EL DESASTRE DEL TSUNAMI

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Diez días después del devastador tsunami que hizo estragos en el Océano Índico, el 26 de diciembre de 2004, cada vez está más claro que se podía haber hecho mucho más para evitar la destrucción masiva y la muerte de 156.000 personas (por ahora) en la región. También está claro que se podía haber hecho mucho más para ayudar y aliviar los efectos del desastre.

HORROR SIN FIN

Diez días después del devastador tsunami que hizo estragos en el Océano Índico, el 26 de diciembre de 2004, cada vez está más claro que se podía haber hecho mucho más para evitar la destrucción masiva y la muerte de 156.000 personas (por ahora) en la región. También está claro que se podía haber hecho mucho más para ayudar y aliviar los efectos del desastre.

Colin Powell, el saliente secretario de estado estadounidense, ha hecho un viaje a la región para evaluar los daños, después de ver los efectos dijo que el desastre era mucho peor que si se hubiera producido una guerra. Colin Powell debe saber qué destrucción provoca la guerra ya que tiene experiencia propia en la guerra de Vietnam y también ayudó a organizar la actual guerra de Iraq, donde EEUU y Gran Bretaña son responsables de la destrucción del país, su infraestructura y la muerte de más de 100.000 personas.

Las imágenes de la carnicería han llevado a millones de personas normales de todo el mundo a donar millones de dólares para ayudar a la región, pero en primer lugar deberíamos preguntarnos si todo esto podía haberse evitado.

Ningún aviso

Tad Murty, un especialista canadiense en tsunamis, calcula que se podían haber salvado el 90-95% de las vidas si hubiera existido en el Océano Índico un sistema de detección de tsunamis. Señaló a Japón como un ejemplo de país afectado regularmente por tsunamis y que sufre pocas bajas. “Las olas son totalmente predecibles. Desde donde se ha producido el terremoto el tiempo de llegada de las olas a la India es de cuatro horas. Hay tiempo suficiente para avisar”. (Globe and Mail. 29/12/2004).

En el Océano Pacífico hay un sistema de detección, el Centro de Detección de Tsunamis del Pacífico (PTWC), además del Sistema de Detección de Tsunamis en Agua Profunda (DART), desarrollado por naciones ricas como Japón y EEUU. Este sistema no existe en el Océano Índico porque los “tsunamis son raros” y porque los gobiernos de la región dicen que el equipamiento es demasiado caro. El costo de poner en funcionamiento el sistema DART en 2002 fue sólo de 2 millones, una fracción de algunos presupuestos militares de la región.

El PTWC detectó un terremoto de grado 9 en la costa noroeste de Sumatra. El PTWC contactó con los países miembros para avisar de que no había amenaza de tsunami en el Océano Pacífico. Resulta significativo que de los once países afectados por el desastre sólo Tailandia e Indonesia son miembros del PTWC. Según dijo Charles McCreery, director del PTWC: “intentamos hacer lo que pudimos. No teníamos en nuestra agenda ningún contacto de esa zona particular del mundo”. Una hora después del terremoto -la estimación inicial de su intensidad se había revisado de 8 a 8,5- se lanzó una segunda alerta sobre un posible tsunami en el Océano Índico. Según el geofísico Barry Hirshom: “Empezamos a pensar en a quién podíamos llamar. Hablamos con el Centro de Operaciones del Departamento de Estado y el ejército. Llamamos a las embajadas. Hablamos con la armada de Sri Lanka, con cualquier funcionario del gobierno local que pudiéramos contactar”. Más tarde McCreery confirmó también que el PWTC alertó a la marina estadounidense, al Departamento de Estado norteamericano y al gobierno de Australia. El Departamento de Estado dice que se lo notificó a la India, pero el gobierno indio dice que no recibió ningún aviso en las dos horas que transcurrieron entre el terremoto y la llegada de las olas. El gobierno de Sri Lanka tampoco recibió ningún aviso.

La isla de Diego García, controlada por los británicos, aparentemente recibió un aviso. La isla alberga una base militar norteamericana desde donde parten incursiones militares hacia Afganistán e Iraq. La base estadounidense, directamente frente al camino del tsunami, fue evacuada y no sufrió ningún daño. Está claro que si la población que fue desalojada de la isla en los años cincuenta (sin compensación), para construir allí la base militar, viviera aún en la isla seguramente no habría recibido ningún tipo de aviso y habría sufrido también el tsunami.

