Naturaleza en llamas

Parece que nada detiene algunas prácticas asociadas a la agroindustria de tipo extractivista, la insaciable ambición de ganancia por el monocultivo sojero empuja a la ganadería a nuevas tierras a cualquier precio y sin importar los límites que la misma naturaleza impone. Organizaciones ambientalistas y académicas denunciaron que siguen su curso tanto los desmontes en cuatro provincias del norte del país (Salta, Chaco, Formosa y Santiago del Estero) como la quema de pastizales en Córdoba y en el Alto Delta y Medio Delta del río Paraná a la altura del centro y sur de Santa Fe y Entre Ríos y norte de Buenos Aires.

A pesar de que cada vez es más evidente que la destrucción de los sistemas naturales afecta de forma directa y nociva a los seres humanos, y aunque existan normas que prohíben tanto la deforestación como los incendios en zona de islas, los sectores agroindustriales y los llamados desarrollistas, insisten una y otra vez en avanzar en este tipo de procesos de destrucción de los ecosistemas que nos proveen, entre otras cosas, aire limpio y biodiversidad.

Quema en el delta.

La zona del delta del río Paraná se encuentra llena de focos de incendios, es un extenso territorio de unos 2 millones de hectáreas. Se calcula que, solo en 2020, se quemó la sexta parte de todo el sector, siendo un verdadero desastre ecológico.

Ya en años pasados se advertían incendios en los humedales que resultan indispensables para la preservación del ecosistema y la vida humana. “El río Paraná y sus islas forman parte del Sistema de Humedales Paraguay-Paraná –el corredor de humedales más importante del mundo–, que se extiende desde el Pantanal de Mato Grosso (Brasil) hasta el Río de la Plata (Argentina y Uruguay). Sus últimos 300 kilómetros constituyen el Delta, eco región de Argentina que ganó visibilidad en los medios de comunicación nacionales y extranjeros durante 2008, cuando una serie de incendios de una magnitud y una duración sin precedentes arrasaron gran parte de su territorio y provocaron, además de la destrucción de biodiversidad, la pérdida de vidas humanas. Millones de personas dependemos de su vitalidad y de los numerosos beneficios esenciales que nos brindan; entre ellos, el de proveernos de agua dulce.” (Taller de Ecología)

Cuando hablamos del delta del Paraná, nos referimos a una zona llana: el 80 % de la vegetación se compone por hierbas, y solo un 4 % es de bosques nativos. Asimismo, estos humedales tienen al menos 700 especies de plantas, más de 50 tipos de mamíferos, 260 de aves, 300 tipos de peces, 30 clases de reptiles y una incontable variedad de invertebrados. Es un gran ecosistema, que los capitalistas ponen en peligro. «Los animales tienen graves afecciones, no solamente se queman pastizales, también flora y bosques de albardón. Esto genera contaminación en el agua, porque las cenizas caen, y le pega a la fauna ictícola [peces]»,  relató Matías de Bueno, director del Observatorio Ambiental de la Universidad Nacional de Rosario (UNR). A su vez, «está faltando el 75 % del río, con lo cual, hay menos cursos de agua, que serían un corta fuegos natural y hoy no está funcionando» y las mediciones de la contaminación del aire “nos da cinco o seis veces por encima de lo permitido».

Los expertos destacan que, de forma controlada, las prácticas de quemas podrían ser beneficiosas para promover una variedad de respuestas de la vegetación e incluso de biodiversidad. No obstante, realizar quemas en un contexto de sequía y bajante extraordinaria del río Paraná, con múltiples focos simultáneos en toda la región, sin planificación ni control, implica un riesgo de devastación de los ecosistemas.

Con una “inocencia” inaceptable, Raúl Morist, dueño de 400 hectáreas en la zona del conflicto, dice que «me acusan de quemarlo, cosa que jamás hice, ni tengo interés de arruinar la naturaleza”, «sin ninguna duda, el fuego es producido por el hombre». Pero acota: «Quién lo hace, no lo sé; ni los ganaderos, ni los propietarios de los campos, ni los que viven en la isla, serían capaces de prender fuego en esta temporada, porque les quitan alimento a sus animales». Desde su punto de vista, «si lo hacen ahora, queda solamente ceniza». En cambio, «si lo hacen al inicio de la primavera, el rebrote viene enseguida».  A su vez, coincide con que, aunque puedan producirse incendios accidentales, «por algún asado», u otros intencionales por parte de «cazadores furtivos», ello «no alcanza para explicar los miles de focos». Y concluye: «Se quema sin parar desde febrero, todos los días. Un propietario lo haría solo en temporada. Esto no es de una o dos personas, es un grupo muy grande que está quemando en todo el delta».

Así como las acusaciones y críticas cruzan el caudal del rio también lo hace el humo que puede tener implicancias en el organismo, algo que los pobladores en el recorrido del Paraná ya saben.

