El comienzo de la Segunda Revolución Boliviana

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En este artículo se hace una interpretación marxista de los acontecimientos de octubre en Bolivia. Apareció en francés con la firma de Michel Wattignies (seudónimo que utiliza habitualmente Pierre Broué) en “Le Marxisme Aujourd’hui”, publicación dirigida por el prestigioso historiador. Un presidente de la república corriendo por la terraza para subir a un helicóptero huyendo del pueblo sublevado: eso ocurrió anteayer con De la Rúa en Argentina… Y ayer en Bolivia con el medio yanki Gonzalo Sánchez de Lozada, conocido como Goñi, que utilizó el mismo medio para refugiarse en el corazón del cuartel general de la contrarrevolución de América Latina en Miami,. Por lo tanto la revolución latinoamericana continúa, con la que podemos considerar la Segunda Revolución Boliviana después de la de 1952.

Es ciertamente muy difícil enterarse de estos sucesos por la prensa francesa. En cuanto a la prensa latinoamericana, también tiene sus cronistas-calumniadores, como Luis Oviedo, seguidor de Jorge Altamira y de su partido, el Partido Obrero, que escribió un artículo contra Alan Woods y Jorge Martín que genera esta pregunta: ¿Es estúpido y no sabe leer, o un falsario consciente y organizado?

En el año 2000 los trabajadores de Cochabamba derrotaron, bajo el liderazgo de un comité de coordinación encabezado por el veterano Oliviera, los planes de privatización del agua, que había sido decida por el gobierno oligárquico (“La Rosca”) en favor de la compañía estadounidense Bechtel. Esta vez fue el gas el que encendió la pólvora. Y el ejército fue llamado a sofocar el fuego de la revuelta.

El gas en el contexto social

Bolivia es un país muy pobre. ”La mayoría de los bolivianos vive con menos de 5 dólares por semana, el 82% de los campesinos vive bajo la línea de pobreza. El 87% de la tierra, incluida la más fértil, pertenece a los terratenientes, que son sólo un 7%. A millones de pequeños campesinos se reparten el 13% restante”, escribe “La Riposte”, citando fuentes de la prensa de izquierda boliviana.

El descubrimiento de nuevos campos de gas natural fue el punto de partida de los sucesos actuales. El subsuelo boliviano contiene enormes reservas de gas, y desde 1985, bajo el gobierno de Gonzalo Sánchez de Lozada, su explotación está privatizada. “La Commune” señala: “Cada dólar invertido reporta 10, pero de esos 10, Bolivia percibe ¡sólo 2! La decisión que hizo que todo explote fue la de exportar el gas a EEUU a través de Chile mediante un consorcio creado por una alianza de intereses multinacionales, llamada Pacific LNG”.

La reacción fue inmediata y general. Las organizaciones que se opusieron a ese plan crearon la Coordinadora de defensa del gas. Solicitaban que el 50% de los beneficios quedara en el país, donde la población carece de todo y donde los pobres deben comprar el gas en garrafas a altísimos precios y al que hay que transportar. Debemos subrayar el hecho de que los nuevos dirigentes, como Jaime Solares de la COB y Miguel Zuvieta de los mineros, se mostraron muy combativos en esta cuestión. La COB, confederación sindical nacional, muy debilitada, recuperó algo de nervio basándose en sus responsables locales y regionales, como Roberto de la Cruz de El Alto.

Inmediatamente, El Alto, una gran ciudad de unos 750 mil habitantes (10% de la población del país), cercana a La Paz y poblada por obreros y campesinos desocupados, se convirtió en la vanguardia de la lucha. Allí fue sólidamente acatado el llamamiento de la COB, liderada por Solares, a una huelga general hasta la victoria en la cuestión del gas,. Y no sólo en palabras, El Alto quedó bajo el control de una red de comités.

Aunque esto desagrade a calumniadores del estilo de Oviedo, hay que reconocer que la dirigencia de la COB sorprendió por su firmeza en lo que respecta a la huelga general y por las demandas de expulsar y juzgar a Sánchez de Lozada. Este último no midió la envergadura de la oposición. Había decidido que la fuerza sería suficiente para derrotar a un puñado de descontentos que él evaluaba en sólo 8.000 personas.

