Declaración sobre el conflicto de camioneros

0
147

Esta declaración fue redactada al mediodía de hoy jueves, justo antes de conocerse el acuerdo entre el sindicato de camioneros y la patronal, y de la transformación del paro de camioneros previsto para el miércoles que viene en paro de la CGT oficial por el tema del impuesto a las ganancias y asignaciones familiares. No obstante, en lo esencial, mantiene su validez. Mañana publicaremos otra declaración sobre nuestra posición hacia el paro convocado por la CGT para el miércoles próximo.

Desde la Corriente Socialista Militante defendemos el derecho de los trabajadores camioneros a exigir los reclamos que consideren convenientes, se esté o no de acuerdo con ellos, y el de apelar a toda medida de fuerza – incluido un paro nacional del sector – que sea decidida o ratificada democráticamente en asambleas de trabajadores. Reprobamos la decisión del gobierno de enviar la Gendarmería para disolver los piquetes de camioneros en algunos lugares del conflicto, así como multar al sindicato de camioneros con 4 millones de pesos por no acatar la conciliación obligatoria decretada por el Ministerio de Trabajo tras el paro de camiones que transportan combustible a las estaciones de servicio. También nos oponemos a las causas penales iniciadas contra Hugo y Pablo Moyano, dirigentes de la CGT y del sindicato de camioneros, “por coacción agravada”.

Read MoreTodas estas medidas introducen precedentes muy peligrosos contra éstas y futuras luchas de los trabajadores, particularmente contra aquellas huelgas y movilizaciones obreras que sean llevadas a cabo por sectores de trabajadores que, a diferencia de los camioneros, dispongan de un menor nivel de organización y de fuerza; es decir, por los sectores de nuestra clase más explotados y precarizados laboralmente.

Un gobierno que fue elegido por el voto mayoritario de los trabajadores debería reconsiderar estas medidas y dar marcha atrás inmediatamente.

Por otro lado, nos manifestamos, como ya lo hicimos otras veces, contra el mantenimiento del impuesto a las ganancias a los trabajadores asalariados, por ser un impuesto al salario, y que el gobierno haya mantenido la base imponible de este impuesto confiscatorio en niveles relativamente bajos teniendo en cuenta el proceso inflacionario elevado que vive el país desde hace 6 años.

Dicho esto, nos parece precipitada la convocatoria del paro nacional de camioneros anunciado por Hugo Moyano para el miércoles de la semana que viene. Una medida de tal naturaleza e impacto debe ser muy bien considerada. Sólo debe emplearse cuando se ha agotado toda otra táctica de lucha, justamente para evitar el aislamiento y la derrota; y, dada la coyuntura política del país, debería ser presentada de manera cuidadosa ante el conjunto de la clase obrera para denunciar públicamente a la oposición burguesa y de derecha que defiende una alternativa abiertamente antiobrera, y que hoy aparece en sus medios de comunicación más “moyanista” que nunca para golpear al gobierno. Esto último debería preocupar a Moyano y a sus seguidores, la mayoría de los cuáles fueron activos opositores a las políticas menemistas en el pasado y principales sostenedores de las políticas más progresistas realizadas por el kirchnerismo hasta la fecha.

En este sentido, discrepamos con las tácticas y con algunas de las consignas con que Moyano inició no sólo la lucha de los camioneros sino también su distanciamiento y ruptura con el kirchnerismo.

Nunca fuimos antimoyanistas y, de hecho, siempre hemos criticado con firmeza a los antimoyanistas por esconder intereses políticos que la mayoría de las veces iban contra los intereses de los trabajadores.

Así, criticamos el antimoyanismo de la derecha y de sus medios de comunicación de estos años porque lo que les molestaba de Moyano era su perfil combativo, su pelea contra los sectores de la burocracia sindical más afines a los empresarios (los “Gordos”, barrionuevistas, etc.) y su apoyo la política del gobierno kirchnerista. Ahora, estos ex“antimoyanistas” dedican generosamente tiempo y espacio a Moyano en las páginas de sus diarios y en sus estudios de TV para que critique al gobierno.