La complejidad es mayor si consideramos que la pandemia avanza en Argentina, y el coronavirus puede atacar las vías respiratorias. La subsecretaria de Salud Pública de la Municipalidad de Rosario, Silvia Marmiroli, dijo estar “muy preocupada, hasta las personas sanas pueden enfermarse». «El humo produce algunos efectos inmediatos, como tos, dificultad respiratoria, ardor en los ojos, irritación en la garganta y goteo nasal», “broncoespasmo, dolor de pecho, de cabeza y cansancio», enumeró.

La situación de las quemas implica aumentar los cuidados sobre adultos mayores, embarazadas, niños pequeños y personas con problemas de salud previos, sobre todo aquellos que tienen asma, enfermedades pulmonares crónicas o cardíacas. En efecto, la exposición prolongada a la toxicidad puede aumentar los riesgos de infecciones respiratorias y empeorar enfermedades del corazón.

Se moviliza en defensa de los humedales

La Multisectorial por los Humedales comenta que «todas las semanas estamos con marchas y actividades, reclamando el fin de los incendios en las islas». Uno de los pedidos principales es la sanción «inmediata» de una ley nacional que proteja estos espacios naturales, mientras siguen los largos debates legislativos. No hay tiempo que perder e intentan llamar la atención como se pueda.

Los ambientalistas señalan que las quemas tienen que ver con el agro negocio en su máxima expresión, el poder concentrado, y especulaciones inmobiliarias, con ideas de construir barrios en el delta.

Arden las sierras cordobesas.

El Gobierno de Córdoba declaró zona de desastre agropecuario a los sectores afectados por los incendios que afectan desde hace más de una semana a distintas localidades del noroeste provincial. Si bien se puso a disposición de todos los recursos necesarios para abordar la situación por la que atraviesan los productores y pobladores cuyas propiedades resultaron arrasadas por el fuego, resulta totalmente insuficientes. Se deja correr el fuego como en innumerables ocasiones.

Los fuegos no se detienen. Y los culpables, no aparecen. La situación climatológica complica el trabajo de los bomberos. En los sectores afectados por los incendios hay alta temperatura, baja humedad y vientos con ráfagas. El combate contra el fuego es sin descanso en Ischilín y el norte del Valle de Punilla.

Gabriel Fuks, secretario de Articulación Federal y máxima autoridad de Protección Civil de la Nación, dijo que “la capacidad de respuesta nacional está siendo expresada por la intervención del Servicio Nacional de Manejo del Fuego ante la seguidilla de incendios y la sequía que atraviesa una parte del territorio nacional, y en especial la provincia de Córdoba. Respondemos con medios aéreos y, en donde se puede, con brigadistas y coordinadores en el terreno”, la situación es muy complicada debido a la mala visibilidad, las condiciones meteorológicas, el viento y la baja humedad. De hecho, ya fueron evacuadas entre 150 y 200 personas y hay numerosos auto evacuados. En la localidad de Capilla del Monte, en tanto, el fuego afectó a otras siete viviendas, tres aviones hidrantes del Servicio Nacional de Manejo del Fuego y un observador se sumaron a los medios provinciales y al trabajo de unos 150 bomberos de la zona.”

Llama a risa que ante tamaño desastre, tan solo cuatro personas quedaron detenidas en las últimas horas acusadas de encender algunos de los focos.  Ya van más de 14 mil hectáreas quemadas y “no habrá final a menos que llueva y mucho. Ni siquiera la nieve del otro día en Altas Cumbres pudo apagar todos los fuegos. Necesitamos más humedad”, según el brigadista y director de Defensa Civil Diego Concha.  Pareciera que solo la naturaleza debe resolver a través de las lluvias que no llegan, lo que ocasionan los empresarios de la soja y los emprendimientos inmobiliarios.

Entre 2001 y 2018, pese a la legislación vigente sobre medioambiente, la provincia perdió 131 mil hectáreas de cobertura arbórea. Río Primero, Río Seco, Ischilín, Roque Sáenz Peña y Unión, representan el 56% de esas pérdidas.

La deforestación en los últimos 100 años, fue uno de los ejes, y el modelo basado en agro químicos intensificó el impacto, tanto en el medio natural que soporta esta producción, como en la salud de la cantidad de poblaciones relacionadas a esos sistemas agropecuarios.

Las zonas al sureste de la provincia comenzaron a tener cada vez más cultivo. Y eso generó una presión sobre el área norte de la provincia. Los sectores ganaderos se fueron moviendo hacia el norte, y esos corrimientos de las fronteras agropecuarias, como se suele llamar, generó una presión sobre esa zona. Desde Río primero hacia el norte hubo grandes deforestaciones.

