El Triángulo Norte de Centro América y la política antiinmigrante de Trump

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El miércoles 21 de agosto el presidente de EE.UU., Donald Trump, anunció que ampliaría los días en el que un niño o su familia pueden permanecer bajo custodia de las autoridades migratorias en las cárceles para migrantes de la frontera sur de los Estados Unidos. Lo cual se vuelve una completa tortura, pues estas cárceles no prestan las condiciones dignas para los migrantes, están ahí en cuartos comunes entre rejas y con sabanas de aluminio, en condiciones precarias.  Esta es otra arremetida contra el flujo migratorio de América Latina hacia el país del norte. La idea de Trump es acabar con el Acuerdo de Flores, por encontrarse desfasado según la Casa Blanca. El acuerdo de Flores fue aprobado en 1997 y establece que los niños inmigrantes y sus familias deben ser detenidos en condiciones apropiados por un periodo máximo de 20 días.

Donald Trump que ganó la campaña electoral prometiendo que volvería a hacer de Norte América un país grande para los “americanos”, no ha parado de atacar a los migrantes latinos que quieren ingresar al país. En 2018 implementó su programa Tolerancia cero, que implicó que 2,300 niños fueran separados de sus padres de manera violenta, programa que después tuvo que eliminar ante la presión mediática en su país.

Los demócratas (que también son antiinmigrantes, pero de una forma más suave y “civilizada”) se han opuesto, de alguna forma, a las medidas impulsadas por Donald Trump. “El precandidato demócrata a la Casa Blanca Beto O’Rourke denunció que la «crueldad no hará más que empeorar si no es frenada». «Miles de niños separados de sus padres. Siete niños muertos durante nuestra guardia. Muchos más durmiendo en suelos de concreto bajo mantas de aluminio. Hoy Trump decidió que la solución es encarcelarlos por más tiempo», dijo en Twitter”[1].  Los demócratas no es que se opongan a la nefasta política migratoria contra los latinos, se oponen solo a la forma más dura de esta.

Por otro lado, el viernes 23 de agosto se anunció en un comunicado del gobierno salvadoreño en inglés, que el ministro de Justicia y Seguridad, Rogelio Rivas, en una reunión con diplomáticos estadounidense y ministros de Seguridad de países centroamericanos ha hecho oficial que en el país se implementará patrullaje fronterizo como medida para evitar la migración de salvadoreños.

Según el funcionario, se desplegarán más de 350 oficiales, previamente capacitados, para evitar el tráfico ilegal y trata de personas en los puntos ciegos de las fronteras del país. “Vamos a golpear las estructuras criminales, que negocian con la vida de las personas, pero también a los grupos terroristas, quienes obligan a la ciudadanía a la migración forzada, y aquí golpeamos en dos puntos, detenemos este fenómeno, pero también brindaremos atención a las víctimas”[2] dijo el ministro, Rogelio Rivas. Es así como la patrulla fronteriza se añade a la lista de “soluciones” a un problema tan complejo como lo es la migración. El señor Trump ya podrá estar muy a gusto mientras sus gobiernos títeres de C.A. ofrecen palo a los migrantes.

La crisis que atraviesa el mundo es la crisis del capitalismo, la economía globalizada es incapaz de poder garantizar las condiciones mínimas de supervivencia para millones de personas. En casi todos los países excoloniales o pobres, incluyendo algunos países de Europa, nos encontraremos con problemas migratorios, el problema migratorio o “crisis de refugiados” como se le llama a veces, se está volviendo un problema casi generalizado. De África hacia Europa, de España a países europeos más “estables” económicamente y por supuesto de todo el sur de América incluyendo el Caribe, hacia el Norte de América.

Según estimaciones de la Organización de Naciones Unidas y el Banco Mundial, la crisis ambiental generará más crisis migratorias. Se han hecho proyecciones a 2050 de que migrarán al menos 143 millones. Pero estas cifras se incrementarán cuando se pueda hacer un balance del desastroso incendio de la Amazonia causado por las empresas capitalistas y los gobiernos serviles al capital.

La explicación de esto no es otra que la crisis profunda que atraviesa el capital, desarrollando guerras (medio Oriente) o explotando mercados en condiciones bárbaras, y desestabilizando naciones como Venezuela y Nicaragua. Mientras la crisis se profundiza y amenaza con el hambre, la violencia y la degradación de los países no imperialistas.

