Nuevo intento de asesinar a Trotsky: las falsificaciones históricas de Robert Service

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trotsky1 thumbRecientemente salió a la luz, en su traducción al castellano, una nueva biografía de Trotsky escrita por el historiador liberal conservador Robert Service: Trotsky, una biografía, Ediciones b, Barcelona, 2010. Según el reporte del periódico londinense Evening Stadard (del 23 de octubre del 2009) cuando el autor presentó su obra en Londres (en Holland Park) presumió de que su biografía significaba el segundo asesinato de Trotsky: “[…] si la piqueta no acabó de hacer el trabajo de matarlo, espero haberlo conseguido yo”.

Más allá de esta tétrica declaración, que dice mucho sobre la calidad y el enfoque del libro, es sabido que el autor material del asesinato fue recompensado por el stalinismo con la “Orden Lenin” y con recursos monetarios abundantes. Por su parte, el intento de asesinar moralmente a Trotsky le valió a Service el premio literario Duff Cooper y 5.000 libras esterlinas, a pesar de que su obra no tiene ningún merito ni de orden literario ni científico. ¡Pero los asesinatos pagados por la clase dominante suelen recompensarse bien!

La biografía hecha por Service retoma las acusaciones hechas desde el campo liberal, acusaciones que son extensivas a todo revolucionario y a toda revolución social. A ellas agrega calumnias, mentiras y distorsiones que sonrojarían probablemente a más de un historiador stalinista. Según Service, Trotsky “se deleitaba con el terror”1. Estas acusaciones contra Trotsky en el contexto de su dirección del Ejército Rojo, durante una cruenta guerra civil, son lo mismo que acusar al ejército de los oprimidos por oponer resistencia a una invasión extranjera e imperialista, argumento que resulta francamente estúpido e indigno de un historiador medianamente serio.

En este ensayo no abordaremos todas las falsificaciones y mentiras de Service –ya que por ser tantas en cada página, se tendría que escribir un libro- sino algunas de las más grotescas o aquéllas que llamaron nuestra atención o que más indignaron. Las biografías de Trotsky hechas por Pierre Broué y Jean-Jacques Marie, el libro de Alan Woods y Ted Grant “Lenin y Trotsky, qué defendieron realmente” son una respuesta más que suficiente a las viejas mentiras servidas nuevamente por Service. Nosotros pondremos en este ensayo nuestro granito de arena. 

 

La verdad es siempre concreta

Es imposible comprender la guerra civil sin situarla en el contexto de la legítima lucha por la supervivencia del primer estado obrero en la historia del mundo (haciendo a un lado la Comuna de París), resulta monstruoso comparar la legítima defensa de una revolución al borde de la muerte con los métodos burocráticos stalinistas, las purgas y el destierro a los Gulags que sufrieron millones de personas. Stalin utilizaba el terror contra los bolcheviques y contra todas las tendencias oposicionistas con el objetivo de liquidar al Partido de Lenin y afianzar el control de una casta burocrática; salvo algunos excesos (propios de toda revolución) los bolcheviques orientaban el terror rojo contra los ejércitos blancos, los imperialistas, los grandes burgueses sediciosos y, sólo en último término, las insurrecciones campesinas que desafiaban al poder obrero (producto de esas insurrecciones los bolcheviques tuvieron que hacer concesiones a los pequeños propietarios con la NEP). Aquél que no entiende la diferencia entre oprimidos y opresores, entre revolucionarios y burócratas no debería escribir sobre revoluciones.

Mientras Trotsky ofrece una explicación teórica profunda del surgimiento del stalinismo y la supresión del bolchevismo (por ejemplo en su obra maestra “La Revolución Traicionada”), Service “explica” el asenso de Stalin por las supuestas virtudes de estrategia de los burócratas y por las supuestas debilidades personales de Trotsky, es decir, por los chismes y maniobras de trastienda: “[…] Stalin le ganó la mano. Trotsky no cayó derrotado por el funcionariado: fue vencido. Le vencieron un hombre y una camarilla que poseían una comprensión superior de la vida pública soviética. La oratoria exquisita y los panfletos bien redactados no bastaban. Trotsky se había quedado anquilosado, enamorado de su propia imagen, la que se había labrado en el año de la revolución. Y eso no le resultó beneficioso en años posteriores.”2 ¡Es así como los genios del liberalismo burgués explican los procesos históricos! Los chismes y el más barato psicologismo en lugar del análisis de la lucha de clases, su dinámica y sus relaciones recíprocas, muestran la bancarrota ideológica de la burguesía.