Se calcula que con tan sólo 15 minutos, y un plan de evacuación claro, la mayoría de las personas que no tenían ni idea de lo que se aproximaba seguramente se podían haber salvado.

En los países donde se aproximaba el tsunami la respuesta fue desorganizada. En los países que fueron avisados la respuesta al desastre fue lenta debido a la falta de preparación, a la inadecuada infraestructura y a la burocracia. Muchos de los que recibieron los avisos no sabían como interpretarlos o reaccionaron con indiferencia. En Indonesia los sismólogos detectaron el terremoto pero no pudieron avisar porque no tenían línea telefónica en la oficina, a pesar de estar construidas a partir de 2002.

Los beneficios más importantes que las personas

Los sismólogos de Tailandia registraron el terremoto y los funcionarios del Departamento Meteorológico Tailandés se encontraban en un seminario cuando les llegaron las noticias. Celebraron una reunión de urgencia para decidir la respuesta a la amenaza. Fuentes anónimas presentes en la reunión dijeron que se discutió el peligro pero que se decidió no avisar para no asustar a los ciudadanos y a los turistas.

En el lugar había sensores de marea pero no había manera de confirmar si en realidad había riesgo de tsunami. Lo que más temían era la respuesta del gobierno y de las empresas turísticas si emitían una falsa alarma. Tuvieron en cuenta que el terremoto se producía en uno de los principales períodos turísticos y que los hoteles y las playas estaban llenos. Un funcionario dijo lo siguiente a The Nation: “Si hubiéramos emitido un aviso que hubiera provocado la evacuación [y no hubiera ocurrido nada] ¿qué habría pasado? Las empresas inmediatamente habrían resultado afectadas. Habría ido más allá de lo que podría manejar el Departamento Meteorológico. Si no hubiera llegado [el tsunami] nos habríamos hundido”.

Varios científicos llevan años avisando de los peligros de un tsunami en el Océano Índico. Considerados como “chiflados”, se los ha marginado y silenciado. Samith Dhamasaroj, antiguo director del Departamento Meteorológico Tailandés, avisó del riesgo hace ya siete años. Simplemente defendía la instalación de un sistema de avisos, incluidas sirenas en los hoteles que están al lado de la playa. En algunos lugares le prohibieron la entrada porque “decían que [él] dañaba la imagen del lugar ante los turistas extranjeros”.

Esto parece ser consistente con los acontecimientos anteriores. Según Checheep Mahachan, de la oficina sismológica de Tailandia: “No se dio un aviso adecuado. Si hubiéramos avisado y después no hubiera ocurrido, entonces habría significado la muerte del turismo en estas zonas”. El responsable de la oficina, Sulamee Prachub, citó un ejemplo reciente: “Hace cinco años el departamento meteorológico emitió una advertencia sobre una posible ola después del terremoto en Guinea Nueva Papua, la autoridad turística se quejó de que esta advertencia había afectado al turismo”. Nunca se repitió la alerta, murieron 2.000 personas y miles más quedaron sin hogar después del tsunami producido por el terremoto de Guinea Nueva Papua de 1998.

La lógica de las industrias turísticas es ridícula. Temen que una falsa advertencia dañe la industria turística, que es vital para muchos de estos países. Si una falsa advertencia dañaría la industria ¿qué pasa cuando no se avisa porque los beneficios podrían verse perjudicados? Los turistas se sentirían más seguros y estarían más inclinados a visitar un país donde se tiene en cuenta su seguridad y su vida, apreciarían más una falsa alarma que no recibirla nunca. Si hubiera habido una falsa alarma en Guinea Nueva Papua o en Tailandia muchos turistas estarían dispuestos a regresar sabiendo que hay preocupación por su seguridad por parte del gobierno y las empresas del sector. ¿Pero qué ocurre ahora? ¿Quién quiere visitar estos países sabiendo que sólo se preocupan de los beneficios y no de la seguridad de los turistas? ¿Quién querrá ir allí sabiendo que se obviaron los avisos de tsunamis para ahorrar dinero?

