Paro y movilización masiva contra Milei: ¡la clase trabajadora debe ponerse al frente de la lucha!

Más de un millón de personas marcharon en Buenos Aires, Córdoba, Rosario, Santiago del Estero, Mendoza, Neuquén y todas las grandes ciudades de Argentina para rechazar el Decreto de Necesidad y Urgencia (DNU) del nuevo presidente Javier Milei y su Ley Ómnibus, que representan un asalto ultraliberal total a los derechos y condiciones de los trabajadores. Esta es la segunda movilización masiva contra el gobierno de Milei, que lleva menos de 50 días en poder, y la primera Huelga General convocada en cinco años por las grandes centrales obreras del país. Las enormes movilizaciónes proporcionaron una salida para la enorme rabia que se ha acumulado contra este gobierno y demostró una vez más la voluntad de lucha de la clase trabajadora.

En Buenos Aires, un inmenso número de manifestantes bloquearon totalmente las principales vías de la ciudad, la Avenida de Mayo y la Avenida 9 de Julio, así como las calles laterales cercanas. Esta es la segunda vez que el protocolo “anti-piquete” de la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, que pretendía sofocar la protesta bajo el pretexto de mantener el libre tránsito, se mostró como un trozo de papel frente a los acontecimientos. La movilización de las organizaciones obreras de masas fue tan grande que la policía no se atrevió a intervenir con mano dura y se limitó a mantener abiertas las calles secundarias, así como a realizar pequeñas provocaciones en la periferia.

La huelga general de 12 horas fue convocada por la Confederación General del Trabajo (CGT), una de las federaciones de trabajadores más grandes del mundo, y adherida por las dos Centrales de Trabajadores Argentinos (CTA de los Trabajadores y CTA Autónoma). Entre los presentes se encontraban trabajadores estatales sindicalizados, trabajadores de la salud y camioneros; sindicatos combativos liderados por partidos del FIT-U como el SUTNA; organizaciones piqueteras; organizaciones de jubilados; asambleas barriales que se han organizado espontáneamente en el Gran Buenos Aires desde que Milei anunció su DNU; organizaciones sociales vinculadas al peronismo e independientes, la Unión de Trabajadores y Trabajadoras de la Economía Popular (UTEP) y los partidos de la Izquierda.

También estuvieron presentes grupos de curas villeros y una franja de líderes políticos peronistas. Esto es sintomático de las medidas de Milei, que atacan principalmente a la clase trabajadora, pero también perjudican los intereses de gran parte de la pequeña burguesía y algunas ramas significativas de la industria productiva a favor de los monopolios más grandes, las industrias extractivas y el imperialismo.

Milei dinamitando su base de apoyo

Milei con su DNU, habiendo sacado lecciones del fracaso de Macri en la aplicación gradual de las contrarreformas, implementó de golpe una brutal contrarreforma laboral, eliminando el derecho a la huelga efectiva en muchas industrias; aumentando la precariedad laboral y reduciendo los pagos en caso de despido; y eliminando las sanciones contra las empresas que incumplen las regulaciones laborales. Al mismo tiempo, preparó el escenario para la privatización de las empresas estatales más importantes (Aerolíneas Argentinas, Correo Argentino y los canales de medios estatales, Trenes Argentinos, Agua y Saneamientos Argentinos, la generación de electricidad nuclear e importantes rutas de navegación en el río Paraná); ataca la producción de medicamentos genéricos en laboratorios estatales; abre la minería en los glaciares; abre el mercado nacional a las importaciones, socavando la industria nacional; y mantiene las retenciones sobre los bienes exportados.

Con su Ley Ómnibus, Milei busca que el Congreso le otorgue poderes bonapartistas para gobernar sin la aprobación del poder legislativo e implementar su “mandato democrático” sin oposición.

Estas medidas están dinamitando su propia base social, que tiene un gran componente de trabajadores pobres, ocupados y desocupados, que vieron agravada su situación por los últimos cuatro años del gobierno peronista de Alberto Fernández manejando la crisis capitalista, y votaron por un cambio. Pero lejos de detener la inflación y entregar a los trabajadores salarios en dólares, Milei ha desencadenado una inflación desenfrenada de los precios de todos los bienes básicos y ha mantenido los salarios estancados. Muchos trabajadores y jubilados que votaron por él, solo para ver caer drásticamente sus condiciones de vida, se unirán a la oposición a su gobierno.

