Respuesta a Jorge Altamira: Marxismo frente a vandalismo político (1ª parte)

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La construcción del partido y las organizaciones de masas 

Desde hace varias semanas la dirección del Partido Obrero (PO) viene desarrollando una campaña de calumnias y difamaciones contra nuestra corriente política internacional, la Corriente Marxista Internacional, en las páginas de Prensa Obrera. Tomandocomo punto de partida la cuestión palestina, el dirigente del PO nos acusa de todos los pecados políticos imaginables, y algunos inimaginables. Es por eso que nos vemos obligados a responderle, exponiendo nuestros verdaderos puntos de vista sobre los tema temas que la dirección del PO oculta o tergiversa. En este primera parte responderemos a toda una serie de "críticas" generales, y en la segunda parte trataremos nuestra posición hacia la cuestión palestina.

La construcción del partido y las organizaciones de masas 

Desde hace varias semanas la dirección del Partido Obrero (PO) viene desarrollando una campaña de calumnias y difamaciones contra nuestra corriente política internacional, la Corriente Marxista Internacional, en las páginas de Prensa Obrera.

Hace poco más de dos años, la dirección del PO lanzó una campaña similar contra nosotros. En aquel momento, respondimos punto por punto a todas sus calumnias y tergiversaciones en una serie de artículos que están disponibles en nuestra página web: Ver marxismo frente a sectarismo, Un llamado para una discusión racional, y Las Malvinas: el socialismo, la guerra y la cuestión nacional.

No estamos en contra de las polémicas públicas entre diferentes corrientes de izquierda. Incluso, creemos que pueden ser muy útiles y necesarias para profundizar en los diferentes puntos de vista de la lucha de clases y, sobre todo, para elevar el nivel político de los militantes y la periferia de izquierda.

Nosotros mismos también hemos iniciado polémicas con algunos aspectos de la política del PO (particularmente sobre la consigna de la Asamblea Constituyente) con la que no estábamos de acuerdo. Pero siempre fue nuestro método el mantener una actitud amistosa y constructiva cuando hacíamos estas críticas. Nunca utilizamos calificativos insultantes o denigrantes contra los dirigentes del PO porque consideráramos que sus posiciones eran equivocadas. Siempre hemos partido del principio que los compañeros están a favor de la revolución socialista y de la emancipación de la clase obrera.
Lamentablemente, la actitud de los dirigentes del PO contra nosotros es muy diferente. No abren una polémica para elevar el nivel de la discusión, sino para lanzar frases e insultos con el único fin de desacreditar a nuestra corriente y a sus militantes. Tergiversan reiteradamente nuestras posiciones, tomando citas aisladas de nuestros materiales políticos, haciéndolas aparecer como una caricatura. Desde luego, este tipo de métodos no nos intimidan en absoluto. La autoridad política y la vitalidad de nuestra corriente internacional, particularmente en América Latina, nunca ha sido tan grandes como ahora, por lo que es difícil que nos molestemos por unos cuantos insultos estúpidos. Pero en la medida que los dirigentes del PO nos atacan, siendo un grupo relevante de la izquierda argentina, estamos obligados a defendernos, exponiendo nuestros verdaderos puntos de vista sobre los temas que la dirección del PO oculta o tergiversa.

Qué nos objeta Jorge Altamira

Jorge Altamira, máximo dirigente del PO publicó en el nº 938 de Prensa Obrera un artículo dirigido contra nosotros con el vistoso título de: “Marxo-chavistas apoyan al sionismo (con perdón de Chávez)”. En este artículo, Jorge Altamira sale en defensa de un supuesto “lector” de Prensa Obrera, llamado Daniel, al que nosotros acusamos de tergiversar nuestra posición sobre la política israelí y la cuestión palestina en una nota suya aparecida en el nº 935 de Prensa Obrera (Alan Woods y el modelo de Sharon). El Comité de Redacción de Prensa Obrera se negó a publicarnos una nota de réplica y, en este artículo Altamira, intentaba justificar las razones de dicha negativa.

En este artículo, Altamira hace el siguiente retrato de nuestra corriente internacional, la Corriente Marxista Internacional: “La corriente política que menciona Daniel se hizo conocer en el pasado por un prolongado trabajo entrista en el Labour Party de Gran Bretaña, que, luego de diversas vicisitudes, concluyó en un estruendoso fracaso, y lo redujo a un grupo minúsculo. También se hizo conocer por apoyar la autodeterminación de los kelpers durante la guerra de Malvinas, la cual era, igualmente, la posición de una fracción del imperialismo británico (esta corriente siempre se refiere a Malvinas como Falklands). Por último, para ubicar definitivamente al lector, digamos que se trata de una corriente con base en Inglaterra que siempre se opuso a apoyar la lucha del nacionalismo irlandés contra Gran Bretaña e incluso la reivindicación de la independencia nacional y la unidad nacional de Irlanda. En los últimos años se ha caracterizado por presentar al venezolano Chávez como un marxista o socialista revolucionario ‘potencial’ o ‘inconciente’. Sus seguidores en Israel llaman a votar al ‘laborismo’ y a Peretz.” (Marxo-chavistas apoyan al sionismo-con perdón de Chávez-Prensa Obrera Nº 938)

Finalmente, Altamira redondeaba su artículo lanzándonos la siguiente excomunión inquisitorial: “Estamos frente a la expresión política más rabiosa del oportunismo, que se cree autorizada a apoyar a los enemigos más firmes y consecuentes del proletariado internacional fingiendo que ello no compromete en absoluto sus principios ni estrategia política.”. (Íbid.)

