¿Tiene sentido la historia? El Materialismo Histórico a prueba

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Publicamos a continuación la transcripción de la charla «¿Tiene sentido la historia? El Materialismo Histórico a prueba» que Josh Holroyd de la CMI, dio en la Universidad Marxista Internacional el 27 de julio de 2020. Los historiadores burgueses, liberales y posmodernos tienden a rechazar la visión marxista de que la historia se rige por leyes y procesos materiales. Algunos también rechazan la idea de progreso, diciendo que esto es sólo un punto de vista. Dicen que la historia es básicamente aleatoria, puntuada por individuos excepcionales sobre los que gira el destino de la sociedad humana. ¿Pero por qué las condiciones similares producen sucesos, resultados y personajes similares que se repiten a lo largo de la historia? ¿Y no ha habido realmente ningún progreso entre las herramientas de piedra y las naves espaciales? Esta charla demostrará y defenderá el método del materialismo histórico marxista.


Cuando Marx y Engels desarrollaron por primera vez los principios básicos del materialismo histórico, cambiaron la historia, en más de un sentido. En primer lugar, revolucionaron el estudio de la historia al colocarla por primera vez sobre una base real y científica. Pero al hacer esto también crearon un poderoso instrumento para la transformación revolucionaria de la sociedad por parte de la clase obrera.

Pero lo que tenemos que entender desde el principio es que esto no ha sido un desarrollo bien recibido desde el punto de vista de la clase dominante. Por lo tanto, no debería sorprenderles escuchar que no hay ni una sola de las ideas de Marx que no haya sido declarada «anticuada» y refutada por la clase dominante y sus profesores lacayos en las universidades.

Y tristemente, no hay ni un solo ataque burgués al marxismo que no haya sido también retomado e incorporado en la llamada academia marxista. Esto no es simplemente de interés académico. Como vimos recientemente con las declaraciones de David Harvey sobre la revolución, el revisionismo en teoría va de la mano del oportunismo en la práctica.

Así que esto nos impone a nosotros, como marxistas, el deber de estudiar y defender el verdadero método e ideas del marxismo como un maestro artesano cuida de sus herramientas. O un soldado cuida sus armas. Porque en última instancia son las únicas armas que tenemos, y no podemos permitirnos que nos las quiten.

Así que en el limitado tiempo de que dispongo, tengo la intención de examinar algunos de los más importantes ataques al materialismo histórico, y espero ofrecer una defensa y explicación de los principios fundamentales del enfoque marxista de la historia.

La premisa básica del socialismo científico es que el desarrollo histórico está determinado por leyes objetivas que pueden ser comprendidas, aunque sea imperfectamente, por los seres humanos. Pero incluso esta idea es descartada por la tendencia dominante en la academia histórica actual.

Tal vez la explicación más concisa de esta tendencia la dio en el siglo XX el empresario monopolista Henry Ford, quien dijo célebremente «la historia es una tontería», lo que significa un sinsentido. Pero hoy en día, se puede ver esta idea, de que es imposible explicar más bien solo simplemente se puede describir los eventos, se puede observar esto en todas partes. Es por supuesto, una característica importante del postmodernismo, que ya ha sido tratada en otra sesión, así que no voy a dedicar más tiempo a eso.

Pero hay otra versión, tal vez más sutil, de este argumento: que, si bien es posible entender la historia en algún sentido, no puede ser entendida científicamente. Por ejemplo, en su muy conocido libro, Sapiens – aquí está, para que puedan ver cómo es, ¡prestado! – el escritor liberal Yuval Noah Harari argumenta que la historia no puede ser una ciencia, sólo podemos explicar cómo y no por qué las cosas sucedieron como sucedieron, porque no se pueden hacer predicciones específicas, a las que él contrasta con las ciencias naturales y, extrañamente, con la economía.

Por esta razón, el marxismo es aparentemente una religión en la que las predicciones de Marx sobre el desarrollo del capitalismo y la necesidad de la revolución juegan el mismo papel, por ejemplo, que las profecías del libro del Apocalipsis. El hecho de que casi todas las llamadas profecías de Marx se hayan confirmado completamente desde su muerte, por supuesto, no se menciona.

Uno podría preguntarse inmediatamente, si algo no puede ser entendido científicamente, ¿entonces no puede ser entendido para nada? Y podemos ver que todo intento de entender la historia que no tenga un enfoque científico inevitablemente sólo toma los prejuicios imperantes de la época y los difama a través de la historia con el fin de justificar su existencia – esto va doblemente para el libro de Harari.

Pero incluso teniendo esto en cuenta, si el único criterio de la ciencia es que puede hacer predicciones precisas, entonces esto descartaría a la mayoría de las ciencias naturales: El tiempo, los terremotos, cualquier tipo de cosas, no se pueden predecir con precisión matemática. Incluso en la física, a nivel cuántico los científicos se ocupan de la probabilidad. Con esta lógica deberíamos abandonar el intento de explicar cualquier cosa. De hecho, es un argumento contra la ciencia en su conjunto.

Pero otro argumento es que, como la sociedad está formada por seres humanos conscientes, nuestras predicciones afectan al resultado, haciendo la historia demasiado caótica para predecirla. El ejemplo que da es que, si alguien hubiera sido capaz de crear un algoritmo que pudiera predecir los acontecimientos con un 100% de exactitud, y lo hubiera usado para mostrar a Hosni Muburak en 2010 que habría una revolución en Egipto dentro de un año, la revolución predicha no habría ocurrido, porque Mubarak habría gastado miles de millones en dádivas del Estado y añadido seguridad, falsificando así la predicción.

Pero veamos esto un poco más de cerca. En primer lugar, al recibir esta profecía, ¿de dónde se supone que Mubarak iba a sacar los miles de millones de dólares para repartir a la población? Uno de los factores que impulsaron la revolución árabe fueron las políticas de austeridad y los recortes en los subsidios estatales para combustible y otras necesidades. Estos recortes fueron el producto de los límites muy reales, determinados y conocidos del capitalismo egipcio en un período de crisis mundial. A corto plazo, podría haber revertido los recortes y haber pedido prestados miles de millones más para evitar la revolución de 2011 – el gobierno conservador de Gran Bretaña está haciendo lo mismo en este momento – ¿y luego qué? Exactamente las mismas demandas serían planteadas por las masas, el Estado estaría cada vez más en bancarrota, y las políticas de Mubarak probablemente sólo allanarían el camino para una explosión aún mayor más adelante. Por lo tanto, la única manera de que la predicción pueda ser completamente falsificada es si en respuesta, el dictador egipcio suspendiera las leyes del capitalismo por arte de magia, eso funcionaría, o aboliera el capitalismo con el fin de satisfacer las necesidades del pueblo, ¡lo cual sería en sí mismo una revolución!

En cada revolución en la historia ha habido un sector de la clase dirigente que sabe lo que viene, y presiona por reformas desde arriba para prevenir la revolución desde abajo. Muy a menudo, esas mismas reformas han despertado más a las masas, haciendo la revolución inevitable. La razón de esto no es porque las revoluciones sean totalmente aleatorias, sino porque sus causas son mucho más profundas de lo que los gobernantes individuales son capaces de alcanzar. Y es tarea de la historia, de cualquier estudio serio de la historia, descubrir precisamente estas causas, y comprenderlas.

El argumento de que las leyes históricas objetivas son incognoscibles es simplemente una confesión del escritor de que no tiene ni idea de lo que son. Como dijo Trotsky: «La teoría es la victoria de la previsión sobre el asombro». Bueno, esto es el asombro elevado a teoría. Pero si aceptamos que hay leyes objetivas en el desarrollo histórico, y que estas leyes pueden ser comprendidas. Entonces, ¿cómo descubrimos y comprendemos esas leyes?

Antes de Marx, la teoría dominante de la historia era que, dado que la historia está hecha por los humanos, y los humanos son seres conscientes, entonces el estudio de la historia es simplemente el estudio de las diversas ideas que han guiado a las personas a través de los tiempos. En resumen, la historia fue determinada por la mente. Pero esta concepción idealista de la historia fue brillantemente derribada por Marx. Por primera vez, se hizo posible entender genuinamente la historia, y no sólo describirla. En palabras de Engels:

«Así como Darwin descubrió la ley de desarrollo de la naturaleza orgánica, Marx descubrió la ley de desarrollo de la historia humana.»

¿Cuál era esta ley?