Pero la lucha no sigue ese camino. Los trabajadores responden con piedras y palos a los tanques y ametralladoras. El 20 de septiembre hay muertos en Warisata, en la región del lago Titicaca, y también en El Alto donde los alteños se defienden con bravura. La decisión se toma en función de la división de los militares. Los mineros que vienen de Huanuni también fuerzan el paso. Son 5.000 liderados por Miguel Zuvieta, el nuevo secretario general del sindicato de mineros, y están armados con los cartuchos de dinamita que utilizan habitualmente para trabajar. Después de un día de resistencia, los soldados permiten su paso: los oficiales cedieron ante los reclutas en lugar de atacarlos como antes. Pronto arribarán los cocaleros del Chapare, quienes habían sufrido una brutal represión recientemente.

El 11 de octubre el ejercito atacó el centro del movimiento en el Alto; allí se desarrollaron combates encarnizados considerando que la gente estaba desarmada. El ataque fue repelido y el 13 de octubre los alteños comenzaron a marchar hacia La Paz. Las consignas eran “¡Castigo a los asesinos!, ¡Recuperemos el gas!” En el mismo momento los mineros de Huanuni habían atravesado el bloqueo del ejército y arribaban a La Paz con su dinamita. El aparato represivo estatal dudaba. Entonces el teniente coronel Juan Carlos Ibáñez, hablando a los “oficiales patriotas”, protestó contra el rol represivo dado al ejército.

El peligro subversivo comenzó a crecer: se concretó una alianza entre Quispe, Morales y Roberto de la Cruz, que era, en los hechos, una alianza militar. Durante el 16 de octubre Jaime Solares, secretario ejecutivo de la COB, hizo un llamado a formar grupos de autodefensa de trabajadores, obreros armados “para luchar contra el vandalismo”. La consigna de armar al proletariado reapareció, la más alta expresión del doble poder que caracteriza a una situación revolucionaria.

¿Una victoria sin día después?

G. Oxley escribió en “La Riposte”: “En el momento decisivo, los dirigentes del movimiento obrero no dieron la señal para la toma del poder. Los mineros habían ingresado a la capital, armados con millares de cartuchos de dinamitas. Los campesinos bloqueaban las rutas, la huelga general indefinida paralizaba las principales ciudades, la policía confraternizaba con los manifestantes (el líder de los policías amotinados en febrero se hallaba entre la multitud). Un número creciente de soldados se negaba a disparar contra los manifestantes, la clase media comenzaba a unirse a la protesta. Todas las condiciones estaban dadas para que los trabajadores y campesinos tomaran el poder y organizaran un régimen de genuina democracia obrera basada en las masivas asambleas populares y en una estructura nacional de delegados elegibles y removibles.

Doble poder

En los hechos surgió una situación de doble poder. Jorge Martín, en “El Militante”, escribió que estaba claro que la convocatoria de los “cabildos” (asambleas abiertas) estaba sentando las bases de un “nuevo poder revolucionario”.

Los cuerpos del nuevo poder en El Alto eran la federación de las Juntas vecinales y el comité regional de trabajadores, “expresión democrática del poder de los trabajadores y el pueblo”. El vocero más izquierdista de ese nuevo poder era Roberto de la Cruz, secretario de la COB regional: la COR, y organizador de la resistencia armada.

La agencia de prensa Econoticias señaló el 15 de octubre: “nadie puede entrar ni salir sin permiso de las Juntas Vecinales y del comité regional de trabajadores. Todos comparten la pobreza, todos son la autoridad común organizada. Son otro Estado con sus propias normas y reglas”.

El 16 de octubre miles gritaban: “¡Ahora es cuando!, ¡guerra civil!”. Y Jorge Martín correctamente escribió “Si la COB hubiera dado un paso adelante, el poder hubiera caído en sus manos, pero la verdad es que los líderes del movimiento, aún los más avanzados, no tenían una perspectiva clara de qué hacer con el poder”.

Y agregaba: “Es posible aún que (empujados por la enorme furia y determinación de cientos de miles de bolivianos que han dicho ¡basta!) ellos pudieran tomar el poder” Podemos observar la indecisión de algunos de los líderes que incluso estaban más a la izquierda, en una entrevista a Roberto de La Cruz.

Jorge Martín escribió: “Toda la historia reciente de Bolivia se resume en la contradicción entre la enorme capacidad de lucha de las masas y la debilidad política de su dirección”

La jornada del 16 de Octubre

El 17 de octubre, el embajador norteamericano David Greenlee tuvo un encuentro con Carlos Mesa, vicepresidente de Goñi al que había abandonado poco antes. Necesitaban encontrar un mecanismo legal que los ayudase a salvar el gas y el régimen.