Como se ve, para tergiversar las posiciones de los adversarios políticos, o insultarlos, se requiere muy poco espacio ¿Para qué molestarse en incluir citas y referencias de los materiales políticos de nuestra corriente y así demostrar lo que él dice? Se supone que el compañero Altamira está dotado de las mismas atribuciones que posee el mismo Papa de Roma cuando lanza sus excomuniones y decretos. Hay que aceptarlos porque sí, y ningún mortal puede osar cuestionarlos si no quiere ser castigado a padecer el tormento eterno del infierno. No obstante, nos cuidamos mucho de este tipo de excomuniones, como de las del resto de Papas que pueblan el universo político sectario que sobrevive en la periferia del movimiento obrero.

Inevitablemente, nuestra respuesta será larga. Mentir y tergiversar en unas pocas líneas es fácil y breve, explicar ideas para elevar el nivel político de una discusión necesariamente requiere un poco de más espacio. A diferencia del compañero, nosotros tenemos un compromiso con la verdad y estamos obligados a explicar con cierto detalle nuestras posiciones políticas.

Altamira nos cambia el nombre

En primer lugar, nos gustaría llamar la atención del lector sobre un aspecto aparentemente formal. Cuando Jorge Altamira se refiere a nuestra corriente en Argentina, la Corriente Socialista El Militante (http://argentina.elmilitante.org), nos rebautiza con un nuevo nombre que sólo Dios sabe de dónde lo sacó. Así dice, refiriéndose a nosotros: “los seguidores de esta corriente que se agrupa bajo la denominación “Militancia socialista’”. Y con ese nombre nos cita una y otra vez a lo largo de su artículo. Se podrá pensar cualquier cosa del compañero Altamira, excepto que sea un ingenuo. Altamira conoce muy bien nuestra verdadera denominación. Lee nuestros materiales y, como es el caso, opina sobre los mismos. Por lo tanto, no creemos que el hecho de que Altamira oculte y tergiverse nuestro verdadero nombre a los lectores de Prensa Obrera se deba a un mero “despiste” o a falta de información. La única conclusión que puede sacarse de esto es que Altamira intenta ocultar a los ojos de los lectores de Prensa Obrera la verdadera denominación de nuestra corriente en Argentina y a nivel internacional para no dar referencias de nuestros materiales y páginas web, para que nadie tenga que tomarse la molestia de comprobar por sí mismo lo que él dice de nosotros.

La única conclusión que se puede sacar de este hecho es que cuando alguien empieza tergiversando o mintiendo sobre el nombre de una corriente política con la que polemiza, se supone que no debe tener ningún escrúpulo en hacerlo también con sus ideas.

Altamira se erige en inquisidor

Ya denunciamos anteriormente que Altamira ocultó a sabiendas el nombre de nuestra corriente en Argentina, tergiversando escandalosamente el nombre de la misma. Por las mismas razones, Altamira hace lo mismo con nuestra corriente internacional. Critica a una corriente política internacional de la que ni siquiera menciona su nombre. Agradecemos a Altamira el trabajo que se toma en explicar a sus lectores quiénes somos, pero por razones comprensibles preferimos hacerlo nosotros mismos. La corriente a que hace referencia el compañero Altamira es la Corriente Marxista Internacional, que lleva años editando la página web: www.marxist.com. Animamos a los lectores de Prensa Obrera a que lean por sí mismos lo que decimos y escribimos sin necesidad de intermediarios que tergiversen y escamoteen la realidad.

La mayoría de las “acusaciones” que nos lanza Altamira no son más que una repetición de las que nos hizo el dirigente del PO, Luis Oviedo, hace dos años, y que como ya mencionamos fueron respondidas de manera contundente por Alan Woods.

Poco tenemos que añadir a lo que ya expresó Alan Woods en su respuesta a Oviedo. Sólo queremos decir lo siguiente: Nuestra corriente internacional (que Altamira dice que tiene su base en Inglaterra) está presente en más de 30 países de América, Europa, Asia y África. Altamira hace una mueca irónica sobre nuestro tamaño en Gran Bretaña. Como en todo, la cuestión del tamaño es relativa. Lo cierto es que tenemos una presencia activa en el seno de la clase obrera británica y nuestra tendencia es muy conocida en la izquierda. Lo que debería preocuparle a Altamira es porqué el agrupamiento internacional que promueve el PO (la CRCI) no tiene ninguna presencia en Gran Bretaña, como en casi ningún otro sitio.

Nuestra corriente en Gran Bretaña tiene una trayectoria honorable y sin tacha. Dispone de una fuerte base en el movimiento obrero con decenas de delegados sindicales de fábrica. Ahora impulsó un fuerte movimiento de solidaridad con la revolución venezolana, la Campaña Manos Fuera de Venezuela (MFV), con cientos de adherentes, incluyendo algunos de los mayores sindicatos británicos.

Quizás el compañero Altamira no lo sepa, pero en el último congreso de los sindicatos británicos, el TUC, celebrado en el mes de octubre del año pasado, los sindicatos adheridos a MFV consiguieron que se aprobara una resolución de apoyo a la revolución venezolana, reconociendo a la UNT venezolana como sindicato oficial con el que el TUC asumiría relaciones formales. Frente a unas recientes declaraciones provocadoras de Toni Blair contra el gobierno de Chávez, MFV jugó un papel central en conseguir por medio de los sindicatos y de algunos diputados laboristas de izquierda, que 70 diputados laboristas elevaran una protesta en el parlamento británico contra esas declaraciones de Blair.