Marx descubrió la fuerza motriz de la historia no en la cabeza, en las ideas y hechos de los grandes hombres, etc., sino en la mano – en el trabajo, que describió como «una eterna necesidad natural que media el metabolismo entre el hombre y la naturaleza, y por lo tanto la vida humana misma».

En su Prefacio a la Contribución a la Crítica de la Economía Política, publicado en 1859 – el mismo año que el Origen de las Especies de Darwin, por cierto, Marx escribió estas famosas líneas:

«En la producción social de su existencia, los hombres entran inevitablemente en relaciones definidas, que son independientes de su voluntad, a saber, relaciones de producción adecuadas a una determinada etapa del desarrollo de sus fuerzas productivas. El conjunto de estas relaciones de producción constituye la estructura económica de la sociedad, cuyo verdadero fundamento es una superestructura jurídica y política y a la que corresponden formas definidas de conciencia social. El modo de producción de la vida material condiciona el proceso general de la vida social, política e intelectual. No es la conciencia de los hombres la que determina su existencia, sino su existencia social la que determina su conciencia».

Desde que escribió esas líneas, todo el establishment intelectual ha estado en la búsqueda de refutarlas. No sería una exageración decir que los últimos 150 años de la ciencia social han sido poco más que un ataque implacable a esta idea, incluso este párrafo.

Harari, de nuevo, expresa el prejuicio dominante con la típica crudeza cuando dice:

«Dado que la cooperación humana a gran escala se basa en mitos, la forma en que la gente coopera puede ser alterada cambiando los mitos – contando diferentes historias.»

Pero aparte de este idealismo abiertamente reaccionario, hay en realidad muchos autoproclamados socialistas que han encontrado formas más sutiles y perniciosas de desafiar las ideas básicas del materialismo histórico.

Tomemos a Anthony Giddens, ahora Lord Giddens, que es bien conocido en Gran Bretaña como el principal teórico del Blairismo. En 1989, Giddens escribió una crítica al materialismo histórico, en la que se describía a sí mismo como un «socialista libertario» y afirmaba salvar lo bueno de las ideas de Marx de lo que consideraba sus ideas más anticuadas. Entonces, ¿cuáles de las ideas de Marx están ahora desactualizadas?

Primero, según Giddens, «Marx se equivocó al considerar que los seres humanos están por encima de la fabricación de herramientas y el uso de animales… La vida social humana no comienza ni termina en la producción.» En cambio, dice que la «búsqueda de sentido» está «más cerca de proporcionar la base para una antropología filosófica de la cultura humana de lo que estuvo Marx». Así que volvemos al idealismo clásico. Es la conciencia la que nos separa de los animales y por lo tanto forma la base de la historia humana.

Pero ¿cuándo y cómo tuvo lugar esta separación? Presumiblemente en algún momento uno de nuestros antepasados simios se despertó una mañana y decidió comenzar su búsqueda de sentido, y en el camino desarrolló el fuego y las herramientas para sostener su cuerpo mortal durante su búsqueda del alma inmortal. Incluso el idealista más incorregible aceptaría que este gran salto no tuvo lugar antes de la evolución del cerebro humano. Pero el estudio de la evolución del cerebro humano desafía esa teoría.

Nuestro primer antepasado homínido conocido, llamado Lucy, vivió y murió hace más de 3 millones de años. Su cerebro no es más grande que el de un chimpancé. Y aún así era más humana que un chimpancé. ¿Por qué? Porque lo que sí tenía era una forma temprana de la mano humana, específicamente, el agarre de precisión, que permitía entre otras cosas la producción de herramientas para ayudarla a satisfacer sus necesidades.

Aquí es donde comienza la evolución humana. No en la cabeza, sino en la mano. Las primeras herramientas de piedra descubiertas hasta ahora tienen más de 2.500.000 años, mucho más antiguas que el homo sapiens como especie. A medida que el trabajo se hizo más complejo, también lo fue nuestro cerebro, que no sólo se hizo más grande, sino que también se expandió para cosas como el lenguaje y el pensamiento abstracto. Al cambiar su entorno natural, la humanidad se cambió a sí misma. Así que resulta que la «búsqueda de sentido» de la humanidad, lo que sea que eso signifique en realidad -debo admitir que aún estoy buscando el significado de esa expresión-, sin importar, esto es en sí mismo un producto del trabajo.

Lo que es especialmente significativo es que los estudios más modernos de nuestros primeros antepasados confirman no el idealismo de Giddens de 1989, sino el materialismo de Friedrich Engels, que presentó esta teoría de la evolución humana años antes de que fuera confirmada de forma concluyente por la investigación. Por cierto, si te interesa el folleto en el que Engels da este paso adelante se llama «El papel del trabajo en la transformación del mono en hombre«.

Pero habiendo redefinido la humanidad para nosotros, Giddens echa un vistazo a la sociedad:

«Los modos de producción de la vida material no son, en las sociedades tribales o divididas en clases, el principal motor del cambio social, ni tampoco la lucha de clases.»

Según Giddens, es la posesión de «recursos de autoridad», es decir, el control político, lo que ha determinado el curso de la historia hasta el capitalismo. Como prueba de ello, señala el origen del Estado:

«La revolución neolítica… no provocó mecánicamente un vuelco del orden social… es la ruptura política la que es decisiva, y no la transformación económica.»

La idea de que el desarrollo económico provoca automática y mecánicamente cambios en las relaciones sociales es una idea muy común utilizada para acusar al marxismo de determinismo tecnológico o económico. Pero no tiene nada que ver con el marxismo. Irónicamente si Marx creyera genuinamente que las relaciones sociales seguían pasiva y mecánicamente los desarrollos técnicos, no habría sido un revolucionario. La revolución sería innecesaria e imposible, porque cada innovación tecnológica provocaría algún pequeño cambio en las relaciones sociales hasta que la sociedad evolucionara gradualmente hacia un futuro de prosperidad cada vez mayor. Esta es la mitología de los liberales, no del marxismo.

Pero tomemos el ejemplo de Giddens al pie de la letra. Él argumenta que el advenimiento de la agricultura no cambió las relaciones sociales, pero la política, la fuerza, en la forma del Estado, sí lo hizo. Lo primero que hay que señalar aquí es que la revolución neolítica obviamente transformó la sociedad. Antes de la agricultura, todas las sociedades humanas vivían una vida nómada, moviéndose de un lugar a otro. La transición a los asentamientos permanentes y una nueva división del trabajo cambió completamente la forma en que la gente vivía sus vidas, incluyendo no sólo la producción sino también la familia y la religión.

Pero por falta de tiempo vayamos directamente al Estado. Giddens afirma que la escritura fue fundamental en la formación del Estado, y esto, más que la agricultura, cambió las relaciones sociales de forma permanente. ¿Cómo?

Giddens menciona que la escritura fue usada por primera vez para hacer listas. Sí, pero ¿listas de qué? Durante aproximadamente mil años antes de las primeras listas del Rey, los sacerdotes mesopotámicos escribían listas de los bienes contenidos en sus almacenes del templo. Esto nos da una pista del verdadero origen del Estado en la Mesopotamia. Las primeras formas de agricultura no aseguraban inmediatamente el nivel de excedente para mantener un Estado. Eso no debería sorprender a nadie. Pero la agricultura continuó desarrollándose.

Y para usar el ejemplo de la Mesopotamia, la producción de un excedente capaz de mantener un Estado no surgió hasta la introducción de la agricultura de irrigación en los pantanos de lo que hoy es el sur de Irak. En los asentamientos de ese lugar y época, hace unos 6.000 años, vemos por primera vez áreas de templos comunales donde el producto excedente se tomaba como una ofrenda.

¿Qué significa esto? En estos asentamientos vemos la evidencia física de una división del trabajo cualitativamente nueva en la sociedad. Que, entre la mano y la cabeza, si se quiere, con la mayoría trabajando en los campos y una minoría que podía dedicar su tiempo al trabajo mental, como la medición, las matemáticas, la escritura. Este trabajo lo hacían los sacerdotes. La escritura, por lo tanto, se desarrolló como resultado de la producción y distribución de este excedente, no simplemente por el «poder», en abstracto, o por la ideología en sí misma. Tristemente para Giddens, históricamente hablando, el poeta y el contador tienen la misma madre, el mismo origen.

