Reflexiones sobre la lucha para la aprobación de la ley de humedales

La primera reflexión importante es que esta lucha por detener la depredación ambiental es un reflejo de la lucha de clases, aunque se intente poner un velo a esta idea, queda expuesta de forma muy clara. Lucha entre dos campos antagónicos en pugna, por un lado, los capitalistas Baggio, Aranda y otros, por otro lado, las organizaciones de la clase obrera, ambientalistas y partidos de la clase trabajadora. Esto es un ejemplo muy poderoso, no solo porque los humedales involucran a millones de trabajadores, aunque no vivan en las costas del Paraná, ya que tienen una influencia directa en sus vidas y en el equilibrio ecológico, sino porque además nos plantea preguntas ¿Qué es más importante? ¿la propiedad privada de un puñado de capitalistas y sus ganancias o la vida de millones de trabajadores y un ecosistema de 5 millones de hectáreas de superficie con 23 humedales de relevancia internacional y su biodiversidad?

El rol de la justicia burguesa es más claro que el agua, a cada paso que da, muestra con total nitidez la defensa de los intereses de los capitalistas. En junio de 2020, el Juzgado Federal N°2 de Paraná, en Entre Ríos, inició una causa contra Rufino Pablo Baggio, uno de los hijos del fundador de la empresa reconocida por comercializar, entre otros productos, los jugos en cajitas. También es dueño de más de 30 mil hectáreas de campo sobre las islas del Delta que, según los registros satelitales, “suelen” prenderse fuego. El propio ministro de Ambiente, Juan Cabandié, le pidió públicamente a la Justicia entrerriana un “disciplinamiento” para el heredero con el objetivo de “desalentar los focos”.

Sinceramente, es una broma de mal gusto, capitalistas como el señor Baggio entre muchos otros, queman millones de hectáreas y solamente se les hace una advertencia. En lugar de esto, deberían ir presos, confiscarles sus propiedades y sus ganancias, para reconstruir todo el daño que hacen.

Tenemos que ser muy claros, el Poder Judicial es un baluarte de la reacción, siempre va a defender de conjunto al sistema capitalista, ya que el entramado judicial está diseñado para que los poderosos tengan garantizados sus privilegios y sus ganancias. El poder judicial y los capitalistas están unidos por mil hilos y esta maraña judicial de relaciones es irreformable, como lo es el propio estado. No es casualidad que los jueces sean vitalicios, que tengan miles de prebendas y favores de todos los otros sectores del Estado y de la clase dominante. Por esto, aunque algunos políticos intenten intervenir, nunca lograrán resultados significativos. Por lo que esta maraña de corrupción y privilegios debe ser rota, destruida para ser reconstruida sobre otra base social que ponga el poder del Estado, al servicio de los trabajadores y demás sectores explotados, y no al servicio de una minoría como sucede hasta ahora, independientemente de quien gobierne. Esta es justamente la función del Estado en el capitalismo: defender la propiedad privada de los ricos, principalmente la propiedad privada de los medios de producción, por sobre los intereses generales de la inmensa mayoría de la población.

Es claro que es la clase trabajadora la que más está soportando el impacto del cambio climático y la depredación ambiental que impone el sistema capitalista.

El parlamento también se ve interpelado. Desde hace muchos años se viene presentando la Ley de Humedales consensuada en la cámara de diputados, sin embargo, nunca se trató el proyecto por lo que perdió estado parlamentario en el 2015. Posteriormente entre 2015 y 2018 se presentaron en total ¡8 proyectos diferentes! todos perdieron estado parlamentario o nunca obtuvieron la aprobación unificada.

Durante 2020, la ola de incendios en Argentina y la reacción de los trabajadores y la juventud organizada impusieron el debate, forzando la actividad parlamentaria para aprobar una Ley de Humedales. Si bien se llegó a un dictamen unificado, finalmente el Poder Ejecutivo excluyó el tratamiento de la ley en la agenda de sesiones extraordinarias del Congreso. Esto ocasionó que el proyecto perdiera estado parlamentario a fines de 2021.

En 2022, se continuó con la lucha. Una nueva ola de incendios forestales, particularmente en Corrientes, Córdoba y Santa Fe, reavivaron el debate a nivel nacional. El diputado Leonardo Grosso presentó en 2022 el mismo proyecto de ley que había sido presentado anteriormente, enfatizando el largo proceso de redacción y consenso que siguió a la propuesta parlamentaria (Proyecto Consensuado, Expediente Nº0075-D-2022).

La realidad concreta es que ese consenso se da porque la ley no avanza en la protección del medioambiente de manera efectiva ya que al introducir un concepto tan amplio de “producción sustentable” da luz verde a la voracidad del capital. Se suma una serie de regulaciones que son fácilmente burladas por los empresarios cuando la preservación de los humedales debería ser establecida de manera total e inapelable.

Además, un aspecto que debemos tomar muy en cuenta es el político, porque los incendios facilitan el desorden y el malestar social.

Aun así, la aprobación de una Ley de Humedales resultaría intolerable para el capital nacional y extranjero ligado al negocio inmobiliario, minero, agro ganadero. Intolerable ya que presiona y una vez más vuelve a dilatar la aprobación de la ley.

