Bolivia: El poder al alcance de los trabajadores y campesinos

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La crisis revolucionaria que vive Bolivia desde hace tres semanas ha alcanzando nuevas cotas. La semana pasada acabó con el parlamento incapaz de iniciar sus sesiones, hecho pedazos por la guerra de clases que divide el país. El movimiento revolucionario de los trabajadores y campesinos ha ganado fuerza, su extensión nacional se ha ampliado y ha radicalizado sus posiciones políticas, actualmente desafiando claramente a la democracia burguesa La crisis revolucionaria que vive Bolivia desde hace tres semanas ha alcanzando nuevas cotas. La semana pasada acabó con el parlamento incapaz de iniciar sus sesiones, hecho pedazos por la guerra de clases que divide el país. El movimiento revolucionario de los trabajadores y campesinos ha ganado fuerza, su extensión nacional se ha ampliado y ha radicalizado sus posiciones políticas, actualmente desafiando claramente a la democracia burguesa.

Durante el fin de semana la clase dominante recurrió a uno de sus últimos trucos, utilizó a la Iglesia Católica para hacer un llamamiento al “diálogo nacional” con la condición de poner fin a las huelgas, marchas y bloqueos de carreteras. Una posible base para este “diálogo” se insinuaba que era la dimisión del presidente Mesa, la disolución del parlamento, la convocatoria de elecciones anticipadas, el llamamiento simultáneo a convocar elecciones para una asamblea constituyente y un referéndum sobre la autonomía de las regiones orientales que está exigiendo la clase dominante. Mientras tanto, el presidente del Tribunal Supremo se haría cargo de la presidencia.

Esta supuesta oferta es un intento claro de descarrilar el movimiento hacia una “salida” constitucional dentro del marco de la democracia capitalista. Una concesión aparente hacia el movimiento sería la dimisión de Mesa y la convocatoria de la asamblea constituyente, mientras que al mismo tiempo se calma a la oligarquía de Santa Cruz, Tarija y otras regiones orientales que quieren la autonomía para tener más control de los recursos de gas natural localizados en lo que ella considera “sus” regiones.

Esta propuesta tiene sin embargo un pequeño problema: no recoge la principal reivindicación del movimiento de masas de trabajadores y campesinos, que en la actualidad es claramente la nacionalización del gas. Al mismo tiempo, podemos ver lo peligroso que es el llamamiento a una asamblea constituyente, que algunos grupos de izquierda defendieron durante la insurrección de octubre y que ahora es una de las principales herramientas con las que cuenta la clase dominante para intentar descarrilar el movimiento revolucionario.

Quizá una maniobra como esa podría haber engañado al movimiento de masas hace un mes, pero ahora no. Tres semanas de huelgas, marchas, bloqueos de carreteras y enfrentamientos con la policía han radicalizado el movimiento y sus reivindicaciones políticas. Esto se pudo ver claramente en la enorme manifestación del lunes 6 de mayo. Cientos de miles (medio millón según algunas fuentes) se reunieron en La Paz en lo que debió ser una de las manifestaciones más grandes de la convulsionada historia de este país que cuenta con menos de 9 millones de habitantes. Esta fue una respuesta decisiva a las alegaciones de Mesa de que sólo eran algunos “grupos minoritarios de radicales”. Mineros, campesinos, trabajadores, los habitantes de El Alto -el epicentro de la Bolivia revolucionaria-, profesores urbanos y rurales, todos los sectores, convergieron en el centro de La Paz en un masivo cabildo abierto para debatir y discutir el futuro del movimiento. Algunas de las consignas que aparecían en las pancartas demostraban el extenso rechazo no sólo a Mesa y otros políticos burgueses, sino a todo el sistema de democracia capitalista que es incapaz de garantizar incluso las condiciones de vida básicas para las masas. “Cierre del parlamento, colgar a los políticos corruptos”, “burgueses, vuestros días están contados”, “muerte a la burguesía”, “ya está bien de trucos parlamentarios”, “trabajadores al poder”, éstas y otras consignas son las que se podían leer en las pancartas y eran coreadas como consignas.