Y mayor importancia de los beneficios que de las víctimas

Más despreciable es saber que los bancos están consiguiendo masivos beneficios gracias a la caridad y los donativos que se hacen en Gran Bretaña para ayudar al desastre.

Después de las masivas protestas del público estos bancos han aceptado devolver las 300.000 libras en beneficios conseguidas con el tsunami. El beneficio procede del 3% cargado sobre los donativos hechos por teléfono o Internet. Se calcula que con estas 300.000 libras se podrían pagar 140 tanques cisterna que podrían proporcionar agua a 420.000 personas.

Obviamente, la gente está indignada y enfadada con los bancos e instituciones financieras que sacan beneficios de los donativos y del sufrimiento y la muerte de cientos de miles de personas. Personas de todo el mundo han donado dinero para ayudar a los millones de afectados por el desastre, ayer en Gran Bretaña la cantidad alcanzaba los 76 millones de libras. Estas prácticas bancarias también han provocado indignación en otros países como España, aunque aquí no están dispuestos a devolver el dinero cargado sobre los donativos.

Incluso si se reembolsara este beneficio no sería extraño que la mayoría de este dinero no llegara a su destino. Después del terremoto de Bam, hace un año en Irán, los gobiernos prometieron una ayuda de mil millones de dólares. Hasta el momento sólo han llegado 17 millones de dólares. De los 2.000 millones de dólares prometidos en ayuda después del tsunami, más los fondos donados por personas comunes, ¿cuánto dinero llegará realmente?

Aceh

El ejército indonesio también intentará beneficiarse del desastre del tsunami en la provincia de Aceh. La provincia indonesia de Aceh fue una de las más afectadas por el tsunami. 100.000 personas podrían haber muerto en esta provincia y en otras zonas del norte de Sumatra como resultado del terremoto.

Los voluntarios, los trabajadores socorristas y las familias están ocupados recogiendo y buscando cuerpos en la zona, pero los soldados indonesios continúan su ofensiva contra los separatistas rebeldes.

Los medios de comunicación dicen que desde el 26 de diciembre hay de facto un alto el fuego entre el ejército indonesio y los rebeldes separatistas. Pero no hay signos de que se haya levantado el estado de emergencia decretado en 2004.

Un portavoz del ejército indonesio confirmó que sólo dos tercios de los 40.000 soldados presentes en la provincia estaban participando en la ayuda, mientras que el otro tercio estaba participando en operaciones militares contra los insurgentes.

El gobierno indonesio también retrasó la llegada de ayuda internacional y de voluntarios a la región. Continúa con su política iniciada hace años de prohibir la ayuda y la presencia de observadores internacionales. A Yakarta llegan noticias de que el ejército están atacando los escondites del Movimiento por un Aceh Libre (GMA) y está interrogando a los refugiados y supervivientes que se aproximan a los campamentos en busca de comida y ayuda.

El coronel D. J. Nachrowi declaró al Jakarta Post que el desastre no ocasionará que el ejército suspenda las operaciones de seguridad contra el GMA. Stratfor ha dicho que el desastre del tsunami podría favorecer a Yakarta en su campaña contra el GMA. “El presidente Yudhoyono enviará más tropas a la provincia para reconstruirla y limpiarla… Si el GAM no acepta solucionar pacíficamente el problema, Yudhoyono tendrá más tropas para acabar con ellos”.

Los cálculos y la sangre fría del imperialismo

El presidente de EEUU George Bush parecía irritado cuando tuvo que interrumpir sus vacaciones para anunciar una ayuda de 15 millones de dólares. Esto ocurría tres días después de uno de los mayores desastres naturales de los últimos cien años.

Los 15 millones iniciales fueron ridiculizados en la prensa mundial. Eso obligó al gobierno estadounidense a aumentar la cantidad hasta 35 millones de dólares. Comparado con el gasto militar en Iraq esta cantidad resulta irrisoria.

Después de mucha controversia EEUU anunció que daría 350 millones de dólares de ayuda. Pero comparada con la respuesta del gobierno a los huracanes que asolaron Florida este año 350 millones de dólares es insignificante. Después de esos huracanes que mataron a 116 personas, el estado dedicó 3.170 millones de dólares. La respuesta financiera al desastre de Florida fue cien veces mayor que la respuesta al tsunami del Sudeste Asiático.