Pero aún así no vemos ningún Estado, sólo un templo en esta etapa. Con el tiempo vemos templos más grandes, más y más desigualdad. Eventualmente, hace unos 5.000 años, todas estas primeras ciudades entraron en crisis más o menos al mismo tiempo. Todas las contradicciones que se acumulaban salieron a la superficie, y la cantidad se transformó en calidad. Tal vez alguna crisis externa como una sequía o la sobreexplotación agrícola redujo el nivel de excedente disponible. Pero lo más importante es que la capa privilegiada ya no podía asegurar el excedente que necesitaba.

Más tarde, dentro de un par de cientos de años realmente, vemos las mismas ciudades resurgir en el mismo lugar, pero esta vez con un templo y un palacio, que en sumerio es «é.gal», si lo pronuncio bien, que literalmente se traduce como «casa grande». Y en la casa grande vivía el «lugal» que literalmente se traduce como «el gran hombre». El amanecer del Estado había llegado finalmente. Y sólo entonces los escribas comenzaron a escribir listas de reyes e historias sobre reyes sobrehumanos como la Épica de Gilgamesh. En este sentido, la escritura ejecutaba las funciones del Estado, no las creaba, y de hecho algunos Estados han existido sin escritura, como el imperio incaico, por ejemplo.

¿Pero cómo podemos explicar esto?

Engels, en Los orígenes de la familia, la propiedad privada y el Estado, explicó que el Estado es una confesión de la sociedad de que se ha dividido en intereses de clase irreconciliables, entre los que producen y los que se apropian del excedente. Y en sus palabras, «para que estos antagonismos y clases con intereses económicos en pugna no se consumieran a sí mismos y a la sociedad en una lucha infructuosa, se hizo necesario tener un poder aparentemente por encima de la sociedad que aliviara el conflicto, y lo mantuviera dentro de los límites del «orden»; y este poder… es el Estado». A partir de este punto, toda la historia se convierte en «la historia de la lucha de clases», como dijo Marx.

Pero por supuesto, Giddens todavía no está de acuerdo, y explica:

«Las relaciones de clase no gobiernan el carácter básico de la producción ni en el mundo antiguo ni en el feudalismo. El esclavo o el siervo no son ‘trabajadores’, ni su ‘trabajo’ está separado de su relación con la naturaleza y con la comunidad».

Si dice que el esclavo no es lo mismo que un trabajador asalariado en el capitalismo, entonces estamos de acuerdo. Pero creo que la idea de que el esclavo no es un trabajador porque no trabaja en una fábrica por un salario no sería tomada en serio por los esclavos. Este es otro ejemplo clásico del método del liberalismo, Giddens toma la producción capitalista como punto de partida, la busca a lo largo de la historia, y al no haberla encontrado antes del capitalismo declara que no hubo trabajadores y tampoco lucha de clases.

Sin embargo, de forma extraña, incluso tenemos autodenominados marxistas que proponen esta misma idea. Samir Amin, por ejemplo, afirma que antes del capitalismo, «la ideología es la instancia dominante». Esta idea de que lo político determina lo económico en la sociedad antigua y medieval, mientras que lo económico determina lo político en el capitalismo, porque es una economía de mercado, es muy común en la academia marxista. Y tengo que preguntar, ¿de qué sirve un materialismo histórico que sólo se aplica al capitalismo?

Pero peor, al corregir a Marx, estas personas nos llevan más atrás incluso que los historiadores antiguos. Tucídides no era marxista, pero vio que bajo la lucha política de la democracia ateniense había intereses de clase material, y fue esta lucha, entre la oligarquía y la muchedumbre, como él lo veía, la que condujo la guerra del Peloponeso a su infeliz desenlace (para Atenas).

De la misma manera, se podría caracterizar la historia de la Edad Media (en Europa, al menos) como la lucha de diferentes sectas religiosas, como la que se dio entre el protestantismo y el catolicismo. Pero es fácil ver que debajo de todas estas ideas religiosas se encuentran los intereses de las diferentes clases de la sociedad feudal, como la burguesía de las ciudades, burgués significa habitante de la ciudad, alguien que vive en una ciudad, que jugó un papel esencial en la reforma.

Marx incluso respondió a este argumento en el primer volumen de El Capital, donde escribe:

«Sin embargo, está claro que la Edad Media no podía vivir del catolicismo, ni el mundo antiguo de la política. Por el contrario, es el modo en que se ganaban la vida lo que explica por qué aquí la política, y allí el catolicismo, jugaban el papel principal.»

El marxismo nunca ha negado el importante papel de la conciencia, de la violencia y del Estado. Intentar explicar la historia sin la intervención de las luchas e ideas políticas nos daría una visión falsa y unilateral, pero tomar las ideas políticas de la época como un factor independiente, fuera del contexto económico y de clase nos da sólo la forma sin contenido y en última instancia no explica nada.

Pero ahora llegamos a un punto importante de controversia con la obra de Marx: la del progreso. La filosofía marxista ve todo el curso del desarrollo de la materia, la vida y la sociedad humana como parte de un proceso de evolución sin fin. Pero esto no tiene nada en común con el llamado darwinismo social, que presenta una falsa imagen de la evolución para justificar la dominación de la sociedad por los ricos.

Lo que Darwin mostró, para horror de la respetable sociedad burguesa, fue que todas las especies, incluyendo la nuestra, no siempre han existido, no son el producto de algún plan especial, sino que son el resultado de millones de años de evolución por selección natural, un producto de la historia si se quiere. Darwin nos puso en nuestro lugar biológicamente. Marx nos puso en nuestro lugar socialmente. Demostró que cada forma de sociedad existente no era la expresión natural y permanente de la naturaleza humana, o el resultado de algún plan preestablecido, sino el producto de miles de años de evolución. Demostró que en la sociedad como en la naturaleza, todo lo que existe merece perecer.

Esta evolución social no está determinada por la biología o la naturaleza humana, sino por el desarrollo de las fuerzas productivas, que median nuestra interacción con la naturaleza y con ella los fundamentos de la sociedad humana. Pero, contrariamente a la concepción liberal del progreso, que ve la historia como un proceso gradual y lineal de ilustración moral y económica, que culmina en el moderno capitalismo democrático liberal, el marxismo ve el progreso como algo intrínsecamente contradictorio y compuesto por saltos revolucionarios. Es crucial que las formas de sociedad que en un momento dado habían fomentado el desarrollo se conviertan en su contrario.

En su famoso prefacio Marx escribe:

«En una cierta etapa del desarrollo, las fuerzas productivas materiales de la sociedad entran en conflicto con las relaciones de producción existentes. A partir de las formas de desarrollo de las fuerzas productivas estas relaciones se convierten en sus grilletes. Entonces comienza una era de revolución social. Los cambios en la base económica llevan tarde o temprano a la transformación de toda la inmensa superestructura.»

Ya he explicado cómo esto tomó forma en el Estado, en el origen del Estado, pero también lo vemos en la transición de una forma de sociedad de clases, a otra forma más elevada, y lo vemos hoy ante nuestros ojos en la crisis del capitalismo. Pero esta idea es rechazada con indignación por muchos académicos, incluyendo por supuesto a Giddens, quien orgullosamente presenta una teoría «no evolucionista» de la historia.

Dice que, si adoptamos una visión evolutiva de la historia, y pensamos en el cambio social en términos de «etapas», entonces esto es erróneo porque «el surgimiento de sociedades divididas en clases no eliminó las sociedades tribales del mundo». Todo lo que aprendemos de esto es que Giddens, y otros que rechazan indignados un enfoque evolutivo de la historia, no entienden ni la evolución ni la historia.

¿Es el caso en la naturaleza, que cuando se producen grandes saltos evolutivos, como los primeros seres que vivieron en la tierra, todas las demás especies de la Tierra han seguido el ejemplo o han muerto? ¿Vivimos en un mundo poblado sólo por vertebrados? Sólo hay que hacer la pregunta para ver lo absurdo de lo que se está discutiendo aquí.

Contrariamente a la cruda caricatura del marxismo presentada por la teoría estalinista de las dos etapas, el marxismo no insiste en que todas las sociedades deben pasar por el mismo curso de desarrollo. No es así como funciona la evolución. Más bien, cada sociedad individual nace en un determinado entorno geográfico e histórico, incluyendo de manera crucial el nivel de desarrollo de las fuerzas productivas ya alcanzado. Esto tiene un efecto determinante en sus relaciones sociales, clases y desarrollo posterior.

