Entrevista a Nicolás Basualdo

0
340

Desde la Corriente Socialista Militante (CSM) entrevistamos a Nicolás Basualdo, trabajador docente, ex dirigente provincial de Política Obrera y ex convencional constituyente de la provincia de Santiago del Estero. El compañero aborda la situación política a nivel nacional, desde Santiago del Estero, y analiza cuales son las tareas de los marxistas y la izquierda.

1.- CSM: ¿Cómo ves vos la situación política de Argentina? Vemos que hay un avivamiento de la lucha en distintos países. Ahora mismo hay huelgas en Francia, Alemania e Inglaterra, pero en el último año hemos visto alzamientos revolucionarios en varios otros países, cómo Sri Lanka o Irán. En su opinión, ¿a dónde va la lucha de clases en nuestro país?

N.B: Podemos decir que las masas han entrado en un proceso de agotamiento en relación a las figuras que representan a los partidos patronales. Podemos hablar de una crisis de representatividad. La toma de la dirección del Estado por parte de Alberto Fernández fue una suerte de rueda de auxilio, ante el desgaste de las figuras que polarizan la dinámica política en las elecciones como Cristina o Macri.

A partir de eso han ocurrido una serie de hechos que han agudizado la crisis nivel mundial, y también a nivel local, en Argentina, como por ejemplo la recesión, el estancamiento de la economía. En ese contexto, la dirección del Estado intenta salvaguardar los intereses de la burguesía nacional, que a partir de la crisis se encuentra dividida en dos bloques antagónicos entre sí, y a su vez antagónicos con el gobierno.

El desarrollo de la pandemia ha agudizado aún más la situación. Esto ha obligado al Estado a incrementar el financiamiento de varias ramas industriales, y la burguesía ha buscado imponer reformas laborales encubiertas con el objetivo de tapar suspensiones y despidos arbitrarios. Han usado como excusa la crisis causada por la pandemia.

A partir de allí se han desarrollado luchas, no sólo en el ámbito industrial sino también en el ámbito de la administración pública. Durante la pandemia hemos visto luchas parciales en el sector salud y en el sector transporte. En la rama industrial del caucho esta lucha ha ido más lejos. El sindicato de rama, el SUTNA, dirigido por el Partido Obrero, ha logrado imponer una victoria fundamental, mostrando una perspectiva que luego no fue desarrollada. Una perspectiva de cómo las organizaciones obreras deberían dar batalla al ajuste, a la crisis económica y política a escala nacional e internacional, a través de la coordinación de distintos sindicatos regionales e incluso a nivel internacional, como fue el caso en Brasil. La victoria del SUTNA mostró la incapacidad de otros sectores dirigentes de llevar adelante una lucha política a favor de los trabajadores por reivindicaciones como horas extras, paritaria salarial, etc., creando así crisis en otros sindicatos.

Podríamos decir que procesos similares se han manifestado en forma embrionaria en distintas provincias de la Argentina, expresando rasgos característicos de cada localidad. Vemos que hay un proceso de organización en desarrollo, donde la mayoría de las iniciativas están siendo tomadas por fuera de las instancias dirigidas por la izquierda. No queremos decir con esto que las iniciativas no avanzan en estas instancias dirigidas por la izquierda, sino que hay un desbordamiento de las direcciones burocráticas y de los aparatos partidarios. La crisis ha empujado a los trabajadores a luchar por sus reivindicaciones inmediatas más allá de estos, en defensa del salario, de las condiciones sanitarias, en defensa de las condiciones de trabajo y de las condiciones de la vida cotidiana de la clase trabajadora en general.

Los trabajadores, pues, están optando por las auto convocatorias para hacer avanzar las luchas, superando así lo observado en otros períodos históricos en los que la clase se expresaba dentro de los aparatos y bajo el control de las burocracias. Sin embargo, es necesaria la coordinación de todas estas expresiones de lucha para lograr una acción de conjunto planificada colectivamente, que ponga sobre la mesa la cuestión de la crisis del régimen, la cuestión de su resolución a través de un gobierno de los trabajadores.

