Sindicalismo y democracia obrera

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“Cuando los señores burgueses y los socialistas reformistas que le hacen coro sin sentido crítico hablan con tanta petulancia de la “educación” de las masas, de ordinario se entiende por educación algo escolar y formalista, algo que desmoraliza a las masas y les inculca los prejuicios burgueses. La verdadera educación de las masas no puede ir nunca separada de la lucha política independiente, y sobre todo, de la lucha revolucionaria de las propias masas, sólo la lucha educa a la clase explotada, sólo la lucha le descubre la magnitud de su fuerza, amplía su horizonte, eleva su capacidad, aclara su inteligencia y forja su voluntad” Lenin, V: “Informe sobre la revolución de 1905”. (1917)

Una de las dificultades y obstáculos más grandes que tiene la clase obrera y los trabajadores ante los reclamos de mejores condiciones de trabajo, salario y ocupación son los jefes sindicales de las Centrales Obreras. En épocas pasadas ante cierta estabilidad del capitalismo, se logró sin muchos problemas una relativa paz social, parecía que los métodos de la clase trabajadora de las asambleas de bases, la movilización, la ocupación de fábricas y la huelga general, o la lucha por remover la dirección conciliadora de los sindicatos no resultaban necesarios ya que por uno u otro canal o camino se lograban los reclamos. Debemos recordar la crisis mundial capitalista que tuvo como resolución en el estallido de la Segunda Guerra Mundial y que empujó a una política económica en Argentina y otros países de sustitución de las importaciones, favoreciendo no solo una concentración obrera sino de la mano de esta sustitución de importaciones la conquista de una serie de reivindicaciones.

En países como la Argentina esta paz relativa, nunca resultó muy duradera, el desarrollo del capitalismo atrasado argentino forjó a una clase dominante estrechamente ligada en un primer momento al capitalismo inglés y más luego al imperialismo yanqui, dejando como resultado a una burguesía raquítica que desde su nacimiento expresó su debilidad.

Por el contrario, para la clase obrera implicó desde sus inicios el fortalecimiento como clase y estuvo ligada desde sus orígenes a las grandes inmigraciones, fundamentalmente desde Europa.

Ya señalamos en otros materiales la composición de la clase obrera a finales del siglo XIX y comienzos del siglo XX, la importancia de las inmigraciones en la constitución de un fuerte y concentrado proletariado en el país, recibiendo no solo trabajadores y obreros de Europa, sino que, con ellos, arribaron diferentes corrientes ideológicas.

La riqueza de aquellos años de luchas fue enorme y encontraron en las primeras y últimas inmigraciones a anarquistas y socialistas, jugando un papel fundamental en las luchas y en la organización de la clase.

Aseverando esta imposibilidad de una paz social prolongada en la historia del país, lo que convoca a esta nota es que en la actualidad no atravesamos una situación en la cual se pueda hablar de una relativa paz social, nos hallamos ante una época de crisis estructural del capitalismo que comenzó con las hipotecas basura en 2008, replicándose con la quiebra de los estados nacionales en 2010.

En la actualidad luego de haber pasado una década en que el capitalismo inyectó billones de euros y dólares en el sistema, lejos de encontramos mejor y potenciado por el COVID-19 estamos ante la degradación del empleo y de la vida.

Ante esta realidad, si no nos encontramos en una lucha generalizada por parte de los trabajadores y trabajadoras ante la miseria y la desvalorización de la vida y el empleo, se debe entre otras cosas, a la irrupción de la pandemia del COVID-19 y el confinamiento social. Y si no hubiera estallado la calamidad de la epidemia, resulta muy probable que habría expresiones de lucha empujadas por las bases sindicales.

Lógicamente esto no se presentaría en términos puros ya que los jefes sindicales de las centrales sindicales inclusive los llamados gordos mantienen aún, una cierta prédica ante las bases. Pero la lucha de clases arrasa con todo producto de la crisis y el horror sin fin que representa el capitalismo; que; en última instancia posibilitará en un futuro no tan lejano, el surgimiento de una genuina alternativa política revolucionaria que tenga una expresión en las organizaciones de masas.

