Respuestas al problema de la Educación

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Desde la visión de la burguesía, la Autonomía Universitaria resulta una antigualla que debe ser arrojada al basurero de la historia y así sucedió en la década del ‘90. La burguesía reviso el régimen autonomista puesto que su interés, el de los empresarios relacionados con las multinacionales, es tener sus propias universidades que formen superespecialistas a bajo costo y utilizar las universidades públicas como campos de investigación solventados por el Estado para usufructo de los privados.
Cuando se adoptó el régimen de autonomía con referencia al gobierno central, se partía del convencimiento que la educación superior sólo podía ser estatal. La crisis económica estructural exige el achicamiento de costos en el Estado, por lo cual se hace necesario privatizar la educación superior. Es verdad que luego de más de una década de destrucción sistemática de las fuerzas productivas del país y de la privatización de sus empresas públicas y recursos naturales, el nuevo auge económico ha vuelto a restituir los índices de producción al de fines de la década del ’90, teniendo en cuenta la profundidad de la crisis de 2001. Por esto los empresarios necesitan poner en funcionamiento ciertas ramas de la producción luego de 15 años donde arrasaron con todo tipo de industrias. Ahora se quejan de la falta de técnicos, especialistas e ingenieros. De ahí la improvisada reforma de los estudios técnicos y superiores que trata de implementar el actual gobierno para dar satisfacción a estos sectores de la burguesía.
La burguesía busca controlar las universidades y borrar todo tipo de vestigio de autonomía porque ella misma hace tiempo que dejó de jugar un papel progresista en la sociedad. La burguesía del pasado estaba interesada en apartar a los políticos del manejo de las universidades y ponerla a la altura de la ciencia, cuando todavía jugaba un papel progresivo en el desarrollo de las fuerzas productivas y la cultura. La clase obrera debe buscar una alianza con el estudiantado y los docentes progresistas, para transformar de esta manera la Universidad en trinchera antiburguesa.
Señalamos que para sacar a la Universidad y a la Educación en general del estancamiento debemos proyectar la lucha hacia el Socialismo porque de él surgirá la Universidad nueva. El problema no se reduce entonces a recetas pedagógicas, administrativas o a reactivar ciertos aspectos de la educación técnica o superior, posición reformista que sostiene a la sociedad capitalista.
No podemos repetir mecánicamente que la unidad entre teoría y práctica permitirá renovar la educación, por lo tanto la enseñanza universitaria.
Hay que plantear que el socialismo, la revolución socialista, conlleva la sustitución de la gran propiedad privada burguesa de los medios de producción por la propiedad social y colectiva. Así se sentarán las bases para que sea posible la unidad de teoría y práctica, entendida como producción social. La separación de la teoría y la práctica se encuentra en la esencia, en los fundamentos del sistema capitalista. Su unidad supone la superación de este sistema.
El socialismo sentará las bases materiales que harán posibles la unidad de teoría y práctica, basamento de la humanización del hombre, de la nueva educación. Solo así se resolverán los grandes problemas incluidos los educativos.
En las escuelas y la universidad se reemplaza el trabajo manual (la práctica) por su caricatura (pasantías), con algunos laboratorios o prácticas artesanales. De lo que se trata es que los estudiantes trabajen al mismo tiempo, manual e intelectualmente, en la producción social, en todos los sectores de la actividad económica. Esto resulta contrario a la superespecialización, que hoy en día va acabando de destruir la educación.
Existe un sin número de grupos con dos desviaciones. La “ultraizquierdista”, que no se preocupa de formular reivindicaciones inmediatas y pretende llegar de un salto a la nueva educación, la nueva sociedad; y la “reformista”, que olvida la finalidad estratégica. Los marxistas debemos impulsar las reformas ligadas a la finalidad estratégica. La revolución comprende también la reforma.
La crisis de la educación es la crisis de la sociedad burguesa. La crisis educativa mundial se expresa en la pugna de las trasnacionales por imponer la superespecialización a bajo costo.
Actualmente encontramos en las universidades del país una capa numerosa de docentes funcionales a la LES y al gobierno.

Muchos nos hablan de la coexistencia de universidades públicas y privadas y parten de que la sociedad capitalista es eterna y el mejoramiento de la enseñanza tiene que reducirse a fabricar recetas para el mejor rendimiento. La verdadera transformación de la universidad supone la supresión de la enseñanza particular. Se trata de defender la estatización frente a las teorías que hablan del achicamiento del Estado hasta de aquellas que hacen que el Estado se desentienda de la educación básica y superior. Por ello debemos planificar también la educación. Expropiar todas las universidades privadas y organizar el acceso a todas las disciplinas científicas jerarquizando las ramas más necesarias para el desarrollo económico y social del país. La educación debe ser sustentada económicamente por el Estado nacional y dirigida por los estudiantes, docentes y no docentes con voto igualitario y plena autonomía del Estado y los partidos políticos sostenedores del régimen burgués.

 

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