México tan lejos de Dios y tan cerca de los Estados Unidos

Trump desde hace meses ha utilizado a México, que considera el primer país de su patio trasero, para que resuelva el flujo de migrantes que llegan a la frontera sur de EE.UU. Una de las medidas más drásticas implementadas por Trump sobre el gobierno mexicano ha sido las sanciones económicas que impulsó en marzo del 2019. “El presidente de EE.UU., Donald Trump, anunció este jueves la imposición de aranceles -que empezarán en el 5 % en junio y ascenderán hasta el 25 % en octubre- a todos los productos procedentes de México como castigo por el creciente flujo migratorio a través de la frontera común”[3]. Ante esto el gobierno reformista de Andrés Manuel López Obrador, que no quiere meterse en problemas con el diablo, aumentó el reforzamiento policial en la frontera.

Se estima que en los diez meses anteriores a julio de 2019, unas 475.000 personas que viajaban en familia cruzaron la frontera de forma irregular desde México. A pesar de la militarización de la frontera mexicana y estadounidense la migración sigue desarrollándose, como si nada de lo que pasa en este infernal camino, no solo asediado por militares armados hasta los dientes, sino también por traficantes de personas, pandilleros y narcotraficantes sanguinarios, representara un peligro inminente de vida o muerte para el latinoamericano que desea por razones materiales llegar a los Estados Unidos.

Motivado por la idea de cambiar las condiciones de vida de ellos y de sus familias no temen emprender este viaje; niños, mujeres, jóvenes y viejos han sorteado una y otra vez todas las inclemencias de este viaje. Pero ni la muerte de un joven y su hija de dos años que cruzaban el río Bravo, para llegar a los Estado Unidos ha podido detener la migración en el país. ¿Cuál es el motivo de esta determinación tan profunda del migrante latino?

El triángulo norte de Centroamérica

El triángulo norte de Centroamérica es una región conformada por los países más pobres y más violentos, Honduras, Guatemala y El Salvador son los principales impulsadores de migrantes hacia los Estados Unidos. Esto se debe a que los tres países que lo componen tienen los niveles más altos de criminalidad, pobreza y exclusión de la región centroamericana.

En Honduras, para poner un ejemplo, según datos de 2017 el 66 % de la gente vive en condiciones de pobreza, a pesar de que en ese mismo año haya alcanzado niveles de crecimiento económico superior a años pasados. La razón de que la pobreza no disminuya es que solo el 10 % de la población concentra el 90 % de la riqueza nacional, la brecha de desigualdad no parece tener límites. Es lógico que los trabajadores hondureños incluso organicen caravanas para poder superar en masa todas las inclemencias que incluye el viaje hacia los Estados Unidos.

En estos tres países las protestas y procesos de lucha han estado a la orden del día en los últimos 20 años, reflejando que la clase obrera también ha buscado una solución revolucionaria a sus condiciones de vida. En los años 2000 Honduras y El Salvador atravesaron procesos de movilizaciones de masas combativos; en Honduras se luchó contra la privatización del agua y la salud, y en El Salvador con manifestaciones de cientos de miles se evitó la privatización de la salud que quería implementar el gobierno reaccionario del partido ARENA.

En 2009, el golpe de Estado hacia Manuel Zelaya desató un movimiento revolucionario en Honduras, que terminó con la imposición de una dictadura sangrienta que ha cobrado la vida de miles de jóvenes y luchadores en 10 años, la solución que la burguesía apoyada por el imperialismo yanqui buscó para acabar con el “radical” gobierno de Mel, que había aumentado los salarios de los trabajadores resultó ser una receta acabada para profundizar la miseria del pueblo hondureño.

En 2009, también la clase obrera salvadoreña a través de la vía democrática intentó encontrar una salida a sus problemas fundamentales votando masivamente al FMLN, sin embargo, la dirección del FMLN traicionó los intereses de la clase obrera, entregando el gobierno a los designios de los Estados Unidos, que siguieron mandando desde la Casa Blanca. Para luego, a partir de su traición al pueblo, entregar el gobierno al demagógico de Bukele, aliado de Donald Trump.