Los dirigentes sindicales o los gordos de la CGT, representan aún, una mediación que resulta un escollo para el surgimiento de una corriente o tendencia con independencia de clase en el seno de la clase obrera. En el mismo sentido podemos señalar a la Corriente Federal de Trabajadores de la CGT que se encuentra alineada a Fernández & Fernández.

Tanto unos como otros encuentran un lugar en común, la defensa de la gobernabilidad y el salvataje de las instituciones del sistema capitalista.

¿En qué contexto nos encontramos?

“El comercio internacional de América Latina y el Caribe tendrá una pronunciada caída de 23% en 2020, más de la anotada durante la crisis financiera de 2009 -cuando disminuyó 21%- como consecuencia de los efectos económicos derivados de la pandemia del coronavirus (COVID-19), informó hoy la CEPAL en un nuevo informe.” “Se proyecta que el valor de las exportaciones regionales se contraería -23% este año y el de las importaciones -25%, cifra también superior al -24% anotado durante la crisis financiera de 2008-2009.” “La disminución se da en un contexto global en el cual el comercio mundial acumula una caída de 17% en volumen entre enero y mayo de 2020. América Latina y el Caribe es la región en desarrollo más afectada por esta coyuntura y estará marcada principalmente por los retrocesos en los envíos de manufacturas, minería y combustibles.” “El desplome del turismo (-50%) arrastrará a las exportaciones de servicios, especialmente del Caribe, mientras que el comercio intrarregional mostrará también una fuerte contracción de -23,9%, especialmente de manufacturas. capacidades industriales y una reprimarización de la canasta exportadora de la región, advierte el informe.” (CEPAL Informe del 6 de agosto)

Este breve informe, ilustra el momento político, económico y social en que se encuentra argentina y la región. Las consecuencias saltan a la vista en cuanto a la desocupación, la degradación laboral y pérdida del poder adquisitivo de la inmensa mayoría de los trabajadores y de la clase obrera.

“Ese aumento sin precedentes en la tasa de desocupación regional implica un récord histórico de 41 millones de desempleados, lo cual va a repercutir sobre la estabilidad económica y social de nuestros países”, explicó el Director de la Oficina de la OIT para América Latina y el Caribe, Vinícius PinEl análisis destaca que el más reciente pronóstico del Banco Mundial estima una caída en el crecimiento económico de -7,2% lo cual llevaría la tasa de desocupación hasta 12,3%, mientras que si se consideran los últimos datos del FMI de una contracción de -9,4% los niveles de desempleo llegarían hasta 13%.” (ElPaís.cr 19 de agosto de 2020)“El total de afectados por algún tipo de ataque a sus condiciones de vida desde el inicio del Aislamiento Social Preventivo Obligatorio hasta el día 16 de agosto es de 5.507.972 trabajadores. De este total, 750.541 son trabajadores que fueron despedidos y 1.806.996 fueron suspendidos (de los cuales 1.740.859 también percibieron reducción en el salario); mientras que 2.950.435 sufrieron ataques al salario en sus distintas dimensiones.”  (Observatorio Despidos durante la Pandemia 16 de agosto 2020)