Es necesario entonces, no sólo plantear la perspectiva de organizar la lucha general por las reivindicaciones inmediatas, sino también la perspectiva de tomar en nuestras manos la dirección de la sociedad. Los mecanismos organizativos a emplearse para llevar adelante estas tareas deben ser discutidos y evaluados por la clase en un debate amplio que surja de la coordinación de las luchas actuales.

2.- CSM: Es palpable que existe un impasse en la sociedad argentina. Tanto a izquierda como a derecha, las principales fuerzas políticas de la Argentina se han mostrado incapaces de ofrecer una salida definitiva a la crisis que vivimos. ¿Qué balance histórico haces de la primera gestión Kirchnerista, y del gobierno actual? Por otra parte, ¿puede la derecha ofrecer una salida favorable a la clase trabajadora?

N.B.: Con respecto a si las fuerzas políticas se han mostrado incapaces de ofrecer una salida, creo que debemos debatir qué es lo que estas fuerzas ofrecen como salida.

Desde el punto de vista de los partidos tradicionales, de la derecha, los partidos patronales -y ahora hay más partidos de derecha que de izquierda porque hay una desaparición del centro político-, se está discutiendo coma salida un eventual ajuste como medida de shock, o el gradualismo. Y ahora mismo, lo que se está discutiendo son medidas de shock que puedan ser promovidas mediante un gobierno de unidad nacional, que permitiría contar con factores de contención a la hora de aplicar el ajuste, reforma laboral, reforma provisional, como está pactado en la agenda del FMI. Hasta ahora la base de esta política ha sido el proceso de devaluación, que en las últimas semanas ha sido mayor al diez por ciento. Es decir, vamos hacia una mega devaluación. Es un proceso que está en marcha. Cada semana hay una devaluación del 8% al 10%. Y hay que tomar en cuenta que la patronal está planteando el aumento de tarifas, como un mecanismo para completar o aumentar los ingresos sobre la base de los subsidios. Están reclamando el aumento de las tarifas, además, claro está, del recorte de subsidios.

En su primera etapa el kichnerismo fue un fenómeno, por así llamarlo, basado en lo que en América Latina se ha conocido como el programa de reordenamiento de las burguesías nacionales. Obviamente, hoy en día ha quedado demostrado el fracaso de este programa en todo el continente. Hay un avance muy fuerte del capital financiero en todos estos países, cuyos intereses chocan de forma abierta con los intereses de las burguesías nacionales tradicionales. Estas contradicciones se han manifestado en salidas electorales favorables a sectores más derechistas, y en otros casos, en los que ha habido rebeliones sociales, se han implementado asambleas constituyentes como ruedas de auxilio. Es decir, la burguesía ha buscado herramientas dentro del marco democrático burgués, para resolver a su favor los estallidos sociales y reacomodarse a las crisis políticas, ya sea utilizando el mecanismo de la asamblea constituyente, o el mecanismo electoral, para llevar al gobierno a partidos que se muestran de corte populista pero cuyo programa es totalmente de derecha y favorable al capital financiero.

El gobierno de los Kichner aprovechó el boom de la exportación que se prolongó hasta el 2007, logrando así contar con una base financiera para pagar compromisos con los fondos buitres y con el FMI. Entregaron todas las riquezas al FMI, y a la vez contaron con un nivel de presupuesto que les permitió cooptar desde el Estado capitalista al movimiento piquetero, al movimiento de DDHH, y a diversas organizaciones sociales. De esta forma se han burocratizado organizaciones del movimiento piquetero, se han estatizado organizaciones sociales y de DDHH, se ha logrado alinear a una burocracia sindical de las industrias medianas y pesadas, en la CGT, CTA. Incluso, el kichnerismo llegó a expresar en cierto período que estas burocracias de la CGT y la CTA eran su columna vertebral. Esas mismas burocracias son las que han permitido el avance del proceso de tercerización y precarización laboral, que ha servido a la burguesía para obtener una mayor tasa de ganancia y reducir el costo de la mano de obrera. Hoy, toda esta estructura se ha debilitado por el peso de la crisis capitalista, de la recesión y el proceso inflacionario. Actualmente la inflación ha superado el cien por ciento y el salario mínimo en la Argentina no llega a cubrir la canasta básica de alimentos. Hay trabajadores que aún con dos trabajos se mantienen en la pobreza, y el nivel de indigencia y de pobreza se ha incrementado de forma abrupta. Todo esto conducirá necesariamente al desarrollo y auge de las rebeliones obreras.