Consideramos que, independientemente de la corriente de que se trate, que una tendencia marxista en un país imperialista clave movilice sus fuerzas (sean mayores o menores) en el seno del movimiento obrero para denunciar la política imperialista de su gobierno y despierte la solidaridad internacionalista con la revolución venezolana, debería ser visto como algo muy positivo que habría que apoyar y alentar.

El PO y la guerra de Las Malvinas

Como no podía ser de otra manera, Altamira vuelve a hacer referencia a nuestra posición sobre la guerra de Las Malvinas. Se ha construido toda una mitología sobre nuestra posición en el conflicto, tergiversando y mintiendo descaradamente acerca de nuestras posiciones. Alan Woods, en su respuesta a Oviedo (Ver
Las Malvinas: el socialismo, la guerra y la cuestión nacional), trata ampliamente este tema, por lo que sólo nos centraremos en un punto.

Nuestra tendencia internacional se opuso a la guerra de Las Malvinas, denunciando en primer lugar al imperialismo británico quien sólo pretendía defender su prestigio en el conflicto. Denunciamos a la burguesía británica en esta guerra y al gobierno de la Thatcher cumpliendo con nuestro deber internacionalista con los trabajadores argentinos. Hasta ahora, la dirección del PO no ha tenido el más mínimo sentido de la honestidad para reconocernos esto. Sobre lo que Altamira dice de que apoyamos “la autodeterminación de los kelpers” es una deformación de nuestra posición que ya Alan Woods respondió en el artículo citado, así como la tontería de decir que denominamos Falklands a Las Malvinas.

Lo que realmente la dirección del PO nos reprocha, y no se atreve a plantearlo abiertamente, es no haber defendido a la Junta Militar argentina durante el conflicto de Las Malvinas. Estamos orgullosos de eso. Denunciamos como una aventura reaccionaria la invasión de Malvinas por parte de la Junta Militar, porque lo único que pretendía era desviar la atención de las masas trabajadoras argentinas del proceso revolucionario que se estaba incubando en el país, como lo demostró la jornada de lucha del 30 de marzo de 1982, previa a la invasión. Denunciamos como una trampa dicha invasión porque la Junta Militar, al mismo tiempo, se preparaba para entregar los recursos de la isla a las multinacionales británicas, aceptando la instalación de una base militar británica permanente en la isla, en lo que sólo pretendía ser una fachada de “soberanía” argentina sobre las islas. Nos opusimos a la invasión porque explicamos que dicha guerra no merecía el sacrificio de la vida de ni un solo soldado argentino, que eran mayoritariamente hijos de trabajadores, para salvar una dictadura criminal y asesina y que todos los esfuerzos deberían dirigirse a preparar el derrocamiento revolucionario de la Junta Militar.

La Junta Militar y la burguesía argentina tenían auténtico pavor a una guerra con Gran Bretaña, de quienes eran socios dóciles. El error de la Junta fue pensar que el imperialismo británico no intervendría y aceptaría la ocupación “de hecho” de las islas. Si ellos hubieran sabido que Gran Bretaña respondería enviando la Armada, nunca hubieran iniciado la invasión. Esta es toda la verdad sobre el supuesto “patriotismo” de estos altos oficiales cobardes y asesinos, que demostraron el mismo valor asesinando vilmente a 30.000 luchadores obreros y populares. Pero erraron el cálculo porque el imperialismo británico (a quien poco le importaba realmente el destino de Las Malvinas) sintió la invasión como una afrenta a su prestigio internacional. Por eso contraatacaron. A partir de ese momento, la Junta Militar reculó, preparando la entrega y la derrota militar. Porque sólo con medidas revolucionarias y con un genuino gobierno antiimperialista; es decir, con un gobierno de la clase obrera, se podía derrotar al imperialismo británico en esa guerra.

Pero incluso, una vez iniciada la guerra, nunca les propusimos una posición pacifista a los trabajadores argentinos y a su vanguardia. Les decíamos: si quieren derrotar al imperialismo británico deben organizar el derrocamiento de la Junta Militar traidora, hay que vincular la lucha contra el imperialismo británico al derrocamiento revolucionario de la Junta y la toma del poder por la clase obrera argentina. Sólo se podía derrotar militarmente al imperialismo con los métodos de la clase obrera y de la revolución socialista. Esta era la verdadera política marxista, bolchevique, que había que defender y explicar a los trabajadores argentinos en este conflicto. La dirección del PO, que critica nuestra posición en la guerra de Malvinas, también oculta malévolamente este punto de nuestra propaganda.

Y ahora, vamos a la verdad, compañero Altamira. Sabemos que PO (en esos momentos, Política Obrera) inicialmente, se opuso a la invasión y correctamente la denunció como una maniobra de la Junta Militar. Sin embargo, una vez iniciada la guerra la dirección de PO, como el resto de las corrientes de izquierda relevantes en ese momento en Argentina, olvidaron el programa marxista de la guerra y defendieron la posición de apoyo “crítico” a la Junta Militar mientras durase la guerra, un apoyo “crítico” a una Junta que no quería la guerra ni podía ganarla, un apoyo “crítico”, en suma, a la burguesía nacional. No hay una política para la paz y otra para la guerra. Una genuina política marxista hubiera mantenido la denuncia sobre los crímenes de la Junta Militar, llamando a la necesidad de su derrocamiento revolucionario para que un gobierno obrero tomara las riendas de la guerra, apelando al mismo a la solidaridad internacionalista de la clase obrera británica para que hiciera lo propio con la burguesía británica, y de esa manera alcanzar una solución socialista, fraternal, democrática y amistosa del conflicto.

