Tucumán: XXIV Encuentro Nacional de Mujeres

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El pasado mes de octubre se realizó en Tucumán en XXIV Encuentro Nacional de Mujeres. Pese al activo boicot de los grupos católicos a los que no les preocupa que Tucumán sea la capital nacional de la trata de personas y las redes clandestinas de prostitución pero sí que las propias mujeres se organicen y discutan temas como la violencia de género, la anticoncepción o el aborto, pero también el parto humanizado o la perspectiva de clase de la mujer trabajadora, hubo decenas de talleres en el que participaron miles de compañeras de todos los sectores políticos y sociales.

El pasado mes de octubre se realizó en Tucumán en XXIV Encuentro Nacional de Mujeres. Pese al activo boicot de los grupos católicos a los que no les preocupa que Tucumán sea la capital nacional de la trata de personas y las redes clandestinas de prostitución pero sí que las propias mujeres se organicen y discutan temas como la violencia de género, la anticoncepción o el aborto, pero también el parto humanizado o la perspectiva de clase de la mujer trabajadora, hubo decenas de talleres en el que participaron miles de compañeras de todos los sectores políticos y sociales.

Como se dijo en el discurso de apertura leído por Vicky Disatnick, de la Casa de las Mujeres Norma Nassif, Alejandra del Castillo, del Plenario de Trabajadoras, y Mariana, de la Colectiva Feministas Inconvenientes:

En estos 24 años reafirmamos la identidad de los encuentros en su condición de autónomos, horizontales, plurales, federales y autofinanciados, sin condicionamientos, donde el consenso como práctica democrática nos permite debatir y encontrarnos en la diversidad, espacio abierto a todas las mujeres que valoran estos tres días del Encuentro como una forma de aprender sin maestros, de organizarnos sin patrones, de decidir sin padres.

Y luchar por la libertad.
Por la alegría.
Por la rebeldía.
Por los encuentros.
Por la lucha de las mujeres.

Desde las páginas de El Militante saludamos a las compañeras que durante estos tres días, debatieron y se organizaron, enfrentando el oscurantismo, y reafirmamos que la liberación de la mujer -que a decir de Engels cumple el rol del proletario en la familia- sólo puede ser completa en una nueva sociedad en la que, al establecerse revolucionariamente nuevas formas de producción, se establezcan también nuevas relaciones humanas, en una sociedad sin explotadores ni explotados; en un mundo, en definitiva, que haya dado el salto del reino de la necesidad al reino de la libertad.