Varios líderes se dirigieron al cabildo abierto. El ambiente era extremadamente militante y enojado. La reunión de masas rechazó decisivamente cualquier solución de compromiso y decidió continuar la lucha por la nacionalización del gas, entendiendo que para conseguirlo era decisivo dar un golpe decisivo al parlamento burgués.

Zubieta, el dirigente de la federación de mineros, expresó esto en palabras: “Todas las organizaciones sociales de la población están encaminándose hacia la proclamación de una asamblea popular para forjar un nuevo gobierno que resuelva el vacío de poder. Las petroleras quieren otro payaso en el gobierno para defender sus intereses, pero nosotros haremos un nuevo gobierno de personas que surjan hoy de la asamblea popular, con el objetivo de nacionalizar los hidrocarburos”.

Wilma Plata, la dirigente de los profesores de La Paz que llevan más de veinte días de huelga y han decidido abandonar sus reivindicaciones concretas para concentrar todas las fuerzas en la nacionalización del gas, también se dirigió a la multitud: “Los trabajadores están moviéndose hacia el poder político y económico en el país y a construir un gobierno de obreros y campesinos”.

Mientras todavía continuaban los discursos, un sector entero de la multitud, mineros armados con dinamita, estudiantes de la Universidad Pública de El Alto y otros, en miles, se estaban enfrentando a la policía y al ejército en un intento de entrar en la plaza del parlamento y cerrar esta desacreditada institución de la democracia capitalista. Cuando este día histórico llegaba a su fin, Mesa anunció su dimisión (la tercera de este año). Por un lado, esto reflejaba su incapacidad de resolver la situación y, por el otro, era parte de un intento preparado de dar a la crisis una solución constitucional. Es muy significativo que cuando la CNN informó en directo de la dimisión de Mesa, inmediatamente entrevistara al dirigente del MAS, Evo Morales, que está a favor de una traición constitucional negociada del movimiento. Está claro que un sector de la clase dominante ve que ahora la única manera de apaciguar el movimiento es basarse en sus líderes más moderados. Otro sector, sin embargo, teme la llegada de Morales al poder y que no sea capaz de contener el movimiento de trabajadores y campesinos dentro de los límites del capitalismo.

La respuesta a esta maniobra llegó rápida y clara desde la reunión nacional ampliada de la COB en El Alto: “no habrá paz en Bolivia mientras los hidrocarburos no sean nacionalizados”, estas son las palabras del dirigente de la COB Jaime Solares. “No podemos ceder en la lucha por la nacionalización, esta es una cuestión de vida o muerte, no podemos retirarnos”.

El martes 7 la situación política se volvió aún más confusa. La oligarquía de Santa Cruz, representada por el presidente del parlamento Vaca Díez, anunció que no se reunirían en La Paz, porque no era “segura” y propusieron que la reunión del parlamento se celebrara en Santa Cruz o en Sucre. Mientras tanto Mesa, todavía hablando como el presidente del país a pesar de su dimisión del día anterior, hizo un llamamiento a Vaca Díez y al parlamento a que renunciasen para “evitar una guerra civil”.

En un sentido tiene razón y puede ver claramente que si él mismo está desacreditado, también lo está el parlamento formado por todos aquellos partidos que gobernaban antes de octubre de 2003 y apoyaban al anterior presidente Sánchez de Lozada, que fueron decididamente rechazados en la insurrección revolucionaria de octubre. En las condiciones actuales este parlamento no puede imponerse sobre el movimiento de masas de trabajadores y campesinos. Pero la oligarquía ya ha comprendido eso y concebía la idea de que Vaca Díez fuera el nuevo presidente como parte de “un gobierno civil con fuerte apoyo militar”, como han explicado los representantes del NFR y el MNR. En otras palabras, la clase dominante entiende claramente que sólo por la fuerza pueden mantener su dominio. Su única diferencia con Mesa es que este último piensa que utilizando la represión contra el movimiento, en estas condiciones sólo exacerbaría la situación (como ocurrió con la brutal represión en El Alto en octubre y que llevó directamente a la caída de Sánchez de Lozada). Y probablemente ambas partes tengan razón.