PO, como otras tendencias relevantes de la izquierda, no lo hizo. Lamentablemente, esta política no tenía nada que ver con el bolchevismo, pero sí con el menchevismo: la de apoyo “crítico” a la burguesía nacional o a sus representantes armados; lo que no es más que una variedad de la teoría menchevique y estalinista de las dos etapas: primero ganar la guerra, luego lucharemos por el socialismo; en lugar de la política marxista bolchevique de vincular la victoria en la guerra al derrocamiento revolucionario de la burguesía.

La crítica que nos hace la dirección del PO se vuelve totalmente en contra de ellos. Nosotros nos opusimos a la guerra de ambos lados, denunciando a la burguesía británica y a la Junta Militar, agitando por el derrocamiento de ambas, apelando a un gobierno de la clase obrera con un programa socialista en ambos países. Esto era lo que se esperaba de una tendencia socialista revolucionaria. Casi toda la izquierda argentina bajó sus consignas socialistas durante la guerra para apoyar “críticamente” a la Junta Militar en una guerra que no se podía ganar sino por medios revolucionarios. La dirección del PO no quiere oír hablar de esto. Y lo comprendemos. Pero ahora sí estamos en nuestro derecho de presentarle la siguiente exigencia: Compañero Altamira, publique por favor todo lo que escribieron sobre la guerra de Malvinas durante el conflicto armado con Gran Bretaña. Que todo el mundo lo vea. Demuéstrenos que estamos equivocados y no tendremos ningún problema en retractarnos públicamente de lo que aquí decimos.

La cuestión irlandesa: marxismo o nacionalismo

Sobre la cuestión irlandesa, el compañero Altamira vuelve a mentir descaradamente cuando afirma que nos oponemos a la unificación de Irlanda. Como en el resto de temas, el compañero no aporta ni una sola prueba de lo que dice. Volvemos a pedir al lector que lea la respuesta de Alan Woods a Luis Oviedo sobre el conflicto de Las Malvinas, ya que incluye al final un apéndice sobre la cuestión irlandesa, que también Oviedo nos echaba en cara.

Desde hace décadas hemos denunciado la política y los crímenes del imperialismo británico hacia el Norte de Irlanda. Fuimos la única tendencia de la izquierda que nos opusimos al envío de tropas británicas al Norte de Irlanda en 1969 que, supuestamente, iban a “pacificar” el conflicto irlandés. Hemos defendido siempre, y lo seguimos haciendo, una Irlanda unida, aunque tenemos una importante diferencia con la posición del compañero Altamira. Él dice que está a favor de una Irlanda unida. Nosotros estamos a favor de una Irlanda unificada y socialista; porque en la época moderna ningún problema democrático-nacional se puede resolver de manera efectiva en los marcos del capitalismo.

No creemos en la teoría menchevique y estalinista de las dos etapas (primero ganar la guerra, conquistar los derechos democráticos o la independencia-según sea el caso-, y luego lucharemos por el Socialismo) ni para los países imperialistas ni para los países dependientes y ex-coloniales ¿Qué opina el compañero Altamira al respecto? No lo sabemos porque, tanto en el tema de Irlanda como en el caso de Las Malvinas, no lo deja muy claro

No sabemos qué es lo que quiere decir el compañero Altamira cuando afirma que nunca hemos apoyado la lucha del nacionalismo irlandés contra Gran Bretaña. Por supuesto, apoyamos todos los movimientos progresivos de masas, incluyendo los movimientos de liberación nacional, pero desde un punto de vista de clase y sin mezclar nuestras banderas con las del nacionalismo pequeñoburgués que, por su propia composición, no puede tener un programa acabado y consecuente contra la nación opresora. Nos opusimos a los métodos del terrorismo individual del IRA que fueron totalmente contraproducentes para la causa irlandesa y que terminaron en un completo fracaso ¿Qué opina sobre esto Altamira? Y, como debería ser evidente para cualquier socialista, los marxistas no somos nacionalistas ni claudicamos al nacionalismo pequeñoburgués en ningún país, ni en Irlanda, Argentina, ni en ninguna otra parte. Luchamos por los derechos democrático-nacionales del pueblo irlandés con los métodos de la clase obrera, interesando a una lucha común a los obreros católicos y protestantes contra las burguesías británica e irlandesa, arrastrando tras de sí al resto de capas y clases oprimidas, vinculando la lucha por los derechos democrático-nacionales a la lucha por el socialismo.