El gobierno británico al principio ofreció un millón de libras, después subió hasta 50 millones, incluso aunque ya se sabía que los donativos de la población llegaban a los 76 millones de dólares. The Guardian comparaba el gasto del gobierno en otros programas y la ayuda dedicada al desastre del tsunami: “El costo del nuevo esquema de identidad nacional, por ejemplo, para llevar comida y abrigo a nadie, se calcula que está en 3.100 millones de libras”. (The Guardian. 5/1/05). Esto sitúa la ayuda del gobierno británico en una luz nueva y vergonzosa. Los trabajadores británicos han donado 76 millones de libras, conmovidos por las imágenes de sufrimiento, mientras que el gobierno al principio sólo destinaba un millón.

Igualmente las ONG españolas han denunciado que el 90% de la “ayuda” prometida por el gobierno español irá en forma de préstamos blandos, unidos a la compra de productos y servicios españoles. Así que el donativo real será de 5 millones de euros, mientras que otros 53 millones son préstamos blandos que finalmente regresarán a las arcas de las empresas españolas.

Bush ahora ha salido a favor de la construcción de un sistema mundial de detección contra los desastres naturales, similar al PTWC construido por EEUU y Japón. El costo de este sistema se calcula que está próximo a los 150 millones de dólares, mucho menos de lo que cuesta una semana de guerra en Iraq, que se calcula en 5.000 millones de dólares.

The Guardian publicó un artículo con las siguientes cifras:

“El gobierno estadounidense se ha comprometido a donar 350 millones de dólares para las víctimas del tsunami y el gobierno británico 50 millones de libras (96 millones de dólares). EEUU ha gastado 148.000 millones de dólares en la guerra de Iraq y Gran Bretaña otros 11.500 millones. La guerra dura ya 656 días. Esto significa que el dinero prometido para el desastre del tsunami por EEUU es el equivalente al gasto de día y medio en Iraq. El dinero de Gran Bretaña son cinco días y medio de nuestro gasto en la guerra. Es aún peor cuando se compara el costo de la guerra con el presupuesto de ayuda total extranjera. Gran Bretaña ha gastado casi dos veces más en provocar sufrimiento en Iraq que lo gastado anualmente en aliviar el sufrimiento en otras partes. EEUU ha dado sólo 16.000 millones de dólares más en ayuda extranjera: menos de una novena parte del dinero gastado en Iraq”. (The Guardian, 4/1/05).

Los principales periódicos y revistas financieros, como Financial Times y The Wall Street Journal, han publicado artículos a sangre fría sobre la perspectiva económica desde el desastre. Sabiendo que la economía mundial es extremadamente frágil y que un desastre importante como este tsunami podría tener un impacto importante en ella, incluso hasta el punto de llevar a la economía mundial hacia una crisis, estos artículos llegan a la conclusión de que los acontecimientos de los últimos diez días no eran importantes en absoluto, que no tendrán un impacto económico importante. Así calman los nervios de los inversores, les dicen que no tengan pánico y que todo irá bien.

The Financial Times calcula que el desastre del tsunami costará a las compañías de seguros aproximadamente 14.000 millones de dólares, mucho menos de lo que han pagado después de los huracanes de Florida. Una razón es que el tsunami está clasificado como un “Acto de Dios” y la mayoría de la población no recibirá compensación alguna. La otra es que “el tsunami afecta sobre todo a las zonas económicamente pobres con poca industria e infraestructura”.

La pobreza de la región significa que la mayoría de las propiedades y las vidas de la población no estaban aseguradas y como el tsunami se puede clasificar como un Acto de Dios, los costos para el sistema de seguros y el sistema financiero mundial se reducirá mucho.

Los capitalistas mundiales también están muy contentos porque las grandes plantas de gas natural, propiedad de Exxon Mobil, no han resultado dañadas y pudieron reanudar la producción poco después del terremoto. No se ha producido una interrupción significativa de los suministros de combustible y de la transferencia a los países industriales.

