A un mes del Primero de Mayo: balance y perspectiva. ¿Para dónde va la clase obrera?

“Hay una guerra de clases, de acuerdo, pero es mi clase, la clase rica, la que está haciendo la guerra, y la estamos ganando.” (Warren buffett)

Lo dijo en una entrevista de 2006 para el diario The New York Times.

|Veinte años después, los acontecimientos mundiales parecen darle la razón, aunque no en el sentido que él imaginaba. La ofensiva de la clase dominante contra las conquistas históricas de los trabajadores, el deterioro de las condiciones de vida, las guerras, la inestabilidad política y la creciente polarización social son expresiones de una crisis cada vez más profunda del sistema capitalista. La tendencia a la revolución, la contrarrevolución y la guerra que observamos a escala internacional también encuentra su reflejo en Argentina.

La crisis del sistema capitalista mundial es también la crisis del capitalismo argentino y del régimen político sobre el que se sostiene. Bajo la presión de una crisis que se prolonga desde hace años, las instituciones de la democracia burguesa se erosionan, cada vez más, ante los ojos de amplios sectores de la clase trabajadora.

La justicia burguesa aparece profundamente agrietada y resquebrajada. Lo mismo ocurre con el parlamento. Cada vez más trabajadores perciben que muchos de los debates parlamentarios y de las votaciones responden a acuerdos previamente establecidos. Los obreros no son niños y no pueden ser engañados indefinidamente; el carácter del circo parlamentario se vuelve cada vez más evidente para amplios sectores de los laburantes.

Los partidos tradicionales atraviesan una crisis profunda. Aquellas organizaciones que en otro tiempo fueron poderosas fuerzas políticas con una importante influencia sobre amplios sectores de la sociedad hoy padecen un desgaste prolongado. La UCR, golpeada desde la crisis de 2001, nunca logró recuperar el peso político que tuvo durante gran parte del siglo XX. El movimiento peronista, mientras tanto, aparece enfrascado en disputas de candidaturas en un momento en que amplios sectores populares están preocupados por cuestiones mucho más urgentes: cómo poner un plato de comida en la mesa familiar o cómo afrontar el costo de los medicamentos.

Los políticos de los partidos burgueses parecen cada vez más alejados de esas preocupaciones cotidianas. Un fenómeno similar afecta a la burocracia sindical. Cualquier jubilado puede recordar los grandes paros generales de la CGT durante las décadas del sesenta, setenta e incluso ochenta. Aun desde una mirada crítica, aquellos dirigentes ejercían una influencia considerable sobre el movimiento obrero. En la actualidad, las direcciones sindicales conservan importantes estructuras organizativas, pero su capacidad para orientar, contener y representar políticamente a amplios sectores de trabajadores aparece cada vez más debilitada.

Desde esta perspectiva, el conjunto del régimen político muestra signos cada vez más evidentes de agotamiento. Las instituciones de la democracia burguesa se encuentran fuertemente erosionadas y la tendencia, lejos de revertirse, apunta a una profundización de sus contradicciones bajo el peso de la crisis capitalista.

El 8 de junio de 2025, en el documento aprobado por el Congreso Mundial de la Internacional Comunista Revolucionaria, señalamos una idea importante: 

El auge de los demagogos antisistema es un indicio de esta erosión de la legitimidad de la democracia burguesa y sus instituciones. En el pasado, cuando un gobierno de derecha se desacreditaba, era sustituido por un gobierno «de izquierda» socialdemócrata, y cuando este se desacreditaba, era sustituido por un gobierno conservador. Eso ya no es un proceso automático”.

Más adelante, el documento agrega:

En su lugar, se producen violentos giros hacia la izquierda y hacia la derecha, que los medios de comunicación caracterizan como el crecimiento del «extremismo político». Pero el fortalecimiento de los extremos en la política no es más que una forma de expresar el proceso de polarización social y política, que a su vez es un reflejo de la agudización de la lucha de clases. El colapso resultante del centro político es lo que llena de terror a la clase dominante. Desean detenerlo por todos los medios a su alcance, pero son incapaces de hacerlo”. 