La revolución venezolana

El compañero Altamira “acusa” a nuestra corriente de que “En los últimos años se ha caracterizado por presentar al venezolano Chávez como un marxista o socialista revolucionario ‘potencial’ o ‘inconciente’”. Lo que ha caracterizado a nuestra corriente en los últimos años ha sido una defensa incondicional de la revolución venezolana contra las maniobras de la oligarquía y del imperialismo. Desde hace años, hemos identificado un proceso revolucionario en Venezuela, hemos intervenido en él apoyando entusiastamente la iniciativa revolucionaria de las masas participando hombro con hombro junto a las mismas. Hemos construido un movimiento internacional de solidaridad con la revolución venezolana que ha tenido un gran impacto dentro y fuera de Venezuela: la Campaña Internacional Manos Fuera de Venezuela-MFV (http://www.handsoffvenezuela.org y www.manosfueradevenezuela.org), para llevar el mensaje de la revolución venezolana más allá de las fronteras venezolanas, y denunciar la conspiración del imperialismo y sus gobiernos cómplices.

Particularmente nos hemos esforzado por vincular la revolución venezolana al movimiento obrero internacional. Hemos organizado decenas de actos y conferencias por todo el mundo con representantes del movimiento obrero venezolano en Europa, Estados Unidos y América Latina. En el Congreso de los sindicatos norteamericanos, la AFL-CIO, presentamos una resolución firmada por cientos de sindicalistas de todo el mundo, también de Argentina, para denunciar al gobierno de Bush y a la burocracia sindical por su apoyo a la contrarrevolución. Ya señalamos anteriormente algunos aspectos de la actividad de MFV en Gran Bretaña. Incluso en países asiáticos, como Pakistán, a través de diputados de izquierda hemos presentado resoluciones en la Asamblea Nacional contra la intervención de EEUU en Venezuela. Además de esto, hemos organizado concentraciones en las embajadas de EEUU y Venezuela en diferentes países, particularmente durante el golpe petrolero de enero del 2003; hemos organizado campañas de solidaridad recabando la firma de varios miles de activistas obreros y juveniles de todo el mundo para hacerlas llegar a las organizaciones populares de Venezuela, etc.

Esta campaña internacional ha merecido el reconocimiento público del presidente Chávez, pero también de dirigentes importantes del sindicato clasista, la UNT, como Orlando Chirino, Rubén Linares, y otros.
Creemos que, independientemente de las características de la revolución venezolana, es una obligación de los revolucionarios pasar a la primera línea en la defensa de la revolución.

Nuestros compañeros venezolanos de la Corriente Marxista Revolucionaria (http://venezuela.elmilitante.org) están en la primera línea de batalla agitando por la defensa de la revolución y el socialismo. Hemos jugado un papel importante en el movimiento de fábricas recuperadas y expropiadas, y hace unas semanas hemos participado en la formación del Frente Revolucionario de Fábricas Recuperadas. Tenemos una presencia activa dentro del movimiento obrero, en la UNT, y también en el movimiento estudiantil.

Al mismo tiempo que defendemos la revolución venezolana advertimos sobre sus límites bajo el capitalismo y explicamos que, para infligir una derrota decisiva a la burguesía venezolana y al imperialismo, sólo se puede triunfar como revolución socialista, expropiando las palancas fundamentales de la economía (la tierra, los monopolios y la banca) bajo control obrero y sin indemnización. Agitamos por la necesidad de organismos de poder obrero en las fábricas y los barrios, y por el armamento de los trabajadores y campesinos como la forma más efectiva de defender la revolución. En ese sentido, mientras damos un apoyo crítico al gobierno de Chávez en su enfrentamiento con el imperialismo de Estados Unidos y contra la oligarquía venezolana y en los avances sociales conquistados hasta ahora, criticamos todo aquello que paralice el avance de la revolución y las políticas reformistas que dentro del movimiento bolivariano, particularmente entre sectores de la burocracia estatal y del gobierno, buscan un acuerdo imposible con el imperialismo y la oligarquía.

Modestamente, esto es lo que podemos ofrecer al movimiento. ¿Qué puede ofrecer el PO o su corriente internacional en este punto? No lo sabemos. Ni en Prensa Obrera ni en el Obrero Internacional se dice una sola palabra sobre iniciativas reales y concretas tomadas, dentro y fuera de Venezuela, para impulsar la revolución hacia delante. Estaríamos muy interesados en colaborar con ellos si ese fuera el caso. Lamentablemente, la dirección del PO ha sido incapaz de construir un grupo viable en Venezuela, como tampoco fue capaz de hacerlo en Bolivia, precisamente los países donde el proceso revolucionario está más avanzado en América Latina. Esto no es de extrañar. Los dirigentes del PO nunca comprendieron el alcance de la revolución venezolana, ni la propia dinámica del proceso revolucionario. Todavía, en junio del 2004, la dirección del PO ironizaba sobre nuestra caracterización de que en Venezuela existía un proceso revolucionario. En un artículo aparecido en Prensa Obrera nº 854 titulado: “Nacionalismo burgués y revolución social” (10 junio 2004), uno de los dirigentes del PO, Luis Oviedo, nos hacía el siguiente reproche: “Socialist Appeal [la revista de nuestros compañeros británicos. Nota nuestra], la corriente encabezada por Ted Grant y Alan Woods, caracteriza como ‘revolucionario’ el ‘proceso que se ha abierto en Venezuela, en particular desde la elección del presidente Chávez en 1998’. En Venezuela, sin embargo, no se ha verificado el pasaje del poder de una clase a otra ni, lógicamente, una transformación de las relaciones sociales fundamentales.”