De hecho, la presencia constante y la interacción entre sociedades en diferentes etapas de desarrollo, que Trotsky llama desarrollo desigual y combinado, es en sí misma un poderoso factor de progreso de la sociedad en su conjunto. Las sociedades más atrasadas se apropian rápidamente de los logros de las demás sin necesidad de pasar por el mismo proceso de desarrollo. Esto crea saltos gigantescos en el desarrollo.

Si tomamos Grecia como ejemplo, Engels señaló que la sociedad de clases y el Estado en Atenas surgió cuando ya existía la tecnología y las herramientas de hierro, que permitían que la agricultura de regadío fuera mucho más productiva que antes, había un amplio comercio de productos básicos con otras civilizaciones, e incluso dinero en este momento. Todo esto contribuyó a la naturaleza de la sociedad de clases ateniense, con su esclavitud y el alto nivel de relaciones de propiedad privada.

¿Cuál es el panorama en el antiguo Egipto, que los griegos consideraban la civilización original? Totalmente diferente. La sociedad de clases egipcia surgió sobre la base de la tecnología de la Edad de Bronce, y un excedente producido por la agricultura de irrigación a lo largo del Nilo, llevada a cabo por las comunidades de los pueblos y supervisada por la burocracia de los templos y del Estado, y el dinero no surgió en ninguna forma hasta después del nacimiento del Estado. Sus relaciones eran cualitativamente diferentes porque habían evolucionado en una etapa mucho más temprana del desarrollo de las fuerzas productivas. Pero sin el desarrollo que tuvo lugar en Egipto y otros Imperios de la Edad de Bronce como Asiria y Babilonia, y la Grecia micénica, la Grecia de la Edad de Bronce, es muy poco probable que los grandes logros de la civilización ateniense se hubieran producido. Esa nueva forma de sociedad esclava griega representó una nueva etapa en el desarrollo de la sociedad de clases y abrió un nuevo desarrollo.

Miren el desarrollo del capitalismo, por ejemplo. A Inglaterra le llevó unos 300 años desarrollar un capitalismo maduro e industrializado a partir del feudalismo. Japón pasó de una sociedad agraria y feudal a una economía industrial y capitalista en el espacio de una sola generación, más o menos. Pero ¿podríamos decir realmente que este salto no constituyó un salto hacia adelante en ningún sentido? Que es lo que argumentan los posmodernistas, y algunos llamados marxistas.

En última instancia, la negación del progreso no es más que el reflejo del declive irreversible del capitalismo, bajo el cual es imposible un mayor progreso. Es esencialmente la demanda reaccionaria de que la clase obrera, ahora, no puede y no debe luchar por el progreso.

Harari, una vez más, sostiene que el desarrollo económico no conduce necesariamente a una mayor felicidad o a una mejor vida para todos. Eso es bastante cierto. Pero mientras vivamos en una sociedad de clases, el poder colectivo de la raza humana nunca significará mayor libertad y prosperidad para todos. Sobre esta contradicción descansa la totalidad de la lucha de clases, una lucha sobre el excedente producido por el desarrollo de las fuerzas productivas.

Hoy en día, ningún desarrollo tecnológico o económico adicional trae consigo un mayor progreso para la gran mayoría de la población. El desarrollo que se ha producido sólo sirve para exacerbar la crisis del capitalismo y la opresión de las masas. Esto no refuta el progreso, lo que demuestra es que en la sociedad de clases no hay progreso sin lucha de clases, y en última instancia, sin revolución.

A veces la negación del progreso se disfraza como la defensa de las sociedades no capitalistas. Para no herir los sentimientos de las sociedades que han sido brutalmente destruidas por el capitalismo, incluso muchos de los llamados marxistas se niegan a hablar de progreso en absoluto, como si se tratara sólo de una idea liberal. Una autodenominada «marxista crítica», Ellen Meiksins Wood sólo utiliza el término «proceso». ¿Pero qué se supone que significa esto? ¿A dónde nos lleva este proceso?

Hoy en día, miles de millones de personas sienten de una manera u otra la imposibilidad de avanzar bajo el sistema actual, y quieren desesperadamente encontrar una salida. ¿Qué es esto, aparte de un esfuerzo semiconsciente por el progreso?

Si no existiera tal cosa, entonces debemos concluir que el derrocamiento del capitalismo, la erradicación de la pobreza o el fin de la opresión de la mujer no constituirían un verdadero progreso para la humanidad. Y si usted cree eso, creerá cualquier cosa. La única sociedad que defiende este punto de vista es el capitalismo.

Hoy en día, creer que una etapa superior en la evolución de la sociedad es incluso posible, pero lo que es más importante, es inevitable y necesario, es un acto revolucionario, mientras que la negación del progreso para siempre es tan falsa y reaccionaria como las afirmaciones de personas como Steven Pinker y Bill Gates que constantemente alaban el milagro silencioso de la reducción de la pobreza bajo el capitalismo, al mismo tiempo que los pobres del mundo se enfrentan a la catástrofe. Son dos caras de la misma moneda. Ambos descartan la lucha de la clase obrera por su emancipación, que hoy en día constituye la fuerza motriz del progreso.

Esto nos lleva ahora al último argumento, que se utiliza regularmente a derecha e izquierda, la idea de que el marxismo considera todo, cada acontecimiento inevitable, que es fatalista y por lo tanto niega la acción humana en la historia. En cambio, se nos dice que la historia es acerca de las «posibilidades».

Citando a Harari por última vez, «Estudiamos la historia no para conocer el futuro sino para ampliar nuestros horizontes, para comprender que nuestra situación actual no es ni natural ni inevitable y que, por consiguiente, tenemos ante nosotros muchas más posibilidades de las que podríamos imaginar».

Qué inspirador, pero no es el único. Tomemos de nuevo al «socialista» Giddens por última vez:

«La relación entre el capitalismo y el socialismo en el mundo moderno tiene una doble implicación, como una serie de fenómenos existentes y como una serie abierta de posibilidades.»

Como la posibilidad de una tercera vía entre el capitalismo y el socialismo, que es lo que el Blairismo trató de hacer. Y finalmente tomemos a la «marxista», Ellen Meiksins Wood. Ella dice: «La categoría relevante en la caracterización del proyecto socialista no es inevitablemente… sino precisamente la posibilidad.»

Ahora bien, esto es muy reconfortante, pero no ofrece ninguna forma concreta de realizar ninguna de estas posibilidades abstractas. Este tipo de «posibilidad» está vacía, y no pude evitar recordar una cita de Hegel en relación con esto. Dijo:

«En la filosofía, en particular, nunca debe decirse una palabra para demostrar que «es posible», o «es concebible». La misma consideración debería advertir al escritor de la historia… pero la sutileza de la comprensión vacía encuentra su principal placer en la fantástica ingenuidad de sugerir posibilidades y muchas posibilidades».

En última instancia, el que una cosa sea posible o imposible no depende de si se puede imaginar que ocurra, sino de los elementos y la dinámica reales existentes de la cosa en cuestión, en la sociedad, las leyes objetivas que determinan la dirección general de la sociedad, en este caso el capitalismo.

¿Qué posibilidades nos ofrecen estos correctores de Marx? A pesar de decir que no podemos predecir el futuro, Harari nos dice que el capitalismo liberal producirá IA, que resolverá el cambio climático y nos hará inmortales en 2050. ¿Dónde entra la acción humana en esto? La filosofía de Giddens nos dio el proyecto político del blairismo, que como sabemos por experiencia requiere que las masas se involucren lo menos posible en la política, y simplemente dejen a una camarilla burocrática de arribistas administrar la sociedad en su nombre, y no muy bien. Básicamente les dice a los trabajadores que «esperen», y que voten a los laboristas en las próximas elecciones. Esa es su función. La «marxista» Wood no dice nada en absoluto. «Democracia, deberíamos tener democracia», sin una respuesta concreta de cómo se supone que debemos tener esta democracia socialista. ¿Ahora quién gana con esto? Los capitalistas. El status quo. Este método defiende la continuación de su sistema fallido.

La posibilidad concreta del socialismo no es otra que el inevitable desarrollo y centralización de la producción mundial bajo el capitalismo. El inevitable crecimiento y la continua opresión de la clase obrera, que se ve obligada a luchar, y la crisis cada vez más profunda del sistema capitalista, es el producto inevitable de la contradicción entre la inmensa producción social y la estrecha apropiación privada de los capitalistas.

