La economía mundial después de la guerra en Iraq

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EEUU ha anunciado su PBI (producto bruto interno) del primer trimestre del 2003. En los primeros tres meses del año la economía estadounidense creció una tasa anual del 1,6 por ciento. Superior al 0,8 por ciento del cuatro trimestre del año pasado, pero mucho más bajo que el 4 a 5 por ciento anterior. Todos los síntomas indican que en el 2003 ha regresado la recesión económica de 2001, después de la recuperación que vimos en 2002. La economía norteamericana está encaminándose hacia lo que los economistas llaman una “doble pendiente”.
Es un cuadro bastante feo. Las mediciones de la actividad empresarial, tanto en el sector manufacturero como en el no manufacturero, han caído a los niveles más bajos desde los ataques del 11 de septiembre. La despidos en las empresas estadounidenses ha continuado. En los tres primeros meses del año hubo destrucciones de empleo consecutivas, más de 500.000, lo que no ocurría desde la “Gran Depresión” en los años 30.

Todo esto ocurre y no es debido a la incertidumbre de cómo transcurriría la guerra en Iraq. Ese es el argumento del presidente de la Reserva Federal, Alan Greenspan, al que acaban de renovarle el cargo hasta el año 2006 después de una operación de próstata. Ha dicho (y muchos otros también) que cuando terminara la guerra en Iraq veríamos cómo sobrevivían las fortalezas subyacentes de la economía estadounidense. La bolsa volvería a subir y con la ayuda del gran timonel se reducirían más los tipos de interés, y también regresarían los empleos y la prosperidad.

Por ahora hay pocos síntomas de esto. La bolsa tuvo un pequeño repunte después de que se declarara la victoria militar en Iraq. Pero ahora la realidad de una economía y una moneda débiles está comenzando a deprimir a los inversores. Las cifras del PBI sirvieron para alentar ese optimismo.

La clave del éxito de la economía estadounidense ha sido el consumo. Después del colapso del boom de la alta tecnología y la consiguiente caída de la bolsa, la economía estadounidense se ha mantenido porque las familias estadounidenses han continuado gastando como si no existiera el mañana. ¿Cómo han podido hacerlo en medio de un ambiente de menos empleos, colapso de las empresas punto com, bancarrotas y fraudes empresariales y el 11 de septiembre?

Porque ha continuado expandiéndose otra burbuja en la economía estadounidense. Los precios de la vivienda han continuado subiendo a un ritmo del 7 al 10 por ciento, mucho menos que en Gran Bretaña, pero muy alto para los niveles de EEUU. Y como ocurre en Gran Bretaña, con unos tipos de interés muy bajos, los estadounidenses han podido refinanciar sus hipotecas a unos tipos de interés más bajos y de esta forma ahorrar gastos. Además, cuando refinanciaban pedían más dinero prestado. Como resultado de esto, han conseguido tener más dinero extra. Ha sido suficiente para mantener el gasto, especialmente en nuevos automóviles que General Motors y Ford vendían con enormes descuentos, porque querían aumentar desesperadamente las ventas.

El gasto continuaba a expensas de los beneficios. La rentabilidad de las empresas estadounidenses desde 1997 está cayendo y el margen de beneficio en las ventas está en el nivel más bajo de todos los tiempos. Los precios que cobran las empresas a sus compradores están cayendo al ¡ritmo más rápido desde 1958! Los estadounidenses van a las tiendas, pero los vendedores al por menor y los manufactureros que suministran las mercancías a las tiendas apenas consiguen beneficios.

Esto no puede continuar así. Las empresas despiden trabajadores, bajan los salarios y reducen la inversión en nueva tecnología para intentar recuperar los beneficios. Por eso la economía se encamina hacia la recesión. Ahora si las pérdidas de empleos obligan a las familias estadounidenses a dejar de gastar y dejar de pedir préstamos por su vivienda, entonces la burbuja inmobiliaria estallará y se llevará con ella a la economía estadounidense.

Sólo Greenspan con sus reducciones de tipos de interés, la reducción de impuestos de Bush y el ingente gasto en nuevos destructores, tanques, aviones y misiles, han podido evitar por ahora la recesión.

EEUU es la clave de la economía mundial. Si EEUU agarra frío el resto del mundo agarra la neumonía atípica asiática (SARS). Las empresas europeas comienzan a decir que la economía se dirige hacia una recesión; al mismo tiempo, la industria de Japón sigue profundamente estancada. ¡La bolsa japonesa está en su nivel más bajo en veinte años!

Por supuesto, los políticos del mundo rebosan optimismo. Pero los observadores más realistas de la economía capitalista mundial están mucho más preocupados. Prevén para este año un crecimiento inferior al 1 por ciento en Europa y Japón, y sólo del 2 por ciento para EEUU. Mi opinión es que va a ser difícil conseguir estas cifras.

Tomemos el ejemplo de la Organización Mundial del Comercio (OMC). Según este organismo el comercio mundial de mercancías creció el año pasado un 2,5 por ciento. Lo que representa una caída superior al 1 por ciento con respecto al año 2001. Pero su previsión para este año es sólo del 2 al 3 por ciento. Estas tasas están por debajo de la media conseguida durante los años noventa y son un poco mejores que el crecimiento del PBI previsto. Eso significa que los países capitalistas no van a poder recurrir a las exportaciones para evitar la recesión. Todo lo contrario, la batalla por los mercados continúa acelerándose y las disputas comerciales y las medidas proteccionistas continúan incrementándose.

La OMC dice que: “los riesgos de nuestras predicciones son enormes, hay que tener en mente que la lentitud de la economía mundial continúa, y también el conflicto en Iraq y la posibilidad de que continúe extendiéndose el SARS”.

Sí, estos tres riesgos están presentes. La batalla militar en Iraq puede que termine, pero eso no significa la paz para el imperialismo estadounidense. El gobierno ha pedido 80.000 millones de dólares extras para financiar la guerra y la ocupación. La mayoría estima que tendrá que pagar tres veces más de esa cantidad para poder mantener las cuatro bases militares permanentes que planean y para pagar los planes de reconstrucción que otros países se niegan a financiar.
Después está Corea del Norte, Kim il Jong ha admitido (¿o “advertido”?) que tiene armas nucleares y misiles para lanzar contra EEUU. Antes de “ganar” la paz en Iraq, EEUU quizá tenga que lanzar un nuevo ataque contra el armamento coreano, posiblemente provocando una nueva guerra en Corea similar a la de los años cincuenta. La primera le costó a EEUU mucho dinero. Otra guerra sería demasiado cara, especialmente si EEUU tiene que financiar la reconstrucción de la empobrecida Corea. Los dividendos de la paz han terminado y las familias estadounidenses sólo pueden esperar más impuestos o ver cómo cae el valor del dólar, o ambas cosas a la vez.

Y ahora tenemos el SARS. Este pequeño virus maligno y letal ha paralizado prácticamente a las economías asiáticas. Puede que el SARS no se extienda por el planeta como una pandemia, pero si continúa paralizando los viajes empresariales, el turismo, el comercio y los servicios sanitarios de Hong Kong, Singapur, Taiwán y Pekín, entonces, las economías asiáticas entrarán en recesión, justo en un momento en que las tres grandes economías de EEUU, Europa y Japón no están en situación de sostener el crecimiento económico. Es una perspectiva horrible para el capitalismo. La euforia post-Iraq ha desaparecido.