Los actos realizados alrededor del Primero de Mayo permiten observar cómo las tendencias generales que atraviesan la sociedad argentina se expresan en el movimiento obrero y en la izquierda. Este Primero de Mayo nos parece importante realizar un balance lo más profundo posible, porque distintas tendencias políticas, sindicales y sociales se manifestaron con claridad. El acto convocado por la CGT, el acto del FIT-U en Plaza de Mayo y el acto organizado por el PTS en Ferro reflejaron distintas respuestas frente a una misma realidad. Analizar estos acontecimientos puede ayudarnos a comprender mejor las tendencias que atraviesan actualmente a la clase trabajadora argentina y las perspectivas que se abren para el próximo período.

El acto de la CGT

El acto convocado por la CGT el 30 de mayo reflejó una de las principales contradicciones del movimiento obrero argentino. Por un lado, volvió a poner de manifiesto la enorme fuerza potencial de las organizaciones sindicales y el peso que conserva la principal central obrera del país. Por otro, expuso los límites de una dirección que, pese a sus discursos combativos, ha sido incapaz de organizar una lucha consecuente contra las políticas de ajuste, precarización y reforma impulsadas por el gobierno de Milei.

La consigna elegida fue “El trabajo es con derechos o es esclavo”. Los oradores fueron los tres triunviros de la Confederación General del Trabajo. Octavio Argüello, ligado al sector del transporte y supuestamente representante del ala más “combativa” de la central, al menos así lo presenta el periodismo aunque a alguno se le escape una carcajada, tuvo dificultades para dirigirse a la audiencia. Aun así, dejó algunas frases estridentes. Por ejemplo, planteó que había que “profundizar los conflictos” y aseguró que iban a “defender cada derecho conquistado”. Sin embargo, más allá de los discursos, la realidad es que la dirección de la CGT viene actuando sistemáticamente en contra de los intereses de la clase obrera en cada uno de los conflictos laborales, ya sea por acción o por omisión.

La apelación al papa Francisco fue una constante durante toda la jornada. Inclusive, Jorge Sola recordó que al gobierno de Milei le realizaron cuatro paros generales y quince movilizaciones. Lo que no dijo es que esas medidas estuvieron orientadas fundamentalmente a descomprimir la furia creciente de la clase obrera frente al ajuste, mientras la dirección de la CGT evitaba desarrollar un verdadero plan de lucha capaz de derrotar las políticas del gobierno. En lo que sí podemos coincidir con Cristian Gerónimo es en que la CGT sigue siendo la central sindical más poderosa de la Argentina. Pero si es tan poderosa, ¿por qué no ha logrado frenar ninguna de las principales contrarreformas impulsadas por Milei? ¿No será que sus dirigentes están más preocupados por conciliar con el gobierno y las patronales que por derrotarlos?

Los trabajadores, la clase obrera organizada en estos gremios, tienen por delante la tarea de derrotar a estas direcciones gremiales traidoras, reconstruir direcciones sindicales que respondan a los trabajadores de base e impulsar formas de autoorganización asamblearia allí donde no existan posibilidades de organización gremial independiente. En otros casos, ambas tareas deberán combinarse. Cuando la clase obrera se ponga en movimiento, se va a sacar como a un mosquito de encima a esta gente indeseable.

El acto del FITU en plaza de mayo

Desde nuestro punto de vista fue un acto interesante. Tuvo una importante convocatoria, aunque esta estuvo fuertemente vinculada al aparato de las tres organizaciones que integran el Frente de Izquierda Unidad: el Partido Obrero, Izquierda Socialista y el MST. Recordemos que el PTS, encabezado por Myriam Bregman, decidió realizar su propio acto en Ferro.

Entre los oradores habló el dirigente del MST, Bodart. Cargó contra el gobierno y remarcó la debilidad creciente de Milei y su camarilla. Dijo, según frase textual, que “ningún partido del FIT-U por sí solo puede llevar al triunfo a la clase obrera”. Una afirmación que apuntaba claramente contra Myriam Bregman y compañía. La crisis dentro del Frente de Izquierda es muy profunda y todo indica que tiende a acentuarse.

