tienen alternativa. La perspectiva es de una recuperación débil, acompañada de altos niveles de desempleo y de ataques feroces contra el nivel de vida de los trabajadores y la clase media, los desempleados, los ancianos y los enfermos. Los sectores más pobres de la sociedad se verán obligados a pagar la factura de la crisis del capitalismo. Este hecho, en sí mismo, tendrá profundas consecuencias.

Por todo un período histórico la burguesía ha tenido que basarse en el apoyo de los dirigentes reformistas de los sindicatos y partidos obreros de masas ". Pero al final, esta base no será confiable. La crisis del capitalismo es también la crisis del reformismo. Durante décadas la base social del reformismo en el movimiento sindical se ha fortalecido a costa del ala revolucionaria, que se ha debilitado y aislado. Los trabajadores son gente práctica. Si, como los reformistas les aseguraban, era posible conseguir todo lo que ellos querían en el capitalismo, ¿para qué meterse en problemas y líos con eso de la revolución?

Estos argumentos tenían un peso, siempre y cuando los reformistas mostraran las metas prometidas. El reformismo con reformas tiene sentido. Pero el reformismo sin reformas, las reformas contra el reformismo, no tiene sentido en absoluto. Esta es la lección que los primeros ministros de Grecia, Papandreu, y España, Zapatero, están aprendiendo a su costa.

La burguesía se enfrenta a un dilema, no sólo en Europa, también en Estados Unidos y en todo el mundo. La gravedad de la crisis económica significa que tendrá que infligir recortes profundos sobre los trabajadores y la clase media, pero las consecuencias sociales y políticas de tales acciones socavará completamente su sistema. Resolver este dilema es sólo un poco más difícil que tratar de  cuadrar el círculo. Cada intento de restaurar el equilibrio económico destruirá el equilibrio social y político. La lucha de clases se expandirá en un país tras otro, y con ella la audiencia de masas para las ideas del marxismo y del socialismo.