El movimiento se está extendiendo por todo el país y ganando fuerza. La huelga general indefinida que se ha venido desarrollando en El Alto durante más de dos semanas, también se ha extendido ahora a La Paz, Oruro y otras ciudades importantes. Los bloqueos de carreteras afectan a más de 90 puntos importantes de la red de carreteras del país, aislando el país de sus países vecinos y las regiones entre sí. El movimiento también ha comenzado decisivamente en Santa Cruz. En esta región, donde la clase dominante había conseguido algo de apoyo sobre la base de la demagógica reivindicación de la “autonomía”, los campesinos y trabajadores han comenzado a manifestarse y organizar bloqueos de carreteras.

Un punto de inflexión importante fue el ataque de la semana pasada a una manifestación de campesinos por parte de las bandas fascistas de la Unión Juvenil Cruceña, a sueldo de la oligarquía. Ese fue un acontecimiento que desequilibró la balanza e incluso sectores que anteriormente apoyaban la reivindicación de la autonomía, ahora se han posicionado firmemente a favor de la nacionalización de los hidrocarburos. La Asamblea del Pueblo Guaraní, en Santa Cruz, ha amenazado con declarar su propia autonomía de Santa Cruz si la oligarquía se separa de Bolivia. Esto tiene un gran significado porque la población guaraní vive precisamente en las ricas zonas en gas de la región.

Al mismo tiempo, en varios lugares, los trabajadores y los campesinos han emprendido la acción directa de ocupar y bloquear las instalaciones de gas y los campos de petróleo, llevando a cabo a través de la acción directa su reivindicación de nacionalización. En el norte de Santa Cruz, al final de la semana pasada los campesinos habían cerrado siete campos petroleros y ahora el movimiento se está extendiendo a otras regiones.

En realidad, la cuestión de quién gobierna el país lo ha planteado claramente este movimiento revolucionario de masas de los trabajadores y campesinos. Todas las condiciones están presentes. Por un lado la clase dominante es débil, está dividida y teme utilizar la represión. Los trabajadores y los campesinos han demostrado su voluntad de luchar hasta el final y rechazan claramente las instituciones burguesas en su conjunto. La única cosa que parece estar ausente es realmente pasar de las palabras a los hechos y emprender la acción decisiva de instalar un poder alternativo, el de los trabajadores y campesinos, y aplastar al viejo poder capitalista.

La convocatoria de una asamblea popular tiene una enorme importancia porque es entendida como un medio de sustituir el gobierno de los capitalistas con un gobierno de los trabajadores y los campesinos. Sin embargo, esto debe ser llevado a la práctica. En todas las fábricas, centros de trabajo, barrios obreros, minas y aldeas campesinas debería haber reuniones de masas para elegir delegados a una asamblea popular unificada, a nivel de barrio, local, regional y nacional. Esta sería la estructura básica de un poder obrero alternativo. En El Alto, hasta cierto punto, existe ya una estructura de este tipo, un soviet. Cada día miles se reúnen en los cabildos abiertos en diferentes distritos para discutir el curso de la lucha.

Trotsky, en su descripción de la huelga revolucionaria en Rusia de 1905 decía lo siguiente: “El principal método de lucha aplicado por el soviet fue la huelga general política. La eficacia revolucionaria de este tipo de huelga reside en que, aparte de su influencia sobre el capital, desorganiza el poder del gobierno. Cuanto mayor es la ‘anarquía’ que lleva consigo, más cercana está la victoria. Tiene que darse, sin embargo, una condición indispensable: que la anarquía que se produzca no sea conseguida por métodos anárquicos. La clase que, al suspender momentáneamente todo trabajo, paraliza el aparato de la producción y, al mismo tiempo, el aparato centralizado del poder, aislando una a una las diversas regiones del país y creando un ambiente de incertidumbre general, tiene que estar suficientemente organizada para no ser la primera víctima de la anarquía que ella misma ha suscitado. En la medida en que la huelga destruye la actividad del gobierno, la organización misma de la huelga se ve empujada a asumir las funciones de gobierno. Las condiciones de la huelga general, en tanto que método proletario de lucha, eran las mismas condiciones que dieron al Soviet de Diputados Obreros su importancia ilimitada”. (León Trotsky. 1905. Madrid. Fundación Federico Engels. 2005. p. 232).