3.- CSM: Nicolás, a lo largo de los años vos has tenido una experiencia relevante como responsable político de tu anterior organización a nivel provincial. ¿Qué pasa con la izquierda más allá del peronismo y el kichnerismo? ¿Qué planteamientos propones para avanzar en el desarrollo político de la izquierda argentina? ¿Cómo construir o reconstruir a la izquierda?

N.B.: Aunque la izquierda, tomada como un bloque, como el FIT, ha tratado de encarnar la expresión política de una salida a la crisis basada en el programa revolucionario, en los hechos no funciona como un frente de unidad de acción, como un frente estratégico político, sino que funciona como un frente netamente electoral.

En tal sentido, vemos deformaciones de tipo parlamentarista en el frente. Se plantea que la suma de la cantidad de diputados que pueda llegar a tener la izquierda sería un termómetro del desarrollo y la construcción de una dirección capaz de plantear la tarea histórica de la lucha concreta por el poder. Pero, en realidad los compañeros están totalmente alejados de ello.

Es necesario realizar un balance del FIT, discutir por qué no hay mecanismos de organización y centralización de las acciones políticas. Además, se han sumado otros sectores, como el MST, que en el pasado han llegado a apoyar los intereses de la patronal agraria en medio de un conflicto por las “retenciones” en la Argentina. A este respecto, no ha habido ni balance ni discusión ante el conjunto de su electorado, sobre la incorporación de esta organización al frente. No hay un congreso del frente de izquierda, no hay una prensa, no hay un organismo de centralización del debate que desarrolle un balance sobre las tareas propagandísticas, sobre las tareas políticas. Claramente, el frente de izquierda es un frente electoral. Cada partido lleva adelante su política de forma independiente, y sólo se juntan de cara a cada proceso electoral.

Entonces, la izquierda se está mostrando ante el conjunto de los trabajadores como un espejo del reformismo, como una corriente alejada de la lucha táctica y estratégica por el poder.

La crisis política de representatividad, la crisis del régimen, la crisis del movimiento obrero a nivel mundial, ligadas a las distintas deformaciones de la izquierda, tales como las que hemos recién señalado, se ha expresado en debates y en el surgimiento de fracciones como la que existió en el Partido Obrero y devino en la organización Política Obrera. La tendencia que devino en Política Obrera demandaba su reconocimiento como fracción -que por estatuto le correspondía-, y le fue negada, y surgió sobre la base del planteamiento de la Asamblea Constituyente libre y soberana como factor de poder estratégico, en el contexto del ascenso de luchas abierto a partir de la reforma previsional de 2018. Sin lugar a dudas, Política Obrera, tampoco ha hecho un balance público sobre sus consignas, al respecto de la Asamblea Constituyente libre y soberana. De hecho, en sus tesis políticas aprobadas en su congreso, plantean que de tener la mayoría en el parlamento convocarían inmediatamente a la elección de una Asamblea Constituyente. En lugar de plantear un debate serio sobre la cuestión del poder, esto contribuye a generar mayor confusión entre el movimiento obrero, creando falsas esperanzas sobre la posibilidad de lograr una transformación revolucionaria del Estado y la sociedad desde el parlamento. Además, este planteamiento entra en franca contradicción con los otros planteamientos políticos que han esgrimido en su programa en torno a la huelga general, etc. 

4.- CSM: En esa misma línea Nicolás, ¿está la izquierda actualmente a la altura del momento histórico y de las luchas de la clase? ¿Cuáles considera usted deberían ser las tareas de la izquierda en relación a la lucha del movimiento obrero?

