Una alternativa socialista a la crisis de la Universidad (3ª parte)

0
50

En esta 3ª parte hacemos un balance de la situación del movimiento estudiantil en la universidad argentina y nuestras propuestas al respecto. También incluimos un apéndice sobre el balance de la lucha desarrollada el año pasado por la FUBA por la real democratización de la UBA y contra la imposición de un Rector reaccionario.

El movimiento estudiantil

VIII. El movimiento estudiantil

La izquierda le arrebató la FUBA a la Franja Morada en 2002, como correlato del Argentinazo. Lo mismo sucedió en otras federaciones del interior. Pero, en muchos casos, la conducción de la izquierda no colmó las expectativas de los estudiantes. Todavía subsiste cierta lógica burocrática, de aparato, cocinando todo entre cuatro paredes en una rosca permanente. Algunos grupos de izquierda manejaron estas federaciones, pero no la abrieron a los estudiantes, sino que operaron con los métodos tradicionales de: elección ganada, territorio propio.
En general, los estudiantes ven a las conducciones de las facultades (también las de izquierda) desconectadas de las preocupaciones e intereses estudiantiles básicos. Aunque reconocemos en la izquierda un interés genuino por elevar el nivel de la conciencia política de los estudiantes con la implicación de los Centros de Estudiantes en los problemas sociales y de clase (luchas obreras, campañas de solidaridad, atención a los conflictos internacionales, cátedras paralelas de contenido socialista y marxista, etc.) apenas hay una política estudiantil orientada a luchar por resolver los problemas básicos como la masificación en las aulas, la falta de infraestructuras, la lucha contra los malos docentes, la falta de calefacción, la pobreza de nuestras bibliotecas, etc.
En algunos casos, los Centros de Estudiantes, caen en el otro extremo, y con el respaldo de los decanos en un intento de mostrar su “utilidad” y “preocupación” por los estudiantes, asumen tareas de gestión que deben corresponder al trabajador no docente (tareas de información, difusión de programas universitarios, normas de matrícula, etc) olvidando la labor principal REIVINDICATIVA que debe tener la conducción estudiantil. Aunque los más comprometidos con estas prácticas son los grupos amarillos vinculados a las diferentes franjas políticas burguesas o pequeñoburguesas que oscilan entre la derecha y el centroizquierda, también la izquierda cae en ellas.
Hay algunas prácticas del activismo estudiantil que no ayudan a la incorporación activa de los estudiantes a la lucha por sus problemas, como acontece muchas veces en las Asambleas, instancia máxima de resolución en cada Facultad. El hecho de que casi nunca comience a horario y que cada grupo utilice esas asambleas como un campo de disputa entre ellos, limitando la participación estudiantil, con la pérdida de tiempo y el desgaste que conlleva, extendiéndose 3 ó 4 horas y terminando en la pura redundancia, hace que el estudiante se sienta desalentado, sin ganas de volver a participar y sacrificar una clase. A veces se cae en el insulto, la prepotencia, el ultimatismo, el abandono de asambleas cuando no se acepta quedar en minoría, etc. Esto profundiza la distancia entre los aparatos y los estudiantes no organizados.
Por otro lado, nos oponemos a que los Centros de Estudiantes lucren con la venta de apuntes y fotocopias. Creemos que el acceso a las fotocopias debe ser gratuito para los estudiantes, y su financiación debe corresponder íntegramente a cada facultad, al ser material didáctico obligatorio para atender la cursada y suponer un gasto importante en el año, particularmente para los estudiantes procedentes de familias obreras.
Además, las fotocopias son una fuente de ingresos para los Centros de Estudiantes, que no están sometidos a control alguno. Para muchos, su pertenencia a un Centro de Estudiantes es una fuente de ganancia material muy provechosa que no debemos tolerar. Esta situación también abona el discurso de la derecha, quien para combatir demagógicamente a la izquierda, acusa a estos grupos de financiarse con el dinero de las fotocopias.
Estamos de acuerdo en que cada Centro de Estudiantes debe tener una financiación suficiente. Pero ésta debe venir de los presupuestos ordinarios de cada facultad, incluidos las salas y oficinas, teléfono, fax, Internet y fotocopias gratuitos; y de actividades propias que promuevan las conducciones estudiantiles (fiestas, campañas económicas, etc.).