En Bolivia la huelga general, particularmente en El Alto, obliga a los trabajadores y campesinos a realizar por sí mismos tareas que anteriormente pertenecían al estado relacionadas con la organización de la vida cotidiana. Ahora hay miles, probablemente decenas de miles de mineros y campesinos de diferentes partes del país que han convergido en la ciudad. Estos son alimentados y cobijados diariamente por las organizaciones de masas de los trabajadores, campesinos y estudiantes. El orden en El Alto está garantizado no por la política sino por las asambleas de masas y las juntas o comités vecinales. Esta estructura debería hacerse sistemática y extenderse a través del país.

La segunda tarea más importante de la insurrección para tomar el poder es la ruptura de las fuerzas armadas y represivas del estado. Está claro que las bases del ejército, formadas principalmente por soldados normales procedentes de bases obreras y de los campesinos pobres, pueden ser influenciadas por el movimiento revolucionario. En La Paz las campesinas gritan constantemente a los soldados y oficiales de policías que vigilan la plaza del parlamento: “no te da vergüenza, no tienes corazón y cerebro, deberías unirtenos y luchar por el futuro de tus hijos”. Estos llamamientos, combinados con la fuerza del movimiento, demostrada en la reunión de masas el lunes y en la dinamita de los mineros enfrentándose con la policía y los soldados, puede, en determinado momento, romper la cadena de mando dentro de la estructura del ejército. Además de esto, el ejército, incluida su casta de oficiales, está dividida por la mitad. Un sector claramente simpatiza con el movimiento de masas, como se pudo ver en el pronunciamiento de dos coroneles la semana pasada que se declararon a favor de la nacionalización de los hidrocarburos y por un “gobierno popular”. Otro se opone amargamente a la división de país de promueve ese sector de la clase dominante representada por la oligarquía de Santa Cruz. Y, finalmente, hay otro sector claramente reaccionario que estaría a favor de un golpe para “restaurar el orden”.

La situación dentro de la policía es incluso más favorable. Un motín de la policía ya jugó un papel importante en la insurrección de febrero de 2003 y la semana pasada todo un sector de la policía de La Paz amenazó con amotinarse contra Mesa. Los manifestantes regularmente combinan los gritos de “fusil, metralla, el pueblo no se calla” con llamamientos a un “motín policial”.

Las organizaciones obreras correctamente han combinado los llamamientos a las filas del ejército y la policía (que necesitan ser organizados sobre una base sistemática) con ciertos elementos de organizaciones de autodefensa obrera. Aparte de los mineros armados que ya están participando en las batallas diarias en la capital, la Confederación de Trabajadores de El Alto (COR) ha pedido la organización de la autodefensa armada y ha ofrecido el envío de piquetes de autodefensa a Santa Cruz para defender a los campesinos de las provocaciones fascistas de la oligarquía. Una vez más, estas decisiones son muy positivas pero necesitan ser llevadas a la práctica y coordinarlas nacionalmente.

Finalmente, todos estos preparativos deberían llevar a la disolución del parlamento y de todas las instituciones burguesas. El único factor que realmente está ausente en la ecuación es una dirección revolucionaria que pueda coordinar estas tareas, plantear las consignas necesarias en cada momento y llevar adelante el trabajo político necesario para tomar el poder. Esta dirección ya existe de una forma embrionaria, está formada por los militantes y dirigentes más avanzados de la COB, de la COR de El Alto, la federación de mineros, los sindicatos de campesinos, los estudiantes universitarios, los profesores. Ellos son los que ya están organizando el movimiento revolucionario. Ir más allá de sus dirigentes cuando ellos vacilan, empujarlos hacia delante y sustituirlos por otros. Si esta vanguardia estuviera unificada nacionalmente basándose en la idea de tomar el poder y llevar a cabo los pasos necesarios concretos, la revolución boliviana triunfaría.

¡Ni Mesa ni Vaca! ¡No a la solución constitucional!, ¡Nacionalización de los hidrocarburos! ¡Abajo con el parlamento burgués! ¡Por una asamblea popular basada en delegados elegidos democráticamente por los trabajadores y los campesinos!