N.B: Creo que las auto convocatorias y las luchas parciales que se han ido desarrollando, y en algunos casos, hasta las huelgas que se han producido, son aspectos que se desarrollan a partir de la presión de las bases sobre las direcciones sindicales. En el proceso de estatización de los sindicatos, sobre todo los más grandes, han jugado un papel muy importante los cuerpos de delegados. Hay tradiciones de izquierda muy fuertes entre los cuerpos de delegados sindicales. Estas estructuras han jugado un rol muy importante a la hora de tomar iniciativas contra la burocracia sindical. En algunos casos han logrado incluso torcerles el brazo. Lo que aún falta desarrollar es un proceso de coordinación, y hay que poner atención en cómo construir esos organismos de coordinación de la clase trabajadora. Si bien podrían desarrollarse a partir de un congreso del movimiento obrero, considero que aún se deben establecer las bases hacia las cuales tendríamos que dirigir los esfuerzos, para lograr ese congreso.

Creo que primero tenemos que comenzar construyendo un ámbito de deliberación política real, no de aparato, que nos permita ir sacando las conclusiones correctas al calor de esas luchas que se vayan generando.

Ahora estamos entrando en la Argentina en un proceso de agudización de la crisis, debido a la propia devaluación. Y vos fijate que aún no hay una convocatoria, de ningún sector, para realizar una acción de lucha política o económica, en defensa del salario, del trabajo, de la vida. Es necesario convocar a una huelga nacional contra toda esta política de ajuste. Necesitamos una indexación del salario. Claramente, la burocratización, la pérdida de perspectiva por parte de las direcciones que se autoproclaman como revolucionarias, les hace prestar más atención al proceso electoral que al proceso político propiamente dicho.

Creo que aunque la izquierda ha logrado capitalizar o canalizar una gran masa de votantes, es imprescindible hacer un balance general de los resultados obtenidos hasta ahora. Analizar cuánto hemos logrado avanzar de cara a la perspectiva de tomar el poder. Qué es lo que cualitativamente ha desarrollado la izquierda, y cuánto está poniendo al servicio de la revolución proletaria. Cuánto de lo que ha desarrollado la izquierda sólo ha significado la reproducción de aparatos, que aunque puede haber implicado un asenso en la representación parlamentaria, no ha tenido una contrapartida directamente proporcional en la tarea de agitación y organización de las masas para la toma del poder.

Debemos debatir cuál es la causa de que haya tantas auto convocatorias. Cuál es el programa que necesita el movimiento obrero para prepararse para la toma del poder, para dar ése salto político hacia la lucha por el poder, y cómo desarrollamos el partido obrero que ayude a las masas a avanzar hacia ese salto cualitativo.

Urge desarrollar un debate amplio, fraterno, respetuoso, en la cuestión de qué aportamos como vanguardia, qué aportamos como factor consciente, y qué desarrollamos políticamente a favor de la rebelión, a favor de la revolución. En medio de este período histórico caracterizado por la aguda crisis económica, la crisis de poder, el resquebrajamiento en la base social de los partidos dirigentes, una burguesía que comienza a comportarse de forma destituyente, considero que la izquierda debe comportarse de manera responsable con la revolución.

Debemos impulsar una base de principios y acciones de conjunto que nos permitan tener una mayor inserción dentro de la clase trabajadora, a fin de poder desarrollar un programa revolucionario que se convierta en una herramienta política para materializar la revolución proletaria. Comenzar a desarrollar una propaganda y una agitación política que nos permita poder plantear con más fuerza una orientación hacia la consigna de la huelga general. Promover el debate sobre la cuestión de la huelga general en el seno del movimiento obrero. Asimismo, plantear pacientemente la necesidad de romper con los partidos tradicionales y construir un verdadero partido obrero, un partido que sirva como herramienta para dar la lucha por la revolución proletaria, un partido para poner a la clase obrera a la cabeza de la sociedad. Creo, que esas son las tareas que están planteadas para la izquierda en este período histórico.

5.- CSM: En su opinión, ¿cuáles son las perspectivas políticas más probables de cara a las próximas elecciones presidenciales?

N.B.: Al respecto de las elecciones presidenciales en Argentina, creo que, como decía Lenin, no necesitamos confundir a la burguesía, ni tampoco necesitamos generar confusión entre el movimiento obrero. Lo que tenemos que llevar al movimiento obrero es claridad, y creo que la claridad se expresa en la consigna y en la tarea concreta de construir un partido unificado de la clase obrera, como respuesta a la fragmentación de los bloques patronales, mostrando claramente un conjunto de principios y tareas programáticas revolucionarios.

