“Occidente” un retoño de “oriente”

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La rama histórica que nos lleva al capitalismo

La oposición “cultura occidental” vs “cultura oriental” representa un cliché académico con el que se intenta demostrar, la mayoría de las veces, una gran profundidad donde existe un colosal vacío o, peor aún, un contenido reaccionario1. Generalmente se entiende por cultura occidental un conjunto de valores democráticos, racionales, individualistas, heredados de la Grecia antigua -que se remontan, quizá, más atrás con los fenicios.

Dado que estos valores corresponden con la sociedad contemporánea, se desprende la conclusión de que los griegos debieron ser especialmente inteligentes en comparación con los pueblos del despotismo oriental y que nuestra “felicidad” se la debemos al gran idealismo de los griegos, a grandes valores que serán retomados durante el Renacimiento y la Ilustración. Las guerras imperialistas de nuestra era serían cruzadas de progreso en contra de la barbarie. Frecuentemente estos conceptos se utilizan para dividir a los explotados de los países “centrales” con respecto a los explotados de los países coloniales o “periféricos”. Esta teoría reaccionaria muestra el desastre al que nos lleva el idealismo filosófico aplicado al estudio de la historia.

Sin embargo esta falsa oposición oculta el hecho de que “occidente” es resultado de la ruta histórica  que, comenzando con la democracia esclavista de la antigüedad, nos lleva al capitalismo. Sostendremos la idea de que esta ruta, “cultura occidental”, comenzaría como una suerte de “retoño bastardo” que brotaría en los márgenes de las primeras civilizaciones antiguas “orientales”, un retoño inicialmente marginal.

Así, si los conceptos de “cultura occidental” y “cultura oriental” han de tener alguna utilidad para el estudio de la historia antigua, debe ser en referencia a modos de producción que trascurrieron por vías paralelas –aunque inicialmente vinculadas- y que confluyeron a partir del dominio del capitalismo a nivel mundial.

Actualmente esta oposición, aplicada al presente, se vuelve reaccionaria en la medida en que el capitalismo ha subsumido al mundo entero en su lógica y a partir del momento en que los explotados de los países “orientales” –de los países islámicos, por ejemplo- tienen todo en común con los explotados de los países occidentales –con un trabajador cristiano norteamericano, por ejemplo- y nada en común con los “faraones orientales” y los empresarios “despóticos” que los gobiernan y someten.

Si los griegos desarrollaron valores como la “democracia” –esclavista, no olvidemos nunca- no se debió a su mayor inteligencia, sino a un conjunto de condiciones históricas concretas entre las que se encuentran su vinculación cultural con civilizaciones orientales más antiguas. Si la ideología de nuestra era retomó los valores de los antiguos griegos, no se debió a que éstos valores por sí mismos sean más sagrados o elevados –en comparación a los valores morales de los egipcios- sino que la “cacareada” democracia de nuestros días es una que se basa en el capitalismo y en un comercio mundial que tiene ciertas repercusiones subjetivas equiparables, hasta cierto punto, a las que generaba el comercio griego y su vida política.

La historia no es un árbol de una sola rama

Si uno observara, sin conocer la historia, a la pequeña franja territorial donde se desarrolló la civilización fenicia  hace unos 3,500 años, sería imposible sospechar que de ese brote de la historia –donde por primera vez el comercio fue una actividad dominante- surgiría una rama que se orientaría al capitalismo.

Hasta entonces y miles de años antes, las primeras grandes civilizaciones –como la mesopotámica, la egipcia, la china, las culturas mesoamericanas, los Incas- fueron sociedades tributarias en donde la esclavitud no fue un factor determinante y donde el comercio tuvo poco desarrollo

¿Cómo y por qué surgió la rama de la historia que se conoce como cultura occidental?, ¿Existe algún vínculo entre las sociedades tributarias y el esclavismo antiguo?, ¿Por qué la diferenciación social que daría origen al pueblo ateniense no originó otra sociedad tributaria como la egipcia? 

Tradicionalmente el marxismo considera que la sucesión de modos de producción es lineal y va del comunismo primitivo directamente al esclavismo. Sin embargo veremos que ésta es una visión mecánica que no explica el lugar que ocupan las primeras civilizaciones no esclavistas, civilizaciones que fueron descritas por Marx –a través de su estudio de la India-. El materialismo histórico de Marx nos permite comprender que la historia no es lineal y que la caricatura mecánica del marxismo –expresada en los manuales stalinistas- no corresponde con un análisis marxista serio.

