Por un Sistema de Salud único, público y gratuito

0
142

La crisis mundial del capitalismo en su fase imperialista se expresa en su contradicción básica: el alto grado alcanzado por el desarrollo de las fuerzas productivas da a la producción de mercancías y servicios un carácter social y universal; este carácter choca con la apropiación privada de esa producción, así como de la fuerza de trabajo que la produce, despojando a la mayoría de la humanidad de comer, educarse, vestirse, cobijarse y de salud. Esta ley básica del desarrollo capitalista en su fasefase imperialista tiene en el campo de la salud su expresión más dramática.

Aportes al Programa Socialista (V)

La crisis mundial del capitalismo en su fase imperialista se expresa en su contradicción básica: el alto grado alcanzado por el desarrollo de las fuerzas productivas da a la producción de mercancías y servicios un carácter social y universal; este carácter choca con la apropiación privada de esa producción, así como de la fuerza de trabajo que la produce, despojando a la mayoría de la humanidad de comer, educarse, vestirse, cobijarse y de salud.

Esta ley básica del desarrollo capitalista en su fase imperialista tiene en el campo de la salud su expresión más dramática.

A pesar de las posibilidades técnicas y científicas aumentan los índices básicos del estado de enfermedad de la población, perpetuándose e incrementándose enfermedades crónicas de tipo social (Chagas, tuberculosis, desnutrición infantil, reducción de la talla, VIH, etc.); enfermedades producto de la contaminación ambiental; enfermedades mentales (creciendo la enajenación); y retornando enfermedades erradicadas como el Cólera.

La mercantilización de la salud ha llevado a una sobreoferta de las prestaciones que para cumplir con su función de obtención de ganancia debe estar en funcionamiento pleno, en perjuicio de su correcta utilización para el diagnóstico y la terapéutica. Lo mismo sucede con los medicamentos sometidos a las leyes del mercado, incluso en el aspecto esencial de crear artificialmente las necesidades del consumo.

En nuestro país este despilfarro se manifiesta además en la existencia de decenas de "obras sociales" controladas por la burocracia sindical que, además de ofrecer un servicio pésimo a los trabajadores, son una fuente de corrupción y enriquecimiento para estas dirigencias sindicales y un negocio fabuloso para las clínicas privadas que subcontratan el servicio.

Conceptos esenciales como la relación entre atención primaria de salud y la mayor complejidad, como el trabajo interdisciplinario; o como la relación entre medicina preventiva, curativa y de rehabilitación (pilares de un correcto trabajo profesional) están negadas por la mercantilización de la fuerza de trabajo profesional. Como consecuencia de esto, se ha producido tanto en los pacientes como en los trabajadores de salud una fragmentación. Hay una medicina para ricos y otra para pobres. Hay profesionales ricos y pobres.

Las multinacionales de la salud tienen plena conciencia que el mercado de ricos se les achica y a diferencia de otras épocas en que respetaban por conveniencia al profesional del barrio o del pueblo o del hospital público, hoy éstos son presas del mercado convirtiendo a la mayoría de los profesionales en mal pagos y superexplotados del capital.

En el ámbito de la salud pública es donde se expresa con mayor énfasis la barbarie del capitalismo.

La salida a esta crisis de la salud es inconcebible sin atacar la causa básica de la barbarie: la desorganización de la sociedad con arreglo a las leyes del mercado capitalista. La expropiación de los medios de producción y de los servicios en el campo de la salud (laboratorios, sanatorios, equipamientos, etc) y su unificación y funcionamiento a cargo del Estado, bajo control de los trabajadores de la salud y de la población laboriosa, se constituye en el eje estratégico de toda política revolucionaria.

Esta medida básica permitiría conformar un Plan Único Nacional de Salud, aprovechando al máximo los cuantiosos recursos de que dispone el país, ahorrando esfuerzos, definiendo con claridad científica y no en base a las ganancias capitalistas y de burócratas corruptos las prioridades sanitarias.

Los enunciados están lejos de cualquier utopía ya que la historia se ocupó de demostrar en la URSS, China, Cuba las ventajas incomparables de la organización socialista de la economía en general y de la salud en particular (más allá de las deformaciones burocráticas que luego socavaron la economía planificada en los dos primeros, liquidando las principales conquistas en el campo de la salud y otros, con su vuelta al capitalismo).

Por eso exigimos:
-Sistema único nacional de salud gratuito y de calidad.
-Hospitales públicos y gratuitos en todas las localidades.
-Centros de salud con atención médica las 24 horas, con ambulancias en todos los barrios.
-Acceso directo a la salud.
-Prestación médica al PAMI en todos los centros de salud.
-Trabajadores en planta permanente.