El trabajo esclavo y la avaricia capitalista

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En las últimas semanas se visibilizó, para la prensa y para las grandes masas, la histórica explotación que sufren los trabajadores rurales. A partir de una nota periodística y de una investigación de la AFIP, resonó en todos los medios y en la opinión pública las denigrantes condiciones de trabajo de la mayoría del proletariado rural.

En las últimas semanas se visibilizó, para la prensa y para las grandes masas, la histórica explotación que sufren los trabajadores rurales. A partir de una nota periodística y de una investigación de la AFIP, resonó en todos los medios y en la opinión pública las denigrantes condiciones de trabajo de la mayoría del proletariado rural.
Estos trabajadores, provenientes fundamentalmente del NOA, vuelven a poner en escena las profundas diferencias que existen en el desarrollo de nuestro país, sumado, entre otras, a las consecuencias de la década del ’90 de mayor concentración de la tierra. En términos generales, podemos decir que los trabajadores de Santiago del Estero y Tucumán, principalmente, migran a provincias como Mendoza o Río Negro, para sumar a esa masa invisibilizada de 700.000 trabajadores rurales no registrados, según los datos de su sindicato UATRE. Mientras otro miles, vienen a sumarse a los cordones de pobreza de las grandes urbes, o son superexplotados en su provincia de origen. La cadena de complicidades incluye a los empresarios, intermediarios, burocracia sindical y Estado.
Al menos un millón de personas se ocupan a lo largo del año, de forma permanente o transitoria, en el agro; aunque sólo están registrados 320.542, según el último dato del Indec correspondiente al tercer trimestre de 2010. Esto supone una tasa de informalidad cercana al 70 por ciento, duplicando la media de la economía.
Diariamente en el campo argentino se repiten las escenas de explotación laboral, trabajo infantil, jornadas de trabajo de hasta 16 horas, pagas mínimas, ausencia de día de descanso, amenazas y maltratos, alimentación escasa, personas obligadas a vivir en taperas o bajo plásticos.
Nuestro país desarrolló la exportación de materias primas agrícolas a partir de la explotación a destajo tanto del gaucho, del indígena como del inmigrante. Hoy, entonces, no sorprende que bajo el discurso de un agro exitoso, niños, mujeres y hombres padezcan la peor explotación. En todo caso, debemos hablar de continuidad histórica.
 
Todos para uno y uno para todos
 
En este marco no podemos soslayar la detención del dirigente de UATRE, Gerónimo “Momo” Venegas por “asociación ilícita y malversación de fondos públicos” en el caso de la mafia de los medicamentos. Obviamente, no podemos sorprendernos del apoyo incondicional de la derecha peronista, con Duhalde, Barrionuevo y Camaño a la cabeza. Y en esta cadena de lealtades, se han sumado las patronales del agro y la dirección de la CGT.
Que las patronales agrarias – Sociedad Rural, la Federación Agraria, Confederaciones Rurales Argentinas y Coninagro- defiendan a coro al Secretario General del Sindicato que nuclea y defiende los intereses de los trabajadores rurales, por lo menos aclara que las condiciones de esclavitud de miles de trabajadores, a pesar de las desmentidas, es conocida por ambas partes y hay una complicidad, al menos tácita. Que la dirección de la CGT defienda corporativamente a un dirigente cuestionado, tanto por las condiciones de trabajo de sus agremiados como por el genocidio de los medicamentos adulterados, vuelve a poner en escena el papel nefasto que juega la burocracia sindical cuando se trata de defender los intereses de los oprimidos o sus fabulosos negocios.
 
Desafíos para los trabajadores
 
La Mesa de Enlace y el gremio de los peones rurales, Uatre, rechazaron un Nuevo Régimen de Trabajo Agrario, iniciativa que presentó el Gobierno en junio del año pasado – hecho que saludamos y que, sobre el papel, indudablemente ayuda en sus reclamos al proletariado rural- y que había tomado nuevamente impulso luego de conocerse los hechos de precarización laboral en varias compañías multinacionales, como Nidera, Southern Seeds Production y Satus Ager y de empresarios nacionales como Olmedo.
Esa iniciativa pretende poner fin a las jornadas a destajo, impulsar mejoras en las condiciones de vivienda y alimentación de los trabajadores en casos donde éstos sean provistos por los empleadores y que el registro de los peones quede a cargo del Estado y no del Renatre, organismo conformado por Uatre y las entidades.
Los trabajadores de la ciudad y del campo tenemos, al menos, dos desafíos por delante:
1. luchar por la democracia y libertad sindical para poder organizarnos y elegir representantes gremiales que defiendan los genuinos intereses de los trabajadores.
2. avanzar en la discusión de la ley de tenencia de la tierra, para expropiar los grandes latifundios y poder de esa manera planificar la producción agrícola en beneficio de los trabajadores y la mayoría de la sociedad.