En realidad, la historia no es una cuestión de mera posibilidad, sino de necesidad: cuál es el resultado necesario de los procesos fundamentales que tienen lugar y qué es lo que se necesita para la emancipación de la clase obrera y para el ulterior desarrollo y liberación de la humanidad en su conjunto.

Los marxistas nunca han negado la acción. El propio Marx dijo que los hombres hacen su propia historia, pero no lo hacen en circunstancias que ellos mismos eligen. El marxismo es la expresión consciente del movimiento de la historia, y nuestra conciencia de este movimiento exige que nosotros también nos movamos. Por eso el marxismo, a pesar de su determinismo, es una filosofía de acción. Al captar las leyes objetivas de la historia, se hace posible intervenir conscientemente y cambiar la sociedad, y es necesario también hacerlo. Sólo entonces es posible la verdadera intervención humana. Luchamos para acabar con el sistema capitalista, que está en inevitable decadencia. Para crear un nuevo mundo, libre de la explotación, libre de la pobreza, y en control de su destino. Esa es la verdadera libertad. No basta con pensar, ni siquiera basta con saber. El materialismo histórico exige que actuemos. Como dijo Marx hace mucho tiempo, los filósofos sólo han interpretado el mundo de varias maneras, el punto es transformarlo.

Intervenciones

Guy: Camaradas, voy a dar un breve ejemplo de cómo los académicos burgueses interpretan los hallazgos de las excavaciones actuales dentro de la llamada «media luna fértil» área de Oriente Medio, en oposición al método del materialismo histórico.

Esta zona es conocida como la cuna de la civilización, porque es donde, según las pruebas, la técnica agrícola fue cualitativamente avanzada en las poblaciones humanas locales. Como Josh mencionó, esto dio lugar a un excedente de alimentos, luego a una mayor división del trabajo y a asentamientos cada vez más complejos que implicaban un gran número de personas, y finalmente a divisiones de clase y al nacimiento del Estado.

Los registros arqueológicos se actualizan continuamente con nuevos descubrimientos en la región, arrojando más luz sobre la historia humana durante el período Neolítico.

Un sitio de excavación en particular ha producido hallazgos extraordinarios. Göbekli Tepe («Guh-behk-lee Teh-Peh») es un tell (una colina hecha por el hombre) en el sudeste de Turquía en el que se han encontrado más de 20 círculos que contienen 200 pilares e increíbles tallas y esculturas de personas y animales. Algunos de estos parecen ser anteriores a los asentamientos conocidos en la Baja Mesopotamia hace unos 2.500 años. Hay pocos indicios de población en el sitio o en sus alrededores, aunque gran parte de ellos aún no han sido excavados. Los huesos de lo que se supone que fueron animales salvajes se han encontrado junto a huesos humanos.

Los académicos burgueses, incluidos los principales arqueólogos que trabajan en el sitio, consideran que estos hallazgos significan que los cazadores-recolectores que habitaban en un radio de 160 kilómetros produjeron los artefactos encontrados allí. Convenientemente, esta hipótesis da un giro a las teorías de Engels, y del arqueólogo V. Gordon Childe, que se basó en el marxismo, por completo sobre sus cabezas. En un artículo de 2011 para la National Geographic, el historiador académico Charles C. Mann estaba encantado de señalar esto. Terminó su artículo citando al arqueólogo principal del sitio Klaus Schmidt, quien concluyó: «La civilización es un producto de la mente humana».

Aparentemente, los grupos de cazadores-recolectores se tomaban descansos de su caza y búsqueda de alimento para asistir al sitio, viajando enormes distancias para venir a presentar sus respetos, y maravillarse con las esculturas y tallas de bestias salvajes que simples recolectores como ellos habían creado, como una especie de turismo religioso. Incluso se proporcionaba comida especialmente para la ocasión – ahí es donde la agricultura hace su aparición de repente – ¡se necesitaba asegurar que hubiera suficiente comida para los turistas! Según Mann, esto era «Como la versión neolítica de Disneylandia».

Hay algunos problemas con la Disneylandia neolítica: la gente que construye monumentos religiosos también necesita comida, así como la gente que viene a verlos. Los arqueólogos estiman que habrían necesitado 500 personas para extraer la piedra para los pilares, algunos con un peso de 10 toneladas cada uno, de una cantera cercana y trasladarlos manualmente varios cientos de metros hasta el sitio. Por no hablar de la artesanía que se utilizó en las tallas y esculturas. Parece que eso implicaría mucho tiempo, trabajo, planificación, organización y cooperación entre diferentes grupos, para que la gente pase sus días cazando en pequeño número para sobrevivir. Ya hay pruebas claras de que los asentamientos en el valle del Éufrates dentro de 100 millas de Göbekli Tepe, que lo precedieron por miles de años, cultivaron cultivos de cereales.

Incluso si se revisa la línea de tiempo y el mapa para el desarrollo de la Revolución Neolítica – a medida que nuevas excavaciones con nueva tecnología conducen a nuevos descubrimientos arqueológicos – el cuadro general proporcionado por el método del marxismo, el materialismo histórico, permanece intacto.

Hubo un breve y limitado retorno de los climas glaciales alrededor de la época en que se datan las primeras pruebas conocidas del cultivo de cereales, lo que en realidad sugiere que fueron las condiciones de mayor penuria las que forzaron el desarrollo de nuevas técnicas de cultivo – algo que sólo con un enfoque dialéctico podría tener sentido.

En su obra El hombre se hace a sí mismo, V Gordon Childe señala que gran parte de la tierra en lo que hoy es el Oriente Medio se estaba volviendo «cada vez más árida» en el momento en que ciertas poblaciones humanas de la medialuna fértil se volvieron sedentarias – por lo que optaron por quedarse y cavar sistemas de drenaje de agua y de irrigación en lugar de trasladarse a un lugar que podría ser estéril. Y explica que probablemente todavía había muchos pueblos nómadas en la región, incluso cuando los asentamientos permanentes se volvieron más comunes – las muchas formas de grupo social existentes interactuaban e incluso comerciaban, en cosas como la matanza de animales salvajes. Esta no fue una transformación social mecánica, un modelo único.

Mientras tanto, los teóricos burgueses buscan abandonar el método materialista riguroso y científico y retirarse, a la primera oportunidad, al confort del idealismo. La teoría de que «la religión creó la agricultura» no habría estado fuera de lugar en la edad oscura, y sin embargo, la encontramos hoy aquí en una de las revistas científicas más leídas del mundo.

Una razón más por la que el sistema capitalista junto con sus representantes intelectuales debe ser arrojado al basurero de la historia.

Fredrik: Para la burguesía, el capitalismo es el estado natural de la sociedad. Para ellos es natural que sólo este año 265 millones de personas se expongan a morir de hambre. Al mismo tiempo, las ocho mayores corporaciones de alimentos en todo el mundo han repartido 18 mil millones de dólares en dividendos. Eso es diez veces la cantidad que la ONU afirma que se necesita para erradicar el hambre en el mundo. Para la burguesía, esta barbarie es el estado natural de la humanidad.

Pero el materialismo histórico explica que el capitalismo no es ni la primera ni la última palabra en la evolución humana. Decimos que el capitalismo prepara el camino para la revolución socialista. Por lo tanto, la burguesía no puede aceptar al materialismo histórico. Pero el problema para ellos es que tenemos la evidencia empírica de nuestro lado.

Pensé en analizar algunas pruebas sobre cómo se desarrolló la humanidad. Hace unos 7 millones de años, el camino de nuestros antepasados se desvió del de los chimpancés. Nuestros antepasados fueron forzados a entrar en la sabana. Los burgueses creían que la primera diferencia entre los humanoides y los demás era el tamaño del cerebro. Pero ahora eso ha demostrado ser completamente falso.

En cambio, algo que Engels argumentó hace 144 años se ha demostrado correcto. Josh mencionó a Lucy, que vivió hace 3,2 millones de años. Lo que la diferencia de los simios anteriores es, en primer lugar, su postura completamente erguida. Engels explicó que este caminar erguido liberaba las manos para usar herramientas. Eso es exactamente lo que se ve con Lucy. Manos más humanas – y el cuello y los hombros se están adaptando para un mayor control sobre las manos – usar las herramientas para sobrevivir, requiere una destreza cada vez mayor. Y es durante la época posterior a la vida de Lucy que se encuentran los primeros humanoides donde las manos se complementan con un cerebro más grande.

