QUINTA PARTE: EL ESTADO NACIONAL HOY

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En el período clásico de la revolución burguesa en Europa ¾aproximadamente desde 1870 a 1871¾ la formación de los estados nacionales jugó un papel relativamente progresista, acabaron con los particularismos locales, acabó con los remanentes del feudalismo y sentó las bases para el desarrollo de las fuerzas productivas mediante la creación del mercado nacional. Pero en la época actual, la situación ha cambiado. Los medios de producción hace tiempo que superaron los estrechos límites del estado nacionacional. En la actualidad el estado nacional ha dejado de jugar un papel progresista. En el período clásico de la revolución burguesa en Europa,aproximadamente desde 1870 a 1871, la formación de los estados nacionales jugó un papel relativamente progresista, acabaron con los particularismos locales, acabó con los remanentes del feudalismo y sentó las bases para el desarrollo de las fuerzas productivas mediante la creación del mercado nacional. Pero en la época actual, la situación ha cambiado. Los medios de producción hace tiempo que superaron los estrechos límites del estado nacional. En la actualidad el estado nacional ha dejado de jugar un papel progresista. En lugar de desarrollar los medios de producción representa un enorme freno para los mismos. Los propios burgueses son conscientes de esto. Con la formación de la Unión Europea la burguesía europea reconocía que los pigmeos estados europeos no podrían competir con dos gigantes como el imperialismo USA y la poderosa Rusia estalinista. Pero la formación de la Unión Europea no eliminó el estado nacional en Europa. Todo lo contrario. Los antiguos antagonismos nacionales continúan existiendo, en la actualidad el imperialismo alemán domina Europa con Francia a la zaga. Los antagonismos nacionales existen y con una futura recesión mundial éstos se intensificarán.

A los apologistas del capitalismo les gusta pintar un cuadro rosa de la globalización, un mundo libre de contradicción, que se encamina felizmente hacia una mayor libertad y liberalización. Pero la realidad es muy diferente. El mundo no se ha globalizado en la forma que ellos pretenden. Por un lado tiende a romperse en tres bloques imperialistas rivales. EEUU controla Canadá y América del Sur. En Asia está el bloque más débil del yen dominado por Japón. La Unión Europea, dominada por Alemania, también domina una gran parte del mundo colonial en África, Oriente Medio, Europa del Este y el Caribe. Los antagonismos entre estos bloques imperialistas rivales son ahora más intensos que en cualquier otro momento de la historia. En cualquier otro período histórico habrían llevado a una guerra entre estos bloques. Ahora parece estar descartada una guerra mundial debido a los terribles medios de destrucción existentes -armas nucleares, bacteriológicas y químicas- lo que en la práctica supone que las grandes potencias corren el riesgo de aniquilación mutua. Pero existe una lucha feroz por los mercados, que inevitablemente conducirá a guerras en una región del mundo tras otra. Basta mencionar la lucha por esferas de influencia, mercados y el acceso a la fabulosa riqueza mineral de la región en África Central. Estas guerras se suelen presentar como resultado del tribalismo y el barbarismo de los africanos. Pero en la práctica detrás de la mayoría de estos conflictos podemos ver los efectos de la lucha entre EEUU, Francia y Gran Bretaña para poner un pie firme en África utilizando sus títeres en un campo u otro.

El mundo descrito por Lenin en "El Imperialismo…" es un reflejo certero de la actual situación mundial. Existe una intensa lucha por los mercados entre las potencias imperialistas, incluso por el mercado más pequeño. Es muy diferente a la imagen acogedora de un mundo agradable globalizado en el que no existen contradicciones. En realidad las potencias imperialistas están luchando como perros por un hueso. Basta echar una mirada al mapa de África y ver como los crímenes del imperialismo han distorsionado brutalmente la vida y la evolución de millones de seres humanos. Aquí las fronteras son líneas rectas trazadas en un mapa con la ayuda de una regla. The Economist describe perfectamente lo que ocurrió: “Los burócratas europeos aglomeraron quizás a 10.000 tribus diferentes y naciones en sólo una docena de estados casi coloniales”. Las guerras actuales en África Central son, en parte, la herencia de un reparto monstruoso que fragmentó todas las divisiones geográficas, lingüísticas y tribales naturales. En toda una seria de países existe el horror sin fin: Congo, Ruanda, Burundi, Sierra Leona, con la existencia de elementos de barbarismo. En un artículo en The Economist podemos leer lo siguiente con relación a Sierra Leona: “Niños que asesinan a sus padres, pandillas de caníbales vagando por el país, caos, barbarismo… Sierra Leona es el último país de Africa en disolverse en un caos sangriento. Y el resultado podría ser peor aún”.

El reparto imperialista de África fue una monstruosidad. Pero ahora, cien años después, existen toda una serie de estados nacionales en África. La tarea de dar un carácter genuinamente progresista, democrático y racional a los diferentes estados del África post-colonial es una tarea que sólo la puede llevar adelante el proletariado, acabando con el dominio del imperialismo y sus títeres locales. La verdadera independencia y la capacidad de levantarse frente a los intentos de la dominación extranjera sólo se puede conseguir con la unión del cuerpo seccionado de África sobre la base de un plan socialista común de producción. La explotación de los enormes recursos naturales del continente, su vasto potencial agrícola y recursos minerales, puede transformar la vida de los pueblos y poner fin a la pesadilla tribal y a la lucha étnica. Sin embargo, la solución capitalista alterando las fronteras existentes mediante la guerra, sólo puede tener los resultados más destructivos e incluso llevar directamente al barbarismo. Ofrecer la perspectiva a millones de personas desesperadas, que sólo con alterar las fronteras es posible resolver sus problemas más acuciantes, es un engaño vil.

En ninguna parte es más evidente la naturaleza reaccionaria del abuso de la consigna de la autodeterminación que en África. La consigna de la autodeterminación aquí se ha manipulado en infinidad de ocasiones para fines reaccionarios, para debilitar los estados, dividir provincias según sus recursos minerales para que las potencias extranjeras y las multinacionales pudieran dominarlas mejor. Siempre están implicados los imperialistas. Los imperialistas americanos y franceses libran en África una lucha titánica por los mercados.

Detrás de todos los discursos bonitos sobre la liberalización y la democracia, se esconde el hecho de que el imperialismo están llevando adelante la opresión y explotación más despiadada de los pueblos ex – coloniales. Un factor importante del crecimiento económico en Occidente en los últimos cincuenta años fue el precio bajo de las materias primas. Aquí se ven los límites del estado nacional. Bajo el capitalismo conquistaron la independencia formal, en sí un acontecimiento progresista, pero que no resolvió nada. Las naciones coloniales, dueñas teóricamente en su propia casa, en la práctica están subordinadas al mercado mundial -al imperialismo-.

Después de la Segunda Guerra Mundial hemos visto un auge enorme de la revolución colonial. Quizá el movimiento más grande de los pueblos oprimidos en la historia de la humanidad. Fue el despertar colosal de los pueblos coloniales de China, África, Oriente Medio, Indonesia, India o Pakistán, un movimiento inspirador en el que millones de antiguos esclavos coloniales se levantaron contra sus amos y lucharon por su emancipación nacional. Las razones por las que los marxistas apoyamos la revolución colonial son obvias. Era un movimiento revolucionario, un golpe contra el imperialismo que levantó a las masas y permitió avanzar a la lucha de clases. Cincuenta años después, si tomamos la India o Pakistán, ¿qué ha solucionado la burguesía? Consiguieron la independencia formal, pero bajo el capitalismo no es independencia. Los países ex – coloniales están encadenados al carro del imperialismo mundial a través de los mecanismos del mercado mundial. En realidad, están más esclavizados hoy que hace cincuenta años. La única diferencia es que en lugar del dominio burocrático y militar existe un dominio indirecto, a través de los términos del comercio -el intercambio de más trabajo por menos- y el endeudamiento.