Guatemala en 2015 hartos de la corrupción, se alzó un movimiento de masas que derrocó al gobierno corrupto de Otto Pérez bajo intensas protestas. En 2016 y 2017 las movilizaciones y la inestabilidad han estado en el orden del día, la crisis de las instituciones burguesas en Guatemala es profunda y la división de la clase dominante es más que evidente. Las contradicciones del sistema se profundizan por debajo de la superficie, la rabia y el descontento de la juventud y la clase obrera se intensifica a tal grado que un pequeño evento puede desencadenar grandes acontecimientos inesperadamente.

Ahora en Guatemala tenemos el debate sobre los “terceros países seguros”, una política copiada de la Unión Europea que Trump quiere utilizar para reducir las miles de solicitudes que a diario llegan para solicitar asilo a los Estados Unidos. La idea consiste en hacer país seguro a México y Guatemala e incluso Panamá, para que todo migrante pida antes asilo en estos, si tienen problemas en sus respectivos países, y así trasladar el problema a estos terceros países. Es una absurda idea que los gobiernos están aceptando sin tan siquiera evaluar si realmente son países seguros.

Como vemos, las masas trabajadoras del triángulo norte han estado combatiendo constantemente en las calles, buscando una salida a su situación, en estos años no ha habido ni un átomo de conformidad, todo lo contrario, hay un ánimo de luchar y buscar una salida a la situación insoportable en la que vivimos. Por tanto, no se puede afirmar que el centroamericano saca la conclusión de emigrar sin antes haber dado la batalla en su tierra natal.

Los centroamericanos han probado muchas formas para sacudirse sus problemas sin tener éxito, ¿no tiene sentido luchar?  La cuestión no es tan sencilla, la respuesta a esto es que la alternativa que pueda resolver sus problemas en la tierra donde nacieron no existe; una y otra vez las masas son engañadas por gobiernos demagógicos títeres del imperialismo, que son los que profundizan los niveles de desigualdad y profundizan la explotación de la clase obrera que tiene que vivir en un calvario ante las condiciones podridas que esta sociedad produce.

La situación concreta que vive la clase obrera en El Salvador

Según la Organización Internacional para la Migración, 1,352,357 salvadoreños residen en los Estados Unidos, de estos 432,000 son ciudadanos, 204 mil residen con estatutos de protección temporal y 700 mil son migrantes no autorizados; en 2017 la emigración aumentó en 50,248 un 3.33%.

Estos datos se ven comprobandos por el ingreso de las remesas al país, “los datos del BCR muestran que al cierre del año pasado [2018] se captaron $5,468.7 millones en concepto de remesas familiares, presentando un crecimiento de 8.4 %, con lo cual superó en $425.7 millones a los ingresos recibidos bajo este concepto en el mismo período del 2017. Sin embargo, esto indica que la tasa de crecimiento del año pasado fue menor a la registrada en 2017, que fue de 9.7 %”[4]. Esto le da un soporte tremendo a la economía salvadoreña. El envió de remesas en 2017 llego a representar el 16 % del PIB y el principal país de donde se envían las remesas es Estados Unidos, seguido de lejos por Canadá y en un tercer lugar Italia.

La mayor parte de los migrantes salvadoreños se encuentra entre los 18 y 65 años, en un 88%, según datos de la CEMLA. Actualmente, la migración es más grande incluso que el crecimiento demográfico, y contrario a lo que se puede creer el 45 % de la gente que emigró tenía empleo[5]. El problema no está tanto en el desempleo, sino en el ingreso, la mayor parte de esa gente también manifestó que se puede hacer mucho más dinero en EE.UU. que en El Salvador.

Así la mayor parte de los migrantes lo hacen por elevar sus niveles de vida y ayudar a sus familiares que quedan en el país, “si pueden ganar allá $21 mil al año comparados con los $4,502 que se gana acá es un impulso grande para abandonar la familia. Las  condiciones del trabajo son las principales determinantes”… “En cuanto al comportamiento de los ingresos que aporta está población,  nueve de cada diez remesas que recibe El Salvador vienen de Estados Unidos y desde 2010 –tras la crisis económica- el ritmo de crecimiento de las remesas alcanza el 4% anual”.[6] Cabe decir que la mayor parte de la población que ha emigrado en los últimos años tenía un empleo, la razón principal de emigrar no es la falta de empleo, sino los bajos ingresos en los empleos que ofrecen las transnacionales.

Así también la situación de empleo para la juventud tiende a complicarse: Un análisis de la inserción laboral de la juventud salvadoreña, elaborado por la Fundación para la Educación Superior (FES),  indicó, entre varios datos, que los jóvenes de entre 15 y 29 años de edad son los que más sufren el problema de desempleo en El Salvador.