Pocos días después del desastre los principales periódicos de Nueva York aparecían con artículos sobre las bonificaciones de navidad distribuidas en Wall Street después de los artículos sobre el desastre. Suman 15.900 millones de dólares en 2004, que superan largamente todo el daño y el dinero ofrecido en ayuda después de uno de los mayores desastres naturales en décadas.

Bush está utilizando a su padre y a Bill Clinton para conseguir donaciones de las empresas que como es de prever son bastante tacañas. The Guardian publicaba algunas cifras relevantes de la actual elite empresarial británica.

“La empresa británica rápidamente se dio cuenta de la necesidad de sintonizar con el ambiente y hacer pública su preocupación. Las principales empresas sin duda se sienten orgullosas de su generosidad. Pero no deberían estarlo. Deberían avergonzarse.

Vodafone anunció que entregaría 1 millón de libras. Un millón de libras es mucho para usted o para mi, pero no para Vodafone, para ella es cambio chico. El beneficio anual de la empresa, registrado en el mes de mayo pasado, fue de 10.000 millones de libras. Eso significa que la empresa consigue más de un millón de libras de ganancia por hora. Y eso es todo lo que da, menos de una hora de beneficio. Es menos de lo que le queda a su nuevo jefe, Arun Sarin, por sus bonos anuales.

Pongamos otro caso, Vodafone ha dado simplemente una diezmilésima parte de su beneficio anual. (No de su ingreso total, que sería una cifra mayor, sino de su beneficio). Piensen en sus propios ingresos anuales, después de haber pagado todos sus gastos. Ahora calculen lo que sería una diezmilésima parte de esa suma. ¿Si hubiese dado sólo esa cantidad de ayuda al tsunami habría sido suficiente? ¿Pregonaría su orgullo? (…)

British Petroleum da la saludable cifra de 1,6 millones de libras: buena cifra hasta que vemos como el gigante petrolero espera unos beneficios para el 2004 de 9.000 millones de dólares.

El beneficio comercial del núcleo empresarial de Abbey National superó la marca del millón de libras en 2004, incluso aunque la empresa tuviera una pérdida global. Los tiempos deben ser duros porque cuando han mirado en sus bolsillos sólo han encontrado 25.000 libras. He hecho las sumas: basándome en mi cómodo salario del The Guardian, ese es el equivalente a que yo done menos de dos libras.

Tesco está orgullosa porque ha enviado comida, agua y productos de higiene a Tailandia y Sri Lanka, pero resulta impactante que, con unos beneficios anuales de 1.700 millones de libras, sólo han dado la anémica cifra de 100.000 libras.

Philip Green, el jefe de BHS, es un hombre famoso por su generosidad, que da cantidades importantes a la caridad. Pero sus 100.000 libras en efectivo y el millón en ropa no es un sacrificio cuando se sabe que su grupo Arcadia le pagó un dividendo de 460 millones de libras el año pasado y que gastó 5 millones en una fiesta toga para celebrar sus 52 años de edad.

Nada de esto debería ser realmente una sorpresa. Los telespectadores de Children in Need y Comic Relief habrán observado que los entusiastas donantes empresariales consiguen publicidad gratis, entregando un cheque a televisión, combinada con asombrosos niveles de tacañería. Las sumas que dan son los centavos que se caen a su sofá, las hilachas de sus bolsillos, y esperan que estemos agradecidos.

El problema no son sólo las empresas ricas, sino los individuos ricos. Según la Charities Aid Foundation, el 10% más rico de los británicos dan sólo el 0,7% de su gasto familiar a la caridad, mientras el 10% más pobre dona el 3% del suyo”. (The Guardian, 5/1/05).

Si se compara estos donativos empresariales y gubernamentales con las cifras vistas en la página web de Labourstart que son la ayuda y los donativos sindicales para las víctimas del tsunami, más la cantidad increíble de dinero donado por los trabajadores normales se revela la avaricia, la sangre fría y la tacañería de los gobiernos y empresas, demuestra que la verdadera compasión humana y empatía proceden de los trabajadores normales, conmovidos por las imágenes de destrucción y sufrimiento vistas en los periódicos y televisores de todo el mundo. Como personas corrientes, podemos poner en el lugar y saber que en esa situación necesitaríamos desesperadamente ayuda y asistencia, y estamos dispuestos a ofrecer mucho más que una porción considerable de nuestros ingresos para ayudar a nuestros iguales. Si se compara esto con los cálculos fríos y cínicos de las empresas y sus títeres en los gobiernos, sólo se decidieron a dar más dinero cuando se dieron cuenta de que los donativos de la población normal eran muy superiores a los suyos.