Los jefes sindicales de las centrales obreras

“El capitalismo monopolista no se basa en la competencia ni en la iniciativa privada libre, sino en el control centralizado. Las camarillas capitalistas que están a la cabeza de los poderosos trusts, carteles, consorcios financieros, etcétera, ven la vida económica desde las mismas alturas en que lo hace el poder estatal; y para cada paso que dan requieren la colaboración de este último. A su vez, los sindicatos en las ramas más importantes de la industria, se encuentran desprovistos de la posibilidad de aprovecharse de la competencia entre las diferentes empresas. Se ven obligados a enfrentarse a un adversario capitalista centralizado e íntimamente ligado con el poder del estado. De aquí surge la necesidad de los sindicatos a adaptarse al Estado capitalista y a competir por su cooperación, en tanto permanecen en posiciones reformistas, es decir en posiciones de adaptación a la propiedad privada. A los ojos de la burocracia del movimiento sindical la tarea principal reside en «liberar» al Estado de la influencia del capitalismo, en debilitar su dependencia de los trusts y en atraerlo a su lado.
Esta posición está en completa armonía con la posición social de la aristocracia y de las burocracias obreras, que luchan por una migaja en la repartición de los superbeneficios del capitalismo imperialista.” (León Trotsky. Los sindicatos en épocas del imperialismo México 1940)

Dejemos descansar a las estadísticas y vayamos a los planteos que nos proponen los dirigentes de las centrales obreras de argentina.

El comportamiento de los líderes de ambas centrales sindicales ha sido la de acompañar al gobierno de Fernández & Fernández en la crisis que atraviesa al país y la región. En la época anterior, en el gobierno de Mauricio Macri, en general jugaron un papel de colaboradores, conciliando intereses de los grandes patronos con los intereses de los obreros y trabajadores. Frenando todo tipo de lucha, apelando a las instancias de los Ministerios de Trabajo. Abdicando al trabajo por la base, renunciando a los métodos de lucha de nuestra clase, poniendo paños de agua fría para descomprimir la agudización de conflictos por trabajo y mejoras salariales que recorrió los años del macrismo.

La burguesía tiene plena conciencia del valor de los sindicatos si su dirección les resulta hostil a sus intereses levantando en alto los intereses de los de abajo, y por el contrario si les son afín a sus tácticas y ganancias valoran sus servicios con creces, incluso de aquellos que aparecen con un discurso un tanto más radicalizado. La burguesía y su Estado ha inficionado a través de múltiples vasos comunicantes a las organizaciones de tercer grado, en última instancia las ha incorporado al Estado capitalista en la década del 40, y una de sus herramientas ha sido las obras sociales sindicales.

Así es como los jefes sindicales gordos y flacos, dialoguistas y “combativos” se habitúan a sus cómodos sillones por años, pierden el ambiente de las fábricas y de la presión que sufren los obreros, el de los ritmos de trabajo en la producción y en la presión de las oficinas en las empresas. Se sientan en sus confortables sillones definiendo la vida de cientos de miles de trabajadoras y trabajadores, lejos de las coerciones de jefes y capataces, que hacen cumplir los ritmos laborales a condición de ser sancionados si estos no son cumplidos, los famosos objetivos empresariales.

Colaboran, como es la actualidad, con los grandes patronos por la crisis capitalista que atraviesa el país, entonces, los jefes sindicales, el Estado a través de sus Ministerios y empresarios resultan una triada que intentan poner en caja a la clase obrera y la juventud, eso en tanto no se “violente” la bendita propiedad privada de los medios de producción por la resistencia obrera, ya que en ese caso entran a jugar las fuerzas del “orden”.

Las críticas de los seguidores de Fernández & Fernández a los Jefes sindicales de los sindicatos de más peso, es que no cuentan con un programa claro de la CGT, entonces de los gordos corren tras los empresarios.

Estos dirigentes Hugo Yasky, Sergio Palazzo y los Moyano son los que señalan que los gordos van detrás de Asociación Empresaria Argentina AEA, integrada por la flor y nata, lo más selecto del empresariado: Carlos Blaquier (Ledesma); Alejandro Bulgheroni (Bridas Corporation); Eduardo Costantini; (Consultatio); Marcos Galperín(Mercado Libre); Martín Migoya(Globant) y Luis Perez Companc (Grupo Perez Companc). Teófilo Lacroze,CEO de Raizen; Martín Brandi, presidente de Petroquímica Comodoro Rivadavia; Daniel Herrero,presidente y CEO de Toyota; Sergio Kaufman, presidente de Accenture; Mariano Bosch, CEO y Cofundador de AdecoAgro; y Alec Oxenford, presidente de Letgo & OLX.  El empresariado argentino tiene la suerte de ser escoltado por los gordos sindicales de la CGT.

