San Nicolás: Balance de la lucha de Motomel

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Tras parar 24hs y 48hs, entre otras medidas tomadas por los trabajadores, la empresa respondió con 127 despidos y un lockout patronal. A la semana de comenzado el conflicto la fábrica reabrió sus puertas y dejó afuera a una treintena de compañeros. En la ciudad de la Emilia, cerca de San Nicolás, se desarrolló un conflicto salarial en la fábrica Motomel, -ensambladora de motos importadas de China-.
Tras parar 24hs y 48hs, entre otras medidas tomadas por los trabajadores, la empresa respondió con 127 despidos y un lockout patronal. A la semana de comenzado el conflicto la fábrica reabrió sus puertas y dejó afuera a una treintena de compañeros.

Los compañeros de Motomel piensan que la UOM de San Nicolás, liderada por Naldo Brunelli, actuó de acuerdo con la patronal. “Democráticamente” hizo votar el paro de 24 hs-cabalgando sobre la bronca y malestar de los obreros- exponiendo a un puñado de activistas que se foguearon en esta lucha, a ser expulsados de fábrica, creando un conflicto para "justificar" la medida de la empresa, dada la baja productividad en época invernal.

Queremos resaltar el comportamiento ejemplar del activismo surgido en la lucha, un puñado de jóvenes obreros, que demostró una clara voluntad de pelea y un rápido aprendizaje con relación a la conducta de la patronal y los jefes sindicales.

A continuación, publicamos la carta de un grupo de obreros de Motomel que fueron los dirigentes que surgieron de las asambleas en puerta de fábrica:

"A los compañeros que nos acompañaron en esta lucha queremos darles las GRACIAS por el apoyo, por el empuje, por la sabiduría, la experiencia que supieron transmitirnos.

Perdimos esta pulseada. Les contamos algunas de las cosas que sospechamos han sido razones de este final: en primer lugar una patronal absolutamente negrera, que se encargó (estamos averiguando quiénes) de rodearse de buchones que mandaron al frente a quienes le dimos el mayor empuje a esta pequeña lucha. En segundo lugar, que el mismo gremio (uom) nos sirvió en bandeja a la empresa, mandándonos a parar, dándoles así motivos para que los telegramas pudiesen estar justificados. Esta mañana, cuando fuimos a la oficina del gerente de planta, los delegados sindicales fueron a ver cómo iban a hacer para que el pago de las indemnizaciones esté dentro de la ley, cuando debían haber ido a plantear la reincorporación de los compañeros despedidos. En ningún momento llevaron ese reclamo; debimos hacerlo dos compañeros que no somos delegados, sí delegados de asamblea. Tuvimos huevos en ese momento y les dijimos en la cara al gerente de planta, al gerente de personal y al abogado de la empresa que no tienen cara para hacer lo que hicieron y no tuvieron huevos para aceptar que estaban cortando cabezas, dejando fuera a los atrevidos que se animaron a pararle la planta una semana entera, haciendo guardia las 24 horas, sin que entre ni salga un solo camión.

Lamento tener que comunicarles que ese núcleo hemos bajado los brazos. Y son varias las razones: es nuestra primer lucha, es una lucha con un pez gordo bancado por gremialistas, políticos y otros empresarios (que en cualquier caso pueden ser las tres cosas a la vez): fíjense la cantidad de negociados que tiene el sr. Gustavo Mario Meller. La empresa (y probablemente con la ayuda de los delegados comprados y los sindicalistas) lograron desmembrar el grupo, logrando que las asambleas que intentamos realizar no contaran ni siquiera con el 30% del personal. Esto, debido a su política de terror que dejaron de manifiesto enviando 127 telegramas de despido e intimación, llamando luego a muchos de los compañeros para “negociar” su reincorporación con menos categoría y sin antigüedad, o con contratos de 3 meses. Y nos quedamos sin fuerzas porque fuimos 15 personas llevando todo adelante, festival de rock incluido, en una empresa que cuenta con 440 empleados.

En este momento, somos un puñado de compañeros que entran en la lista de los desocupados de este bendito país. Por ser nuestra primera lucha, hemos aprendido muchas cosas: a mirar a los ojos a los hijos de puta que nos explotaron durante este tiempo y hacérselo saber (estamos hablando de patronal y sindicalistas). Hemos recobrado la esperanza en el compañero: varones y mujeres que, haciendo esfuerzos muy grandes, nos hicieron sentir que la solidaridad es aún parte del ser humano.

Nos bajamos de esta lucha, pero no dejamos de ser luchadores. Ya tendremos otros Meller con los que luchar, otros compañeros por los que solidarizarnos. No sabemos cómo sigue esto: por una cuestión de salud preferimos dejar de asistir a las asambleas porque nuestros ex compañeros de fábrica nos han dejado solos al frente. Tal vez nos expusimos demasiado y no medimos las consecuencias de esa exposición. Pero aprendimos.

Un fuerte abrazo, continuaremos juntos en esta lucha, pero desde otro lugar. Gracias por todo, nuevamente".

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