La existencia de un tipo de sociedad que no se orienta al modo de producción capitalista, el modo de producción asiático, es una muestra fascinante de que la historia no es una línea recta y de que “el árbol de la historia” tiene más de una rama. Este es un árbol que se bifurca, se vuelve a unir, se estanca, se quiebra y crece de manera repentina por vías insospechadas.

Con todo y la divergencia histórica, creemos que las grandes civilizaciones esclavistas de la antigüedad –los fenicios, los griegos y, por añadidura, los romanos- hubieran sido imposibles sin la conexión con las grandes civilizaciones tributarias primigenias, es decir, creemos que la rama histórica que desemboca en la “cultura occidental” -más precisamente, en el capitalismo- no hubiera nacido nunca sin los inmensos logros culturales de lo que Marx llamó Modo de producción asiático y sin el vinculo comercial con éste.

Si bien la rama que nos lleva al capitalismo no surge orgánicamente del despotismo tributario –que es otra rama del desarrollo histórico- entre estas dos ramas existe un enlace y retroalimentación, un especie de enlace “nutricional”. Trataremos de dilucidar esa conexión que aunque no es orgánica –como sí lo es el enlace que lleva del feudalismo al capitalismo- no deja de ser indispensable para entender el origen de la “cultura occidental”.

Sobre el modo de producción asiático

Engels, en su libro El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado, explicó el surgimiento del Estado en aquellas sociedades cuyo desarrollo creó el cauce histórico que nos lleva al capitalismo. Por ello en su libro no retoma el tipo de sociedades tributarias, como la India y la China, que Marx denominó “Modo de producción asiático”. Incluso comete el error de considerar al pueblo mexica como un pueblo en la etapa superior de la barbarie cuando es claro que se trataba de una civilización tributaria que ya había superado el estado tribal.

Sin embargo, podemos y debemos complementar la visión de Engels con las aportaciones indispensables que “oriente” dio a “occidente”, sobre todo para explicar por qué las tribus que darían origen a la antigua civilización griega no originaron civilizaciones tributarias –como las anteriores- sino una sociedad que por primera vez se basaría en la contradicción clasista amo-esclavo.

En el modo de producción tributario (o “despotismo asiático”) el Estado, como un todo, se erige como gran terrateniente expoliando a las comunidades aldeanas por medio del tributo en trabajo o en especie. En estas sociedades la propiedad privada de la tierra, en sentido general, no existe o no es la forma dominante de propiedad. Las comunidades aldeanas siguen conservando la propiedad colectiva de la tierra pero éstas son explotadas por el Estado y una casta privilegiada, cuya existencia se justifica porque se encarga de organizar a las dispersas comunidades en la realización de obras públicas tales como canales de riego, centros ceremoniales, etc.

Por su relación con los medios de producción, no es correcto considerar a los tlatoanis o faraones clases sociales, en tanto no son dueños privados de los medios de producción fundamentales –la tierra-, sino castas privilegiadas que por medio su posición dentro de la jerarquía estatal se apropian del trabajo ajeno. En este sentido, entre el despotismo oriental y la burocracia stalinista hay notables puntos de contacto en tanto ambas capas privilegiadas no pueden ser consideradas clases sociales en el sentido marxista del término.

Parece ser que el Modo de producción asiático o tributario fue un callejón histórico. El lento desarrollo de sus fuerzas productivas no estaba en proporción con su gran riqueza cultural. Es verdad que podemos encontrar en su seno una lenta evolución de las técnicas productivas e incluso bosquejos de nuevas relaciones de propiedad –por ejemplo el progreso de la “tala y quema” de los olmecas, a las “chinampas” de los toltecas y mexicas, e incluso formas de relación feudal y esclavista que nunca fueron dominantes- pero estos cambios cuantitativos no llegaron al punto de dar un salto decisivo de cualidad; por ello la “Muralla china” como la ciudadela mesoamericana, además de lo sucedido en la India, sólo dejaron su lugar a otro modo de producción por medio de la acción disolvente del capitalismo.

Apenas a principios del siglo XX vimos la caída de la Dinastía Manchú derrocada por la Revolución China de 1911. En las sociedades tributarias la base comunista de producción no contiene, al menos no de forma decisiva, a alguna clase social que fuera portadora de algún otro modo de producción que pudiera sustituir al anterior. Por ello vemos que estas sociedades están caracterizadas por colapsos repentinos o golpes dinásticos que no dan lugar a sociedades cualitativamente diferentes y donde el desarrollo histórico, desde el punto de vista de las fuerzas productivas, es tan lento –midiéndose en cientos y miles de años- que se parece más al estancamiento.