Service acusa a los bolcheviques de ser los fundadores del stalinismo. Pero la teoría marxista o leninista  no es la causa del stalinismo sino las condiciones materiales de atraso, aislamiento y reflujo en que se pudrió la revolución. El comunismo de guerra, la guerra civil, la atomización y práctica desaparición del proletariado, la muerte de cientos de cuadros políticos, las derrotas de revoluciones como la Alemana (1919), la China (1927) –entre otras revoluciones derrotadas-, el surgimiento de una casta burocrática parasitaria, fueron las condiciones materiales en las cuales la reacción stalinista surgió y se fortaleció. Medidas de excepción, implementadas en vida de Lenin, como la prohibición de la fracciones, la supresión de la libertad de prensa, los métodos de coacción ejercidos contra un campesinado reacio a entregar parte de sus cosechas que se necesitaban para alimentar a la ciudades y al ejército –medidas que, a partir del análisis del contexto, pueden ser debatidas- sirvieron de caldo de cultivo para los métodos burocráticos que caracterizaron al bonapartismo stalinista. Pero el caldo de cultivo no sirve de nada si no existe en él la bacteria para desarrollarse. Aún con esas medidas, que se preveían temporales, la revolución no hubiera degenerado si no hubiera quedado aislada en medio de un espantoso atraso económico y cultural. ¡Eso lo sabían muy bien Lenin y Trotsky y por eso eran internacionalistas!

No obstante si ya con Lenin, y a pesar de Lenin, existía un estado obrero con deformaciones burocráticas lo cierto es que incluso en las terribles condiciones de guerra civil existía un intenso debate democrático al interno del Partido y la internacional (los congresos de la internacional se hacían cada año, lo mismo podemos decir de los congresos del Partido). Toda la preocupación de Lenin, quien era perfectamente consciente del proceso de burocratización (como lo demuestra su lucha final contra Stalin), estaba destinada a romper el aislamiento mediante la revolución internacional. Stalin liquidaría el legado internacionalista, democrático (basado en la confianza ardiente en las masas), en pocas palabras, liquidaría al Partido de Lenin y destruiría las conquistas políticas de la revolución. Pero esto no es algo que le interese a Service puesto que su objetivo es “asesinar” moralmente a Trotsky y a los revolucionarios. Service se burla de la teoría y del internacionalismo marxista considerando que Stalin era un político mucho más realista, con lo que demuestra su pensamiento burocrático, estrecho y conservador, mucho más cercano al stalinismo.

 

Ataques personales en vez de análisis objetivo

Evidentemente Service no tiene obligación de compartir las ideas de su biografiado pero lo reprensible es que no es capaz de realizar una evaluación seria y equilibrada de la vida e ideas de Trotsky ni rebatirlo teóricamente (una lectura de la biografía demuestra que el autor no maneja adecuadamente las tesis e ideas de Trotsky, las que simplifica, falsifica o distorsiona a cada paso), en su lugar, intenta denigrarlo moralmente con ataques e insinuaciones de orden personal (por ejemplo la baja acusación de que trataba mal a su primera esposa y a sus hijos –“como marido trató pésimamente a su primera mujer ”3-, se atreve a culpar a Trotsky de la muerte de sus hijos y familiares –“la mayoría de sus familiares inmediatos encontró la muerte por su causa ”4– o señala que era presuntuoso e irascible –como si las características psicológicas del personaje, ya sean reales o inventadas, fueran centrales para evaluar la trayectoria de este revolucionario-), intenta disminuir la talla teórica de Trotsky sin conocer adecuadamente sus ideas. 