La caída del precio de las mercancías y la deuda

El colapso en Asia se reflejó en los mercados mundiales con una caída general de los precios de las mercancías, incluido el petróleo. Sólo en 1998 el precio del barril de petróleo pasó de 20 a 10 dólares. Esta es una receta acabada para la revolución en todos los países productores de petróleo. Es verdad que el precio del petróleo se ha recuperado debido a la restricción de la producción de países como Arabia Saudí. Pero el efecto no puede durar mucho tiempo, en especial porque la mayoría de los ingresos por exportación de estos países dependen del petróleo. No tienen otra fuente de ingresos. La historia de los cártels demuestra que tarde o temprano un país comenzará a sacar provecho vendiendo más petróleo y todo se desmoronará. Lo mismo ocurre con el resto de las materias primas.

Los países ex – coloniales están sujetos a una doble explotación. A través de la deuda los países metropolitanos también exprimen al mundo colonial. Hace diez años la deuda acumulada del mundo colonial era aproximadamente de 800.000 millones de dólares. Lo han pagado todo. Desde 1990 a 1997 sólo en concepto del servicio de la deuda -intereses- el mundo colonial pagó 1,8 billones de dólares. Más de dos veces la suma que debían. ¿Qué ha ocurrido con la deuda acumulada?. En 1994 debían 1,4 billones de dólares y en 1997, 2,1 billones. Nunca la podrán pagar.

En Nigeria el petróleo supone el 95% de los ingresos por exportaciones. En 1997 Nigeria ganó 12.000 millones de dólares por la venta de petróleo. En 1998 sólo 6.800 millones. Este declive no se ha podido compensar posteriormente con el aumento de los precios del petróleo. La inestabilidad creada por los violentos vaivenes del precio del petróleo se traduce en inestabilidad social y política. En cualquier caso, los sectores más pobres de la sociedad no obtienen ningún beneficio del aumento de los precios del petróleo, y cuando bajan sí sufren las peores consecuencias. Nigeria que era uno de los países más ricos de África, según la ONU ahora es uno de los más pobres del mundo. En esta situación las consecuencias tan calamitosas encuentran expresión en los crecientes antagonismos entre las diferentes regiones y grupos étnicos.

Si los trabajadores no consiguen tomar el poder y transformar Nigeria en líneas socialistas habrá una pesadilla. Existen aproximadamente 120 grupos étnicos en Nigeria, incluidas las tres principales naciones -la dominante Hausa en el norte y que practican la religión islámica, los Yorubas y los Ibos en el Sur y Este del país. La guerra en Biafra en la que estaban implicados los imperialistas, intentó dividir la zona Ibo y originó un terrible baño de sangre. Si Nigeria se divide en líneas nacionales puede representar una carnicería mayor, que dejaría a la guerra en Biafra en un juego de niños. En esta situación es una gran irresponsabilidad reivindicar la autodeterminación, no sólo de las principales naciones de Nigeria, sino también de los grupos tribales.

En Indonesia también la cuestión nacional es muy importante y es necesario que los marxistas indonesios mantengan una posición correcta como hicieron los Bolcheviques en Rusia. Si el proletariado de Indonesia no tiene éxito en llevar adelante una revolución socialista, la ruptura de Indonesia será una posibilidad real. Dada la mezcla explosiva de razas y religiones las consecuencias serán demasiado horribles. Los acontecimientos sangrientos en Timor Oriental fueron un aviso para todos los pueblos de Indonesia. Ahora vemos el surgimiento de luchas interétnicas en Aceh, Molucas y otras islas. Las fuerzas de la reacción en la cúpula del ejército, los terratenientes, capitalistas y miembros del antiguo régimen, se enfrentan a la pérdida de su poder y privilegios, y ante ello no dudarán en hundir a Indonesia en una pesadilla de caos y sangre para dividir y desorientar al movimiento. Sólo puede ofrecer una salida la combinación hábil de un programa que reconozca los derechos y aspiraciones nacionales de todos los pueblos del Archipiélago, y la unificación de los trabajadores y campesinos pobres de todas las nacionalidades y religiones para expropiar a los terratenientes y capitalistas.

La revolución colonial hoy

La razón por la cual la revolución colonial ha tomado esta forma tan distorsionada, con aberraciones monstruosas como el bonapartismo proletario, se debe por un lado al retraso de la revolución proletaria en occidente, y por el otro a la ausencia de partidos marxistas fuertes. Si existieran estos partidos, habría sido totalmente posible llevar adelante la revolución en líneas clásicas. Después de todo, Rusia en 1917 era un país atrasado, semicolonial y semifeudal y al mismo tiempo una potencia imperialista. En un país de 150 millones de personas sólo había 3,5 millones de trabajadores industriales, diez millones si contamos todos los sectores de la clase, transporte, minería, etc., Y a pesar de todo Lenin se basó en la clase obrera para llevar adelante una revolución clásica en Rusia.

No hay duda de que cuando se construyan partidos marxistas fuertes en países como Pakistán o México el movimiento no se verá arrastrado al guerrillerismo o al bonapartismo proletario. La guerra campesina en los países subdesarrollados sería un apéndice de la revolución proletaria, pero nunca su sustituto. Sin embargo las masas en los países subdesarrollados no pueden esperar hasta que se creen estos partidos de masas, o hasta que los trabajadores franceses o británicos tomen el poder. Por lo tanto son inevitables oleadas violentas, insurrecciones, incluso guerras de guerrilla, como vemos en Colombia en la actualidad. Ante la ausencia de un Partido Bolchevique, la revolución colonial puede tomar todo tipo de formas peculiares. Sobra decir que los marxistas apoyaremos cualquier movimiento de los pueblos oprimidos contra el imperialismo, en especial donde vayan dirigidos a poner fin al capitalismo y latifundismo. Pero la única manera de resolver los problemas de los pueblos coloniales es con el sistema soviético implantado por Lenin y Trotsky en Rusia en 1917. Con el capitalismo no hay salida. La clase obrera debe tomar el poder en sus manos. Nacionalizar los medios de producción bajo el control y administración democráticos de la clase obrera, un principio que resolverá inmediatamente los problemas más acuciantes de la sociedad.

Sin embargo, en las condiciones modernas esto no basta. El requisito fundamental es una política internacionalista. El nacionalismo no ofrece ninguna salida. Por ejemplo, si los trabajadores y campesinos de Ecuador toman el poder -y es posible como vimos en el magnífico movimiento del pasado mes de enero-, el imperialismo USA no permanecerá de brazos cruzados. Washington no quiere verse envuelto en una guerra terrestre en América Latina (y en ninguna otra parte) por temor a los efectos en casa. Pero haría todo lo posible para sabotear y destruir la revolución. No sólo organizaría un bloqueo económico y apoyaría a las fuerzas contrarrevolucionarias en Ecuador, sino que incitaría a los estados vecinos a intervenir contra la revolución. En el pasado Ecuador y Perú entraron en guerra. El imperialismo USA no dudaría si fuera necesario en empujar a Fujimori a un nuevo conflicto armado contra la revolución ecuatoriana.

La clave para el éxito es una política correcta. Eso presupone una dirección bolchevique firme en el internacionalismo proletario. Los fundadores del socialismo científico señalaron en "El Manifiesto Comunista" que, aunque nacional en su forma, la revolución proletaria en esencia siempre es internacional. Esto significa que aunque los trabajadores de un país particular puedan y deban ante todo ajustar las cuentas con su propia burguesía, no pueden mantener la revolución sobre bases estrictamente nacionales. Deben dar pasos adelante para extender la revolución más allá de sus fronteras, o se enfrentarán a la perspectiva de la derrota y la destrucción. Por esa misma razón, el nacionalismo y la revolución socialista son cosas diametralmente opuestas y son conceptos mutuamente excluyentes.