No podemos propiciar la construcción de un frente populista, porque eso sí sería generar mayor confusión. En este marco de ideas, observo que los partidos patronales están sacando sus figuras desgastadas del juego y poniéndolas al costado. Creo que, si hay un llamado a construir un frente patronal o un frente progresista, en esas condiciones avaladas por el FMI, Massa no tendría ningún inconveniente en asumir la candidatura presidencial, que es lo que se muestra como posibilidad ante lo que se está desarrollando. Claramente, en medio de este proceso de devaluación, lo han mandado a guardar silencio. Entonces, es posible que estén cuidando su imagen de cara a las elecciones.

Yo prestaría atención a la posibilidad de que otros referentes, en este caso de la derecha tradicional, acuerden con el FMI una alianza con una posible candidatura de Massa, para desarrollar una salida electoral conjunta. Aun considerando esta posibilidad, ya Alberto Fernández había planteado la consigna de la unidad nacional apenas asumido el cargo de presidente. Una salida de este tipo, se podría expresar en una amplia fracción parlamentaria construida sobre la base de tal alianza, para favorecer un consenso que permita a la burguesía llevar adelante su plan de ajuste. Este último análisis, lógicamente, está hecho desde el punto de vista de la burguesía y sus intereses.

Desde el punto de vista de la clase obrera, las próximas elecciones no van a resolver ninguno de los problemas económicos y sociales que nos aquejan como clase. Tenemos por lo tanto que intervenir con una posición clara sobre la urgencia de indexar el salario y la defensa de los puestos de trabajo, porque ante una próxima recesión, los patronos van a cerrar muchas fábricas, habrá numerosos despidos y también habrá profundos recortes en el sector privado y en el estatal, agudizando la crisis social. En la medida en que podemos prever esto sobre la base del análisis marxista, tenemos que servir como un factor de orientación sobre todo lo que hemos planteado más arriba: la necesidad de coordinación entre los distintos sectores de la clase en lucha, la construcción de un partido unificado de la clase, el desarrollo de debate colectivo sobre la tarea del poder.

6.- CSM: ¿Por qué han decidido ingresar a la Corriente Marxista Internacional, luego de su salida de Política Obrera?

N.B.: Obviamente, estas tareas fundamentales que hemos señalado, no pueden quedarse en meros deseos. Estas tareas deben expresarse en acciones netamente militantes. Luego de romper con Política Obrera por razones de mecanismos de funcionamiento, bajo los cuales nuestra célula fue prácticamente aislada, nuestras asambleas eran intervenidas por el comité, los compañeros hemos sido separados de la organización uno por uno bajo distintas excusas, creo que la tarea que tenemos por delante como militantes es no dejar de militar.

Desarrollar y visibilizar los problemas sociales y políticos de la clase trabajadora, buscar la manera de unificarlos. La juventud no puede estar separada de estas acciones. La juventud también debe dar un paso adelante hacia intervenir en sus ámbitos de vida y coordinar con la clase trabajadora las tareas de la lucha. Desarrollar no sólo un proceso de formación política académica en conjunto con la clase, sino también de lucha política concreta, directa. Creo que esas tareas están a la orden del día. Sobre esa base es que debemos jugar un rol como militantes revolucionarios. Urge desarrollar una agitación política orientada a construir una salida revolucionaria a la crisis actual, para lo cual es inevitable una huelga general, y a través de esta consigna y de esta tarea, desarrollar los mecanismos de coordinación de la clase trabajadora para la lucha por el poder.

Nuestra perspectiva es formar ése partido que delibere, que centralice, que vote, que actúe, que nos permita organizar la defensa de nuestros intereses y la defensa de nuestra vida. Para poder alcanzar una vida plena, es imprescindible tomar la dirección de la sociedad y echar abajo el Estado capitalista. Hay que orientar nuestra lucha hacia la dictadura del proletariado. No debemos tener miedo de tomar las reivindicaciones históricas y plantearlas como corresponde. Necesitamos la lucha por el poder, necesitamos la dictadura del proletariado.

CSM: ¡Muchas gracias Nicolás!