Es necesario cambiar de rumbo

Hay que repensar los modelos de actuación política en la Universidad; que desde la conformación del Frente 20 de diciembre, mediante el cual la izquierda recuperó la FUBA de manos de la camarilla corrupta de Franja Morada, no se supo involucrar a las masas estudiantiles en su participación activa en las luchas que se vienen dando. Los intereses de aparato, y la falta de una política de inclusión, participación y decisión de los estudiantes, generaron un panorama de desinterés –cuando no de desdén- de parte de las bases estudiantiles, que no consideran todavía como propia la actuación de la dirigencia de la FUBA. Cualquier reforma del Estatuto y más aún, del cogobierno es una utopía si no cuenta con el apoyo mayoritario y activo de estudiantes, docentes y no docentes.
La misma responsabilidad le cabe al activismo sindical docente y no docente de la UBA y demás universidades nacionales (agrupados en Conaduh, Conadu y ETUN). Hay que dejar claro que esta no es una lucha meramente estudiantil, sino de toda la comunidad universitaria progresista.
Es por eso que se impone rediseñar el esquema político que llevan adelante las federaciones dirigidas por la izquierda y las organizaciones sindicales. Desde ya se impone realizar una campaña amplia, audaz y de largo aliento de propaganda y agitación, organizando movilizaciones masivas, actos, charlas, etc., explicando por qué necesitamos modificar de raíz la actual estructura universitaria, quiénes son los enemigos de esta reforma por la que luchamos y cuál es su pasado; y, sobre todo, vincular esa necesidad con las preocupaciones y las demandas cotidianas de los estudiantes, los docentes y los no docentes; seguramente la situación sería muy distinta porque participarían miles de personas exigiendo una universidad verdaderamente democrática y de cogobierno real.
Dada la crisis histórica que atraviesa la universidad pública en Argentina, los equipos rectorales no tienen otra opción que abrir un debate para introducir algunos cambios en su funcionamiento y en sus Estatutos, aunque en rigor propondrán cambios cosméticos para que nada cambie sustancialmente.
Pero lo importante es que esto abre una nueva y gran posibilidad para retomar la lucha y salir fortalecidos de la experiencia pasada. Insistimos en que el objetivo debe ser generar un movimiento masivo que represente a la mayoría de la comunidad universitaria, con el apoyo y la simpatía de las familias trabajadoras, que debe confluir en movilizaciones de masas, preparadas por una campaña amplia con todos los sectores interesados que conecte con las expectativas y los intereses de los estudiantes, docentes y no docentes, para conseguir la Universidad que necesitamos el conjunto de los trabajadores.

Apéndice. Balance de la lucha por la democratización de la UBA

Es indudable que la dirección de la FUBA jugó un papel de primer orden en la lucha contra los sectores reaccionarios levantando bien alta la bandera en defensa de la universidad pública y gratuita y por su completa democratización. La actuación de la FUBA y del activismo estudiantil impidió que un personaje vinculado a la dictadura, como Alterini, se encumbrara como Rector de la UBA, aunque finalmente se impuso un acuerdo de compromiso entre estos sectores reaccionarios y el sector “progresista”, minoritario, vinculado al gobierno de Kirchner.
No obstante, la impresión que deja esta experiencia es que la lucha se perdió. Los mismos dirigentes de la FUBA ni siquiera se esfuerzan en ocultarlo. Lo grave de esto no es la sensación de derrota, sino que desde el principio hasta el final el movimiento estudiantil no participó activamente en esta lucha.
Durante todo el 2006 la FUBA se opuso a la elección de un nuevo rector de la UBA con el argumento de que antes debía aprobarse un nuevo Estatuto que fuera más democrático que el actual para terminar con el dominio feudal que ejerce sobre la UBA una casta minoritaria de profesores y catedráticos.
Los cambios exigidos por la FUBA y los sectores más progresistas de la universidad no son menores. Suponen el mayor cambio en la organización interna de la universidad desde la Reforma de 1918.
Para encarar con probabilidades de éxito una reforma de gran calado de la universidad se necesitaba generar un movimiento de masas de tal calibre (de estudiantes, docentes, no docentes, con el apoyo y la simpatía de los trabajadores en general) que obligara al gobierno y a los sectores conservadores y reaccionarios de la UBA a tener que aceptar si no todas, al menos la mayoría de nuestras demandas.
Creemos que el error principal cometido por los dirigentes de la FUBA fue no haber reflexionado suficientemente sobre las condiciones y los métodos para haber generado una movilización de masas para conseguir esto, apostando casi exclusivamente al esfuerzo abnegado y al voluntarismo del activismo estudiantil (el sector de vanguardia del estudiantado, pero minoritario al fin), al margen de las masas de estudiantes.
También se fracasó en la conformación de un frente único amplio que abarcara a los sectores más progresistas de la comunidad universitaria de estudiantes, docentes y no docentes, para organizar y extender la lucha. Al contrario, la impresión que quedó es que esta fue una pelea de la FUBA sola. La responsabilidad por esto recae también en los dirigentes del sindicato docente AGD-UBA y del activismo clasista no docente que tampoco propusieron la conformación de un frente de este tipo ni tomaron iniciativas al respecto, salvo en sus comunicados públicos de apoyo de rigor.

