Sin permiso del enemigo

0
177

El artículo «Welcome … Trotsky» de Celia Hart motivó una respuesta por parte del estalinista peruano Dante Castro, «Trotskismo Hartiano». Celia respondió con una «Nota apurada sobre mi trotskismo», a lo que Dante Castro respondió de nuevo, La máquina de crear mentiras»». Ahora la escritora y periodista cubana Soledad Cruz entra en el debate defendiendo a Trotsky, la revolución permanente y sus puntos de coincidencia con el Che.

El trotskismo de Celia Hart y Dante Castro

El artículo «Welcome … Trotsky» de Celia Hart motivó una respuesta por parte del estalinista peruano Dante Castro, «Trotskismo Hartiano». Celia respondió con una «Nota apurada sobre mi trotskismo», a lo que Dante Castro respondió de nuevo, La máquina de crear mentiras»». Ahora la escritora y periodista cubana Soledad Cruz entra en el debate defendiendo a Trotsky, la revolución permanente y sus puntos de coincidencia con el Che.

El enemigo existe, es cierto. Bloquea, hace atentados, intenta survertir los logros, quiere acabar con esa esperanza en pie que es la Revolucion Cubana, pero no debemos permitirle que administre nuestra libertad de pensar, cuestionar, polemizar, criticar, reconocer nuestros errores, ni darle la posibilidad de que sea mediante sus manipuladores medios de prensa que nuestros pueblos conozcan de los problemas y dificultades para levantar una sociedad humanamente mejor, es decir una sociedad que, como pedía José Martí, establezca como ley primera el respeto a la dignidad plena de cada cual.

En nombre del enemigo seguramente Stalin justificó los asesinatos de bolcheviques, el envío a Siberia de verdaderos comunistas, la censura total a todos los que no se inclinaban ante el y gestó así el principio del fin del socialismo en la Union Sovietica; socialismo que cuando el Che conoció en su primer viaje a la URSS le dejó desencantado por lo que definió en El socialismo y el hombre en Cuba, como fórmulas congeladas.

En nombre del enemigo Dante Castro no se contenta con intentar ridiculizar a Celia Hart, sino que la acusa de complicidad infantil con Carlos Alberto Montaner, adversario jurado de la Revolución Cubana, porque este, desde Miami, se ha complacido con las ideas de Celia y justamente debe haberlo hecho sabiendo que al pronunciarse desataría ese terror en algunos miopes que a lo largo de la historia del ideal socialista le han hecho ese juego a los burócratas empeñados en silenciar toda contradicción entre los comunistas como si fuéramos miembros de una nueva iglesia de dogma irrebatible y no personas convencidas de la complejidad dialéctica del mundo y la sociedad que queremos cambiar.

Por un elemental deber con la veracidad que debe caracterizarnos frente a las mentiras históricas del enemigo, los revolucionarios debemos aprender las lecciones de la Historia. La caída de la Unión Soviética, su desmantelamiento sin que se alzara una sola voz para impedirlo, sin que hubiera una manifestación en las calles de Moscú, es una lección lo suficientemente amarga como para no acusarnos gratuitamente, ni ver en Trotsky el diablo que Stalin creó, cuando los hechos, que al decir de Lenin, son testarudos, le dieron la razón. No es extraño, entonces que Celia Hart se sienta atraída por Trotsky al descubrir que no era exactamente como nos lo enseñaron en los manuales y que encuentre cierta afinidad entre el impulsor de la revolución permanente y el hombre que en el mensaje a la Tricontinental pedía crear dos, tres, cuatro Viet Nam para acabar con el imperialismo.

Entonces, el escándalo de infantilismo que describe Dante Castro es a causa de Montaner, que estará gozoso de esas acusaciones vertidas contra Celia Hart, mujer revolucionaria, hija no de vacas sagradas, como dice Dante Castro, sino de una heroína que, cuando el fantasma del stalinismo impedía ver en la Nueva Trova, la primera expresión genuinamente artística de la revolución, acogió a sus fundadores en la Casa de las Américas, y de un hombre, que con aciertos y desaciertos, como los tiene cualquiera, acumula el merito de un pensamiento democrático revolucionario desde los años de la insurrección y una obra apegada al esfuerzo de que el ideal socialista constituya una nueva espiritualidad para los terrícolas.

Los que aspiramos a ser portadores de las mejores ideas para la humanidad estamos obligados a respetar la diferencia de enfoques, la diversidad de puntos de vista, la valentía de atreverse frente a lo establecido para no ser estandartes de un pensamiento único a la inversa, que fue la propuesta estalinista que fracasó. Sobre eso debería meditar Danton Castro. La unidad socialista frente al imperialismo tiene que pasar obligatoriamente por la diversidad. Y eso si va a enfurecer al enemigo porque le quitaremos uno de sus argumentos mas fuertes contra nosotros, el del sectarismo, el dogmatismo, el de la falta de flexibilidad. Creo que tanto Trotsky como el Che son dos buenos estandartes para quitarnos definitivamente el estigma estalinista. Sin permiso del enemigo hagamos la revolución permanente en nosotros mismos para poder convocar a los otros a hacerla.

Soledad Cruz es periodista y escritora cubana. Este artículo fue publicado originalmente en Rebelión