Según el estudio, la tasa de desempleo juvenil es mayor que la tasa promedio de todo el país. “Si vemos la tasa de desempleo entre 15 y 29 años de edad es de 11.8 %: casi el doble que la tasa de desempleo nacional que es 7 %. Entonces, tenemos una importante diferencia; es decir, los jóvenes padecen más el desempleo que el total de la población”, a esto debemos sumarles la violencia pandilleril, las constantes violaciones y asesinatos a las mujeres, asaltos y violencia generalizada que padece el país, todas son expresiones de una sociedad capitalista enferma.

Las soluciones que ofrece el gobierno

Las soluciones que nos han ofrecido los gobiernos parecen no tener ningún efecto, la migración no se detiene. En El Salvador el presidente Nayib Bukele dice combatir la criminalidad, como principal eje de su política ha reforzado la policía y los militares; también ha pedido ampliar el plazo en el que debía estar el ejército en las calles, la utilización de los militares para tareas de seguridad se vencían este 31 de diciembre, es muy posible que no solo se amplíe el plazo sino también que se aumente la cantidad de soldados en las calles.

El Plan Control Territorial que consiste en controlar por la fuerza policial y militar los territorios dominados por las pandillas dejando caer todo el peso del Estado sobre las comunidades, aparentemente ha reducido los homicidios y los conatos de violencia, estadísticamente los homicidios pasaron de 10-11 a 5 o incluso a cero en menos de un mes. Sin embargo, expertos en la materia revelaron al periódico digital El Faro su impresión de estos datos.

“La española Sofía Martínez (1991, 19 de mayo) es una consultora independiente que desde hace tres años analiza temas de seguridad en el Triángulo Norte. Tras constatar que las cifras oficiales de violencia homicida en julio son “buenas noticias”, Martínez cree que “no hay elementos suficientes para relacionar esta reducción con las estrategias de seguridad del nuevo Gobierno”.

La analista cree que, en esencia, la administración Bukele también le ha apostado a la represión. “Le han cambiado el nombre, pero la receta sigue siendo la misma”, dice. El manodurismo históricamente ha generado reducciones en la violencia homicida en las semanas e incluso meses posteriores al lanzamiento de los distintos planes. Dice Martínez: “La razón por la que todos los gobiernos de los últimos 20 años han apostado por esta fórmula es porque efectivamente baja los homicidios en el corto plazo; sin embargo, a la vez que bajan las cifras de muertes violentas, una serie de efectos colaterales gravísimos quiebran este país: el miedo y la estigmatización hace que las comunidades más vulnerables se atrincheren; se genera un suelo fértil para las violaciones de derechos humanos; se rompe la relación entre el Estado y la sociedad; y la migración forzada se convierte en la mejor opción para las víctimas”.

El salvadoreño José Miguel Cruz, experto en violencia en el país comparte la opinión de Sofía Martínez y dice en la misma entrevista: “Dichos programas lograron reducir la violencia temporalmente para luego dar paso a estallidos de violencia homicida que superaron los niveles previos a los programas”, también opina que la clave no está en la represión: “En una sociedad como la salvadoreña, donde las normas de convivencia ciudadana jamás se desarrollaron, la ocupación territorial del Estado es efectiva solo efímeramente, porque a) las fuerzas gubernamentales no pueden permanecer eternamente en todo el territorio sin una infraestructura social y económica que las sostenga; y b) porque a la vuelta de un tiempo las fuerzas gubernamentales no pueden dirimir todos los conflictos que surgen sin que ellas mismas sean parte de la dinámica de la violencia”.

El articulo termina concluyendo que todos los planes echados a andar en los gobiernos anteriores contra la criminalidad, Mano Dura en el 2000 (Francisco Flores), Súper Mano Dura 2004 (Antonio Saca) y Medidas Extraordinarias (Sánchez Cerén 2014) lograron reducciones en los primeros meses, sin embargo, han fracasado en la tarea fundamental de acabar con la criminalidad y no solo eso, a cada plan le ha seguido una ola todavía superior de violencia y criminalidad en la que los pandilleros han reforzados sus métodos y el control del territorio.