En aquel entonces, nos vimos obligados a responderle lo siguiente: “La palabra “proceso” significa, por definición, sucesión de acontecimientos en un tiempo determinado, y no un acto concreto aislado. Al parecer, el compañero Oviedo identifica revolución o proceso revolucionario con insurrección obrera triunfante. Pero ambas cosas no son lo mismo. La insurrección victoriosa sólo es la culminación de un proceso revolucionario y su éxito no está garantizado de antemano. Es como confundir el parto con el embarazo” Y explicamos un párrafo más adelante: “Puede ser que los dirigentes del PO no estén de acuerdo en que en Venezuela se abrió un “proceso revolucionario” desde hace varios años. Pero ahí poco podemos hacer por ellos. Si estos compañeros son incapaces de ver el desencadenamiento de un proceso revolucionario en Venezuela tras las titánicas luchas de masas habidas en los últimos años, los intentos de golpes de estado reaccionarios, las insurrecciones de masas, las manifestaciones en las calles de millones de personas, el proceso de organización de millones en clubes, asambleas y sindicatos; los conatos de guerra civil, etc. Si éstas no son características de una situación revolucionaria, independientemente de la dirección a la que sigan las masas, entonces no sabemos cuáles serán.” (De discípulos y maestros. 12 Junio 2004).

La frase irónica de Altamira sobre que presentamos a Chávez como un socialista “inconciente” es un fiel reflejo de su aproximación esquemática hacia la revolución venezolana. En general, Chávez ha jugado un papel progresista en el proceso revolucionario, aun con sus limitaciones políticas y sus vacilaciones, que nunca hemos ocultado. Al parecer, que Chávez se declare socialista y afirme que hay que trascender el capitalismo, o que haya abierto el debate sobre la cuestión del control obrero y la “cogestión” en las empresas es sólo una anécdota para el compañero Altamira. Para nosotros tiene una colosal importancia porque ha tenido el mérito de colocar en el primer lugar del debate la cuestión del socialismo y del papel de la clase obrera en la revolución, algo que estaba fuera del orden del día para las masas de todo el mundo desde la caída del estalinismo. Sólo un formalista que se contenta con mirar la revolución venezolana desde afuera, o un doctrinario pedante, podría minimizar la importancia de estos hechos.

Por cierto, nunca hemos definido a Chávez como un socialista, o un marxista “potencial” o “inconciente”. Hemos afirmado que Chávez, que se declara a sí mismo como socialista, todavía tiene un conocimiento insuficiente del socialismo o del marxismo; y que, por socialismo, mucha gente entiende cosas diferentes. Por supuesto, no nos hemos marginado de este debate al que hemos dado un apoyo entusiasta, explicando cuál es nuestra concepción del socialismo y del marxismo.

Cuando nosotros planteamos que hay que participar dentro del movimiento bolivariano para llegar a las masas con nuestras propias ideas y programa y combatir las posiciones reformistas y socialdemócratas que existan en su seno, todos los grupos sectarios nos acusan de claudicar ante el “chavismo” y de ser “chavistas”. El compañero Altamira, que parece tener un cierto sentido del humor para algunas cosas (aunque no para muchas otras) nos califica incluso de “marxo-chavistas” (sólo Dios sabe lo que significará eso). Nosotros nos encogemos de hombros y seguimos con nuestro trabajo. Tenemos bien presente que sólo a través de un trabajo persistente en el movimiento de masas realmente existente (en el caso venezolano, el movimiento bolivariano) puede una tendencia revolucionaria desarrollarse y aspirar a la construcción de un partido revolucionario de masas que gane una influencia decisiva en el seno de la clase trabajadora.

No somos nosotros quienes claudicamos al nacionalismo burgués. Ni en Venezuela ni en ninguna otra parte. Sin embargo, la dirección del PO, que mantiene una actitud sectaria hacia Chávez y la revolución venezolana; saludó entusiasta y acríticamente al gobierno burgués ecuatoriano que surgió tras el derrocamiento de Lucio Gutiérrez en abril del 2005. Así, afirmaron que el nuevo “gobierno encabezado por el hasta hace poco vicepresidente Alfredo Palacio está constituído por reconocidos opositores a los Estados Unidos”. Y afirmaban orgullosos que ”El propio Palacio declaró que Ecuador sólo firmará el Tratado de Libre Comercio (TLC) ‘en condiciones de igualdad con los Estados Unidos’”. Y reprochaban: “Los gobiernos de América Latina que se declaran centroizquierdistas y nacionalistas, y que dicen resistir al imperialismo, se niegan a reconocer a un gobierno surgido como consecuencia de una rebelión popular que derrocó a un títere yanqui en la región, que esboza un programa nacionalista y que, por esas razones, entra en choque contra el imperialismo.” (Ecuador: nacionalistas contra un levantamiento nacional. Luis Oviedo Prensa Obrera Nº 897. 27 abril 2005). Menos de un año más tarde, el gobierno que dirige Palacio se entregó al imperialismo de Estados Unidos con la firma de un infame Tratado de Libre Comercio, enfrentando un nuevo estallido revolucionario de las masas desde abajo. Por supuesto, no vimos ni una palabra de rectificación en la dirección del PO sobre su posición inicial en Ecuador.

¿Un programa socialista para Venezuela y no para Argentina?