Curiosamente, antes de la especie de Lucy, nuestros antepasados humanos tenían dientes caninos afilados. Los chimpancés también tienen este tipo de dientes, y los usan para pelear entre los hombres para convertirse en líderes del grupo. Pero con la especie de Lucy, estos dientes están desapareciendo. Y en las especies posteriores de humanoides han desaparecido.

Hace dos millones de años se desarrolló una especie muy similar a nosotros, el Homo erectus. Ahora son tan buenos caminando que pueden correr. Y perdieron su pelaje, para tener una mejor resistencia. Desarrollan un método de caza llamado «caza de persecución». Básicamente, hacen que su presa entre en pánico una y otra vez hasta que se queda sin energía y puede ser fácilmente matada. Esto requiere de un muy buen trabajo en equipo.

Gente como el reaccionario Jordan Peterson afirma que estas primeras sociedades estaban dominadas por machos alfa. Esto es para probar que la naturaleza humana es competitiva y egoísta y, por lo tanto, que la sociedad de clases es natural. Pero la realidad es muy diferente. Se puede ver en la arqueología, por ejemplo, con estos dientes caninos. Puedes verlo con los métodos de caza. Si estos primeros humanos sobrevivían, no había lugar para los celos o las peleas internas. Ni para privilegios o jerarquías estrictas. Habría destruido el tejido del grupo que necesitaban para sobrevivir.

Mientras que los primeros homínidos habrían sido capaces de agarrar ciertas herramientas y usarlas – con el Homo erectus esto se desarrolla ahora en la producción consciente de herramientas. Producen hachas de mano, con una forma distintiva de la piedra – la forma es como una gota de agua. Tienen tanto cuidado en la producción de estas formas de goteo que esto se considera una de las primeras manifestaciones del arte humano.

Y luego, hace 600.000 años, se desarrolló uno de nuestros antepasados más cercanos, los neandertales. En este momento la fabricación de herramientas está en un nivel totalmente diferente. Su cerebro es ahora tan grande, o incluso más grande, que el nuestro. Y en lugar de la idea popular de los brutales cavernícolas neandertales, la evidencia arqueológica apunta a una sociedad muy cuidadosa. Han comenzado a enterrar cuidadosamente a sus muertos. Hay pruebas arqueológicas de que los neandertales que fueron heridos y lisiados cuando eran muy jóvenes, incluso se las arreglaron para sobrevivir hasta la vejez. Esto significa que los Neandertales cuidaron de aquellos que no podían mantenerse a sí mismos. Es más de lo que se puede decir de la sociedad capitalista.

Hace unos 300.000 años se desarrolló el homo sapiens – los humanos de hoy en día. Al igual que todas las demás especies, hemos sido formados por nuestra forma de sobrevivir, que es usando y produciendo herramientas, trabajando. Se puede ver que durante millones de años esto nos ha moldeado biológicamente, y en cada etapa, también ha dado forma a nuestro modo de producción, que a su vez ha dado forma a nuestras relaciones entre nosotros y nuestra sociedad.

Hasta hace 10.000 años, la sociedad humana era igual. Pero esta igualdad se crea a partir del hambre, donde no hay excedente en la sociedad. Por eso Marx y Engels lo llamaron comunismo primitivo. Por supuesto, por lo que estamos luchando no es para que todos pasen hambre. Luchamos por el comunismo ahora porque el excedente es suficiente para liberar a todos incluso del miedo al hambre. Ahora bien, esta es la única manera de hacer avanzar a la humanidad. Todos los medios están ahí. Depende de nosotros hacer que suceda.

La forma en que a la mayoría de nosotros se nos enseña historia en la escuela hace muy difícil entenderla realmente. Se enseña como una serie de fechas y hechos al azar para ser memorizados para un examen. O solamente como la historia de las acciones de los grandes hombres y mujeres de la historia, sin una enseñanza real de la progresión de los eventos o por qué la historia se desarrolló de la manera en que lo hizo.

Según la historia burguesa, Napoleón se convirtió en emperador de Francia sólo por su fuerza de voluntad y su genio militar. El ascenso del fascismo, el curso de la Segunda Guerra Mundial en Alemania y el Holocausto se debieron únicamente a la monstruosidad individual de Adolf Hitler. O los Estados Unidos se han polarizado tanto que entraron en una crisis severa sólo por los rasgos de personalidad de Donald Trump.

El marxismo no niega el papel del individuo en la historia. De hecho, en ciertas circunstancias, el papel desempeñado por los individuos en la historia puede ser absolutamente vital. Pero los individuos, incluyendo a las grandes personas de la historia, sólo pueden actuar dentro de los límites establecidos por las condiciones de su tiempo y lugar específicos. Estos individuos son un producto de las condiciones de su tiempo y lugar. A esto se refería Marx cuando dijo lo siguiente:

«Los hombres hacen su propia historia, pero no la hacen a su antojo; no la hacen bajo circunstancias elegidas por ellos mismos, sino bajo circunstancias ya existentes, dadas y transmitidas del pasado. La tradición de todas las generaciones muertas pesa como una pesadilla en los cerebros de los vivos.»

Las cualidades personales de las figuras políticas pueden determinar el resultado en una situación determinada. Y hay momentos críticos en la historia de la humanidad en los que la calidad del liderazgo puede ser el factor decisivo que incline la balanza de una manera u otra.

Plejánov, el padre del marxismo ruso dijo una vez:

«Un gran hombre es grande no porque sus cualidades personales den rasgos individuales a los grandes acontecimientos históricos, sino porque posee cualidades que lo hacen más capaz de servir a las grandes necesidades sociales de su tiempo, necesidades que surgieron como resultado de causas generales y particulares».

El liderazgo político en los momentos cruciales de la historia puede ser un factor tan decisivo como el papel del estado mayor en los momentos críticos de la guerra. Si Lenin y Trotsky no hubieran estado presentes en 1917, la Revolución de Octubre se habría desarrollado de una manera completamente diferente, y con toda probabilidad no habría salido victoriosa.

Sin embargo, los individuos sólo pueden desempeñar tal papel bajo ciertas circunstancias. Las circunstancias específicas de la Primera Guerra Mundial, y las condiciones específicas de la lucha de clases en Rusia y a nivel internacional en 1917 permitieron a Lenin y Trotsky jugar el papel decisivo que desempeñaron. Pero estos mismos dos hombres habían estado activos políticamente por más de dos décadas antes de 1917 y no fueron capaces de jugar el mismo papel entonces. No pudieron conjurar la Revolución Rusa a voluntad o por arte de magia.

De la misma manera, cuando la Revolución decayó, a pesar de sus capacidades personales y del papel que habían desempeñado en la misma, Lenin y Trotsky no pudieron evitar la degeneración burocrática de la Unión Soviética, que fue causada por fuerzas objetivas contra las que incluso los más grandes líderes de la Revolución eran impotentes como individuos. La degeneración de la Unión Soviética fue el resultado de una lucha entre las fuerzas sociales vivas en la Unión Soviética e internacionalmente, y no fue sólo el resultado de la lucha entre las personalidades individuales de Trotsky y Stalin.

Los rasgos de la personalidad, la teoría marxista y la voluntad política no fueron suficientes para que Lenin y Trotsky impidieran la degeneración de la Revolución Rusa. Al rechazar esta idea de que la historia está impulsada únicamente por la personalidad y la voluntad de los grandes individuos de la historia, debemos tener cuidado de no caer en la trampa del determinismo económico, que es uno de los argumentos falaces usado contra el marxismo que Josh explicó.

Es importante señalar que no somos deterministas económicos y que la historia no se desarrolla de manera esquemática debido únicamente a factores económicos. Marx y Engels explicaron repetidamente que el elemento económico no es el único factor determinante en el desarrollo de la historia. Y que la política también influye en el desarrollo histórico y puede influir en la base económica de la sociedad.

Por ejemplo, la derrota de la ola revolucionaria después de la Segunda Guerra Mundial fue una de las condiciones políticas previas para el ascenso económico que se produjo durante 30 años. Asimismo, la derrota de la ola revolucionaria en el decenio de 1970 y la capitulación de la dirección del movimiento obrero fue una de las condiciones previas que permitieron a los capitalistas salir de la crisis y luego administrar la austeridad durante los siguientes decenios.

Y así, si se mira la historia, se puede ver que la economía impulsa la política, y la política puede impactar e impulsar la economía también. Así que es sólo en el análisis definitivo que los desarrollos económicos, la necesidad económica, se expresa. No hay una relación automática e inmediata entre los desarrollos en la base económica de la sociedad y la superestructura social de la sociedad.