También habló Solano, dirigente del PO, quien realizó varias declaraciones polémicas. Sostuvo que “los radicales son agentes del sionismo” y afirmó que “lo del PTS es un grave error”, calificándolo además como un conjunto de “excusas para una protección electoral”. Asimismo, señaló que la dirección del PO propuso una “Asamblea Nacional común del FIT-U”.

A nuestro entender, esta consigna de una Asamblea Nacional común de todo el FIT-U se parece más a una maniobra dilatoria que a una propuesta seria para encontrar una salida a la crisis que atraviesa el frente. Los problemas que hoy tiene el FIT-U no se explican simplemente por diferencias organizativas o electorales. Detrás de esta crisis existen diferencias políticas y estratégicas que se han venido profundizando durante años.

Nosotros siempre hemos planteado con claridad nuestras diferencias políticas con todos los grupos que integran el FIT-U, nunca desde una lógica sectaria ni oportunista. Por el contrario, hemos sido sinceros y concretos al exponer nuestras discrepancias. Incluso las hemos desarrollado en diversos artículos, analizando la posición de cada una de estas organizaciones, por ejemplo frente a la guerra entre Ucrania y Rusia.

En el caso del PO, también hemos expresado en varias oportunidades nuestras diferencias respecto de la consigna de la Asamblea Constituyente, planteada recientemente por Bregman en una entrevista televisiva. Del mismo modo, dedicamos un extenso artículo en respuesta a un texto polémico publicado por Left Voice, organización vinculada al PTS.

Mencionamos estos debates porque las diferencias que hoy atraviesan al FIT-U no son coyunturales ni producto de simples desacuerdos organizativos. Expresan discusiones políticas y estratégicas más profundas que se han venido desarrollando durante años y que hoy afloran cada vez con mayor intensidad.

El acto del PTS en Ferro

Sin lugar a dudas, fue el acto más vibrante de los que anteriormente mencionamos. No estuvo presente solamente el aparato del partido, sino que también hubo una importante concurrencia de independientes, simpatizantes y personas que se acercaron a escuchar a los dirigentes. El estadio de Ferro se mostró colmado, aunque todavía resulta pequeño frente a las aspiraciones políticas que el partido manifiesta.

Entre los oradores estuvieron Bonfante, en representación de la juventud, Nicolás del Caño, Christian Castillo y Myriam Bregman. Del Caño rechazó el bloqueo a Cuba, se solidarizó con las luchas en defensa del ambiente y contra las políticas que afectan los glaciares, planteó la reducción de la jornada laboral a seis horas y, aunque de manera algo esquemática, marcó diferencias con la dirección del Partido Comunista cubano. Finalmente, reivindicó la tendencia internacional que el PTS impulsa.

Las medidas que planteó, aunque correctas, aparecen en un primer momento como reivindicaciones aisladas del método. Cada una de ellas debería ser articulada de manera integral mediante el programa de transición, entendido como el puente entre el programa mínimo y el programa máximo, con el objetivo de construir una estrategia obrera que conduzca a la clase trabajadora a la conquista del poder, primero en el terreno nacional y luego en el internacional.

El discurso más esperado fue el de Myriam Bregman. Allí sostuvo que “a la simpatía hay que organizarla” y planteó la necesidad de construir un “partido de la nueva clase obrera”. Queda por ver cuáles serían las características concretas de ese nuevo partido que proponen impulsar, ya que en otras oportunidades se formularon iniciativas similares que finalmente no llegaron a materializarse. En ese sentido, permanecemos expectantes respecto de los pasos que puedan dar los camaradas.

También llamaron a organizar “la resistencia con un Cordobazo del siglo XXI” y reconocieron que el FIT-U constituye, en gran medida, un frente o una herramienta de carácter predominantemente electoral, dentro del cual existen importantes diferencias políticas entre las cuatro organizaciones que lo integran.