La única forma para que un Ecuador revolucionario pueda hacer frente a sus enemigos sería con un llamado inmediato a los trabajadores y campesinos de Perú, Venezuela, Colombia y del conjunto de América Latina para que salgan en su ayuda. ¡Este llamado no caería en oídos sordos!. Toda América latina sufre una profunda crisis. Es una expresión gráfica del carácter reaccionario de la propiedad privada de los medios de producción y el estado nacional. Una vez comience la revolución en cualquier país de América Latina se extenderá. Los estados nacionales de América Latina tienen un carácter artificial. Mediante la perpetuación la división de personas que comparten una historia y cultura comunes y, con la excepción de Brasil, una lengua común, se perpetúa la balcanización de América Latina, es decir, la condición básica que permite la esclavización de millones de personas y el saqueo de un continente, potencialmente próspero y rico, por parte de los ladrones imperialistas.

Hace tiempo Simón Bolívar, adelantó la perspectiva de una América Latina unida. Sobre bases capitalistas esa idea es un sueño inalcanzable. Pero con el poder obrero, una Federación Socialista de América Latina uniría los vastos recursos del continente para el beneficio de todos sus pueblos. Esto a su vez tendría un efecto electrizante entre los trabajadores de América del Norte, donde el veinte por ciento de la población de EEUU ahora es hispana. Sentaría las bases para la victoria de socialista al norte y al sur de Río Grande, y por lo tanto a escala mundial.

La cuestión palestina

La cuestión nacional en Oriente Medio es crucial, sobre todo la cuestión palestina. Después de décadas de opresión nacional a manos del imperialismo israelí, las masas palestinas tienen un sentimiento de injusticia, que se expresa en el deseo de tener su propia patria. Es su derecho inalienable que los marxistas debemos defender y lucharemos por él. Sin embargo la experiencia de los últimos treinta años nos proporciona algunas lecciones necesarias. Los dirigentes nacionalistas pequeñoburgueses de la OLP han defendido la idea de que era posible conseguir la autodeterminación con la lucha armada contra Israel. En la práctica son actos de terrorismo individual, bombas, secuestros, etc., Estos actos no han debilitado lo más mínimo a Israel. Todo lo contrario, en cierta forma han convencido a los israelíes normales de que su intención era “echar a los judíos al mar”, y han empujado a la población en brazos de la reacción. Lejos de debilitar el estado de Israel lo han fortalecido.

Las tácticas de los líderes de la OLP han llevado a los palestinos a una derrota tras otra. Primero fueron aplastados por el Rey Husein de Jordania en 1970, cuando podían haber tomado fácilmente el poder. Posteriormente se repitió la misma historia en el Líbano, ayudaron a provocar una guerra civil sangrienta y además la intervención de Israel y Siria. Y mientras continuaban con las desastrosas tácticas del terrorismo individual, carecían de estrategia para una insurrección de las masas en Cisjordania y Gaza. Cuando al final estalló la Intifada, Arafat y la dirección de la OLP no jugaron ningún papel. La juventud palestina tuvo que enfrentarse a la poderosa maquinaria militar israelí, desarmada excepto con palos y piedras. A pesar de esto, el movimiento de masas en los territorios ocupados hizo más por la causa palestina en pocos meses que Arafat y compañía en treinta años.

Las “concesiones” hechas por Tel Aviv no fueron fruto de las acciones de los exiliados de la OLP. En parte fue resultado de la Intifada, que sacudió a la sociedad israelí y despertó la simpatía y atención de todo el mundo. Pero también eran un reflejo de la nueva situación mundial. Debido al colapso del estalinismo, el equilibrio de fuerzas mundial también cambió. EEUU ha conseguido un dominio aplastante del mundo. Esto significa que Washington ya no depende de Israel tanto como ocurría durante la Guerra Fría. El imperialismo USA tienen intereses estratégicos y económicos vitales en Oriente Medio y eso supone apuntalar a regímenes árabes como Arabia Saudí y mantener la estabilidad en la región. Por lo tanto Washington ha presionado a Tel Aviv para alcanzar un compromiso con los palestinos y los estados árabes vecinos. Y Arafat asustado aceptó lo que le ofrecían. Después de décadas de fracaso en la causa palestina, los líderes de la OLP han degustado los “frutos de los despachos” conquistados por el pueblo. Lo que han aceptado significa una traición de la lucha nacional de los palestinos.

Washington esperaba estabilizar la zona con un compromiso. Sin embargo la cuestión nacional es muy volátil y compleja, y las situaciones explosivas que el imperialismo ha creado en el pasado no siempre se pueden calmar fácilmente sólo con un cambio de actitud. De la misma forma que el imperialismo británico creó un monstruo de Frankestein en Irlanda del Norte, y ahora no pueden controlarlo, los imperialistas americanos han creado un estado cliente en Israel, y la marioneta ahora no siempre obedece el movimiento de las cuerdas. La clase dominante israelí tiene sus propios intereses, y éstos pueden corresponder o no con los intereses de EEUU. De esta forma los llamados Acuerdos de Paz en Oriente Medio atraviesan serias dificultades. No han resuelto ninguno de los problemas fundamentales.

Como dijimos los marxistas, el acuerdo firmado por Arafat con los israelíes era una trampa para el pueblo palestino. Esto no es autodeterminación, sólo una miserable caricatura y un fraude. La nueva entidad palestina es un aborto truncado, Gaza separada de Cisjordania, y Jerusalén aún controlada firmemente por Israel. Además incluye toda una serie de condiciones humillantes. Para empeorar las cosas, gran parte de los colonos judíos permanecen y provocan continuamente a los palestinos. En realidad, la llamada Autoridad Palestina es un instrumento de Israel, que en la práctica es quien domina. Las condiciones de las masas árabes en Cisjordania y Gaza son probablemente ahora peores, con un desempleo de masas, sobre todo entre la juventud. Israel puede cerrar la frontera en cualquier momento y con ello impedir a los palestinos trabajar en Israel y aumentar el desempleo. Para empeorar las cosas Arafat y su pandilla se han convertido en una elite burocrática privilegiada que actúa como policía de Tel Aviv, mientras llenan sus bolsillos a expensas de los palestinos normales.

El acuerdo anunciado con fanfarrias y trompetas debido a la presión de Washington está completamente roto. Con la caída de Netanyahu y la elección de un gobierno laborista, Washington esperaba que al final conseguiría imponer su voluntad. Pero la presión de los colonos judíos, como ya dijimos, ha llevado a una crisis tras otra. El gobierno de Tel Aviv, no ha conseguido ningún progreso con los palestinos, y ha intentado negociar un acuerdo con Siria sobre los Altos del Golán. Pero pronto la cuestión de devolver los Altos del Golán provocó manifestaciones de masas en Israel. Las conversaciones con Siria se rompieron, provocando una nueva escalada de las hostilidades en el sur del Líbano.

Lo más preocupante es el creciente descontento de las masas en Cisjordania y Gaza que amenaza con provocar una nueva Intifada. Esto está implícito en la situación. Una nueva Intifada tendría un potencial revolucionario pero con una condición: que tenga una dirección revolucionaria firme que defienda una solución internacionalista. Con el nacionalismo no hay solución posible. Una dirección previsora vincularía el movimiento revolucionario de los palestinos con la clase obrera israelí. Explicaría que el enemigo común tanto de la clase obrera árabe como de la israelí son los banqueros y capitalistas israelitas. Dejaría claro que los puntos de apoyo palestinos en la sociedad israelí se encuentran entre los estudiantes y jóvenes progresistas, en las fábricas y barracones del ejército. La idea central debe ser la necesidad de transformar la sociedad, no sólo en Palestina sino también en Israel, es la única salida al actual callejón sin salida.