No obstante, la civilización fenicia, que aportó a la cultura occidental el alfabeto y la moneda metálica (en realidad una aportación Lidia), no hubiera sido viable sin su conexión cultural con la civilización egipcia y persa –sociedades tributarias-; mientras que, la civilización griega -considerada cuna de la cultura occidental- no hubiera surgido sin el legado de la cultura minóica y micénica, ambas, al parecer, civilizaciones tributarias y, por otra parte, sin el comercio con Egipto y con el oriente.

Nuestra civilización es un brote marginal de “oriente”

Es verdad que ni los fenicios ni los griegos surgieron de las contradicciones inherentes al modo de producción tributario, pero muchos de los pilares y tendencias que explican el surgimiento del modo de producción esclavista se encuentran en el “despotismo oriental” o, al menos, encuentran su impulso en éste. Los pueblos semíticos que poblaron el valle del Canaán y fundaron las primeras colonias comerciales de las que surgirían los fenicios eran pueblos periféricos de la civilización egipcia, pueblos que absorbieron su cultura y parte de su legado, gracias a ello pudieron comerciar con el oriente –con los egipcios y persas- y aprovechar la escritura jeroglífica para desarrollar el alfabeto e introducir el acero en la producción.

Si bien, al parecer, los fenicios tenían muchas características propias del despotismo tributario –en tanto cada ciudad estaba dirigida por un rey teocrático que organizaba el comercio y la tributación-se desarrollaron como pueblos netamente comerciales puesto que el infértil suelo fenicio y su agreste paisaje (surcado por montañas) no facilitaba otra actividad –además de la explotación maderera- y, sobre todo, constituía, a la región del Canaán, en un “embudo” donde se cruzaban las rutas comerciales que iban de Egipto a Mesopotamia (Imperio Persa) y se conectaban con China e incluso la India. Los fenicios aprovecharon esa posición para exportar vino, cerámica, joyas y perfumes a la aristocracia teocrática de los estados vecinos.

Al parecer los fenicios constituyen una formación social despótica o tribal en vías de ser disuelta por el comercio y la existencia de ricos comerciantes. No está claro aún el papel de la esclavitud en esta sociedad, aunque se sabe que capturaban y vendían esclavos provenientes de África (¿La mano de obra principal era esclava o tributaria? ¿El grueso del comercio seguía siendo monopolio estatal o ya estaba en poder de ricos mercaderes privados?) para tener certeza de si -por su base productiva- los fenicios se parecían más a los griegos que a los egipcios.

En el caso de los Griegos la conexión es aún más clara puesto que éstos han sido, con mucho, mejor estudiados: con el ocaso de la cultura Micénica, producto de una serie de invasiones –quizá de  las legendarias tribus dóricas-,  parte de la población se dispersó y fundó pequeñas ciudades comerciales en las costas del Mar Egeo, que después de cientos de años de enfrentamientos (relatados en la obra de Homero), generaron -para las necesidades del comercio y la navegación- las típicas ciudades Estado (como Esparta y Atenas) tan características del esclavismo griego. La supremacía de la democracia esclavista en Atenas se desarrolló a partir de grandes convulsiones, tales como las guerras médicas (que enfrentaron a los despóticos persas contra espartanos y atenienses) y el enfrentamiento con la Esparta aristocrática y terrateniente (Las guerras del Peloponeso). Su desarrollo estuvo cruzado por convulsiones y guerras civiles.

Engels describe los orígenes clánicos y tribales de la civilización griega para explicar la transición de la etapa superior de la barbarie a la civilización, explica cómo el excedente de producción y la riqueza privada que genera, disuelve los lazos comunales propios de los gens y clanes, el comercio jugó un papel fundamental al mezclar a los individuos de distintas gens y al establecer lazos que unían a diferentes pueblos en una sola comunidad, dividida ya no en función de líneas clánicas sino de los bienes o la riqueza privada.

Al análisis clásico de Engels, que conserva todo su valor, hay que añadir la explicación de por qué ese proceso de diferenciación social no desembocó en otra sociedad tributaria, como había sucedido en el surgimiento de todas las civilizaciones anteriores, y sí en una sociedad esclavista. Nos parece que la explicación está en el desarrollo inusitado del comercio combinado con una situación geográfica particular. Engels expone el papel del comercio en la disolución de la sociedad tribal y la acumulación privada de riqueza, aunque no explicita la relación de ese comercio con las civilizaciones tributarias.