Debemos sacar conclusiones sobre esto. La arena parlamentaria no puede ni debe ser el centro de la agitación política ya que no representa un elemento progresivo para la sociedad y demostró, una y otra vez, ser incapaz de transformar la realidad y ser un elemento verdaderamente útil para mejorar la situación de la clase obrera, los estudiantes y el cuidado del medioambiente. No se trata de plantear una posición de antiparlamentarismo sino comprender que no podemos hacer un fetiche del parlamento. Tenemos que desconfiar de las instituciones del Estado y confiar en nuestras propias fuerzas y organización.

Entonces planteamos que estos señores y señoras que se sientan en los cómodos sillones del parlamento, deben sentir la presión y el aliento caluroso de las organizaciones ambientales y de los trabajadores organizados. Solamente podrá ser aprobada una ley superadora si cientos de miles salimos a la calle e imponemos su aprobación a través de la organización y la movilización. Mientras mantenemos la presión a los parlamentarios debemos estar en la calle agitando y propagandizando nuestras ideas. Y estas ideas no deben ser temerosas, tienen que plantear soluciones claras. A los trabajadores no les interesan las ideas timoratas o rebuscadas. La claridad es superior a la confusión. Por esto nuestra propuesta, nuestro programa tiene que avanzar hacia la expropiación sin indemnización de los humedales para poder construir futuras reservas naturales, que estén controladas y supervisadas por las organizaciones ambientalistas y de la clase obrera, donde los recursos presupuestarios de cualquier ley que se apruebe, sean controlados y administrados por las organizaciones ambientales de base y demás organizaciones científicas y de clase que luchen por iniciar una reconstrucción que restituya la biodiversidad. Está claro que se necesitan medidas urgentes y contundentes.

Los gobiernos provinciales como expresión del capitalismo son corruptos y permeables en favor de los intereses de los capitalistas nacionales o extranjeros. No tienen la voluntad para resolver ningún problema en favor del interés de la clase trabajadora. Lo único que hacen son discursos para desorientar y confundir a los que luchamos. De ellos solamente podemos esperar genuflexión, o complicidad. Exigir simplemente leyes a los políticos y a las empresas no cambiarán nada de fondo. No podemos dejar en sus manos un asunto que es vital para la supervivencia de la especie humana.

En definitiva, del Estado de los capitalistas no se puede esperar nada. Las organizaciones ambientales y partidos políticos debemos luchar sin ambigüedades. Las organizaciones ambientales no deben tener posiciones sectarias hacia los partidos políticos que organizan a un sector de nuestra clase. Tenemos que trabajar en las bases de las organizaciones de masas de los trabajadores/ras para unirlos a nuestra lucha ya que la confluencia con el movimiento obrero es radicalmente necesaria para frenar el camino hacia un desastre climático. Debemos ser suaves en los modos y pacientes para explicar nuestras ideas, pero firmes en nuestros principios. Las tendencias depredadoras, bárbaras e irracionales del capitalismo son irreformables y es por esto que la idea que una ley pueda solucionar todo, es utópica.  Mientras luchamos por la aprobación de una Ley de Humedales, que mitigue el desastre en curso, nos tenemos que ir preparando y organizando para terminar con el padre de todos los males que es el sistema capitalista que está matando al planeta. Ya que son las relaciones de producción capitalistas, que sostienen empresarios, banqueros y terratenientes junto con sus políticos y medios de comunicación, los responsables de la depredación ambiental y no el comportamiento individual de tal o cual empresario.

A los que piensan que luchar por la revolución es utópico les decimos que más utópico es pensar que los trabajadores acepten pasivamente vivir en las actuales condiciones de destrucción socioambiental y además más utópico es pretender reformar lo que no tenemos. Las soluciones dentro de este sistema de producción son parciales, nunca definitivas. Cada ley conquistada en años de lucha puede ser derogada en un instante, es por esto que solamente la organización desde abajo y su lucha tenaz pueden garantizar conquistas duraderas. Tampoco sirve la lucha desorganizada, tenemos que planificar cada paso que damos. Nuestros enemigos tienen todo planificado y cuentan con un ejército de abogados, economistas, contadores asueldo; cuentan con los medios de comunicación hegemónicos, universidades que prestan sus servicios a cambio de “donaciones y la venta de recursos a terceros”, cuentan con los privilegios y amistades de políticos y otros plumíferos, junto con la solidaridad de su clase social, la burguesía.

La única solución real es la revolución socialista donde los trabajadores y trabajadoras gobiernen permitiendo el uso de los recursos del planeta de una manera democrática y en armonía con el medio ambiente. Desde la Corriente Socialista Militante siempre estamos y estaremos militando, colaborando y ayudando a generar debates que pongan a reflexionar y actuar a los miles de luchadores y luchadoras que peleamos para poder conquistar un mundo mejor, un mundo socialista. Tenemos que derrocar urgentemente este sistema. Esa es la única salida a la catástrofe medioambiental a la que nos está arrastrando el capitalismo.

¡Por una coordinadora provincial climática, con encuentros y asambleas hacia un congreso nacional que unifique la lucha anticapitalista en defensa de la naturaleza!

¡Golpeemos como un solo puño por reivindicaciones propias!

Estudiantes y trabajadores: ¡unidos y a luchar!

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