Del lado del pueblo, comenzaban los preparativos para la lucha y Jaime Solares llamaba a enfrentar a los blindados y las ametralladoras. La demostración fue masiva. El 16 de octubre a las tres de la tarde había 60 mil personas, entre ellas Oscar Vargas, el líder de los oficiales amotinados, y Guadalupe Cárdenas, dirigente de la comisión de esposas de policías. El número de manifestantes creció a 250.000. A esto debemos agregarle los sectores de clase media que siguiendo el llamado de Quispe y su organización, continuaban la huelga de hambre contra la represión y la venta del gas….

Pero al mismo tiempo, hombres encapuchados –asesinos- buscaban a los líderes obreros con la intención de matarlos.

Un pacto de completa solidaridad fue anunciado entre la COB, el Mallku (Quispe), Evo Morales y Roberto de la Cruz “para profundizar la movilización, los cortes de ruta y la huelga general”. Solares amenazó a los dirigentes que negociaran con el gobierno y llamó a la consolidación del bloqueo al palacio presidencial por parte de las masas.

Cuando, ocho horas después, las masas se dirigieron al palacio presidencial fueron contenidas por los líderes. Tenían que esperar que volvieran los que fueron a parlamentar.

En los hechos los dirigentes estaban divididos, Evo Morales, en nombre del MAS, propuso apoyar al gobierno de Carlos Mesa, que era el candidato de los EEUU para asegurar la continuidad del régimen y de los intereses de las empresas norteamericanas.

El 18 de octubre se celebró un encuentro del Ampliado Nacional de la COB. Allí los que Martín y Woods llaman “lideres naturales, por debajo de los dirigentes de la COB” como Solares, mostraron su descontento: “nada ha cambiado en Bolivia, y la caída de Goñi es sólo un preludio, más que una conclusión”.

Los “líderes naturales” de los que Woods y Martín hablan están por debajo de los dirigentes de la COB como Solares. Oviedo nos asegura que se referían a Solares, Morales Quispe, etc. Esa es directamente una mentira. Y esos líderes naturales surgidos de la capa de activistas en contacto con las masas hablaron claramente, pero demasiado tarde.

Zuvieta reconoció que más allá de la caída de Goñi, el movimiento no tenia objetivos claros: “ningún dirigente, ningún partido político lideró el levantamiento popular (…) no existió una dirección unitaria. La masacre de El Alto (del 12 de octubre) fue la chispa de un conflicto que nos sobrepasó”

El dirigente de los maestros de La Paz, José Luis Álvarez, aseguró: “sin objetivos y sin una dirección revolucionaria, los trabajadores dieron su sangre, pero no lo hacían sólo para cambiar la constitución”. Uno de los líderes mineros dijo que lo que hacía falta era “la toma del poder por la clase obrera junto a sus hermanos campesinos”. Y Álvarez insistió: necesitamos “levantar un gobierno revolucionario de trabajadores y campesinos”.

Entonces descubrimos que las personas comunes, al igual que Solares, que denunciaban “al modelo neoliberal y capitalista”, preconizan, ahora que tenemos una COB “claramente revolucionaria”, el establecimiento de un gobierno obrero, expresando la voluntad de las bases como las de El Alto que demandaron a la COB “organizar la próxima batalla”.

Pero Solares concedió un tiempo vital al sucesor de Goñi, mientras Morales estaba viajando y Quispe se recluía en una ambigua huelga de hambre -mientras sus hombres patrullaban con armas bajo el estandarte de “policía obrera” por las calles de la capital.

Roberto de la Cruz, que es uno de los principales líderes de la COB y del movimiento obrero de El Alto, declaró a Econoticias el 13 de noviembre que había sido un error detener el movimiento a la caída de Goñi. y que se necesita un nuevo levantamiento popular.

Para él, Carlos Mesa es lo mismo que Goñi y la demandas mínimas que deberían lograrse son la derogación de la ley de hidrocarburos, de la ley de seguridad, del decreto 21.060 que abrió las puertas al neoliberalismo y la ruptura con el ALCA de Bush. Ahora tenemos goñismo sin Goñi… y la policía esta tratando de arrestar a Roberto de la Cruz por su participación en los levantamientos de febrero.

Debemos enfatizar que de la Cruz no ha hecho todavía un llamado para el derrocamiento de Mesa. Pero lo importante es que este conocido dirigente ha denunciado firmemente a los oportunistas, desde Solares a Morales, que se han agrupado alrededor del gobierno, mientras que de la Cruz pide que se enjuicie a los funcionarios gubernamentales por sus crímenes.