En las sociedades tributarias el comercio era, fundamentalmente, monopolio estatal, estaba poco desarrollado y la riqueza era acaparada por la burocracia estatal mientras que, por otra parte, las comunidades seguían viviendo bajo relaciones clánicas o tribales casi idénticas al comunismo primitivo. La novedad con los griegos, especialmente los atenienses, está en la independencia del comercio y la manufactura con respecto al templo, en la generalización de la esclavitud que sustituye al trabajo tributario de las comunidades; todo lo anterior imposible sin un desarrollo comercial de tal magnitud que disolvió totalmente a la estructura clánica y, nos parece, este desarrollo comercial no se hubiera catapultado sin la demanda de cereales de oriente –ya que Grecia era de una pobre producción agrícola que, si bien producía los cereales, viñas y olivos, propios de la agricultura mediterránea,  no se correspondía con la expansión de su desarrollo comercial- y sin la exportación a oriente de cerámica, textiles, manufactura en metales, madera, etc.

Como en el caso fenicio, las condiciones geográficas determinaron que el transporte marítimo fuera más sencillo que el terrestre –con las más de dos mil islas que contiene el mar Egeo el transporte por tierra es inútil-  y determinaron, también, que la pobreza relativa del suelo griego estimulara otras actividades como la minería; ello dio el marco para el desarrollo del comercio y un estímulo para la producción basada en el trabajo esclavo incluso en la manufactura. El legado del hierro –“cortesía” de los sumerios y egipcios- posibilitó que los artesanos griegos se independizaran del templo, del rey y del faraón, creando individuos con un criterio propio y un arraigado sentimiento de individualidad. El comercio y el contacto con otras culturas rompieron los estrechos horizontes aldeanos de los griegos originales. La generalización de la esclavitud en labores productivas –dominante por primera vez en la historia- permitió la creación sin precedentes de una masa de ciudadanos libres que se dedicaron a la política, el arte, la filosofía y la cultura. Con la esclavitud se ensancharon, la división social del trabajo, la riqueza de las relaciones sociales y horizontes intelectuales, creando nuevas clases de artesanos, navegantes y comerciantes.

En Asía menor -el área geográfica de los fenicios y griegos- hubo presencia humana desde hace unos 50 mil años pero ninguno de estos grupos humanos se organizó en algún tipo de esclavismo que antecediera al esclavismo clásico de la antigüedad. Las condiciones geográficas óptimas para el comercio no son nada sin una estructura social que permita un comercio regular y éste no hubiera sido posible sin las grandes civilizaciones antiguas con las cuales fenicios y griegos entraron en relaciones comerciales (como hemos señalado, de Egipto, de otros pueblos y ciudades estado, los griegos importaban trigo, especies y exportaban vinos, aceites, cerámica).

Por otra parte, la existencia de sociedades tributarias no garantiza en sí misma la inevitabilidad del surgimiento del  esclavismo antiguo. Las sociedades tributarias del “nuevo mundo” no alimentaron a algún tipo de modo de producción esclavista. Parece ser que la rama histórica que lleva al capitalismo surgió inicialmente como un accidente o excepción de la historia, fueron las condiciones geográficas particularmente favorables para el comercio y la generalización de la esclavitud, las que posibilitaron el brote de una rama que terminaría por convertirse en el roble que dominará al mundo.

Nuestro alfabeto, un salto “cortesía” de la cultura egipcia

El caso del alfabeto es un buen ejemplo de la conexión cultural entre el despotismo asiático y el esclavismo antiguo. La existencia infinita de palabras en aquellas sociedades imponía limitaciones muy serias al uso de los jeroglíficos (una forma de escritura poco abstracta), la existencia de los dos mil jeroglíficos de la escritura egipcia daba un carácter esotérico a la escritura accesible sólo a la casta dominante. Lo anterior era expresión de un comercio limitado (casi siempre monopolio del estado), una limitada división del trabajo, a una mayoría campesina absorbida en comunidades primitivas obligadas a pagar tributo; a la subordinación total de la manufactura, la artesanía y el pensamiento a la teocracia dominante y al templo; en suma a una sociedad cerrada y con muy poco desarrollo de sus fuerzas productivas. No es casualidad que la mayoría de las civilizaciones de la antigüedad (desde los egipcios hasta los mesoamericanos, pasando por los chinos) utilizaran la escritura jeroglífica o ideográfica.

El gran salto a la abstracción, que hizo posible el surgimiento de la filosofía occidental, hubiera sido imposible sin la generalización del uso del hierro (que aumenta la productividad y tiende a liberar a los artesanos y comerciantes de los Faraones y Tlatoanis), el desarrollo del comercio, la generalización de relaciones sociales esclavistas, el surgimiento de la moneda metálica; los griegos tuvieron la fortuna de ser herederos de civilizaciones como la egipcia, fenicia, lidia, micénica, etc. y contar con una geografía ideal para el comercio marítimo.