Una caída económica, por ejemplo, no significa automáticamente una intensificación de la lucha de clases, las huelgas y las revoluciones, así como un auge económico no significa automáticamente una pacificación de la lucha de clases y una disminución de las huelgas y las revoluciones.

Más bien, lo que es importante es la transición entre el auge y la caída, y entre el repunte y la depresión, y cómo esto impacta en la clase obrera, donde las circunstancias específicas y la conciencia de la clase obrera en respuesta a los desarrollos económicos determinarán el curso de la lucha de clases. Y el resultado de la lucha de clases puede impactar tanto en los desarrollos económicos como en los políticos.

Hay una relación compleja y dialéctica entre los desarrollos en la economía y los desarrollos en la lucha de clases, con muchos factores que juegan un papel. Por lo tanto, dependiendo de las circunstancias, tanto los auges como las caídas pueden conducir a una pacificación o intensificación de la lucha de clases. Trotsky explicó que la historia no es un proceso automático. De lo contrario, ¿por qué hay líderes políticos? ¿Por qué hay partidos políticos? ¿Por qué programas políticos? ¿Por qué la lucha de clases?

Un modo de producción, por ejemplo, la sociedad esclavista, el feudalismo o el capitalismo, una vez establecido, puede durar mucho más tiempo que la relación de fuerzas que lo produjo, o que le permitió avanzar. De esta contradicción histórica surgen las revoluciones, los golpes de Estado, las contrarrevoluciones, etc.

Josh mencionó una cita de Marx de la Contribución a la Crítica de la Economía Política.

Parafrasearé, donde Marx explicaba que en cierto punto las fuerzas de la sociedad entran en conflicto con el marco, la superestructura social de esa sociedad. Y aquí es donde comienza la era de la revolución social.

Ahora bien, esta es una idea central del materialismo histórico, pero esto no significa que tan pronto como el viejo orden social se vuelve reaccionario en el sentido económico, cuando comienza a impedir el desarrollo de las fuerzas productivas, indefectiblemente se derrumbe o que la vieja clase dominante se haga a un lado para permitir que una nueva clase dirija el desarrollo de las fuerzas productivas.

La transformación social, es decir, la revolución social, requiere la intervención consciente de los seres humanos. Las fuerzas productivas son la fuerza motriz básica del desarrollo histórico. Las fuerzas productivas se desarrollan según sus propias leyes, es decir, independientemente de la voluntad de los seres humanos.

Pero este proceso se lleva a cabo a través de los seres humanos, a través de las acciones de los seres humanos. Así que cuando miramos la historia, y vemos las fuerzas productivas que se restringen dentro de una sociedad.

Y cuando una revolución social es necesaria para el desarrollo continuo de las fuerzas productivas, esto no se logra automática o inmediatamente como la salida y la puesta del sol. La historia es también la historia de la lucha de clases, como dijo Josh. La historia del antagonismo entre los explotados y los explotadores, los oprimidos y los opresores en cualquier sociedad de clases.

Laurie: Algunos antropólogos burgueses dicen que han encontrado pruebas de la opresión de la mujer en las sociedades preclasistas. Psicólogos evolutivos como Stephen Pinker argumentan que los celos y la codicia masculina es simplemente natural. Pero otros dicen que la opresión llega por accidente.

Y cada cultura es completamente diferente. ¿Esto entonces refuta al materialismo histórico? Los marxistas explican que antes de la agricultura hay mucha menos evidencia de la opresión de las mujeres. En 1846, Lewis Henry Morgan, descubrió con gran sorpresa que un niño iroqués tenía varias «madres» diferentes. Esto refleja el hecho de que, en las sociedades no clasistas, la familia monógama no existía. Cuando la paternidad era importante, se rastreaba a través de la madre en lugar del padre.

La antropología actual no es un espejo perfecto del pasado, pero ahora hay una evidencia aún más significativa de esto. En muchas sociedades de cazadores-recolectores de las tierras bajas de Sudamérica, como los Xokleng, la paternidad de un hijo de una mujer todavía puede dividirse entre varios padres hoy en día.

En muchas sociedades pre-clasistas, las mujeres y los hombres habrían hecho exactamente el mismo trabajo, cazar y recolectar, así como hacer ropa y herramientas. En otras habría habido una división del trabajo por género, debido a los requisitos biológicos de la maternidad. Pero las mujeres no sólo cocinaban y limpiaban, sino que también fabricaban herramientas, y su trabajo se consideraba igualmente importante.

Después de la revolución neolítica, se podía producir un producto excedente y era necesario preguntarse «¿quién es el dueño de ese excedente? Esto tuvo importantes implicaciones para las relaciones entre hombres y mujeres.

Podemos decir que la división del trabajo en estas sociedades neolíticas se intensificó: podemos ver sus cicatrices en los esqueletos de las mujeres de las primeras sociedades agrícolas, que pasaban horas cada día arrodilladas para moler el grano, hasta el punto de que las articulaciones de sus dedos estaban a menudo desgastadas. El trabajo que hacían los hombres se relacionó con la producción de un excedente. Incluso si utilizaban las herramientas y comían los alimentos preparados por las mujeres, podían reivindicar el origen de ese excedente.

Con los orígenes de la propiedad privada y la propiedad masculina sobre esa propiedad, las mujeres también perdieron el derecho de linaje ya que los hombres deseaban transmitir su propiedad a sus hijos. Esto fue estrictamente impuesto por la familia monógama. En la antigua sociedad griega las mujeres eran consideradas propiedad de sus maridos. Ya no eran su pueblo.

Esto marcó los verdaderos orígenes de la opresión de la mujer, la forma más antigua de opresión. Había adquirido una base material en la lucha por apropiarse y transmitir la propiedad privada.

Los antropólogos burgueses señalan un pequeño número de tribus en las que las mujeres son oprimidas, y las escasas pruebas de patrilinealidad en la prehistoria, con el fin de desacreditar el materialismo histórico. ¿Es esto justo?

No argumentamos que todas las sociedades preclasistas eran idénticas entre sí. Así como las diferentes sociedades capitalistas, feudales o asiáticas tienen superestructuras y culturas muy diferentes, tampoco tratamos el comunismo primitivo como un bloque único.

Ya hemos explicado que algunas de estas sociedades tienen una división del trabajo. No es inconcebible que en algunas de estas sociedades preclasistas, pueda haber incluso un cierto nivel de prejuicios. Pero incluso si hay algunas excepciones, es claramente muy diferente a la opresión de la sociedad de clases. Lejos de refutar el materialismo histórico, estas sociedades indican una excepción que confirma la regla. De manera similar, la venta de un Picasso no socava la base de la teoría del valor del trabajo.

Pero lo que creo que esto demuestra más que nada es la metodología utilizada por los académicos burgueses. Piensan que si pueden señalar a una sociedad de cazadores-recolectores donde hay prejuicios, han derrocado toda la visión marxista de la historia. Cuando Franz Boas se propuso estudiar a los indígenas Kwakiutl, dijo explícitamente que su intención era encontrar una sola excepción al modelo de derecho de madre de Morgan, lo cual refutaría todo el asunto. Esto refleja una perspectiva empírica, basada en la clasificación de las sociedades sólo por sus características externas.

Sin embargo, los marxistas entienden que el Estado y las sociedades de clase no están simplemente hechas de una lista de características, como el arte monumental y la escritura. Del mismo modo, la aparición de la opresión de la mujer no es sólo una cuestión de categorizar empíricamente a las sociedades en función de la existencia o no de prejuicios. Se trata más bien de analizar lo que hay detrás de ese prejuicio, las fuerzas subyacentes que configuran el desarrollo de la familia y conceden al hombre el poder económico sobre la mujer.

Las sociedades humanas no pueden analizarse empíricamente. No son estáticas, ni pueden entenderse mediante una simple categorización taxonómica. Son seres vivos, formados por las relaciones sociales formadas en el proceso de la lucha de clases. Un análisis marxista de la historia debe considerar estos procesos que se acumulan bajo la superficie de la sociedad, en particular el de la lucha de clases y el desarrollo de las fuerzas productivas.

Esto es lo que distingue el enfoque materialista dialéctico de la historia del enfoque empírico de la burguesía. Como en todos los aspectos de la filosofía marxista, esta comprensión histórica no es sólo una curiosidad. Es por la comprensión del mundo que podemos empezar a transformarlo. Como dijo Josh, el materialismo histórico es una herramienta.