Mesa aceptó la misión que le propuso Washington, pero pidió tiempo para reflexionar. Golpe de teatro: recibe a Solares, el izquierdista de la dirección de la COB, en el palacio presidencial, y Solares frente a las cámaras de TV dijo que no sabía lo que haría Mesa, pero que era necesario darle tiempo, una tregua que le permita organizarse. Quispe ha mantenido su distancia del gobierno, rechazando cualquier acuerdo, pero por otra parte anunció un plazo de 90 días para que cumpla con las demandas de los trabajadores y el pueblo, incluidos los campesinos. También habló de la creación de un Estado aymara independiente, de los indígenas del Altiplano.

Un partido revolucionario: la clave de la situación

Los trabajadores han tenido una magnifica actuación, liderando a todo el pueblo. La conclusión del Ampliado Nacional de la COB del 18 de octubre fue que hacía falta un partido revolucionario.

Este puede emerger de las experiencias del pasado… de la influencia trotskista que fue la inspiración de las tesis de Pulacayo del movimiento sindical, y encontrará sus hombres “por debajo de los dirigentes de la COB (donde) hay una capa de lo que se llaman líderes naturales de la clase obrera. Son dirigentes locales que se han ganado la confianza de los trabajadores por su honestidad, coraje y militancia. Ellos jugarán un papel crucial en la revolución. Están cerca de las masas y por lo tanto reflejan su espíritu revolucionario. Si estuvieran unidos en un partido revolucionario el futuro de la revolución estaría garantizado”

Sobre los líderes Woods y Martín agregan un comentario necesario: “Roberto de la Cruz, el dirigente de los sindicatos de trabajadores de El Alto, se ubica a la izquierda de Solares. Pero los trabajadores y campesinos están aún más a la izquierda que cualquiera de los líderes. (…) La guerra no ha terminado. ¡Sólo acaba de comenzar!” Para garantizar el cumplimiento de las demandas más apremiantes de las masas es necesario preparar otra huelga general, una huelga que ponga en el orden del día, no el derrocamiento del presidente, sino el derrocamiento de la corrupta y reaccionaria oligarquía boliviana que está bloqueando el camino hacia el progreso.

También sostienen la opinión de que el internacionalismo es la otra clave de la batalla. Todo depende del eco que los hechos de Bolivia puedan encontrar en los otros países latinoamericanos. “La revolución boliviana triunfará bajo la bandera del internacionalismo proletario, de no hacerlo así no triunfará en absoluto.”

“Vemos cómo (en América Latina) la revolución está en el orden del día. Toda la región andina es como una pradera después de una larga sequía, una simple chispa puede provocar una conflagración. Todo lo que se requiere es un ejemplo valiente. Si los trabajadores de Bolivia o Venezuela tomaran el poder, toda la situación se transformaría completamente. ¡Pero es necesario un principio!”

La cuestión del POR

Algunos camaradas han hecho algunas criticas inspiradas en una estricta ortodoxia trotskista. Ellos dicen por ejemplo que las posiciones de Woods y Martín quieren probar la necesidad de un nuevo partido nuevo, independiente, mientras que de lo que se trata en Bolivia es de reinstalar al POR (Partido Obrero Revolucionario) en su rol histórico de “partido revolucionario”.

Consideramos a esa concepción muy esquemática. El POR perdió su autoridad pasada después de la revolución de 1952 y el esquematismo desarrollado por Guillermo Lora en ese período que condujo a la impotencia a los mejores cuadros de la organización, la que aparece ahora como una cáscara vacía o un nombre del pasado. En los últimos acontecimientos, los dirigentes de los maestros de La Paz, integrantes del POR, levantaron la huelga después de 48 horas. Los demás trabajadores no parecen valorarlos. Por eso, como lo señalan los mismos Martín y Woods, la tradiciones trotskistas, provenientes de las tesis de Pulacayo que se mantienen vivas, se manifiestan a través de las reacciones “espontáneas” de la clase.

Esta es la razón por la que observamos que el escenario más probable es que un nuevo partido, forjado en la lucha, reencontrará en el pasado de Bolivia la tradición y el programa revolucionarios que fueron la marca registrada del POR.

Una última cuestión : ¿Es necesario retomar la vieja consigna “todo el poder a la COB”? En ella se encarnó, en el pasado, el doble poder y Lora y sus camaradas fueron muy hostiles a utilizarla. Seguramente, hoy en día, en El Alto o en las minas, puede ser posible. Pero aquellos que quieren al mismo tiempo a la COB como el doble poder y al POR como el partido dirigente, están soñando despiertos. ¡La vida recorre su propio camino!

* Michel Wattignies es el seudónimo que habitualmente utiliza Pierre Broué