Además, es curioso que todas estas damas y caballeros exijan a Chávez (la defensa o aplicación de un verdadero programa socialista) lo que ni ellos mismos son capaces de defender en su propia casa ante las masas. Así, el PO presentó en las pasadas elecciones legislativas en Argentina del 27 de octubre un mero programa reformista de izquierda, bajando casi todos los puntos socialistas de su programa. En su programa electoral, el PO no incluyó la expropiación de los latifundios, ni de las grandes empresas y los monopolios, sin indemnización y bajo el control de los trabajadores. Ni siquiera encontramos en su programa electoral de octubre del 2005 la defensa de la reestatización de todas las empresas privatizadas bajo control obrero, con la excepción de YPF. El punto más izquierdista del programa del PO en Octubre era el reclamo de la nacionalización de la banca y las AFJP, bajo control obrero; pero sin incluir el reclamo de que se lleve a cabo sin indemnización a los banqueros. Esto se puede leer en su página web en: http://po.org.ar/temas/node/30. Para ser justos, debemos añadir que el resto de formaciones de izquierda “marxistas” presentó un programa similar al del PO.

Aunque la dirección del PO nunca explicó públicamente el porqué bajó las consignas socialistas de su programa en las elecciones de octubre del 2005, nos imaginamos que la razón sería el no querer “asustar” a las masas, “insuficientemente maduras políticamente”, con un programa demasiado “radical”. Pero estos son los mismos argumentos que utilizan los reformistas y socialdemócratas para justificar sus posiciones oportunistas.

El PO y el trabajo en las organizaciones de masas

La dirección del PO nos acusa reiteradamente de claudicar a las direcciones oficiales del movimiento obrero porque en algunos países mantenemos una orientación hacia las organizaciones políticas tradicionales de masas de la clase obrera. Este tema ya fue respondido ampliamente por Alan Woods en un artículo ya citado (Ver
marxismo frente a sectarismo).

¿A qué se reducen las acusaciones de nuestros inquisidores? A lo siguiente: Nos reprochan que trabajemos hombro con hombro con las masas de trabajadores y de la juventud en el seno de las organizaciones tradicionales de masas para llevar las ideas y el programa del socialismo y la revolución a las mismas; que en dicho trabajo no resignamos ni ocultamos ni uno sólo de nuestros principios y que combatimos la falsa política de las direcciones “burocráticas” y reformistas; que siempre aparecemos con nuestro propio nombre, publicaciones y volantes y que no mezclamos nuestras banderas ni nuestra fisonomía política con las de otras tendencias y corrientes; que esta táctica permite a una tendencia marxista que todavía tiene una influencia pequeña en la clase obrera, penetrar en el movimiento obrero y aumentar sus puntos de apoyo en el seno de la clase trabajadora.

En nuestra polémica particular con la dirección del PO la cuestión del oportunismo político se puede aclarar muy rápidamente. El PO presenta nuestra orientación a las organizaciones de masas de algunos países como una demostración de oportunismo. Oportunismo no es aprovechar cualquier posibilidad que ofrece la lucha de clases para agitar por un programa socialista y revolucionario, incluso trabajando en el interior de organizaciones reformistas de masas de la clase obrera. Oportunismo es esconder el programa socialista o rebajarlo, evitando decir la verdad a la clase obrera, con la esperanza de obtener un rédito electoral apelando para ello a las capas más atrasadas de la clase obrera y rebajando el nivel de conciencia de los sectores más avanzados. Y esto último es lo que hizo la dirección del PO en Argentina en la campaña electoral del pasado mes de octubre.

Las objeciones contra una decidida orientación de los marxistas a las organizaciones de masas no procedían de Marx, Engels, Lenin y Trotsky, sino de los ultraizquierdistas con quienes ellos polemizaban. Los grandes maestros del marxismo siempre explicaron que allá donde los marxistas son una minoría de la clase obrera no sólo tienen el derecho sino la obligación de entrar y participar dentro del movimiento de masas realmente existente donde esté presente la clase trabajadora, independientemente de la dirección que tenga. Esa es la única manera de entrar en contacto con las masas realmente existentes y fertilizarlas con las ideas del genuino marxismo como un primer paso para construir un partido marxista revolucionario con influencia de masas.

En la revolución alemana de 1848, Marx y Engels disolvieron la Liga de los Comunistas e ingresaron junto a sus partidarios al Partido Democrático, un partido burgués republicano progresista, que agrupaba a la mayoría de los obreros alemanes avanzados realmente existentes en aquella época. Ellos se constituyeron como el “ala proletaria” de dicho partido. Sólo así pudieron entrar en contacto con cientos y miles de obreros reales para hacerles llegar las ideas científicas del socialismo. Esto no les impedía criticar a los dirigentes del movimiento, publicar su propio diario y explicar sus ideas sin diluirse dentro del movimiento.

La Primera Internacional fue un frente único de marxistas, anarquistas, nacionalistas pequeñoburgueses de izquierda, y reformistas. Era la única manera en que las débiles fuerzas del marxismo pudieran convivir con el movimiento de trabajadores realmente existente en aquel momento en Europa, influirlo y finalmente salir hegemónicos con la fundación años más tarde de la II Internacional socialista.

Los partidos comunistas de masas, después de la revolución rusa, se formaron de las escisiones de masas de los viejos partidos socialistas, a través de fracciones comunistas que trabajaron previamente en el interior de estos partidos durante un tiempo más o menos prolongado. El PC francés se formó en 1920 cuando la tendencia comunista, que desarrolló un trabajo de fracción en su interior durante cerca de dos años, ganó la mayoría del PS en el Congreso de Tours. Lo mismo ocurrió por esas fechas con el partido checo, el alemán, el búlgaro, etc. En el II Congreso de la Internacional Comunista (celebrado en 1.920) se aprobó una Resolución recomendando a los comunistas británicos que ingresaran como fracción dentro del Partido Laborista inglés. Trotsky recomendó a sus partidarios ingresar en los años 30 en los partidos socialdemócratas para hacer un trabajo entrista en el mismo momento en que se estaban formando en ellos tendencias de izquierda de masas.