A la luz del ataque total a la clase trabajadora y otras capas de la sociedad, los corruptos jefes sindicales de la CGT, en coordinación con los diputados peronistas en el congreso, se vieron obligados a tomar algunas medidas para evitar que el movimiento creciera fuera de su control. Esto es lo que representa la medida parcial de una huelga de 12 horas, sin un plan de lucha después del 24. Los líderes políticos peronistas, habiendo aprendido algo del movimiento revolucionario de 2001, están tratando desesperadamente de cooptar, a través de “multisectoriales”, las asambleas vecinales espontáneas que han aparecido en el último mes. Buscan así clausurar cualquier iniciativa que surja con independencia de clase.

La huelga fue convocada por el aparato sindical sin ser precedida por asambleas en fábricas y lugares de trabajo para dar voz a las demandas básicas de los trabajadores, y sin el uso de los métodos tradicionales de la clase trabajadora, como piquetes y ocupaciones. Los sindicatos de trabajadores del subte y los colectivos vergonzosamente mantuvieron todos los servicios de transporte en la ciudad funcionando hasta las 19 horas, en lugar de sumarse al paro y sólo brindar transporte para la concentración y desconcentración de los participantes en la marcha. Los burócratas sindicales no hablaron de establecer piquetes en las entradas de la ciudad para cerrar el transporte y la actividad económica en general. Esto hizo que muchos lugares de trabajo permanecieran abiertos e imposibilitó la participación de trabajadores en negro, precarizados y no sindicalizados.

Además, los líderes sindicales solo vieron la movilización como una mera forma de presionar a los políticos peronistas y otros en el Congreso para que no votaran por las medidas de Milei, en lugar de como parte de un plan de lucha creciente para usar el poder de la clase trabajadora para derrotar a Milei. Esta fue la línea principal de los discursos de los líderes de la CGT en Buenos Aires, que estaban suplicando, casi rogando a los parlamentarios peronistas que votaran en contra de los proyectos de ley. Ese mismo día se conoció la ruptura de 3 diputados tucumanos del peronismo dispuestos votar a favor de la Ley Ómnibus.

A pesar de la naturaleza parcial de la movilización, el poder de la clase trabajadora se sintió rotundamente en todo el país. Después de no poder realizar una votación en el Congreso sobre las medidas antes de la huelga, como quería el oficialismo, la votación se ha aplazado hasta martes de la próxima semana para permitir que la situación se calme. El mismo día de la huelga, una jueza del Trabajo dictaminó que es inconstitucional aplicar sin aprobación en el Congreso una serie de medidas del DNU de Milei. Esto incluyó las restricciones al derecho de huelga y las medidas que trataban de retención de cuotas sindicales, la negociación colectiva y el derecho a realizar asambleas en los lugares de trabajo.

Cómo derrotar los ataques de Milei

Los funcionarios y dirigentes peronistas hablan de una “derrota cultural” y un “giro a la derecha” en la sociedad para explicar por qué la gente no votó a ellos mismos en las últimas elecciones, pero esta movilización masiva muestra que eso es pura tontería. En realidad, lo que fracasó fueron sus políticas reformistas y de colaboración de clases que aplicaron durante los últimos 12 años de estancamiento económico. Todos los sectores de la burguesía argentina solo pueden intentar resolver la crisis capitalista descargando sus efectos sobre los hombros de la clase trabajadora y los pobres, mientras capitulan ante el imperialismo y continúan pagando la deuda externa usuraria e ilegítima. La única manera de poner fin a la profunda crisis social y económica en Argentina es tomar los principales pilares de la economía bajo el control de los trabajadores en un plan socialista de producción.

La clase obrera demostró su voluntad de luchar y dio una muestra de su poder para poner de cabeza toda la situación política.

Para detener el programa de austeridad de Milei y derrotar a su gobierno ultrarreaccionario, la clase trabajadora debe ponerse al frente de la lucha, con independencia de clase de todos los partidos capitalistas y su estado. Asambleas en fábricas, lugares de trabajo, escuelas y barrios deben ser impulsadas y coordinadas a nivel municipal, regional y nacional para construir una perspectiva del poder político de los trabajadores y golpear como un solo puño. Se deben emplear todos los métodos tradicionales de la clase trabajadora, como las ocupaciones y la democracia directa en las asambleas de base. Solo con estos métodos podemos asegurarnos de tener los métodos correctos.

Ante la constante degradación de la clase obrera y el hambre generalizado, no tenemos tiempo que perder.

¡Expulsemos a la burocracia de nuestros sindicatos!

¡Ninguna confianza en el Congreso y la Justicia para detener los ataques de Milei!

¡Luchemos por el poder obrero!

¡Por un gobierno de los trabajadores!


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