No al techo salarial del 19%

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Desde las páginas de El Militante venimos advirtiendo del "pacto social" entre las patronales, el gobierno de Kirchner y la CGT, para contener y disciplinar a la clase trabajadora en lucha por su salario, concediendo un aumento salarial "aceptable" para las patronales y ajustable a la política económica del gobierno. Que este pacto social no haya sido firmado en acto solemne y ante la vista de todos, no anula su existencia sino que la confirma por los resultados que conlleva: un techo salarial del 19el 19% y que ningún sector de la burocracia sindical "saque los pies del plato".

Editorial de El Militante nº 20

Desde las páginas de El Militante, hace meses que venimos advirtiendo al activismo obrero del "pacto social" entre las patronales, el gobierno de Kirchner y la CGT, para contener y disciplinar a la clase trabajadora en lucha por su salario, concediendo un aumento salarial "aceptable" para las patronales y ajustable a la política económica del gobierno.
Necesariamente, la discusión paritaria encabezada por el camionero y principal dirigente de la CGT, Hugo Moyano, estaba destinada a convertirse en el "hecho testigo" de un acuerdo tácito que, hasta el momento, se mantenía en las sombras con idas y vueltas. Anunciado desde la Casa Rosada, el aumento del 19% de los camioneros es el resultado de la "armonía" alcanzada entre las necesidades de las direcciones sindicales, la burguesía y el Estado.
Que este pacto social no haya sido firmado en acto solemne y ante la vista de todos, no anula su existencia sino que la confirma por los resultados que conlleva: un techo salarial del 19% y que ningún sector de la burocracia sindical "saque los pies del plato".

Crónica de una pacto social anunciado

El ascenso de la lucha obrera durante el año pasado ubicó a la burocracia sindical en una situación incómoda, haciendo malabares en el contexto de la mayor conflictividad laboral de los últimos 15 años.
Unido a esto, el surgimiento de un nuevo activismo sindical combativo, que a pesar de estar en sus inicios, pudo hacer pie en sectores de la clase y recuperar total o parcialmente Comisiones Internas, Cuerpo de Delegados y Seccionales para el genuino interés obrero, también marcó la necesidad de la dirección sindical de anticiparse a la lucha obrera.
Pero, en realidad, desde el gobierno el eje de la recomposición salarial tenia el techo del 20%.
En tanto, las patronales declararon que "las subas salariales deberían estar atadas a la suerte que tengan los acuerdos por el congelamiento de precios"(Clarín, 5 febrero) o que "cualquier aumento de los salarios que no provenga de un incremento de la productividad es muy peligroso"( Clarín, 26 febrero) Para colmo, los aumentos acordados se harán efectivos en dos etapas.
Hasta ahora, además del 19% de aumento conseguido por los camioneros, están otro 19% en Comercio, en Construcción (UOCRA) y para estatales (UPCN), el 18,5% de los encargados de edificios, el 18% de Bancarios, el 17% de La Fraternidad, 15% para los trabajadores del cuero ó el 15% de las papeleras.
Están todavía en disputa la UOM (que discute por ramas), Textiles, SMATA (que reclama una recomposición del 32%), Alimentación, Aeronáuticos. ATE reclama la apertura de paritarias y un aumento salarial del 30%.
Aunque aumentos del 18% ó el 20% puedan parecer razonables, la realidad es que el aumento de precios previsto para este año (entre el 12% y el 15%) apenas va a permitir a los trabajadores sostener su poder adquisitivo, mucho menos recuperar todo lo perdido en los últimos años.

¿A quién beneficia el acuerdo entre sindicatos, patronales y el gobierno?

El pacto social tiene sus beneficiarios. Acordando aumentos por encima de la inflación prevista para este año, la burocracia intenta desactivar el proceso de lucha por abajo que tiende a cuestionar su papel en la dirección de los sindicatos, teniendo como excusa su "obligación" de aceptar el tope salarial propuesto por el gobierno. Al mismo tiempo, se ha demostrado incapaz de encabezar la lucha contra el trabajo en negro y la precariedad laboral.
Las patronales quieren ver el acuerdo como la garantía de una "paz social" por lo menos durante este año. Pero esto no depende enteramente de la buena voluntad de los "dirigentes". A la vez, el aumento en la masa salarial no jaquea su tasa de ganancia, mientras continúan subiendo los precios de las mercancías.
Por otra parte, el gobierno de Kirchner aparece formalmente por encima de la lucha entre el capital y el trabajo, en beneficio de la "nación", intentando contener la voracidad empresarial y las demandas salariales. Dice que los salarios no son culpables de la inflación, pero se muestra inquieto si los trabajadores cuestionan el cepo salarial del 20%.
Todos contentos, ¿no? Todos, excepto la mayoría de la clase trabajadora.