El destino de los palestinos es una tragedia terrible. Durante más de treinta años los palestinos han luchado por la autodeterminación y ¿dónde han llegado con el nacionalismo?. A una completa catástrofe y la traición. La lección es evidente y hay que aprenderla: el problema nacional en Palestina no se puede resolver sobre bases capitalistas. La única manera de resolver el problema sería por medios revolucionarios, con la revolución socialista en Israel y las revoluciones socialistas en el resto de países árabes, comenzando con Jordania donde la OLP pudo haber tomado el poder hace treinta años, pero sus dirigentes traicionaron la revolución. La única forma de resolver el problema es con una Federación Socialista de Oriente Medio con completa autonomía para los Palestinos y los Israelitas.

Los cínicos de la pequeñaburguesía dirán que esto no es “práctico”. Pero ya hemos visto suficientes soluciones “prácticas” de estos elementos durante los últimos treinta años, y no sólo en Oriente Medio. En todas partes sin excepción, esta política “práctica” -que se reduce a la locura del terrorismo individual y la estupidez nacional- sólo han creado desastres y traiciones. Basta ver la capitulación de los nacionalistas kurdos del PKK y la traición de Mandela y Mbeki a las aspiraciones del proletariado negro en Sudáfrica. Lenin tenía razón cuando denunciaba esas políticas “prácticas” de los nacionalistas. La realidad es que la única salida para los palestinos es con una política de clase revolucionaria e internacionalista. Cualquier otra solución llevará a nuevos desastres. El único programa realmente práctico es el programa de la revolución socialista..

El derecho de autodeterminación como consigna reaccionaria

El marxismo no tiene nada en común con el pacifismo. No nos oponemos por principio a todas las guerras, y reconocemos que algunas guerras son progresistas. Pero “no es oro todo lo que reluce”. Y no todas las guerras que se libran bajo la bandera de la autodeterminación tienen un carácter progresista. En cada caso particular, los marxistas debemos examinar cuidadosamente el contenido de clase de una guerra, o de una lucha nacional, determinar qué intereses subyacen y qué implicaciones tienen para la causa de la clase obrera y el socialismo mundial.

En la Guerra Civil americana ¿habría sido correcto apoyar a la Confederación sudista en el derecho de autodeterminación?. La pregunta es obvia. En determinadas condiciones la lucha de la Unión tenía un carácter progresista y semirrevolucionario. Para imponer la voluntad al sur, los estados del norte sin duda violaron el derecho del sur a decidir su destino libremente. Pero estas consideraciones eran totalmente secundarias cuando las comparamos a las cuestiones fundamentales, es decir, la cuestión de clase. En este caso ¿qué se escondía detrás del derecho de autodeterminación?. Los propietarios esclavistas del sur. La clase obrera tenía que apoyar al norte, porque el mantenimiento de la Unión estimularía el desarrollo capitalista y por lo tanto del proletariado. La liberación de los esclavos negros era un paso necesario y progresista en esta dirección. Este ejemplo es muy evidente. Pero hay otros en los que la reivindicación de autodeterminación tiene propósitos reaccionarios, y hay que rechazarlos categóricamente. Por ejemplo, la reivindicación de la Liga Norte en Italia que pide el derecho a separarse para constituir un nuevo estado, este caso tiene un carácter claramente reaccionario.

Estos ejemplos son suficientes para dejar claro que las aspiraciones nacionales y el derecho de autodeterminación no son, ni pueden ser algo absoluto. Esta reivindicación en un contexto histórico determinado puede tener un carácter progresista. Pero en otro puede ser totalmente reaccionario y retrógrado. Es necesario en cada caso examinar el contenido concreto, determinar qué intereses de clase están implícitos, y valorar los efectos del movimiento en particular para los intereses de generales de la clase obrera y la lucha por el socialismo mundial. Aunque la cuestión nacional es muy complicada, normalmente basta con plantear la cuestión en términos concretos para llegar a la conclusión correcta. En 1991 al principio del colapso de Yugoslavia, los autores del actual documento participaron en un debate con algunos supuestos marxistas, en el transcurso del cual un sectario interrumpió a Ted Grant y gritó: “¿Qué opinas de la autodeterminación en Croacia?”. Ted respondió rápidamente : “¿Qué querés decir?. ¿Si apoyamos a la Ushtasi o a los Chetniks?” (A los fascistas serbios o a los fascistas croatas). No volvió a hacer ninguna otra pregunta.

Todo aquel que tenga un mínimo conocimiento de la historia de las guerras y la diplomacia (las dos cosas están muy relacionadas) sabrá que es necesario abrirse paso a través de la niebla de las mentiras y medias verdades, con las que cada bando intenta manipular a la opinión pública, y una vez despejada la niebla será posible llegar a los objetivos reales de la guerra de cada una de las partes contendientes. Pobre de aquel que intente abordar una guerra desde el punto de vista de las consignas diplomáticas. La consigna de la autodeterminación como explicó Lenin puede tener un carácter progresista y revolucionario. Pero no en todos los casos. En muchos otros la consigna de la autodeterminación ha sido utilizada para propósitos reaccionarios, como disfraz apropiado para las intrigas imperialistas. En la Primera Guerra Mundial el imperialismo británico envió a su agente, Lawrence de Arabia, a levantar a los árabes contra Turquía, y para ello les prometió la autodeterminación. Londres prometió Palestina a los árabes, y al mismo tiempo a los judíos para después traicionar a ambos. El monstruoso Tratado de Versalles que esclavizó a Europa y preparó las condiciones para una nueva guerra mundial, también inscribió en su bandera el derecho de las naciones a la autodeterminación. Más tarde Hitler utilizó la consigna del derecho de autodeterminación de los Alemanes de los Sudetes, croatas, albaneses y demás para su política de expansión imperialista y esclavización de los pueblos. Su jefe de policía, Heinrich Himmler escribía: “…. Al tratar con los pueblos extranjeros en el Este debemos fomentar tantos grupos nacionales como sea posible: polacos, judíos (sic), ucranianos, rusos blancos y cuantas otras pequeñas nacionalidades encontremos”.

Esto no es nada nuevo. Los romanos hace mucho tiempo utilizaron esta sencilla fórmula que después utilizó brillantemente la clase dominante británica: “Divide et impera” (Divide y vencerás). La política de dividir estados, crear una nacionalidad o una raza, instigar una contra otra, ya hace mucho tiempo que se convirtió en una herramienta indispensable del imperialismo. En contraste, los revolucionarios se han esforzado en unir a la clase obrera y a todos los pueblos oprimidos contra los explotadores.

La cuestión nacional hoy es más complicada que en los tiempos de Lenin, que solía utilizar el ejemplo de Noruega que se separó de Suecia en 1905. Noruega fue cedida a Suecia como parte de un acuerdo reaccionario alcanzado en el Congreso de Viena de 1815 después de la derrota de Napoleón. No fue una unión voluntaria. Los noruegos se oponían a ella y el ejército sueco tuvo que obligarlos a la fuerza. Aunque los idiomas de ambos países son muy parecidos, y los noruegos disfrutaban de una autonomía considerable, aún permanecían bajo el dominio sueco. En agosto de 1905, el parlamento noruego decidió que el Rey de Suecia ya no era el Rey de Noruega y la población votó mayoritariamente en un referéndum por la separación de Suecia. Lenin escribía sobre esto: “Este ejemplo nos demuestra en qué terreno son posibles y se producen casos de separación de naciones, manteniéndose las relaciones económicas y políticas contemporáneas, y qué forma toma a veces la separación en un ambiente de libertad política y democracia”. (Lenin. El derecho de las naciones a la autodeterminación. Pág. 36).