El fracaso del “vanguardismo” y del “sustitucionismo”

Sin una movilización de masas en la calle que respaldara su accionar, la actuación de la FUBA quedó relegada a boicotear en 6 ocasiones la elección del Rector con el concurso de varios cientos de activistas, que además querían obligar con sus solas fuerzas a todo un gobierno y a la casta dirigente de la UBA al cambio de Estatutos más radical en 90 años.
De esta manera se cayó en el error del “sustitucionismo”, por el cual una vanguardia se propone llevar a cabo tareas que sólo pueden tener una probabilidad de éxito si existe una participación consciente de miles y decenas de miles en la calle, acompañado por la simpatía general de la mayoría de la sociedad. En esas condiciones, la lucha por unos Estatutos democráticos y un cuerpo rectoral verdaderamente democrático y representativo no podía triunfar, como así sucedió.
Algunos sectores del activismo estudiantil intentan justificarse diciendo que “los estudiantes no se mueven”, que “están apáticos y pasivos”, que la lucha por Estatutos democráticos “no les interesa”, y que por lo tanto “no se podía hacer más de lo que se hizo”. Por lo tanto, depositan en los propios estudiantes toda la responsabilidad por la falta de una respuesta de masas, pese a que son ellos quienes sufren condiciones de estudio cada vez más degradadas y los efectos de un régimen antidemocrático dentro de la universidad.
Reconocemos que no es fácil incorporar a los estudiantes a su participación activa en la vida universitaria. La estructura universitaria conspira conscientemente para que esto sea así, con sus planes de estudio agotadores, enseñanzas memorísticas, la presión de pruebas y exámenes, métodos de enseñanza basados en la competencia entre los propios estudiantes que no fomentan la colaboración, la falta de condiciones ambientales edilicias y de infraestructuras, y otros.
Pero los dirigentes de la FUBA deben preguntarse honestamente qué hicieron ellos durante estos 5 años para intentar revertir esta supuesta situación de “apatía” entre el estudiantado. Ellos han revalidado sus mandatos en la FUBA y en la mayoría de las facultades en todo este tiempo. Tenían la autoridad y los medios para haber hecho avanzar el nivel de conciencia estudiantil y haber estimulado su participación cotidiana en la vida académica. Lamentablemente, no lo hicieron, porque nunca pudieron desembarazarse de la práctica equivocada del “sustitucionismo” en su labor cotidiana en las facultades y a nivel de la FUBA. Muchas veces se utilizaron esos cargos para el “prestigio” de tal o cual dirigente estudiantil y de su partido, y no para el interés general del movimiento estudiantil. Por lo tanto, no pueden ahora mirar para otro lado y eludir su responsabilidad.
Otro error cometido por los dirigentes de la FUBA fue no haber vinculado la necesidad de Estatutos democráticos para la UBA con los problemas cotidianos de los estudiantes en sus facultades. Para la mayoría de los estudiantes el debate sobre la “democratización” de la universidad aparece demasiado abstracto y ajeno a sus necesidades inmediatas. Lo correcto hubiera sido levantar un pliego de reclamos amplio y democrático, votado en asambleas generales en cada facultad, comenzando con demandas básicas tales como las deficiencias edilicias, falta de espacio en las aulas, por bibliotecas bien dotadas, por el cese de los profesores incompetentes, etc., hasta las demandas más generales sobre aumento de la participación estudiantil en el cogobierno, por un sistema auténticamente democrático para el acceso a la carrera docente, contra las privatizaciones de los servicios universitarios, por el control democrático de las finanzas universitarias, o la elección del rector por sufragio universal.
Esta manera de presentar los reclamos hubiera estimulado, sin duda, la participación estudiantil en la lucha y le hubiera dado muchísimo más vigor.
La manera en que terminó la lucha no fue la mejor, con cientos de activistas estudiantiles reprimidos y decenas heridos, con detenidos, sin poder conseguir sus reclamos en medio de la indiferencia general del movimiento estudiantil y de la sociedad. Y sin ninguna perspectiva de cómo continuar la lucha en los meses siguientes.