Un año más de impunidad

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Este 24 de marzo se cumple un nuevo aniversario del golpe de 1976. La impunidad continúa. Más de dos mil represores, culpables de asesinatos, torturas, desapariciones, violaciones, apropiaciones de niños y de bienes, etc. se pasean en libertad por las calles y concurren a los mismos lugares que visitamos cotidianamente.

Aniversario del golpe del 76

Este 24 de marzo se cumple un nuevo aniversario del golpe de 1976. La impunidad continúa. Más de dos mil represores, culpables de asesinatos, torturas, desapariciones, violaciones, apropiaciones de niños y de bienes, etc. se pasean en libertad por las calles y concurren a los mismos lugares que visitamos cotidianamente.

Pese a los discursos grandilocuentes y ciertos gestos simbólicos (descolgar el cuadro de Videla, abrir museos) sólo un puñado de comandantes fue condenado (y luego indultados) y la revisión de las leyes de impunidad no ha significado más que el procesamiento algunas decenas de represores cuyas causas se hallan estancadas en la maraña judicial. Además no se anularon los indultos decretados por Menem.

A esto se suman las revelaciones del juez español Garzón que había iniciado una serie de juicios por los crímenes contra ciudadanos de origen español, despertando cierta expectativa de que se iba a hacer justicia. Sin embargo Garzón en su último libro afirma que fue el gobierno de Kirchner, y no el español (que tampoco hizo nada para facilitar los procedimientos), el que presionó para que no extraditaran a España a los genocidas.

Debemos entender que no es ninguna casualidad que los sucesivos gobiernos, y las clases a quienes representan: la oligarquía, los empresarios "nacionales" y los intereses transnacionales, no se muestren dispuestos a juzgar y condenar a los genocidas. No lo hacen ni lo harán nunca porque el golpe y la represión contra los luchadores, los trabajadores y la juventud fueron planificados por ellos para aplastar el proceso revolucionario que estaba en marcha y profundizar la explotación y la concentración económica. Podemos mencionar como ejemplos, entre otros, a la deuda externa, a la caída de la participación de los trabajadores en la riqueza nacional de un 50% en 1975 al 19% actual, a la nacionalización de las deudas de las empresas realizada por Cavallo durante la dictadura, etc.

Lo mismo puede afirmarse sobre los crímenes cometidos en los últimos años contra los piqueteros, el 19 y 20 de diciembre y en el Puente Pueyrredón. La impunidad en estos casos también muestra que la represión fue funcional a la recomposición y profundización del dominio de los capitalistas. De nuevo fue la represión la que permitió a comienzos de 2002 que se triplicara la pobreza, que ya estaba muy extendida, se les volvió a licuar deudas a las mismas empresas que en la dictadura, mediante la devaluación y la pesificación, se les permitió a los bancos confiscar los fondos a los pequeños ahorristas, se mantuvieron salarios congelados mientras los productos de primera necesidad duplicaban su precio, etc.

Existieron también ordenes represivas expresas de parte de los gobiernos de Isabel y Ruckauf, de De la Rúa y de Duhalde en los casos mencionados.

En el fondo, los empresarios y sus representantes en el gobierno están agradecidos a los milicos que hicieron el trabajo sucio para que ellos se libraran de los trabajadores más activos y luchadores, incrementaran sus ganancias, licuaran sus deudas, etc.

Los miles de caídos no son sólo victimas, debemos reivindicarlos como compañeros en la lucha contra este sistema explotador y criminal, y están presentes en cada huelga, en cada piquete, en cada lucha. Debemos continuar movilizados en la exigencia de justicia pero sin engañarnos sobre la naturaleza del estado capitalista, de sus gobiernos, legisladores y jueces.

La única posibilidad de que se haga justicia y se castigue a los genocidas es que los trabajadores se hagan cargo del gobierno a través de sus propias organizaciones, es decir que el poder no lo tenga el capital sino los trabajadores.

Por todo lo dicho hacer justicia también significaría avanzar en la construcción de una sociedad igualitaria, sin explotación, sin privilegios. Este es el mensaje que queremos dejar en este 24 de marzo: o avanzamos hacia el socialismo o el círculo de ajustes, crímenes y explotación de la barbarie capitalista seguirá reproduciéndose.