Igualmente, criticamos el antimoyanismo de los sectarios de izquierda y de la dirección de la CTA que estos años atrás sólo vieron en Moyano y en la dirección de la CGT a representantes de la “corporación sindical” y consideraban anatema cualquier planteo de frente único para luchar por reivindicaciones comunes, como insistentemente ha planteado nuestra corriente. Hoy, estos mismos sectarios “de izquierda” y los dirigentes antikirchneristas de la CTA muestran una desvergonzada actitud servil hacia Moyano y la actual dirección de la CGT, rogándole que los tomen en cuenta para marchar y movilizar juntos, y sólo porque Moyano rompió políticamente con el gobierno, independientemente de los intereses de los trabajadores que están en juego. La misma falta de principios mostraron algunos de estos sectores en el conflicto del campo hace 4 años y un par de semanas atrás, cuando se mostraron comprensivos hacia los reclamos y las movilizaciones reaccionarios de los empresarios rurales y de la pequeña burguesía porteña adinerada.

Pero también hemos criticado con firmeza el “antimoyanismo” reciente del gobierno y de sectores del oficialismo, para quienes Moyano era “uno de los nuestros” hasta hace poco más de un año y ahora aparece como el diablo hasta el punto de iniciar medidas penales contra él y su gremio. Criticamos en su momento la marginación política sufrida por el moyanismo por parte de la dirección kirchnerista en el armado político del movimiento kirchnerista, por miedo a sentir la presión directa de un sector importante del movimiento obrero, representado por la dirección de la CGT, que se expresó en la presentación de proyectos de ley que proponían derogar el impuesto a las ganancias a los asalariados, contra la tercerización del trabajo en las empresas, por el reparto de ganancias empresarias, etc, y que fueron todas vetados por el gobierno para no indisponerse con los empresarios.

El gobierno y la dirección kirchnerista, se han empecinado en jugar el papel de árbitro entre las clases, tratando de mantenerse equidistantes entre la burguesía y los trabajadores, ahora apoyándose en uno, ahora apoyándose en el otro, para lo cual reclaman cargos públicos y dirigentes políticos acríticos y obsecuentes que no cuestionen en lo más mínimo su política. Esta actitud del gobierno nos parece un completo error. “Funcionó” durante un tiempo en la medida que la torta proveía de recursos para contentar a casi todo el mundo, lo que le permitía manejar las contradicciones internas del movimiento y de su política, con relativo éxito. Pero ahora, cuando los efectos de la crisis internacional empiezan a sentirse abiertamente con una reducción de la actividad económica y de los intercambios comerciales, al gobierno se le achica el margen para tratar de contentar a todo el mundo, esta situación no puede mantenerse ni proscribirse con métodos organizativos desde arriba. Tarde o temprano, el malestar y la crítica interna de los sectores del oficialismo más vinculados a la clase obrera, particularmente de sus bases, se dejará sentir e inevitablemente deberá encontrar una expresión organizada en su seno.

Por eso discrepamos completamente con las tácticas y consignas empleadas por Moyano en su pelea contra la dirección del kirchnerismo. Acostumbrado a manejarse de manera burocrática, como la inmensa mayoría de los dirigentes gremiales incluidos los más fervientes oficialistas, sobre la base de maniobras, acuerdos de cúpula, préstamos de favores, etc., ha llegado al punto de coquetear con burócratas sindicales completamente desprestigiados y despreciados por la mayoría de los trabajadores, como el “momo” Venegas o Barrionuevo.; en lugar de apelar a las bases y de organizar debates públicos masivos en asambleas de trabajadores, para explicar su política y sus objetivos.

Nos parece fatal, en particular, que Moyano haya confundido a la dirección del oficialismo con la base, cuando su aliado natural más importante del que partía en un principio eran las bases kirchenristas donde contaba con una importante autoridad hasta hace un año.