El sector sindical alineado con Alberto Fernández le reclama un programa a los gordos cegetistas y con el mismo en la mano, bregan por la unidad de las centrales obreras, programa en tanto seguridad social, empleo, salario y vivienda, algo por cierto que compartimos con este sector, dado que la central obrera más importante y de peso del país debe dotarse de un programa que exprese los intereses históricos de la clase obrera y sectores populares y en este camino recoja las reivindicaciones más sentidas de los de abajo. Este es el único programa posible ya que los demás es una utopía reaccionaria, con el absurdo del Plan Marshall criollo o el Plan de Desarrollo Humano Integral, para repoblar la Argentina.

El camino de unidad en base a un programa debe señalar entre otras cosas los métodos de la clase para obtener estas conquistas. Los sindicalistas de la Corriente Federal de Trabajadores de la CGT, junto a Hugo Yasky, Roberto Braradel y los Moyano, justifican su actitud pasiva ante la crisis económica y social, sosteniendo que este es el mejor gobierno -Fernández & Fernández- en el actual contexto político y social, el mejor que puede resultar beneficioso para los de bajo. Llama a risa las líneas escritas por Victorio Paulón en la publicación del “Cohete a la Luna” del 23 de agosto, dando cuenta de un encuentro virtual de los dirigentes sindicales, ¡pero dejemos que hablen!

“El diputado Hugo Yasky (CTA de los Trabajadores), Daniel Yofra (Federación de Aceiteros), Héctor Amichetti (Gráficos y representante de la Corriente Federal de los Trabajadores CGT) y Pablo Moyano (Camioneros CGT) arengaron a los huelguistas brindándoles su apoyo y comprometiéndose a acompañarlos hasta lograr el triunfo. Yasky ofreció todo el apoyo a la huelga en nombre de la CTA y se comprometió a formar junto a Moyano y Amichetti un fondo de huelga solidario para sostener el conflicto”, haciendo referencia al piquete de los obreros ante la Algodonera Avellaneda que enfrentan ante el no pago de los salarios desde hace mes y medio. Pareciera que nunca es nunca para desplegar una huelga general para derrotar las políticas anti obreras ante la ofensiva de los grandes empresarios contra los trabajadores y trabajadoras.

En cambio para los revolucionarios los sindicatos y las organizaciones de masas son el ámbito donde se debe trabajar desde una óptica revolucionaria, “El Segundo Congreso de la Internacional Comunista definió que los Partidos Comunistas en lo que respecta a los sindicatos, “los comunistas deben ingresar en ellos para convertirlos en formaciones de combate contra el capitalismo y escuelas de comunistas”. La salida de los comunistas de los sindicatos tendría como resultado que las masas quedasen en manos de los jefes oportunistas que colaboran con la burguesía. Fueron adoptadas otras resoluciones sobre el problema de los consejos obreros y de los consejos de fábrica, sobre el parlamentarismo, sobre la cuestión agraria y colonial.” (Los cuatro Primeros Congresos de la Internacional Comunista)

Entendemos que la clase obrera argentina parte de enormes experiencias en la lucha de clases, mostró innumerables veces la capacidad revolucionaria ante su enemigo, la burguesía, la oligarquía financiera, los terratenientes y sus representantes políticos.

Las experiencias de lucha de las primeras décadas del siglo XX, enfrentando a la mal llamada revolución libertadora que masacró a cientos de obreros y encontró una resistencia con las huelgas en el ’55, ‘56 y ‘57, la lucha ante el Onganiato, el Cordobazo y Rosariazo y los demás azos que se fueron dando en el país, los programas de La Falda y Huerta Grande, la CGT de los Argentinos y las coordinadoras clasistas del ‘70 y ’71, demuestra la combatividad revolucionaria de la clase obrera.