El hecho de que los trabajadores suecos defendieran el derecho democrático del pueblo noruego a secesionarse, desarmó a los reaccionarios suecos que después de algunas vacilaciones iniciales decidieron no intervenir. Esto sirvió para consolidar la solidaridad entre los trabajadores suecos y noruegos. Pero aunque Lenin consideraba este caso como un ejemplo de cómo se puede resolver la cuestión nacional, en realidad es una excepción histórica. La forma en que la cuestión nacional se presenta en la actualidad tiene un carácter totalmente diferente. Y el mismo Lenin con frecuencia señalaba que los marxistas toman una posición con relación a esta cuestión según las condiciones concretas de cada caso. Lo que ocurrió en Noruega en 1905 fue sencillo, un juego de niños en comparación con la situación actual de Irlanda del Norte, Líbano o los Balcanes. Noruega era un país étnicamente homogéneo con escasas complicaciones. Lo noruegos lo aprobaron en el parlamento y obtuvieron la independencia. No guarda ninguna relación con la situación en Irlanda del Norte donde la población está dividida y la retirada de las tropas británicas supondría una guerra religiosa entre católicos y protestantes. Y un ejemplo aún más claro es la historia reciente de los Balcanes, como veremos.

Una falsificación maliciosa del marxismo

Como hemos visto desde el punto de vista de la teoría marxista, la cuestión nacional no es algo nuevo. Existe mucha literatura sobre la cuestión nacional en los escritos de Marx, Engels, Lenin y Trotsky. Resulta paradójico que es la parte de la teoría marxista menos comprendida y más maliciosamente malinterpretada. Por no hablar de los estalinistas con su teoría del socialismo en un solo país que en sí misma significa un abandono del marxismo. Lo increíble es ver hoy a cada uno de los grupos sectarios que se autodenominan marxistas y “trotskistas”, que mantienen una postura sobre la cuestión nacional totalmente equivocada.

En el caso de los Balcanes casi todas las sectas apoyaban a uno u otro grupo gansteril, y en cada caso con la excusa de apoyar la postura de Lenin sobre la cuestión nacional. En particular su apoyo a la “autodeterminación” de Kosovo lo que las llevó a capitular ante el imperialismo americano y a convertirse en los más entusiastas seguidores del ELK. Desde el principio avisamos que esta postura inevitablemente llevaría a conclusiones reaccionarias. Predijimos que, lejos de la autodeterminación, la guerra reaccionaria de la OTAN contra Yugoslavia sólo terminaría con la creación de un “protectorado” en Kosovo. Hoy invitamos a todos aquellos que apoyaban entusiastamente al ELK a que digan públicamente si consideran que la situación actual es un paso adelante en la causa del socialismo en los Balcanes. Desde un punto de vista marxista no hay un átomo de contenido progresista. No sólo el imperialismo USA ha establecido una base firme en sus operaciones en los Balcanes, sino que el ELK se ha encargado de llevar adelante la “limpieza étnica” y pogromos contra los indefensos serbios.

Nada de esto es nuevo. En el caso de Irlanda estos supuestos “marxistas” han apoyado al IRA en su campaña de terrorismo individual durante los últimos treinta años. Representó una abyecta capitulación ante el nacionalismo, y una violación de los principios más elementales del leninismo. Y ¿a dónde ha conducido?. Después de una generación de “lucha armada” con más de 3.000 muertos, el IRA no ha conseguido ni uno solo de sus objetivos. La clase obrera en Irlanda del Norte está más dividida ahora que antes. Los niños católicos y protestantes viven y estudian separados. Las dos comunidades están separadas por muros y alambradas. Y la perspectiva de la reunificación de Irlanda está ahora más lejos que antes.

En Afganistán, esas mismas personas que defendían escandalosamente a los Mujahidines -“luchadores de la libertad”-, en su guerra contra el régimen estalinista de Kabul, utilizaban la excusa del “derecho de autodeterminación” del pueblo afgano. Este mismo “derecho” que también defendió el imperialismo americano y Pakistán, que armaron y financiaron a estos gánsteres contrarrevolucionarios. Ahora todo ha llevado a la victoria de la reacción fundamentalista islámica en su forma más terrible ¿De qué manera la victoria de la reacción talibán puede justificar el derecho de autodeterminación?.

Estos son sólo unos pocos ejemplos de adonde lleva abandonar la teoría marxista en la cuestión nacional. La suma total de la sabiduría de las sectas es igual a un papagayo que repite la misma frase: “Después de todo, ¿no defendía Lenin la autodeterminación?”. Después de leer un par de líneas de Lenin estos sectarios se creen grandes genios. Es inevitable recordar el viejo proverbio inglés: “Un poco de conocimiento es algo peligroso”. Son como esos alumnos muy brillantes que presumen de conocimiento repitiendo constantemente el “ABC”. Pero después del “ABC” vienen otras letras en el alfabeto. Lenin como ya vimos, lejos de apoyar el derecho de autodeterminación en cada caso, distinguía cuidadosamente entre lo que es progresista y reaccionario, estudiando cuidadosamente las condiciones concretas.

Es increíble que aquellos que durante mucho tiempo han defendido esa posición, y que han dejado a un lado la posición de clase internacionalista de Marx y Lenin en favor del nacionalismo pequeñoburgués, ahora critiquen a los auténticos marxistas. A estas críticas respondemos que: estamos orgullosos de que sólo la tendencia marxista representada por El Militante y In defence of marxism ( www.marxist.com) se haya mantenido firme en su posición de clase marxista con relación a esta cuestión. No nos avergonzamos de publicar hoy todo lo que hemos escrito en los últimos quince años. El problema es que aquellos que hablan en nombre de Lenin sobre este tema simplemente demuestran su ignorancia de la posición del Partido Bolchevique sobre la cuestión nacional. El propósito de este documento es poner el registro correcto, y por supuesto no está dirigido a las sectas que han demostrado ser incapaces de aprender algo.

Los marxistas y la cuestión irlandesa

Al igual que en la cuestión de los Balcanes, en la cuestión de Irlanda del Norte, estamos orgullosos de nuestros escritos. Durante treinta años hemos defendido una posición de clase. No se puede decir lo mismo de los demás. Cuando “los problemas” explotaron en 1969 en Irlanda del Norte, el Partido Comunista, el SWP, los Mandelistas del IMG y las demás sectas apoyaron el envío de tropas británicas al norte de Irlanda, para que protegieran a los católicos. Hoy en día todos lo han olvidado. Los marxistas del Partido Laborista fueron los únicos que lo denunciaron. Fuimos los únicos que presentamos una resolución en la Conferencia del Partido Laborista en otoño de 1969 oponiéndonos al envío de tropas británicas. En su momento dijimos que el ejército británico no jugaría ningún papel progresista, que las tropas sólo defenderían los intereses del imperialismo.

Estas mismas personas que apoyaron el envío de tropas a Irlanda del Norte más tarde pasaron al otro extremo, formaron el Movimiento Tropas Fuera. Todos, capitularon ante el terrorismo individual del IRA. Esta lucha armada ha durado tres décadas. En 1970 el IRA creía que podría derrotar al imperialismo británico con las armas y las bombas, y forzar la unión con el sur. En ese momento dijimos que era imposible. Sobre estas bases nunca se podría conseguir la unidad de Irlanda, porque los protestantes estaban armados y dispuestos a luchar. Si se hubiera llegado a una guerra entre católicos y protestantes, habrían derrotado al IRA y expulsado a los católicos. El resultado habría sido un nuevo dibujo de la frontera. Habría supuesto una terrible carnicería, como hemos visto en Yugoslavia. Habría terminado con el cien por cien de la población protestante en el norte, y los católicos en el sur. En estas circunstancias tanto norte como sur probablemente habrían terminado en dictaduras militares. Ese sería el único resultado posible de intentar resolver la cuestión irlandesa sobre bases capitalistas.

Las lecciones de Yugoslavia son una confirmación terrible de esto. Precisamente por esa razón, Londres no ha retirado sus tropas del norte. Es una ironía de la historia que el imperialismo británico ahora no tenga interés en mantener su control en Irlanda del Norte. A diferencia de 1922, la retirada sólo provocaría un caos sangriento que desbordaría al resto de Gran Bretaña. Este es el escenario trágico que Londres no puede permitir que suceda. Por lo tanto están condenados a quedarse. Y si el IRA continúa la lucha durante otros treinta años, tendrán el mismo resultado. La política del IRA ha llevado a un total impasse con resultados negativos para la clase obrera y el socialismo ¿Cuál es el resultado? Tres mil muertos, toda una generación perdida, la clase obrera totalmente dividida en líneas religiosas. Los medios de comunicación occidentales hablaban mucho de la caída del Muro de Berlín, pero nadie habla del muro que divide Belfast entre protestantes y católicos. Esta llamada “línea de la paz”, es la expresión más monstruosa de la locura de las divisiones nacionales. Esto fue el resultado directo de la campaña del IRA de terror individual.