Moyano y sus seguidores debían haber apelado a las bases kirchneristas y al conjunto de la clase trabajadora, en el comienzo de su distanciamiento con la dirección oficialista para ganarse un apoyo importante en las mismas y tratar de convencerlas políticamente de la justeza de sus reclamos. En cambio, cometió el grave error, ya a comienzos de este año, de considerar al gobierno como su enemigo, en un momento donde, pese a todo, el gobierno de Cristina sigue teniendo el apoyo mayoritario de la clase trabajadora argentina. La actitud del moyanismo, o al menos la de sus sectores políticamente más avanzados, debía haber sido la de ayudar a organizar la izquierda del kirchnerismo; en lugar de aparecer cada vez más como opositores del mismo y expuestos a su manipulación por la oposición de derecha y por la oposición de derecha en el seno del propio kirchnerismo (Scioli).

Por otro lado, nos parece un error que Moyano haga eje de su oposición al gobierno y de los reclamos sindicales, en la eliminación del impuesto a las ganancias a los asalariados, cuando debería acompañar esa exigencia con reivindicaciones más importantes para el conjunto de la clase trabajadora y que deberían figurar en primer lugar, como: no al empleo en negro, salario mínimo de $5.000, plena democracia sindical en las empresas, reducción de la semana laboral a un máximo de 40 horas, lucha contra las tercerizadas, etc. De otro modo, pareciera que Moyano atiende sólo las reivindicaciones, justas sí, de un sector de la clase obrera, el que está en mejores condiciones, pero se olvida de reclamos fundamentales y pendientes de la mayoría de los trabajadores. Además, sería la mejor manera de enfrentar la demagogia “antimoyanista” de sectores del gobierno y de la derecha.

Por supuesto, que los opositores sindicales a Moyano son, acaso, peores. Oficialistas como Caló (UOM) o Pignanelli (SMATA) formaron un frente sin principios con los “Gordos” (Cavallieri, Lescano, West Ocampo, etc.) y Barrionuevo (CGT Azul y Blanca).

Pero el moyanismo corre el peligro grave de quedar aislado y sufrir una derrota decisiva, justo a poco más de dos semanas del congreso oficial de la CGT, que está virtualmente escindida. La dirección kirchnerista, que se manejaba con dudas, con los últimos acontecimientos se siente ahora más fortalecida para presionar en la justicia burguesa a favor de la ilegalidad del congreso moyanista de la CGT, que nuestra corriente sí apoya, para que sea reconocido como válido el congreso alternativo de la CGT que preparan oficialistas, Gordos y un sector del barrionuevismo, consumándose así una nueva escisión en el movimiento sindical, después de la ruptura de la CTA hace año y medio.

Moyano es consciente de que pisa un terreno resbaladizo y, pese a sus declaraciones, siente el aislamiento y el peligro de la derrota, por eso ha pospuesto el paro nacional de camioneros, anunciado oficialmente para hoy y mañana, y lo ha retrasado ahora para el miércoles que viene. Da la impresión de que Moyano está buscando una salida airosa para negociar con el gobierno un acuerdo que le permita salvar la cara ante sus bases (el sindicato reclama una suba salarial del 30%, frente al 21% ofrecido por los empresarios, y la eliminación del impuesto a las ganancias en el sector) y que el gobierno dé marcha atrás en las medidas anunciadas contra él y el sindicato.

Está por ver si el gobierno estaría dispuesto a buscar una solución negociada, o cede a la presión de la burguesía, que desea en el fondo propiciar una derrota decisiva a Moyano como un elemento molesto en el movimiento sindical, y mantiene el pulso hasta el final.

Nuestra posición es que el gobierno dé marcha atrás en sus amenazas y sanciones y que se alcance un acuerdo salarial con la patronal favorable a los intereses de los camioneros aprobado en asambleas de trabajadores, y que Moyano emplace al conjunto del movimiento sindical a una campaña sostenida en el tiempo contra el impuesto a las ganancias, apelando principalmente a las bases kirchneristas.

El moyanismo se juega su futuro sin vueltas en los próximos días y semanas: o se ve arrastrado a la oposición completa al gobierno, aislándose de la mayoría de los trabajadores; o se presenta como un adversario principal a la oposición de derecha al gobierno, mientras apela a las bases kirchneristas para conformar un polo en la izquierda del oficialismo que exija la “profundización del modelo” y se oponga a las políticas del oficialismo que vayan contra los intereses de los trabajadores.

 

LEER TAMBIÉN: Nuestra posición hacia la huelga general del 27 de junio (Sábado, 23 de junio)