Se disolvió el Movimiento Intersindical Clasista: Un potencial de organización y lucha desperdiciado

La lamentable extinción del Movimiento Intersindical Clasista sumó una falencia final. No existió una instancia donde poder discutir colectivamente un balance de esta experiencia que, desde nuestro punto de vista y pese a sus limitaciones, tuvo numerosos aspectos positivos que dejaron entrever el camino para la autoorganización de la clase obrera argentina.

La lamentable extinción del Movimiento Intersindical Clasista sumó una falencia final. No existió una instancia donde poder discutir colectivamente un balance de esta experiencia que, desde nuestro punto de vista y pese a sus limitaciones, tuvo numerosos aspectos positivos que dejaron entrever el camino para la autoorganización de la clase obrera argentina.

 

Un potencial desperdiciado

El nacimiento del MIC significó el agrupamiento de numerosos compañeros que venían luchando en distintos sectores: telefónicos, ferroviarios, estatales, subte, comercio, docentes, desocupados, etc. Se intentaba crear una alternativa al modelo sindical dominante donde la burocracia expresa los intereses patronales y estatales dentro de nuestras organizaciones de clase. Y a la vez romper con la concepción sectaria que divide a los trabajadores en líneas políticas: coexistían en su seno compañeros de diferentes extracciones ideológicas: marxistas, peronistas de izquierda, incluso anarcosindicalistas, además de gran cantidad de compañeros sin militancia política. 

En el año y medio de funcionamiento, aunque precario, se consiguieron articular algunas propuestas interesantes: listas de oposición en ATE, en CTA y la lista Lila  de CTERA. Y en general se despertó cierta expectativa en cientos de activistas de muchas provincias que vieron en el MIC la posibilidad de romper el aislamiento al que estuvieron sometidos durante una durísima década. Es, sobre todo, a todos estos trabajadores que se referenciaban en el MIC a quienes les debemos una explicación sobre su fracaso.

 

Distintas concepciones dificultaron, paralizaron y, finalmente, terminaron con el MIC. En principio algunos integrantes de la Mesa Provisional, acostumbrados a las maniobras entre dirigentes y con desconfianza hacia las bases, priorizaron su actividad personal en detrimento del desarrollo de la organización independiente y se sumaron a las listas de la burocracia enfrentando a las construcciones donde participaban las bases del MIC. Los casos más notorios fueron los de Claudio Marín de Foetra y Marcos Miño de ATE-Capital. Aunque dificultaron el arranque del MIC en pocos meses fueron perdiendo influencia y dejaron de participar en la Mesa.

 

Otros sectores recayeron en el mencionado sectarismo, priorizando sus propias construcciones y debates internos sobre la construcción común, esquema que se acentuó con la división del MST y la lucha entre las dos  fracciones que resultaron de la misma.

 

Por último, la mayoría de la Mesa, ganada por un cierto pesimismo sobre la situación de la clase obrera, cedió a las distintas presiones y aceptó un funcionamiento irregular basado en acuerdos por arriba entre distintos dirigentes, lo que negaba el debate y la participación por abajo. Se llegó a impedir las votaciones y a abandonar la convocatoria de plenarios sin dar ninguna explicación a las bases. Dejaron de publicarse los periódicos y lentamente se fue abandonando el funcionamiento de talleres de formación y otras actividades, hasta llegar a la actual inexistencia.

Pese a todo, reivindicamos la experiencia del MIC, y creemos que sigue siendo necesaria la construcción de una herramienta sindical basada en la independencia de clase y en la democracia de base, inserta en los sindicatos que son las organizaciones de masas de los trabajadores, donde primero se acercan ante los conflictos laborales cotidianos.

Por qué fracasó el MIC

No compartimos la opinión de algunos compañeros que justifican la desaparición del MIC por la existencia en su seno de posiciones diferentes que hacían imposible la unidad. Para nosotros, el problema no es que hubiera diferencias, que son inevitables y hasta necesarias para elevar el nivel del debate y de la intervención político-sindical, sino que no existía la voluntad por parte de muchos compañeros de la Mesa Nacional de organizar un movimiento amplio y masivo con trabajadores de base ni de someter el MIC al criterio democrático de la mayoría de sus miembros. Es decir, faltaba la madurez política necesaria en dichos compañeros para encarar un proyecto de la naturaleza que representaba el MIC.

Ahora, una parte de la antigua Mesa Nacional donde se ubican, entre otros: Enrique Gandolfo de la CTA de Bahía Blanca, Norberto Señor de ATE-Sur del Gran Buenos Aires, Juan Pablo Casiello de Amsafe-Rosario, Jorge Montero de la Comisión Interna de la Shell de Dock-Sud (Avellaneda), o Luis Angió del Banco Provincia de Buenos Aires, decidieron formar una corriente propia a la que denominaron Corriente Político-Sindical "Rompiendo Cadenas". Nos parece positivo que estos compañeros hayan dado este paso adelante y se mantengan activos en el frente sindical. Aunque no compartimos algunas caracterizaciones pesimistas que hacen sobre la situación del movimiento obrero, que ya defendían dentro del MIC, y que conducen a una suerte de inactividad autocomplaciente, deseamos que la experiencia colectiva y las nuevas condiciones sociales y políticas del país nos vuelvan a reunir de nuevo en un mismo espacio sindical.

Puede ser que grupos sectarios y aislados como PO, PTS o MAS se froten las manos por el fracaso del MIC. Pero esta gente no puede ser tomada en serio. Allá donde tienen la oportunidad, sus tácticas aventureras y su afán por mostrar la "chapa" del partido llevan regularmente a la pérdida de posiciones sindicales y a las mayores derrotas, como hemos visto dolorosamente en el caso de Casinos, FATE, Mafissa o Jabón Federal.

Hoy, frente al frenazo de la recuperación de salarios, el empleo y las condiciones de trabajo y ante los inevitables ajustes por venir, consecuencia de la crisis capitalista, sigue siendo imprescindible la organización independiente y democrática de la clase trabajadora.

Por eso insistimos en el llamamiento a los compañeros que comparten esta necesidad, más allá de las diferencias que puedan tener sobre el balance de lo que fue el MIC, a seguir intentando construir lo que éste no llegó a ser y que concitó la expectativa de cientos de trabajadores y de cuadros sindicales clasistas en todo el país.