Pase lo que pase con el FIT-U, en este momento no está cumpliendo el objetivo de aglutinar a la mayor parte de la vanguardia política y, mucho menos, a las amplias masas obreras. Es cierto que se trata, fundamentalmente, de una herramienta electoral, pero los trabajadores argentinos necesitamos construir un verdadero partido comunista revolucionario, una organización genuina capaz de intervenir en la lucha de clases con una estrategia comunista.

Si el PTS se diera seriamente a esa tarea, con métodos democráticos inspirados en la tradición del marxismo y en un auténtico centralismo democrático, donde la militancia encuentre un ámbito de debate fraterno, de elaboración colectiva y de formación política, y donde pueda desarrollarse una verdadera educación marxista, seguramente nuestros caminos podrían encontrarse.

¿Qué perspectivas se abren para la clase obrera argentina?

Los tres actos que hemos analizado reflejan tendencias distintas dentro del movimiento obrero y la izquierda argentina. La burocracia sindical conserva importantes estructuras, pero pierde autoridad. El FIT-U atraviesa una crisis política cada vez más profunda. El PTS expresa un fenómeno más dinámico, aunque todavía lejos de transformarse en una herramienta capaz de ganar a sectores amplios de la clase trabajadora. En conjunto, estos procesos muestran que la crisis de dirección sigue siendo uno de los problemas centrales del movimiento obrero argentino.

Los marxistas no tenemos una bola de cristal para saber con exactitud cuándo va a estallar la ira y la bronca acumuladas, pero sí podemos afirmar que esas contradicciones tienden a expresarse en acontecimientos concretos. El proceso molecular de la revolución se acelera y, en ese marco, la construcción del partido revolucionario se coloca a la orden del día.

Las condiciones objetivas se profundizan: el desempleo crece, aumenta la precarización laboral, el acceso a la vivienda propia se vuelve casi imposible para las familias trabajadoras e, incluso, sostener un alquiler resulta cada vez más difícil.

Como señalaba Lenin, «sin teoría revolucionaria no puede haber movimiento revolucionario», y para los marxistas esa teoría es el marxismo. Sobre la base de las ideas, la organización y la experiencia histórica acumulada por la clase trabajadora, la tarea consiste en transformar la crisis del sistema capitalista en una fuerza política consciente, capaz de intervenir en la realidad y luchar por una transformación social de conjunto.

La historia ha demostrado que ninguna clase dominante renuncia voluntariamente a sus privilegios. Cada conquista social, laboral y democrática fue el resultado de la lucha y la organización revolucionaria. Por eso, frente a quienes sostienen que no existe alternativa al orden establecido, los marxistas afirmamos que las contradicciones del capitalismo engendran las condiciones para su propia superación.

Sin embargo, las condiciones objetivas por sí solas no alcanzan. La experiencia histórica también enseña que la ausencia de una dirección política revolucionaria puede llevar a que grandes procesos de movilización sean desviados, derrotados o absorbidos por el propio sistema. De allí la importancia estratégica de construir una organización capaz de intervenir en cada conflicto, unificar las luchas y ofrecer una perspectiva de transformación social.

La tarea del presente es fortalecer los espacios de organización en los lugares de trabajo, estudio y en cada barrio, impulsando la unidad de los trabajadores y los sectores populares frente a las políticas de ajuste y precarización. La lucha por las reivindicaciones inmediatas debe vincularse con la perspectiva de una transformación comunista de la realidad.

Si algo muestran los acontecimientos que hemos analizado es que la crisis del capitalismo continúa profundizándose, mientras las viejas direcciones políticas y sindicales son cada vez menos capaces de ofrecer una salida. La construcción de una organización revolucionaria arraigada en la clase trabajadora sigue siendo, hoy más que nunca, una tarea urgente para todos aquellos que aspiran a transformar la sociedad de raíz. La crisis de dirección continúa siendo el principal obstáculo para que la enorme fuerza potencial de la clase obrera pueda expresarse plenamente. Resolver esa contradicción es, en última instancia, la tarea estratégica de nuestro tiempo. Desde la Organización Comunista Militante y la Internacional Comunista Revolucionaria ponemos todas nuestras fuerzas al servicio de esa tarea.

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