El rompimiento de la vida relativamente estática de las sociedades antiguas exigió nuevas formas de escritura más simples, prácticas, veloces, flexibles y abstractas, los fenicios dieron ese gran paso mediante la invención del alfabeto (parece ser que los pueblos semitas de orillas del Mar Rojo y el Mediterráneo inventaron un alfabeto más antiguo que mezclaba letras con glifos).

Se trató de una negación dialéctica de la escritura jeroglífica: la primera letra del alfabeto fenicio, y nuestra letra “a”, proviene del jeroglífico que representa al toro (Alef),  se trata de una simplificación de dicho jeroglífico que ya no representa a la palabra toro sino al sonido inicial del jeroglífico (Alef); la b, del mismo modo, surgió del diseño estilizado del glifo Beth que significaba casa y representa al sonido inicial de la palabra, así surgieron las 22 letras del alfabeto fenicio arcaico. Así, las letras del alfabeto no representan palabras sino sonidos con los que es posible formar cualquier palabra, idea, concepto, etc.

Representa un grado mucho mayor de abstracción que puso a disposición de capas mucho más amplias la posibilidad de la escritura, la cultura y el conocimiento. Los griegos retomaron el alfabeto de los fenicios (creando las vocales inexistentes en el alfabeto fenicio), los etruscos lo retomaron de los griegos conformando el alfabeto latino que se difundió en Occidente a través del Imperio romano. 

Conclusión

Todo lo anterior hubiera sido imposible si las sociedades tributarias no hubieran expulsado o repelido a los semitas y los jónicos de sus imperios –no nos interesa ahora las razones de esa diseminación- a territorios aparentemente inhóspitos en donde era más fácil comerciar que sembrar y si estas tribus presionadas a condiciones adversas no hubieran retomado, en una nueva síntesis en donde se desarrollaron, los elementos que ya estaban presentes en las civilizaciones tributarias: la esclavitud, el acero, la escritura y el comercio.

Como hemos visto, los más de doscientos jeroglíficos egipcios fueron simplificados para uso del comercio, el hierro –que era de uso suntuario- fue utilizado para la acuñación de monedas y para mejores instrumentos artesanales y agrícolas que sustituyeron al frágil cobre e independizaron a los pequeños productores, la  esclavitud –que en no era productiva- fue masivamente utilizada en los campos de olivo, viñas y cereales y en las minas de plata de Laurión. Estos pueblos no hubieran podido comerciar en una escala sin precedentes, que podría haber dado a los griegos del siglo IV a.C. el 50% de su riqueza, sin lo que importaban y exportaban con los egipcios y otros pueblos (pueblos y ciudades de Italia y de la región Cirenaica) como tampoco hubieran podido fundar tantas colonias comerciales –base de las ciudades estado-.

Nuestra tesis no sostiene que el modo de producción esclavista surgiera directamente de las contradicciones inmanentes del modo de producción tributario. Lo que sostenemos es que el esclavismo no hubiera surgido sin que estuviera enlazado por un “cordón umbilical” al despotismo asiático que lo alimentaba por medio del comercio. Este “cordón umbilical” no estaba conectado a una sociedad que se gestara en alguna “matriz” interna propia de las sociedades tributarias, sino era un “cordón” que surgía de éste para alimentar a un producto que se desarrollaba en su exterior.

El dominio de la “cultura occidental”, entendido como el dominio despótico del capitalismo, no se debió a alguna superioridad espiritual, ni los valores democráticos atenienses fueron el resultado de la superioridad de la inteligencia de occidente. En realidad se debió a una excepcional situación geográfica y de relación, comercial y cultural, con  viejas civilizaciones “orientales”, como la egipcia, persa, lidia y micénica, que los griegos pudieron dar el gran salto a un modo de producción netamente clasista (la diferenciación social de los pueblos tributarios era fundamentalmente de castas y no de clases).

El capitalismo se encuentra sumido en un caos y, con él, la cultura occidental está en crisis, ninguna oposición racista e imperialista con un supuesto “oriente” podrá cambiar este hecho. Una nueva síntesis que recupere lo mejor de la cultura universal sólo puede darse derrocando al capitalismo. La oposición de nuestra era no es entre “occidente” vs “oriente” sino entre capital vs trabajo.

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Notas

1. Samuel Huntington sostiene la tesis de una supuesta oposición entre “occidente” y el resto de culturas, sobre todo el Islam.