La tendencia marxista mantiene una base de clase y lucha por la unidad de la clase obrera. Y esto es posible, por ejemplo en 1969 en las fábricas, surgió el instinto de unidad de los trabajadores y habrían tenido éxito si hubiera existido una dirección consciente. Exigimos la formación de una milicia de trabajadores basada en los sindicatos -las únicas organizaciones que aún unen a católicos y protestantes. Desde luego, en estas circunstancias concretas, tendrían que estar armados para defenderse de los lunáticos sectarios de ambas partes. Nuestra consigna era revolucionaria: “¡Por una fuerza de defensa armada de trabajadores!”. Esta era la única forma de combatir a los sectarios. Los ultra izquierdistas se asombran. Siempre encuentran la posición leninista graciosa. Cuando Lenin vivía los nacionalistas pequeñoburgueses también ridiculizaban su posición sobre la cuestión nacional y la calificaban de utópica. Lenin respondía a estos “prácticos” como se merecen.

¿Y qué dicen ahora sobre la situación de Irlanda del Norte? El IRA ha declarado la tregua, porque la “lucha armada” no ha llegado a ningún sitio. La idea de que podrían expulsar al ejército británico por tales medios era totalmente utópica, como señalamos desde el principio. Y ahora ¿adónde han llegado? Como los líderes de la OLP en Palestina, Mandela y Mbeki en Sudáfrica, los dirigentes del Sinn Fein han cambiado las bombas y las armas por la “política” -es decir un cómodo sillón y un salario de ministro. Están dispuestos a abandonar la causa por la que sus seguidores sacrificaron todo, en aras de una carrera y la respetabilidad burguesa. Aquí acaba siempre la “lucha armada” (terrorismo individual). Los marxistas rusos siempre caracterizaron a los terroristas como “liberales con bombas”. Ahora podemos ver que esa afirmación es correcta. Treinta años después, el IRA no ha dado un paso adelante en dirección a la unidad de Irlanda. Los líderes del Sinn Fein (el brazo político del IRA) firmaron el Acuerdo del Viernes Santo que ratifica el estatus de Irlanda del Norte como parte del Reino Unido. La “concesión” al “Acuerdo sobre la Frontera” con el sur fue simplemente una concesión a las aspiraciones republicanas, ya que el organismo norte-sur no tiene ningún poder.

Incluso este acuerdo era demasiado para los Unionistas, que al final dieron un golpe en el suelo con el tacón debido a la “entrega de las armas” (en la práctica el desarme del IRA). Esto ha originado una crisis porque el IRA no tiene ninguna intención de desarmarse. Las armas son necesarias, aparte de otras consideraciones, porque el movimiento republicano tiene una larga tradición de divisiones y luchas intestinas en los que los líderes de ayer se convierte en los clientes de mañana para las casas de pompas fúnebres. Grupos disidentes del IRA como el “IRA Continuidad” han puesto bombas. Exigir el desarme inmediato, era evidentemente una provocación de los Unionistas, sabían que el IRA se negaría. Esto ha llevado a la ruptura del Acuerdo y la suspensión de la Asamblea de Irlanda del Norte y la reintroducción del dominio directo de Londres.

Si hay un tema donde las sectas han jugado un papel especialmente pernicioso es sobre la cuestión irlandesa. Pusieron en práctica su política “práctica”, y apoyaron al IRA para abandonar una política de clase y convertirse en voceros sin sueldo del terrorismo. En la práctica era la capitulación ante el nacionalismo pequeñoburgués y el terrorismo individual, que en todos y cada uno de los casos ha llevado al desastre en la cuestión nacional. La vida ha demostrado que la política ‘práctica’ de capitular ante la pequeñaburguesía tiene poco de práctica. Es una traición vergonzosa a la clase obrera y siempre conduce al desastre. Debemos dejar claro que los marxistas estamos a favor de la reunificación de Irlanda. Pero la unificación de Irlanda ahora está más lejos que en toda la historia, y esta situación es el resultado del terrorismo individual y el nacionalismo pequeñoburgués de los últimos treinta años.

En el momento de escribir este documento, la situación es muy inestable. Es posible que al verse al lado del abismo ambas partes den marcha atrás. Podrían llegar a algún tipo de acuerdo que implicara la entrega de algunas armas por parte del IRA. Después de treinta sangrientos años tanto católicos como protestantes están cansados de la guerra. El IRA corre el riesgo de perder apoyo. Pero aceptar un compromiso tampoco resolverá nada fundamental. La pregunta inevitable en las filas republicanas es: “¿Para qué hemos luchado estos últimos treinta años?”.

Sin duda estamos al principio del fermento entre las filas del republicanismo. Los elementos más conscientes y críticos con la política de la dirección no quieren regresar al callejón sin salida del terrorismo individual, estarán más abiertos a una política y alternativa de clase. La única salida es regresar a las ideas de James Connolly, a la bandera del socialismo. Esta es la única bandera que puede unir a la clase obrera, Naranja y Verde, Norte y Sur, y cruzar el Mar de Irlanda, en Inglaterra, Escocia y Gales, en la lucha contra un enemigo común: los bancos, los monopolios y el imperialismo británico. No es regresar a la “lucha armada” sino a las mejores tradiciones del laborismo irlandés, al marxismo. En el pasado decían: “Primero resolver la cuestión de la frontera, después hablaremos del socialismo”. Pero la experiencia de estas tres décadas ha demostrado que era un camino equivocado. Ahora podemos decir: la solución de las tareas aplazadas de la revolución democrático burguesa de Irlanda -reunificación irlandesa-, sólo se puede resolver con la toma del poder por el proletariado tanto en Irlanda como en Gran Bretaña. La burguesía irlandesa ha demostrado ser incapaz de resolver la cuestión. Es momento de tomar una dirección totalmente diferente. Marx hace mucho tiempo explicó que el destino de la revolución en Irlanda y Gran Bretaña estaban intrínsecamente unidas. Hoy esa afirmación es más correcta que nunca.

Euskadi

En España está la cuestión nacional de vascos, catalanes y gallegos. Durante décadas bajo la dictadura de Franco las lenguas, derechos y aspiraciones nacionales de estos pueblos fueron aplastados. Era natural que el derrocamiento del antiguo régimen diera un impulso poderoso a los movimientos nacionales de las nacionalidades. Trotsky dijo que el nacionalismo de las nacionalidades oprimidas era sólo la cáscara exterior de un bolchevismo inmaduro. Con la política, táctica y métodos correctos, es posible ganar a los mejores jóvenes nacionalistas para el marxismo. Pero la condición previa es mantener una posición firme. Mientras se defiende a la nacionalidad oprimida, es necesario criticar las ideas confusas del nacionalismo.

Una gran parte del problema es el colapso de la autoridad moral del marxismo a escala mundial. Marx, Lenin y Trotsky tenían una posición correcta sobre la cuestión nacional. Esto podría encontrar fácilmente una respuesta en las filas de los militantes nacionalistas. Pero a la juventud nacionalista les repugna la política de los dirigentes reformistas de las organizaciones obreras que inevitablemente adoptan la línea de la clase dominante sobre la cuestión nacional.