Alivio de la deuda

El ministro británico Gordon Brown encabeza un plan para conceder una moratoria de la deuda a los países afectados por el tsunami. Calcula que este plan podría suponer para países como Indonesia y Sri Lanka un ahorro de 3.000 millones de dólares en un año. Canadá ya ha concedido una moratoria en los pagos de la deuda de los países afectados, Brown confía en que los otros países harán lo mismo. Pero los problemas han hecho que Australia haya descartado esta medida, sobre todo porque Indonesia le debe a Australia 1.400 millones de dólares. El gobierno australiano, hipócritamente, dice que la razón de esta decisión es que aliviar la deuda no es la respuesta porque el dinero ahorrado no necesariamente irá a las necesidades de la población. El gobierno también dijo que prefería canalizar los recursos directamente “así sabe como se utiliza exactamente el dinero”.

Según el Banco Mundial la deuda externa total de los países afectados es la siguiente:

* Indonesia …….132.200 millones de dólares
* India ……………104.400 millones de dólares
* Tailandia ……….59.200 millones de dólares
* Malasia …………48.600 millones de dólares
* Sri Lanka …………9.600 millones de dólares
* Somalia……………2.700 millones de dólares
* Seychelles …………..560 millones de dólares
* Maldivas……………..270 millones de dólares

El porcentaje de la deuda respecto al ingreso nacional anual es el siguiente:

* Indonesia……80%
* India…………..21%
* Tailandia…….48%
* Sri Lanka…….59%
*.Maldivas…….45%

(Fuente: Movimiento Mundial por el Desarrollo)

Estas cifras significan que los costos anuales del pago de la deuda son:

* Indonesia…….13.700 millones de dólares
* India……………13.000 millones de dólares
* Tailandia……..17.900 millones de dólares
* Sri Lanka………….653 millones de dólares
* Maldivas……………20,8 millones de dólares

Según estas cifras la organización Movimiento Mundial por el Desarrollo dijo que los 3.000 millones anuales de Brown para alivio de la deuda “sólo cubrirían un mes y medio” de los pagos de la deuda para los cinco países más afectados por el desastre del tsunami.

Eso significa que la mayor parte del dinero donado en ayuda para las víctimas del tsunami simplemente acabarán regresando a los bancos occidentales en concepto de pago de la deuda. Estas cifras sitúan en su contexto la “generosidad” de los gobiernos capitalistas de todo el mundo.

El fracaso del capitalismo

Todo esto demuestra que el capitalismo le ha fallado a las personas afectadas por el desastre del tsunami, tanto en términos de proteger sus vidas como de ofrecerles seguridad siendo incapaz de brindar un sistema de detección avanzado. También ha fracasado en que los gobiernos y las empresas del mundo sólo están dispuestos a dar en ayuda una fracción de la suma conseguida en beneficios o de su gasto en aventuras militares.

Han muerto 150.000 personas y millones se han quedado sin hogar. Cientos de miles de personas morirán debido a las enfermedades y el hambre provocadas por el desastre. El alcance del cataclismo revela que ningún país tiene los recursos para proteger a la población frente a los desastres o dar ayuda para aliviar el sufrimiento. El tsunami ha revelado la debilidad del capitalismo y la debilidad de los regímenes de la región, y hasta qué punto muchos de estos gobiernos pueden enfrentarse a agitaciones revolucionarias después de pasada la conmoción inicial.

El sistema capitalista mundial fue incapaz de prever este acontecimiento y es incapaz de planificar sus recursos para responder a él y a la posterior reconstrucción. Como resultado cientos de miles han muerto innecesariamente. Si los recursos del mundo fueran coordinados y dirigidos en una economía democráticamente planificada por los trabajadores y los pobres del mundo, podríamos garantizar que el daño provocado por los desastres naturales como los terremotos y los tsunamis se minimizarían y que la ayuda posterior para la reconstrucción se organizaría de una manera mucho más eficaz y generosa.