Venezuela: Votar a los candidatos del PSUV y llevar la revolución hasta el final

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Las elecciones a la Asamblea Nacional del 26 de septiembre representan un serio desafío para el futuro de la Revolución Bolivariana. La contrarrevolución está a la ofensiva, utilizando su poder económico para sabotear y provocar el faltante de alimentos.

Las elecciones a la Asamblea Nacional del 26 de septiembre representan un serio desafío para el futuro de la Revolución Bolivariana. La contrarrevolución está a la ofensiva, utilizando su poder económico para sabotear y provocar el faltante de alimentos.

Por su parte, el gobierno está tratando de resolver algunos de los problemas, pero las medidas que ha adoptado son tímidas y no van al corazón del asunto.Una gran parte del problema que enfrenta la Revolución es un gran resentimiento popular generalizado contra la burocracia chavista -aquellos elementos que se han unido al movimiento, no para luchar por el socialismo, sino para hacer una carrera, obtener contratos lucrativos del gobierno o puestos de trabajo en el Estado y el partido-. Este estrato, que se está volviendo cada vez más poderoso, representa una verdadera "quinta columna" de la burguesía dentro de la Revolución. Y sus tentáculos llegan muy arriba, en el gobierno y el PSUV.

Como consecuencia de esto, el resultado de las elecciones es difícil de predecir. No es probable que la oposición de derecha vaya a ganar muchos votos chavistas. Pero hay un gran peligro de que muchos partidarios de Chávez, simplemente se abstengan.

Una fuerte presencia de la oposición en la Asamblea, le daría una palanca con la que socavar y sabotear la legislación progresista. La utilizaría para organizar manifestaciones masivas en las calles, y movilizar a las masas de pequeñoburgueses y estudiantes de clase media como  tropas de choque de la contrarrevolución.

 

La derecha chavista

 

¿Cuál es la raíz del problema? Es el hecho de que, once años después de que Chávez llegara al poder, la Revolución todavía no se ha llevado a cabo hasta el final. El Presidente ha admitido honestamente que Venezuela sigue siendo un Estado capitalista. Partes importantes de la economía siguen en manos privadas. La mayor parte de la tierra está en manos de los terratenientes, mientras que cerca del 70% de los alimentos se importa (pese a que Venezuela es un país agrícola fértil).

Esto ha contribuido al problema de la inflación (actualmente una de las tasas más altas de América Latina). La distribución de alimentos sigue en manos de los grandes supermercados y monopolios de alimentos, a menudo propiedad de grandes consorcios extranjeros. El fraude y la corrupción florecen en este y otros sectores.

Estos problemas son inseparables del problema de la burocracia y la corrupción. El papel de la burocracia es paralizar el avance de la Revolución, sabotear leyes progresistas, y cancelar las iniciativas del Presidente. Es el ala derecha bolivariana, que se opone obstinadamente a medidas revolucionarias como la nacionalización y el control obrero.

 

Es necesario completar la revolución

 

La necesidad de completar la revolución es más urgente que nunca. Chávez podría utilizar su mayoría en el Parlamento para aprobar una ley que permita nacionalizar las compañías más grandes, el sector de alimentos y supermercados, los bancos y la industria que permanecen en manos privadas. Ello podría ir acompañado por un monopolio estatal del comercio exterior, lo que le permitiría a Venezuela tener un control total sobre la economía del país. Además, un decreto introduciendo el control obrero en todo el sector estatal recibiría una respuesta entusiasta de los trabajadores, creando comités de fábrica en todas las empresas, como vimos en una forma embrionaria en Sidor y otras industrias estatales.

Esto le permitiría al gobierno enfrentar realmente los problemas de inflación, la especulación, la vivienda, el acaparamiento de alimentos, y la infraestructura. Se podría introducir una reforma agraria radical para suprimir el latifundio y dar tierras a los campesinos. Una banca  nacionalizada permitiría al Estado dar créditos baratos a los pequeños agricultores e incentivos a la producción agrícola y así poner fin a la absurda importación masiva de productos alimenticios.

Las nacionalizaciones parciales no funcionarán. Lo que se requiere es una economía socialista planificada. Y para erradicar el cáncer de la burocracia y la corrupción es esencial que la economía y el Estado estén en manos de la clase trabajadora.

La izquierda del PSUV debe organizarse con urgencia en torno a un programa concreto de reivindicaciones claras, incluida la expropiación de las palancas dominantes de la economía. El PSUV cuenta con 2,5 millones de miembros activos. La gran mayoría se ha unido al partido para luchar por la victoria revolucionaria. Es el deber de todos los socialistas revolucionarios organizar a estos trabajadores y activistas populares, empezando por la vanguardia, en una tendencia marxista capaz de ganar la mayoría en el partido y luchar contra el ala burocrática de derecha. El futuro de la revolución bolivariana dependerá de esto.