La Segunda Internacional, como hemos visto, tenía una posición muy confusa sobre la cuestión nacional. Vimos los resultados en 1914. En España el PSOE incluso en su mejor período comprendía muy poco la cuestión nacional, a pesar de tener una sólida base de apoyo en el País Vasco. Ahora el ala de derecha del PSOE ha abandonado cualquier intención de mantener una posición socialista sobre la cuestión nacional, como la han abandonado en el resto de los temas. Cuando Felipe González estaba en el poder y otros dirigentes “socialistas”, respaldaban activamente la guerra sucia de los servicios secretos del estado español contra ETA. No es asombroso que a la juventud vasca les repela el “socialismo”.

En el pasado habría sido natural que los jóvenes militantes nacionalistas gravitaran alrededor del Partido Comunista. La bandera revolucionaria de Octubre y el Partido Bolchevique dio una salida en líneas revolucionarias. Pero fruto de los crímenes del estalinismo, el movimiento dio un paso atrás. La decadencia ideológica del estalinismo ha producido todo tipo de distorsiones grotescas y confusas -maoísmo, castrismo, guerrillerismo- que han enturbiado el agua e introducido el confusionismo espantoso en las mentes de los jóvenes radicalizados. Ahora con el colapso del estalinismo, la confusión es aún mayor, con la extensión de todo tipo de comportamientos terroristas y anarquistas. Las ideas que pertenecían a la prehistoria del movimiento y hace mucho tiempo respondidas por Marx, Lenin y Trotsky, han resurgido disfrazadas como teorías “nuevas y modernas”.

A todo esto debemos añadir la monstruosa degeneración de la llamada Cuarta Internacional después de la muerte de Trotsky. El abandono total de las ideas más elementales de Lenin y Trotsky por los llamados “trotskistas” es más evidente en la cuestión nacional. Las sectas han flirteado con todos los grupos pequeñoburgueses nacionalistas y terroristas del mundo, y actuado como voceros sin sueldo del IRA, ETA, OLP o CNA. En aquellos casos (afortunadamente pocos) donde han conseguido alguna influencia, simplemente han servido para reforzar los prejuicios de la juventud y los ha llevado al desastre. Este fue el caso, por ejemplo, en Argentina y Uruguay en los años setenta, cuando estos elementos jugaron con el terrorismo y el “guerrillerismo urbano”. El resultado de estas aventuras fue la destrucción del movimiento y la victoria de dictaduras militares. Como resultado, un gran número de cuadros jóvenes perdieron sus vidas y la revolución se aplazó durante años.

Dada la ausencia total de autoridad del marxismo, es lógico que los jóvenes en el País Vasco, asqueados del estalinismo y la socialdemocracia, busquen una alternativa en ETA y Herri Batasuna. Hay jóvenes heroicos en las filas de los nacionalistas radicales vascos. Nuestra tarea es establecer un diálogo con ellos y convencerlos de que la única salida es conseguir su objetivo luchando por la revolución socialista. Inevitablemente, los mejores elementos llegarán a esta conclusión. Debemos ayudarlos a hacerlo, con argumentos pacientes, a través de la acción en todas las cuestiones donde alcancemos acuerdos, mientras insistimos en la necesidad de unir la lucha de los trabajadores y jóvenes de todo el estado español.

Parece ser una ley que los movimientos nacionalistas de masas, como Herri Batasuna, cuando llegan a un tamaño determinado siempre tienden a escindirse en líneas de clase. Estos movimientos siempre tienen una composición heterogénea. Por un lado hay elementos del ala de derecha -con frecuencia, aunque no siempre, asociados con el ala “militarista”-, pero en el ala izquierda hay muchos militantes honestos y luchadores y revolucionarios en potencia. Hace aproximadamente treinta años, en el sexto congreso de ETA se originó una escisión por la izquierda. Ante la ausencia de una alternativa real marxista los Mandelistas se orientaron hacia ETA y ganaron a muchos de ellos. Miles de buenos luchadores giraron al trotskysmo. Con una política y perspectiva correctas una auténtica organización marxista de 10.000 personas en España habría jugado un papel crucial. Pero con la política equivocada de los Mandelistas, perdieron esa posición. Estos pequeñosburgueses dejaron escapar la oportunidad y pagaron por ese crimen. Hoy ya no existen, han resultado liquidados junto con las demás sectas. El camino está abierto para el desarrollo de una genuina tendencia marxista en Euskadi. Es evidente que muchos de los mejores cuadros vendrán de las filas y periferia de los abertzales (nacionalistas vascos radicales).

Con la firma de la tregua algo cambió en Herri Batasuna, ha cambiado su nombre por Euskal Herritarrok (Ciudadanos Vascos). Este es un movimiento grande. Existía auténtica entusiasmo en EH. Pero ahora las cosas han comenzado a cambiar. Los dirigentes políticos de EH de una forma oportunista se han aliado con el partido de la burguesía vasca, el PNV. Como siempre, los nacionalistas pequeñoburgueses actúan como un mecanismo para subordinar la clase obrera a “nuestra” burguesía. Pero todo trabajador vasco sabe que los banqueros e industriales vascos son tan malos como los capitalistas españoles. No hay nada que elegir entre ellos. Todos los militantes honestos de EH deben estar asqueados de este bloque monstruoso con el PNV.

Para empeorar las cosas la tregua ahora se ha roto. Existe la perspectiva de más atentados terroristas, que conducirá a más represión del estado y más prisioneros políticos. La vuelta al antiguo ciclo infernal que envenenó la vida social y política vasca durante décadas sin conseguir ninguno de sus objetivos. En ese camino ¡no hay salida para Euskadi! Ahora ETA ha roto la tregua, y hay fermento entre las bases. Sin duda buscarán una explicación y una salida. Es necesario explicarles de una forma firme y amistosa que no puede haber independencia para el País Vasco sobre bases capitalistas. Para tener éxito es necesaria una revolución tanto en España como en Francia. Y para conseguirlo, debemos adoptar una posición de clase e internacionalista, abandonar el callejón sin salida del terrorismo individual.

Los marxistas del Estado español pueden estar orgullos de mantener una posición de clase firme. Han defendido consecuentemente los derechos nacionales de los Vascos -incluido el derecho de autodeterminación. Hace poco elaboraron un documento muy bueno sobre la cuestión nacional en euskera y castellano. Nuestros libros traducidos al castellano fueron recibidos muy bien por Egin el periódico de Herri Batasuna. Esto demuestra que hay una capa de nacionalistas vascos que buscan una tendencia marxista. Es posible que los marxistas pueden ganar a una capa considerable de jóvenes militantes.

Desde el punto de vista del marxismo, el problema nacional es un desafío, pero también una maravillosa oportunidad. Trotsky dijo una vez que el nacionalismo de los pueblos oprimidos era sólo el “caparazón exterior de un bolchevismo inmaduro”. Si tomamos una posición firme sobre los problemas a los que se enfrentan los pueblos oprimidos nacionalmente, si luchamos enérgicamente contra todas las formas de opresión nacional, mientras vinculamos firmemente la solución del problema a la perspectiva de la transformación socialista de la sociedad, será posible ganar a los mejores elementos para el marxismo y construir una organización fuerte que pueda ofrecer una solución real al problema nacional de Euskal Herria sobre bases socialistas revolucionarias.

La cuestión nacional y los Balcanes

El ejemplo más espantoso de las consecuencias de una posición equivocada sobre la cuestión nacional es el destino de la antigua Yugoslavia. El pantano sangriento de guerras, locura chauvinista y “limpieza étnica” en el que está inmerso el que una vez fue un estado europeo avanzado y desarrollado, debería servir para aquellos que constantemente utilizan la “autodeterminación” como una panacea universal. Por desgracia parece que algunas personas son orgánicamente incapaces de pensar otra cosa. Nosotros explicamos desde el principio que no había un átomo de progresismo en la ruptura de la antigua Yugoslavia. En contraste cada una de las sectas que apoyaron o a los croatas, o a los serbios o la pequeña y pobre Bosnia, igual que a la pequeña y pobre Bélgica, o al ELK, en todos y cada uno de los casos han mantenido una posición reaccionaria.