El libro se caracteriza por juicios sumarios y descontextualizados sobre situaciones coyunturales y calumnias recicladas del basurero stalinista, del antisemitismo nazi o tomadas de los prejuicios liberales a los que agrega nuevas calumnias, sobre todo, la inaudita de que Trotsky quiso ocultar su ascendencia judía. Para tal aserto Service no repara en recurrir falsificaciones históricas (le cambia el nombre a Lev Davidovich Bronstein por Leiba Bronstein –al parecer en base a una caricatura antisemita nazi en donde lo nombran Leiba-, lo cual es un vulgar procedimiento para fundamentar el falso antisemitismo de Trotsky quien, supuestamente, se habría deshecho de su antiguo nombre judío), comentarios frívolos y superficiales, distorsiones de las que está plagado su libro. David North, quien ha escrito un libro especialmente para exhibir la deshonestidad intelectual de Service, ha contabilizado al menos 4 docenas de errores y falsificaciones. El empeño por desacreditar la personalidad moral y política de Trotsky es tal que Service no duda en inventarle ideas a Trotsky que no salieron de su pluma: “No tengo la culpa de haber nacido dentro de una piel judía. Los trabajadores me son más queridos que todos los judíos. Y si por el bien de la humanidad se hiciera necesario que alguna de estas partes pereciera, entonces no pondría objeciones que esa parte fuera el pueblo judío en Rusia.” Esta grotesca invención es tanto más monstruosa en tanto fue Trotsky el primer político que alertó sobre el peligro del holocausto nazi para el pueblo judío y en cuanto fueron los bolcheviques, bajo la dirección de Lenin y Trotsky, los que ofrecieron al pueblo judío un territorio (Birobiyan) dentro de las fronteras soviéticas. Adicionalmente la supuesta fuente de Service es una carta sin fecha a Pevel Axelrod, quien al igual que Trotsky era de origen judío, cuya existencia es más que dudosa (David North ha demostrado que Service manipula, completa, mutila y distorsiona las fuentes que cita, particularmente las cartas a Axelrod). La trayectoria política y teórica de Trotsky refuta el embuste absolutamente. 

 

Matones a sueldo

Service no se ahorra bajezas para cumplir su objetivo. Increíblemente, después de todos estos años, sigue dando cierto crédito a los matones a sueldo,  Service siente cierta complicidad moral para con el primer asesino de Trotsky: “El asesino escribió que Trotsky lo había convencido para que consintiera ir a la URSS y llevar a cabo unos asesinatos. Jacson acusaba a Trotsky de haber engañado al gobierno mexicano. Esto era hasta cierto punto verdad, pues Trotsky tenías las esperanzas puestas en una revolución en el país.” Es difícil que Trotsky tuviera alguna esperanza en una revolución socialista en México, los trotskistas mexicanos no superaban la treintena de personas y estaban divididos en tres fracciones, más que esperar la revolución en México lo único que Trotsky esperaba de los trotskistas mexicanos era una orientación correcta y no sectaria frente al gobierno de Lázaro Cárdenas y que se insertaran correctamente en el movimiento de masas. Pero las calumnias estúpidas, tomadas  de los homicidas, se extienden hasta León Sedov, el hijo de Trotsky y su mano derecha, asesinado por los stalinistas en un hospital francés: “Zborowski afirma que Sedov quería que él viajara a Moscú, presumiblemente en una misión para llevar a cabo el asesinato [de Stalin]. Si todo esto era cierto, no tenía nada de extraño que las fuerzas de seguridad soviéticas intensificaran sus esfuerzos para asesinarlo. Incluso si Zborowski se lo hubiera inventado todo, a fin de corroborar la imagen oficial de los trotskistas como terroristas, el impacto en las mentes del Kremlin habría sido el mismo.”7 ¡La victima convertida en victimario y el victimario convertido en víctima! Service se hace el tonto: sabe perfectamente, como lo ha mostrado Pierre Broué, que Mark Zborowski era un agente de la GPU infiltrado en las filas del trotskismo pero toma la grosera calumnia con fría naturalidad. También sabe que si alguien sabía que al stalinismo sólo se le podía oponer la fuerza organizada de los trabajadores y la movilización de masas –nunca el terrorismo individual- era, además de Trotsky, León Sedov, su operador político y amado hijo. Lo más grotesco de la pifia de Service es que sabe perfectamente que cientos de bolcheviques fueron eliminados con acusaciones como ésta. Pero cualquier medio vale para matar a un hombre.