De manera instintiva los trabajadores van girando a posiciones más radicalizadas en tanto su experiencia diaria y en defensa del empleo y demás reivindicaciones. En momentos de profunda crisis capitalista, debemos poner de relieve que la única clase moderna de la sociedad, la única capaz de llevar adelante una lucha consecuente contra los capitalistas y su estado, son los trabajadores.

Los trabajadores necesitamos un partido que represente nuestros intereses de clase. Los jefes sindicales por uno u otro motivo van a la rastra de opciones policlasistas que intentan conciliar lo irreconciliable. Los gordos de la CGT se venden al mejor postor, los jefes de las distintas variantes de la CTA han renunciado a la independencia política y a uno de los principios fundamentales y consigna histórica de la Central “Independencia de los partidos políticos, del Estado y de los patrones” a la vez que ya han demostrado su incapacidad para dotar a la clase de un partido en 2009.

La incorporación de los sindicatos al Estado significo ahogar la democracia al interior de los mismos y sujetar a estos, a través de sus dirigentes, a la institucionalidad burguesa. La tarea de poner en pie un Partido de Trabajadores esta en las manos de las organizaciones de primer y segundo grado como las juntas internas y los cuerpos de delegados, en los sindicatos clasistas y combativos.

Necesitamos un partido propio que arranque a la influencia burguesa de la conciliación entre las clases en el interior del movimiento obrero. La situación política que se abre en el país y el mundo requiere una sacudida radical de los sindicatos existentes

Es un hecho que, tras más de 100 años de movimiento obrero organizado en la Argentina, la clase obrera no pudo crear un partido propio de masas. De eso se trata.

Debemos levantar las banderas por:

¡Por la unidad de los trabajadores ocupados y desocupados!
¡Desconocimiento de los acuerdos arribados con los acreedores externos cuya totalidad es ilegítima, fraudulenta, ilegal o basada en la usura!
¡Reestatización sin compensación de todas las empresas privatizadas, bajo control obrero!
¡Establecer el monopolio estatal del comercio exterior!
¡Estatización sin compensación, y bajo control de los trabajadores, de todas las empresas que cierren o despidan trabajadores!
¡Por un plan de obras públicas que atienda las necesidades de vivienda e infraestructura y así dar trabajo a los desocupados!
¡Nacionalización de los grandes depósitos y estatización de la Banca, monopolios, multinacionales y latifundios bajo el control de los trabajadores y sin compensación, para así planificar los recursos productivos en beneficio de la mayoría de la sociedad!
¡Ningún pacto social gobierno-Centrales Obreras para frenar la lucha por el salario, los despidos y el empleo digno!
¡Salario promedio equivalente al costo de la canasta familiar!
¡Asambleas con el debido cuidado por el COVID-19 en empresas, fábricas, escuelas, universidades que defina democráticamente un plan de lucha!
¡Reparto de las horas de trabajo sin afectar el salario, para así acabar con la desocupación. Por el cumplimiento efectivo e inmediato de la jornada laboral máxima de 8hs y su reducción progresiva a 6hs!
¡No al empleo precario. Efectivización inmediata de los trabajadores contratados y «en negro»!
¡No a la discriminación de la mujer trabajadora. A igual trabajo, igual salario! ¡Derecho al aborto seguro, legal y gratuito en el hospital!
¡Escala móvil precios-salarios. Indexación de los salarios con los precios de acuerdo a la inflación!
¡Jubilación con el 100% del salario!
¡Por las libertades democráticas, no a la judicialización de la protesta. Desprocesamiento y liberación de todos los luchadores populares encausados o presos. Libertad a Milagro Sala y Luis D’Elia, libertad a Sebastián Romero. Juicio y castigo a los responsables de los asesinatos de Luciano Arruga, Rafael Nahuel, Santiago Maldonado y la desaparición de Facundo Castro ¿Dónde está Julio López?
¡Por un gobierno de trabajadores!