La propaganda occidental -sea en relación con África, Rusia o los Balcanes- intenta presentar estas luchas como el producto del carácter nacional, atraso, raza, etc., Se dice que serbios, croatas, bosnios… no pueden vivir juntos, que se odian mutuamente, y cosas por el estilo. Esto es una mentira. Durante la Segunda Guerra Mundial hubo un conflicto terrible entre serbios y croatas. En él los serbios fueron las víctimas, perseguidos por la Ushtasi fascistas croata, su violencia suscitó incluso las protestas de los nazis alemanes. Bajo Tito, el problema nacional en Yugoslavia se solucionó. Con la economía nacionalizada y planificada y el desarrollo de las fuerzas productivas y la política inteligente de Tito, que dio autonomía a cada una de las repúblicas y así evitar que una nacionalidad tuviera más poder que otra, el problema quedó relegado a un segundo plano. Los pueblos se mezclaron, serbios y croatas redujeron sus tensiones. Esto se consiguió con tasas de crecimiento económico del 10-11 por ciento anuales y el consiguiente aumento del nivel de vid. Como Lenin explicó, en última instancia la cuestión nacional es una cuestión de pan.

Con la crisis del estalinismo, el surgimiento del desempleo de masas en Yugoslavia, la inflación en los años setenta, todos los viejos demonios comenzaron a resurgir. Ahora, si se mira la historia de los últimos cincuenta años se saca la conclusión de que ni la burguesía ni los estalinistas pueden resolver la cuestión nacional. Tito lo consiguió momentáneamente, pero el chauvinismo es una parte integral del estalinismo, es el talón de Aquiles de los regímenes estalinistas, como Etiopía donde el régimen de Mengistu colapsó precisamente sobre la base de la cuestión nacional. Ellos no pueden resolverla.

Tito estableció diferentes repúblicas, cada una con su propia burocracia nacional que utilizó la cuestión nacional como un medio de reforzar su poder y privilegios. Hay una lógica ineludible a esto que surge directamente de la teoría del socialismo en un solo país. Esta teoría anti marxista, nacionalista en el fondo, jugó un papel nefasto en la desintegración de Yugoslavia. Las tendencias nacionalistas de serbios, croatas, eslovenos y otras burocracias rivales abrazaron entusiastamente esta “teoría” -para sus propias repúblicas. Deliberadamente azuzaron las diferencias nacionales, si podés tener “socialismo” ruso, “socialismo” chino, y demás, ¿por qué no tener “socialismo” en Eslovenia, Croacia y Macedonia?. Con la crisis económica del régimen burocrático en Yugoslavia, crecieron las tensiones entre las repúblicas. Cada camarilla regional lo utilizó para mejorar la posición de “su” república a expensas de las demás. Esto sembró las semillas de la ruptura de Yugoslavia.

Particularmente monstruoso fue el papel de las burocracias reaccionarias y privilegiadas de Croacia y Eslovenia. Aunque su industria se debe al trabajo y recursos colectivos de toda Yugoslavia, querían quedársela ellas solas. Pero esto fue sólo un elemento en la ecuación. La historia de Yugoslavia y los Balcanes en general demuestra que en todas las luchas nacionales por la autodeterminación que han tenido lugar desde el siglo XX, ha estado involucrada una u otra potencia. El zarismo ruso, el imperialismo alemán, el francés, británico, todos utilizaron las luchas de las pequeñas naciones para sus intrigas.

Trotsky y los Balcanes

¿Cuál fue la posición de los marxistas en las guerras balcánicas de 1912-1914? A pesar de que, al menos inicialmente, la lucha de los eslavos balcánicos por la emancipación nacional contra los turcos tenía un carácter semiprogresista, se puede buscar en vano en los escritos de Lenin y Trotsky para encontrar el más mínimo apoyo a cualquiera de estas naciones. Trotsky que estaba en los Balcanes como corresponsal de guerra, escribió muchos artículos sobre las guerras balcánicas en los que denunciaba la conducta monstruosa de todas las potencias beligerantes. Pero en ningún momento apoyó a ninguna de las pandillas nacionalistas rivales. Estas eran guerras reaccionarias, depredadoras mirara por donde se mirara. Y ¿si ese fue el caso entonces que habría dicho Lenin de la actual situación de Yugoslavia?.

Las sectas que se declaran marxistas parece que sufren de un tic nervioso. Tan pronto como estalla una guerra inmediatamente preguntan: “¿A quién apoyás?”. Como si los marxistas tuviéramos la obligación de tomar partido en los conflictos entre las camarillas dominantes. La posición del marxismo sobre la guerra ya la explicó claramente Lenin. La guerra es la continuación de la política por otros medios. Si apoyamos a una parte o a otra en una guerra depende de si la guerra tiene un contenido progresista o reaccionario. Esta decisión está determinada, no por las proclamas generales a favor del “derecho de autodeterminación”, sino exclusivamente por los intereses generales del proletariado y la revolución mundial.

La posición de los marxistas en las Guerras Balcánicas de 1912-13 no fue tomar parte por un grupo u otro, sino luchar por una federación democrática de los Balcanes. Esta fue la posición de Lenin, Trotsky y ese gran marxista e internacionalista balcánico, Christian Rakovsky, que se convirtió en un dirigente trotskista y fue purgado y fusilado por las órdenes de Stalin en 1941. Rakovsky tenía una larga historia como figura dirigente en el movimiento socialista balcánico. En 1903, el mismo año en que el Partido Obrero Socialdemócrata Ruso se dividía en Bolcheviques y Mencheviques, ocurrió una escisión similar en el Partido Búlgaro entre las tendencias “amplia” y “estrecha”. El ala de izquierda (“tesnyaki”) estaba dirigida por el veterano marxista Blagoev, junto con el destacado marxista balcánico Christian Rakovsky. Después de la Revolución de Octubre la Internacional Comunista defendía una Federación Socialista de los Balcanes. Esta idea fue desarrollada por Christian Rakovsky incluso antes de 1917. Los marxistas siempre lucharon contra la división de los Balcanes en pequeños estados que inevitablemente se convertirían en el instrumento de una u otra potencia imperialista. Luchaban contra la Balcanización y a favor de la Federación. Antes de la Primera Guerra Mundial, cuando Trotsky era corresponsal en los Balcanes, siguió de cerca la situación y escribía:

“No es su diversidad nacional lo que pesa como una maldición, sino su división en muchos estados [los
Balcanes]. Las fronteras los dividen artificialmente. Las maquinaciones de las potencias capitalistas están entretejidas con las intrigas sangrientas de las dinastías balcánicas. Si continúan estas condiciones la Península Balcánica será una caja de Pandora”. (Trotsky. Las Guerras Balcánicas. Pág. 12. En la edición en inglés).

Cuando Austria–Hungría ocupó Bosnia–Herzegovina, y Serbia clamó sed de venganza, la socialdemocracia serbia se mantuvo firme frente a la histeria chauvinista. Igualmente los socialdemócratas Búlgaros se opusieron a su propia camarilla dominante y a la intromisión de Rusia en los Balcanes. Se celebró un Congreso de los partidos socialistas balcánicos en Belgrado en enero de 1910, con representantes de los Partidos Socialdemócratas de Serbia, Rumania, Bulgaria, Turquía y los Partidos Socialdemócratas yugoslavo de Austria–Hungría y un pequeño grupo de Socialdemócratas de Montenegro. En su programa el congreso acordó los objetivos de la Socialdemocracia Balcánica: “Liberarse del particularismo y la estrechez de miras nacionalista, eliminar las fronteras que dividen pueblos que comparten una cultura y un idioma similar, vincularlas económica y finalmente barrer cualquier forma de dominio extranjero tanto directo como indirecto que priva a los pueblos de su derecho a decidir por sí mismos su propio destino”. (Ibíd..).
“Las necesidades del desarrollo capitalista chocan continuamente con los límites de los particularismos en