Los incendios vienen como anillo al dedo para seguir con las pingües ganancias y no importa nada, ni la naturaleza, ni las plantas, ni árboles ni los ríos y pobladores. “No es como nos quiere vender el gobierno de Córdoba, que es un señor endemoniado con una caja de fósforos prendiendo incendios porque es un piro maníaco desquiciado. No es así. Quiero desterrar esa idea que nos quiere vender el gobierno provincial. No es un señor que fue al rally y dejó el fuego prendido. No es la señora que barrió hojas y de repente se le fue el fuego. ¿Eso sucede? Sí, sucede. Pero no en la mayoría de los casos, eso es un muy bajo porcentaje. Los incendios son intencionales y lo digo con todas las letras. Son incendios intencionales, incendios provocados en su gran mayoría”, según el fotógrafo y naturalista especializado en aves Guillermo Galliano, en un programa de Radio Nacional Córdoba. Galliano es presidente de la Fundación Mil Aves, «si hacemos un análisis exhaustivo y una indagación seria, un trabajo periodístico a los jefes de los bomberos provinciales y se saca información de dónde fue cada incendio, en el 2004 acá, en el 2005… y se va haciendo un mapa de esos incendios –digo de un caso concreto: camino a Falda del Carmen, Falda del Cañete, ahí había bosque nativo, con toda la biodiversidad que ahí habita-, veamos qué hay ahora: todos countries, barrios cerrados. Y hagamos un análisis posterior: ¿cuántos incendios consecutivos hubo en ese lugar antes? Iban semana de por medio los bomberos ahí y me lo contaron los mismos bomberos. Y ahora son todos barrios cerrados”, “es una de las tantas artimañas alternativas que tiene el gobierno (provincial) y sus socios desarrollistas para eliminar lo que tanto pregonamos que es nuestro bosque nativo”.

Desde hace dos décadas, las sierras cordobesas arden desde agosto hasta que llegan las lluvias. El viento zonda que llega desde el norte seco, más los pastizales, son la causa natural. Pero el “efecto lupa” que pueda darse en algunos casos, no justifica la inmensa cantidad de hectáreas calcinadas durante todos estos años. La pregunta del millón es cuándo y quiénes en la justicia se harán cargo de investigar de oficio este ecocidio que se retroalimenta año tras año. La respuesta es obvia, no es el Parlamento Provincial ni la justicia de los de arriba que van a dar una respuesta para parar el ecocidio que se está dando en Córdoba y el país.

Desmonte en el norte.

La cuarentena tampoco detuvo los desmontes en el norte argentino, la región que más padece esta práctica en los últimos años. El último monitoreo de deforestación realizado a través de la comparación de imágenes satelitales reveló que entre el 15 y el 31 de marzo se desmontaron 2.172 hectáreas, lo que equivale a la pérdida de 128 hectáreas por día.

Según monitoreodesmonte.com.ar entre enero y agosto de este año se desmontaron  en las provincias de Salta, Santiago del Estero, Formosa y Chaco un total de 60.188 hectáreas. El 35% de la deforestación fue hecha en bosques nativos. El 80% de la deforestación se concentra en cuatro provincias del norte: Santiago del Estero, Salta, Formosa y Chaco. Las principales causas de la pérdida de bosques son el avance de la frontera agropecuaria (soja transgénica y ganadería intensiva)

Necesitamos tomar en nuestras manos la defensa de la naturaleza, la vida, la salud y el empleo

Resulta redundante seguir mostrando las diferentes opiniones de ambientalistas y brigadistas en lo que respecta a las quemas y a la depredación ambiental.

Todos concluyen en lo mismo, el avance inmobiliario, como también el ensanchamiento de la frontera sojera, la deforestación, el monocultivo sojero y el agotamiento de la tierra, la contaminación de nuestros ríos. Confluyen además en señalar la inoperancia del Estado en sus diferentes niveles.

Debemos ir a fondo con el balance sobre las políticas públicas para preservar el medio ambiente. Mientras se votan leyes nacionales para “frenar” la deforestación, luego es negada por leyes provinciales o municipales ya que queda en manos de los parlamentos de cada región las excepciones.

No se puede confiar en los que dicen ser nuestros representantes políticos ya que, de una manera u otra, el arco político termina cediendo a los empresarios de la madera, agro ganaderos y sojeros.

Debemos avanzar en el camino de tomar el destino no solo de la preservación de la naturaleza, sino de una relación armoniosa con la misma. Avanzar además en preservar nuestras vidas, el pleno empleo y la salud.

Llamamos a los trabajadores y trabajadoras, al conjunto de la juventud que quiere una nueva realidad a auto organizarse en las asambleas.

El Norte argentino como así la resolución de los incendios en Córdoba y los humedales, su defensa recae en nuestras manos.

¡Para que viva la gente, y la naturaleza, el capitalismo debe morir!