Y se nos informa también que ahora, continuando con el Plan Control Territorial, tendremos una Patrulla Fronteriza seguramente controlada por el gobierno de Trump, que pretende acabar con la migración a través de la fuerza de las armas. Nos están condenado a vivir un infierno, los obreros y la juventud no tenemos otro camino que organizarnos para luchar contra el capital y sus gobiernos serviles.

El error que comenten estos planes, es que no resuelven los problemas de fondo de la clase trabajadora y la juventud. El migrante no decide marcharse de su país por falta de militares en su comunidad, por falta de policías y patrullas. No, por supuesto que no, los que abandonan nuestras tierras lo hacen porque saben que sus hijos no podrán tener una vida dignamente humana, porque no tenemos acceso a la educación, a la vivienda, a la salud, y aunque se tenga trabajo, los salarios están por debajo de las necesidades que se tienen que cubrir para la familia. Por ejemplo, la canasta básica ampliada en 2014, según la Digestyc, rondaba los 700 dólares, con respecto al salario mínimo de un obrero ($300) se queda muy por debajo, ni tan siquiera trabajando dos miembros de una misma familia se alcanza a cubrir.

Pero de esto no se habla en los discursos del presidente Bukele, recientemente se reunió con el vicepresidente de Estados Unidos, al que muy valientemente le dijo: “No queremos que nos sigan regalando su dinero; claro que cualquier programa que quieran desarrollar será bienvenido (…) no queremos seguir pidiendo dinero regalado, queremos ser aliados”.

Claro nuestro presidente nos tiene muy acostumbrando a decirnos: que lo podemos hacer todo con una buena ayuda de la inversión extranjera nada más, que acabará con aquello y con lo otro, con todos los males habidos y por haber, como quien poseyera poderes mágicos capaces de acabar con todo el sufrimiento del pueblo salvadoreño, pero como toda magia tiene su limitación, él nunca nos dice cómo lo hará y en qué momento esas soluciones llegarán. Pareciera que le gusta mantener el suspenso para darnos una sorpresa pronto, pero las sorpresas son buenas cuando nos solventan una necesidad, que en este caso debería ser empleo para la juventud, salarios acordes al costo de la vida, salud y educación, ¿nos lo podrán dar las inversiones extranjeras que Bukele quiere traer?

Las reuniones de Mike Pompeo y el jefe militar del Comando Sur de los Estados Unidos, no tienen otro objetivo que proponer la militarización de los países del Triángulo Norte y México; y establecer condiciones para asediar al vecino país de Nicaragua, en su ofensiva histórica también contra Venezuela y Cuba. La clase obrera no debe confiar en estos agentes del mal, ellos no traen las soluciones para acabar con nuestra miseria, de ningún modo.

Pompeo ha dicho al llegar a El Salvador: «(La visita) ampliará la cooperación en temas de seguridad, reforzará el compromiso en Estados Unidos con los derechos humanos y la democracia, en particular el apoyo a los pueblos de Cuba, Nicaragua y Venezuela y su lucha por la libertad y para mejorar las condiciones económicas y expandir las oportunidades económicas de nuestros ciudadanos».[7]

En esas declaraciones Pompeo dejó claro realmente el motivo de su visita, desde luego que no hay nada que la clase obrera pueda celebrar de esto, aunque Nayib Bukele haya dicho que este evento es importante para toda la nación. No hay nada de progresismo en la política de los Estado Unidos en Centroamérica, desde todos los puntos de vista, no tienen una solución para el problema migratorio, por lo menos no algo que realmente lo solucione.

El problema que tenemos es que el reformismo en tiempos de crisis es totalmente inviable y con el FMLN llegó a su límite, lo cual complica los movimientos de Nayib. Él ha empezado su gobierno siguiendo los mandatos del FMI, acortando el Estado despidiendo gente, y recortando los programas sociales, y este espiral ascendente de contrarreformas no las podrá detener. Todos los intentos de restablecer el equilibrio económico en el país tienen que pasar por ataques a la clase trabajadora, lo cual romperá el equilibrio político. La clase obrera volverá a movilizarse tarde o temprano para defenderse de los ataques y buscará nuevamente una salida. Así que nuevos acontecimientos estarán en el orden del día.

¿A qué debemos aspirar?

Desde una perspectiva de clase sabemos que los diferentes gobiernos de la región no pueden ofrecer una solución real para la clase obrera a las bases que fomentan la migración, porque están unidos por miles de hilos al imperialismo norteamericano y a las burguesías de cada uno de los países. El problema de la migración en este nivel de desarrollo tiene que ver con la crisis de las economías y la crisis que atraviesa el capitalismo para brindar un mundo verdaderamente humano.