Eliminando la sociedad de clases podemos erosionar las bases de esta opresión y comenzar a barrerla. Si la opresión de las mujeres no ha existido siempre, entonces puede ser derrocada.

Si la sociedad de clases no siempre ha existido, entonces también puede ser derrocada.

Respuesta

Josh: Creo que ha sido una discusión maravillosa y creo que todos los camaradas que hablaron lo hicieron excelentemente y plantearon algunos puntos realmente fascinantes. De hecho, hablaron tan bien que no creo que tenga mucho que añadir. Pero sí que han despertado algunas ideas que me ofrezco a resumir.

La primera cosa que realmente me impactó al escuchar a Guy y creo que también a Laurie fue la crisis completa de todo lo que se aproxima a un enfoque científico de la historia de la humanidad. Esto no es accidental, no es porque los arqueólogos o antropólogos en particular resulten ser individuos tontos. Debemos entender esto desde un punto de vista materialista histórico.

Es un hecho triste que bajo el capitalismo cuanto más se acercan las ciencias a la sociedad, menos científicas se vuelven. Y esto no es porque no se puedan hacer experimentos de laboratorio para hacer predicciones precisas, es porque vivimos en una sociedad dividida en clases. Y si se trata de la sociedad, la economía, la historia, la antropología, lo que sea, su análisis y conclusiones inevitablemente tocan los intereses de las clases contendientes en la sociedad.

Y Marx dijo que en cada época las ideas dominantes son las ideas de la clase dominante. Esto no es necesariamente el resultado de una conspiración, pero puede serlo. Hay una constante presión social que emana de la clase dominante, para producir teorías que justifiquen de una forma u otra el estado actual de las cosas.

Y esta presión domina completamente el mundo académico, que por su naturaleza de clase es el menos capaz de proporcionar una comprensión independiente y científica del mundo. Es cierto que los académicos se están volviendo cada vez más proletarios en sus condiciones, y apoyamos su lucha como parte de la lucha de clases, pero en la producción de ideas, las presiones de la vida académica en realidad ayudan a mantener y defender el statu quo.

Si vas a ser alabado y publicado, no es prudente mover el barco. Y al mismo tiempo hay una constante búsqueda de nuevas teorías, difícilmente vas a conseguir la titularidad si simplemente repites que Marx tenía razón en todo. Así que efectivamente tienes la constante repetición de las mismas viejas ideas con nuevas formas y a veces algunas nuevas palabras inventadas también.

Y esto me lleva al ejemplo que Guy planteó de Göbekli Tepe. Casi me hace llorar pensar en los cientos de años y el dinero gastado en el desarrollo del campo de la arqueología, para que algunos de los más destacados representantes de la arqueología trabajen durante años en uno de los más fascinantes e importantes sitios de la tierra, y luego descubrir y anunciar con orgullo que la gente tiene ideas, y que además esto desmiente el marxismo.

¿Dónde argumenta el materialismo histórico que la gente no tiene ideas? Cada acto que se ha llevado a cabo en la historia se ha realizado porque alguien ha tenido la idea de hacerlo. Cuando fui a hacer un sándwich antes de esta sesión pensé en hacerlo antes de hacerlo. Así que desde ese punto de vista todo es la historia de las ideas, todo se ha hecho por las ideas. La civilización, la sociedad de clases, el socialismo, todo es producto de la mente.

El problema con esto es que lo que no nos dice es por qué la gente tuvo la idea cuando la tuvo, y no 50.000 años antes, y por qué esa idea en lugar de los miles y millones de otras ideas que circulaban en ese momento salieron y tuvieron el efecto que tuvieron. O más frecuentemente, en realidad, por qué esa idea no funcionó y por qué tuvo efectos completamente contrarios a las intenciones de las personas que la llevaron a cabo. Ese es el punto de vista del materialismo histórico. En realidad, es el punto de vista del estudio de la historia. A cualquiera que le diga «¡Ah! ¡Esto fue el producto de una idea!», no nos dice nada en absoluto.

En la revolución inglesa, el «hardcore» si se quiere de las fuerzas parlamentarias, que llevaron a cabo la transformación revolucionaria del Estado inglés, y abrieron un nuevo período, y abrieron el camino para el desarrollo del capitalismo industrial en ese país, tenían algún tipo de idea de lo que estaban haciendo. Pensaban que estaban restaurando el reino de Dios en la tierra. Sabemos que no lo hacían, o al menos no lo creo. Y, sin embargo, al llevar a cabo esas falsas ideas todavía transformaban la sociedad.

Es precisamente cuando tratas de tomar tus ideas y dar forma a la naturaleza de acuerdo con ellas, que es exactamente el momento en que descubres las leyes objetivas y deterministas de la sociedad. Porque es cuando tus elecciones y tus acciones se ajustan a los procesos objetivos que son independientes de tu voluntad, tienen el efecto deseado. Y cuando no se ajustan a la realidad, de eso estamos hablando, te rompes la cabeza contra esa realidad. ¿Y cuántas organizaciones y fenómenos políticos en la historia hemos visto hacer precisamente eso? Miren las sectas que tratan de dictar el curso de la revolución a las propias masas, y toman atajos.

Me fascinó la intervención de Fredrik, el único comentario que tengo tiempo de hacer sobre eso es cómo antes mencioné cómo nuestra especie es el producto de millones de años de evolución, de historia, y el capitalismo es el producto de miles de años, si no más, de evolución social, bueno lo que Fredrik mostró es que esos dos están realmente entrelazados dialécticamente, a través del desarrollo de las fuerzas productivas, que Marx explicó que se encuentra en la base de toda la vida humana, lo que es ser humano. Pero esto no es lo mismo que una cruda concepción de la naturaleza humana. La belleza de esta idea es que esta base de la humanidad cambia constantemente. Y nosotros también.

Y, por último, quería tocar la intervención de Rob, que me pareció muy interesante. Rob tiene toda la razón, no somos deterministas económicos. ¿No decimos que la conciencia de clase, la conciencia de la clase obrera, su papel histórico es el ingrediente esencial si se quiere en la revolución socialista? ¿No estamos luchando, ahora mismo, en la actualidad, por la dictadura del proletariado? Lo que no es una innovación tecnológica, no es IA como le gustaría a Harrari, es un estado obrero tomando el control de la economía y transformándola en líneas socialistas.

¿Es la conciencia de la clase obrera, del estado obrero, un factor independiente en la historia? Está claro que no. La forma en que la conciencia de la clase obrera se forja a través de la lucha. La lucha contra las relaciones reales y objetivas del capitalismo. La dictadura del proletariado es imposible sin el desarrollo de las fuerzas productivas que ya se ha llevado a cabo bajo el capitalismo. De lo contrario, tendríamos que concluir que los Levellers o los Sansculottes habrían logrado construir una sociedad comunista.

Y de la misma manera no rechazamos el papel del individuo. Somos los únicos que lo entendemos. Y específicamente, el papel de la dirección. En cada revolución y en cada guerra de la historia, la dirección, incluyendo el liderazgo de un individuo, ha sido decisivo.

Tomemos la guerra civil americana, por ejemplo. Comenzó la guerra más grande, más poderosa y con un ejército más grande, y sin embargo sufrió una derrota tras otra en los primeros años de la guerra, porque sus generales no estaban preparados para luchar, lo que por cierto aumentó el derramamiento de sangre de esa guerra, la hizo peor. Lo mismo puede verse en el comienzo de la revolución inglesa y, sin embargo, a medida que la revolución continúa, hay una fuerza poderosa, casi natural, como una ola, que empuja al lado a todos los elementos que hacen concesiones y vacilantes, y empuja al frente a los elementos más decididos, militantes y revolucionarios que expresan las necesidades fundamentales del proceso revolucionario.

La comprensión de ese proceso y la preparación consciente para participar en él es la esencia del bolchevismo. Y el éxito de ese método en la toma del poder en la Revolución de Octubre fue la prueba del materialismo histórico. No como un ejercicio analítico sino como una guía para la acción.

Tenemos las ideas correctas, camaradas, creo eso. Pero las ideas sólo tienen fuerza material si se apoderan de las mentes de las masas. Ahí es donde debemos ir. El materialismo histórico nos muestra el camino a seguir, avancemos. Hacia el socialismo, gracias.