 

Una escuela de falsificación burguesa

Este cínico falsificador se atreve a acusar a Trotsky de ser un falsificador: “Trotsky, el acusador, tenía también algo de delincuente en materia histórica.”8 Isaac Deutcher señaló correctamente que Trotsky era incapaz de falsificar la história ni ocultar documentos para salir beneficiado. La Comisión Dewey, que realizó el contraproceso en México, tuvo acceso irrestricto a todos los archivos y documentos de Trotsky, a los documentos y cartas de la oposición de Izquierdas a nivel internacional y no pudo encontrar la menor  prueba de falsificación en los libros y la biografía de Trotsky. En realidad la única ocasión en que Trotsky se opuso a una nueva publicación de una obra suya fue cuando el Estado soviético planificó la publicación de sus obras y Trotsky no creyó conveniente la impresión de su libro polémico contra Lenin “Nuestras tareas políticas” por considerar que esa polémica estaba superada y su libro caduco, en tanto Lenin había tenido la razón contra él. ¿Cómo esto se puede comparar a la falsificación sistemática y dolosa del stalinismo? Es algo que sólo el falsificador Service puede saber. Service pretende que el haber encontrado en los archivos de Trotsky fragmentos no utilizados en su autobiografía es una prueba de falsificación histórica. Service como escritor sabe que de un borrador no todo se toma para la edición final pero eso está muy lejos de ser prueba de falsificación alguna, también sabe que aquello que se publica, su libro por ejemplo, bien puede ser una burda falsificación. Pero Service no prueba ni con los borradores de Trotsky ni con lo que éste publicó ninguna falsificación. Todo se reduce a insinuaciones dolosas y pérfidas. Incluso la lógica formal echa por tierra las pifias de Service: ¿para qué iba Trotsky a escribir en su borrador algo que, por principio, no quería expresar en su autobiografía o que quería ocultar?

De un hombre que, junto con Lenin, luchó contra el monopolio del arte, contra la intromisión de la burocracia en la creación artística, labor que impulsó tanto como dirigente del Estado Soviético como, ya desterrado, en compañía de Bretón, un revolucionario que escribió:

Si para el desarrollo de las fuerzas productivas  materiales, la revolución se ve obligada a erigir un régimen socialista de planificación centralizada, para la creación intelectual ésta debe, desde el principio, establecer y asegurar un régimen anárquico de libertad individual. Ninguna autoridad, ninguna constricción, ni la más mínima traza de órdenes. Las diversas asociaciones de hombres de ciencia y los grupos colectivos de artistas que trabajarán para resolver tareas que nuca habían sido tan grandiosas, pueden surgir y desarrollar una tarea fecunda solamente sobre la base de una libre amistad creadora, sin la más mínima constricción externa .9

 

Service lanza la calumnia: “[…] en resumidas cuentas, fue Trotsky quien sentó las bases filosóficas para el estalinismo cultural”.10

Nuevamente Service ofrece una ofrenda a la escuela de la falsificación en lo referente a las relaciones de Trotsky con Maiakovsky, en general el capítulo supuestamente dedicado al frente cultural es uno donde Service comete los más grandes atropellos a la verdad histórica. No señala las tesis centrales que se ofrecen en Literatura y revolución, por ejemplo su polémica con respecto al prolekult, pero miente o distorsiona casi en cada línea. Presenta a Trotsky como si hubiera sido un déspota con los artistas pero la realidad fue todo lo contrario. El análisis complejo y contradictorio que Trotsky hace de la obra de Maiakovsky es escamoteado, sus comentarios positivos acerca de su creación son eliminados por Service, como si Trotsky hubiera condenado sumariamente al poeta futurista. Llega al extremo monstruoso de insinuar que Maiakovsky se suicidó por culpa de Trotsky, con lo cual Service se supera así mismo en el arte de la distorsión histórica11.