Los gobiernos tienen amarradas sus manos a los intereses de los empresarios y banqueros, nacionales e internacionales, por eso no les interesa hablar de los problemas fundamentales de los trabajadores, que tienen que ver con los salarios, la jornada laboral  y sus prestaciones sociales, porque esto entra en contradicción con los intereses de los empresarios y desde luego que no es bueno para la inversión extranjera, la que tan urgidos están de recibir.

Porque entre más bajos sean los salarios y menos derechos tengan los trabajadores los capitalistas pueden extraer de mejor forma la plusvalía de la clase obrera, así Centroamérica se vuelve un paraíso para la inversión. El problema no es que no hayan condiciones para invertir, el problema es que el capitalismo en esta etapa de crisis no está invirtiendo sino monopolizando la producción existente.

A Trump le interesa controlar nuestros mercados para sus mercancías en la disputa contra China, Latinoamérica es un buen botín del cual Trump no se quiere perder ni una parte, así también necesita devolver a Estados Unidos su prosperidad (harta tarea) para cumplir con los que lo votaron y desde luego con los intereses de muchos capitalistas, sin embargo, todo paso que da para conseguir sus objetivos, no hacen más que complicarle las cosas. La militarización en el Triángulo Norte de Centroamérica puede tener efectos inmediatos, pero eso también puede desencadenar procesos duros en la lucha de clases que amenacen con el mismo sistema capitalista.

Todo el progresismo del capitalismo ha llegado a su fin, en el pasado la burguesía acabó con el absolutismo de la monarquía de manera violenta, desarrollando el Estado Nación y los mercados a través de la inversión en la tecnología y la ciencia. Pero hoy el Estado Nación y la propiedad privada se vuelven una camisa de fuerza para el desarrollo de la sociedad, para poder avanzar a un nivel superior se deben acabar con estos vestigios de una sociedad decadente, pero eso solo será posible a través de una revolución socialista.

La clase obrera centroamericana debe estrechar lazos entre sí. En todos los países el problema es realmente el mismo, la explotación extenuante por las transnacionales, la pobreza y la exclusión, todo esto es generado por el sistema capitalista. Al contrario de lo que se pueda ver a simple vista, los trabajadores tienen un poder colosal tras de sí, ellos son los que realmente mueven los hilos de la economía y no la burguesía parasitaria que solo se apropia del beneficio producido por el obrero.

En diferentes momentos, los gobiernos, ya sean liberales, derechas o izquierdas reformistas, nos han traicionados. El pueblo centroamericano va concluyendo a través de la práctica que no se puede confiar en estos líderes. Líderes que han renegado del socialismo y de la revolución, que han llegado al poder y se han vendido al capital, que hablan en nombre de la democracia y la patria, pero a medida pasa el tiempo esa patria y democracia en lo abstracto se va volviendo más concreto en los intereses de los capitalistas de cada país y del imperialismo, o sea, la patria de la burguesía y la democracia de la clase dominante.

Debemos construir un movimiento revolucionario y socialista que luche por las demandas y reivindicaciones de la clase obrera y la juventud, que se plantee la unión de todos los países de Centroamérica en una sola y poderosa Federación de Repúblicas Socialistas de Centroamérica, que ponga toda su riqueza material y cultural a disposición de todas la clases oprimidas por el capitalismo. Solo de esta forma tendremos un lugar digno donde vivir, y esto solo se puede lograr a través de la lucha unida de todos los trabajadores centroamericanos donde quiera que estén.

La Corriente Marxista Internacional se suscribe a estos grandes objetivos para luchar por una misma causa en todos y cada uno de los países donde tiene presencia, todo joven y trabajador dispuesto a luchar está invitado a integrarse en nuestras filas y combatir contra el capitalismo y el imperialismo norteamericano y por la revolución socialista mundial.

¡Solidaridad con los migrantes!
¡Cierre de los campos de detención!
¡No a las patrullas fronterizas!
¡Qué la crisis la paguen los capitalistas!
¡Fuera los gobiernos serviles al imperialismo yanqui en Centroamérica!
¡No a la intromisión imperialista de Trump!
¡Por una Federación Socialista de América Latina!