Nuestras tareas

A pesar de la precariedad, de la plaga del trabajo en negro (45,7% de los trabajadores) y la desocupación, los convenios colectivo de trabajo (CCT) engloban al 83% de los trabajadores del sector privado. Se sea o no afiliado, participe activamente o mire con recelo al sindicato, el papel centralizador de las organizaciones sindicales en la vida obrera es insoslayable. Por eso no es secundario en manos de quién están los sindicatos y qué interés de clase encarna su dirección.
En este sentido, hay que aprovechar las discusiones paritarias para profundizar la organización desde abajo de los trabajadores y aprovechar cada oportunidad para acumular las fuerzas necesarias para desarrollar movimientos de oposición en cada fábrica, en cada empresa. Tenemos que exigir que los paritarios sean electos en las asambleas de bases y revocables ante ellas, y que lleven a las discusiones paritarias el pliego de reclamos que voten democráticamente los trabajadores. Cualquier acuerdo con la patronal debe ser votado democráticamente en las asambleas de base, que deben tener la última palabra para decidir. Tenemos que rechazar contundentemente cualquier tipo de "pacto social" que limite nuestros salarios.
Pero la discusión sobre los convenios colectivos no se agota en el reclamo salarial, o en el aumento de adicionales y premios. Las condiciones de trabajo también tienen un papel importante en la negociación colectiva. El aumento de los ritmos de trabajo y la carga horaria, la tercerización de la fuerza obrera que crea diferencias salariales entre trabajadores que realizan una misma tarea, encuadrados en convenios colectivos diferentes etc., vienen a engrosar de manera directa las ganancias patronales y a condenar a la superexplotación a importantes sectores obreros, como recién hemos visto en el Subte y en telefónicos.
El activismo obrero en general, y en particular los compañeros de la oposición clasista más importante que existe, el Movimiento Intersindical Clasista (MIC), deben colocar la lucha por estos reclamos en el ojo del huracán.
No podemos olvidar que las discusiones de convenio colectivo del año pasado arrojaron que de 568 Convenios Colectivos de Trabajo, 365 se firmaron por empresa, debilitando a los trabajadores frente a la patronal, y que el 67% de esos convenios obtuvieron básicos inferiores a los $1.000, al mismo tiempo que jugosas "contribuciones solidarias" a la caja del sindicato por parte de las patronales para comprar a la burocracia.

¿Cuánto puede durar el acuerdo "trampa"?

La viabilidad del "pacto social" dependerá del desarrollo de la inflación y de la capacidad para romper el cerco, a través de la movilización y la lucha independiente que esbocen los trabajadores.
Hasta ahora, los acuerdos de precios entre sectores de la producción y el comercio con el gobierno para frenar las subas, han fracasado una y otra vez, a pesar de los enojos presidenciales. Es que en el fondo, los alimentos, la ropa y todos los productos que los trabajadores creamos y consumimos, les pertenecen a los capitalistas, son su propiedad privada. Y nadie puede controlar lo que no posee.
El gobierno de Kirchner no podrá evitar que la burguesía vuelva a alimentar el proceso inflacionario para recuperar sus márgenes de ganancia.
Aunque la burocracia sindical pueda contener por un lapso de tiempo la lucha obrera -principalmente en los sectores más rezagados y mejor pagos de la clase- ante un aumento persistente de los precios tendrá que borrar con el codo lo que firmó con la mano. Comprometida en la contención de las luchas, pueden abrirse grietas por donde volverán a desarrollarse las luchas salariales. Esta experiencia colectiva de la clase con sus "direcciones" prepara el terreno para que los sectores clasistas y combativos del movimiento obrero puedan llegar y brindar una perspectiva a un creciente número de trabajadores. Por eso es vital que el MIC adopte una política más decidida y activa de cara al grueso de la clase trabajadora.