 

Pornografía en vez de historia

Service dedica un capítulo completo para hablar de las aventuras amorosas de Trotsky –sean éstas reales o presuntas- y sus prácticas sexuales con su compañera Natalia, mientras, en contraste, despacha en medio párrafo, en el capítulo sobre “Trotsky y sus mujeres”, el Manifiesto por un Arte Proletario independiente que escribió con el poeta surrealista André Bretón sin ocuparse por las interesantes tesis contenidas en este brillante escrito. Pareciera como si el biografiado por Service fuera Giacomo Casanova y no un hombre cuya relevancia histórica está en su papel como teórico y como revolucionario. Service no supera el nivel de los periodistas de nota rosa, de chismes y “líos de faldas”.

El texto resulta tan indignante que una serie de historiadores alemanes prestigiosos, encabezados por el Dr. Herman Weber y el Dr. Helmut Dahmer, firmaron una carta dirigida a la casa editorial (Suhrkamp) que en Alemania publicó la traducción del libro de Service para llamar la atención sobre el carácter difamatorio y anticientífico de la obra. Aparte de esta carta (https://wsws.org/en/articles/2011/11/lett-n23.html), una muy buena refutación a algunas de las muchas distorsiones históricas contenidas en este nuevo intento de “asesinato por encargo” se puede leer en “Trotsky en la penumbra” del historiador peruano Gabriel García Higueras, ensayo publicado en La Jornada semanal Num: 859, 21 de agosto de 2011 (http://www.jornada.unam.mx/2011/08/21/sem-gabriel.html). Está, también, el libro de David North In defense of Leon Trotsky que refuta las falsedades vertidas por Service. En lo que respecta a los señalamientos recurrentes sobre el papel de Trotsky en Cronstandt y en la represión de Majno remitimos a nuestro artículo sobre estos temas: http://www.marxist.com/70-anos-asesinato-trotsky-acerca-majno-y-cronstandt.htm

 

Trotsky vive, el capitalismo agoniza

El intento del “sicario” Service por ultimar nuevamente a Trotsky resultaría absurdo si creemos lo que escribe en su prefacio: “En otros tiempos, Trotsky había sido un tema de conversación frecuente, por lo menos fuera de la URSS. [a continuación y de manera fulminante afirma] Eso ya pasó.”12 Pero si “eso ya pasó” para qué volver a matar al muerto. Trotsky fue asesinado por un vulgar sicario de Stalin porque era un peligro para la burocracia, suponemos que el nuevo intento de homicidio debe obedecer a que sigue siendo peligroso para los autores intelectuales que han encargado el nuevo “asesinato”. Trotsky es peligroso para la burguesía porque sus ideas no sólo son “un tema de conversación frecuente” en lugares como Venezuela y Cuba, sino que la crisis del sistema que Service defiende servilmente está provocando que millones de personas alrededor del mundo cuestionen la vigencia del capitalismo y estén en búsqueda de ideas radicales no para “conversar” sino para transformar su realidad, esas masas se reencontrarán con las ideas de Trotsky tarde o temprano. Trotsky está vivo y por eso quieren asesinarlo.

Pero ¿cómo se puede asesinar una idea? ¿Cómo, parafraseando a Victor Hugo, matar una idea cuya época ha llegado? El intento fallido de Service significará sólo un nuevo monumento a la deshonestidad intelectual y a la falsificación histórica, como afirmó el historiador García Higueras, las biografías de Deutcher, Broué y Jacques Marie se seguirán discutiendo y leyendo durante mucho tiempo, la de Service pasará pronto a ocupar su lugar en las librerías de viejo o, mejor aún, irá directamente al basurero de la historia. David North señala: Service intentó destruir la reputación de Trotsky  pero “su intento fracasó. La única reputación que Service destruyó fue la suya.”

 

Referencias

[1] Service, Op. cit. p. 636.

[2] Service, Op. cit, p. 33.

[3] Service, Op. cit. p. 33.

[4] Service, Op. cit p. 639

[5] Service, Op cit, p. 277.

[6] Service, Op. cit. p. 631.

[7] Service, Op. cit. p. 557.

[8] Service, Op cit. p. 420.

[9] Manifiesto por un arte proletario independiente.

[10] Service, Op cit. p. 417.

[11] Cf. Service, Op cit. 415.

[12] Service, Op cit. p. 25.