Elecciones presidenciales en Ecuador: una oportunidad para asestar un golpe a la oligarquía

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Las elecciones ecuatorianas del domingo enfrentan al correísta Andrés Arauz y al empresario y banquero Guillermo Lasso, representante de la oligarquía capitalista ecuatoriana. Las encuestas le dan a Arauz ventaja ante Lasso, pero no lo suficiente como para evitar una segunda ronda.

Las masas han interpretado las elecciones presidenciales como la oportunidad de deshacerse del gobierno asesino y pro-imperialista de Lenin Moreno que tiene las manos manchadas por la represión de la insurrección de octubre de 2019 contra su paquetazo de medidas anti-obreras del FMI. Ximena Peña, la candidata de Alianza País, el partido de Moreno, tiene apenas un 0,8-1,5% en las encuestas.

Es importante señalar que ningún candidato abierto de la tradicional oligarquía capitalista ecuatoriana no ha logrado ganar una sola elección presidencial desde la insurrección del año 2000 en un país que ha vivido prácticamente diez años de convulsiones y levantamientos en la búsqueda de las amplias masas obreras y campesina de una solución a sus problemas.

Es muy probable que Lasso, que ya perdió dos elecciones presidenciales, sume una tercera derrota a su historial. Miembro del Opus Dei, ministro de economía responsable del paquetazo del FMI del gobierno de Jamil Mahuad en 1999, banquero y empresario, no podría haber un candidato que más fielmente representara la rancia oligarquía ecuatoriana con sede en Guayaquil y el corazón en Washington. Sus héroes son Margaret Thatcher y José María Aznar.

En estas elecciones la clase dominante (totalmente subserviente al imperialismo estadounidense) utilizó mecanismos judiciales para impedir la candidatura del ex-mandatario Rafael Correa, obligando a su movimiento político a presentar a Arauz, que fue ministro del correísmo, como candidato. Además se retiró el registro electoral al correísmo, Fuerza Compromiso Social, obligando a crear la Unión Nueva Esperanza (UNES). A esta ofensiva jurídica se suman falsas acusaciones de todo tipo en los grandes medios de comunicación capitalistas, incluyendo la de una supuesta financiación de la campaña de Arauz por parte del ELN colombiano. Pero parece que ninguna maniobra legal ni tampoco la manipulación periodística podrá detener la voluntad de obreros y campesinos de asestar, de nuevo, un a derrota a la oligarquía en las urnas.

Lo más probable es que la ventaja de Arauz no sea suficiente como para ganar en primera vuelta y el candidato de UNES se enfrente a Lasso en una segunda vuelta presidencial. Yaku Perez, el candidato de Pachakutik, ha declarado que va a apoyar a Lasso en la segunda vuelta, al igual que hicieron en 2017 en la segunda vuelta entre Lasso y Lenín Moreno. En aquella ocasión el candidato de Pachakutik dijo escandalosamente “es preferible un banquero que una dictadura”. El movimiento Pachakutik, que según las encuestas sacaría entre un 10 y un 15% de los votos, bajo una cobertura supuestamente indigenista apoya abiertamente a la derecha oligárquica. Pero en 2017, el apoyo de Pérez al banquero Lasso no impidió la victoria en segunda vuelta de Lenín Moreno, que en aquel entonces era el candidato del correísmo.

La victoria posible de Arauz representará un nuevo intento de las masas ecuatorianas por virar la política del país a su favor. La principal debilidad del correísmo (que ahora forma parte de la nueva Internacional Progresista) es su insistencia en que los problemas que aquejan a las masas trabajadoras se deben al «neoliberalismo» y la corrupción, sin cuestionar para nada el propio sistema capitalista que sustenta a ambos.

Un gobierno de Arauz y su UNES en medio de una tremenda crisis sanitaria y una feroz recesión económica será una escuela de aprendizaje para las masas. Los banqueros, empresarios y terratenientes no le van a dejar gobernar. La campaña de acoso y derribo ha empezado ya antes de las elecciones. Arauz ha prometido entregar ayudas de $1.000 a un millón de familias más pobres, afectadas por la pandemia y revertir la política de recortes anti-populares de Moreno. Se propone financiar sus planes con una política fiscal expansiva y un impuesto a los ricos del 2% a las fortunas de más de $1 millón.

Sin embargo, Arauz heredaría unas finanzas estatales casi quebradas, una recesión económica brutal y un pacto con el FMI (que ha prometido renegociar) que obliga al país a políticas de austeridad contra los trabajadores. Mientras que Correa en el poder se benefició de los altos precios de las materias primas que impulsaron tasas de crecimiento del PIB de alrededor del 5% anual entre 2011 y 2015, Arauz se enfrentaría a un país golpeado por una caída del PIB de entre el 8 y 9% en 2020. El margen de maniobra de que dispondrá es por lo tanto muy estrecho. Dentro de los límites de un capitalismo en crisis y dominado por el imperialismo poco podrá hacer.

La tarea de los marxistas es acompañar las masas en su experiencia, siempre apuntando que la lección más importante de los últimos 20 años de lucha en el Ecuador es: no basta con cambiar de gobierno, hay que derrocar el sistema capitalista, expropiar la oligarquía y expulsar el imperialismo para crear las condiciones para resolver los problemas urgentes de las masas.

Pan, trabajo, tierra y dignidad solamente serán posibles si los obreros y campesinos, que tantos ejemplos de valor y heroísmo han dado, toman el poder en sus propias manos. En la insurrección de octubre, ese objetivo estaba al alcance de las manos. El gobierno de Lenín Moreno huyó a la carrera de Quito, la represión no podía detener el empuje de la rabia popular. Lamentablemente, la dirección no estuvo a la altura y traicionó el movimiento justo cuando la victoria era posible. El prerrequisito esencial para avanzar es aprender las lecciones de octubre y empezar, pacientemente, la tarea de construir la dirección revolucionaria que se merecen los jóvenes, las mujeres, los obreros y campesinos que lo dieron todo por una vida mejor.