Los escrúpulos morales que se pudieran argüir para negarse a hacer este tipo de trabajo revolucionario nos parecen irrelevantes. En general, la moralina pequeñoburguesa nos resulta indiferente. Queremos estar allá donde estén las masas de la clase obrera, independientemente de quienes sean sus jefes accidentales, para construir nuestro movimiento. Nunca ocultamos nuestro programa, nuestra bandera, ni nuestros objetivos. Lo que no se puede decir de otras corrientes, como señalamos antes.

En una carta a los trotskistas británicos, León Trotsky escribió lo siguiente a propósito sobre el trabajo dentro del Partido Laborista Independiente (ILP), que recién se había escindido del Partido Laborista británico:

“Por supuesto, un partido marxista debe aspirar a su plena independencia y a la mayor homogeneidad, pero en su proceso de formación a menudo debe actuar como fracción de un partido centrista o incluso de un partido reformista (énfasis nuestro). Así, durante muchos años los bolcheviques estuvieron en el mismo partido que los mencheviques. También la Tercera Internacional se formó gradualmente a partir de la Segunda…” Y más adelante, afirma: “…Por supuesto, seria inadmisible entrar si el Comité Central del ILP exigiera a nuestros amigos que renuncien a sus ideas o a luchar abiertamente por ellas en el partido. Pero es absolutamente correcto asumir la obligación de luchar por nuestras posiciones dentro de los límites que imponen los estatutos del partido y su disciplina. La gran ventaja de la Oposición de Izquierda es que cuenta con un programa teóricamente elaborado, una experiencia y un control internacionales. En estas condiciones no existe la menor base para temer que los bolcheviques leninistas británicos se disuelvan en el ILP sin dejar huellas.” (16 septiembre 1933)

Trotsky incluso, en una discusión sobre temas latinoamericanos, planteó la posibilidad de un trabajo revolucionario en un partido burgués como el APRA peruano, que utilizaba una verborragia “antiimperialista” y tenía un cierto eco en los trabajadores: “Por supuesto no podemos entrar en un partido así; pero podemos crear un núcleo dentro de él para poder ganarnos a los trabajadores y separarlos de la burguesía” (4 noviembre 1938, Discusión sobre América Latina. Sobre la liberación nacional. Pág. 209 Ed. Pluma Bogotá 1976).

Vemos entonces, cómo los grandes maestros del Socialismo no hacían fetiche alguno de ninguna forma organizativa para aproximarse a las masas trabajadoras, recomendando a los pequeños grupos marxistas que todavía no se habían convertido en la fuerza hegemónica de la clase obrera, el hacer un trabajo revolucionario en el seno de las organizaciones reformistas o en sus fracciones de izquierda, e incluso en partidos burgueses “izquierdistas” de los países ex-coloniales que tenían una base en las masas trabajadoras. Todo ello para ganar a los trabajadores para sus ideas; como un trabajo preparatorio para la formación de partidos revolucionarios de masas a futuro.

Por supuesto, allá donde se aplica, esta táctica sólo es una más (y no necesariamente la más importante) en el trabajo político general de una corriente revolucionaria, que obligatoriamente debe incluir trabajo político independiente en las principales esferas de intervención de masas: sindicatos, movimiento estudiantil, barrial, etc.

Lo más sorprendente (y lo más hipócrita) es que la dirección del PO nos haga estos reproches cuando su grupo hermano en Italia, el grupo Progetto Comunista, lleva años haciendo un trabajo político “entrista” dentro de una organización reformista, como es Refundación Comunista.

Como explicábamos en nuestra respuesta al supuesto “lector” Daniel y que, por motivos obvios, la dirección del PO se negó a publicar: “La tergiversación política es muy fácil de hacer y no necesita de grandes conocimientos teóricos. Si nosotros dijéramos que el PO es cómplice de la política reformista del MAS y de Evo Morales porque les pidió el voto en las elecciones de diciembre, sería una tergiversación malintencionada de las posiciones del PO por nuestra parte. De la misma manera que el hecho de que el grupo hermano del PO en Italia, Progetto, trabaje dentro de Refundación Comunista (RC), que va a integrar un gobierno de colaboración de clases con un partido burgués, la Margarita, después de las próximas elecciones en Italia, no significa que Progetto apoye ese hecho y que no esté dando una batalla política al interior de RC contra su dirección reformista.” (Prensa Obrera nos niega el derecho a réplica).

Al parecer, el PO y los grupos nacionales que forman parte de su corriente internacional pueden pedir a veces el voto para organizaciones reformistas e incluso hacer un trabajo de “entrismo” en su seno, y está todo bien. Pero cuando lo hacemos nosotros, sin renunciar a nuestra crítica a las direcciones reformistas y agitando en todo momento nuestro programa socialista, entonces está muy mal, hacemos “seguidismo a las direcciones establecidas” y renunciamos, por lo tanto, a la construcción de un partido revolucionario. Es difícil concebir una mayor deshonestidad política.