Panorama de la situación mundial

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El marxismo es una visión larga de la historia. Más allá de los flujos y reflujos coyunturales de la lucha de clases y de la economía capitalista, el análisis marxista debe tomar como punto de partida los procesos más generales que condicionan cada etapa histórica y que los delimitan de las etapas precedentes. 20 años representa un período de tiempo muy relevante en la vida de un ser humano, pero en la Historia es un lapso casi despreciable. Sin embargo, ¡cuánto cambió el escenario histórico en tan ctan corto espacio de tiempo!

Una época preñada de posibilidades revolucionarias

El marxismo es una visión larga de la historia. Más allá de los flujos y reflujos coyunturales de la lucha de clases y de la economía capitalista, el análisis marxista debe tomar como punto de partida los procesos más generales que condicionan cada etapa histórica y que los delimitan de las etapas precedentes.

La etapa que dejamos atrás

20 años representa un período de tiempo muy relevante en la vida de un ser humano, pero en la Historia es un lapso casi despreciable. Sin embargo, ¡cuánto cambió el escenario histórico en tan corto espacio de tiempo!
Hace 20 años se iniciaba la crisis de los regímenes estalinistas en la antigua URSS y los países del este de Europa, cuya existencia marcó la mayor parte del siglo XX. Cuando unos pocos años más tarde estos regímenes desaparecieron ignominiosamente, vimos iniciarse la ofensiva ideológica más feroz de la historia contra las ideas del marxismo y del socialismo. Era la época en que la burguesía mundial rebosaba optimismo y confianza en el futuro, y anunciaba un "Nuevo Orden Mundial" basado en la paz, la prosperidad y la fraternidad universales.

Los dirigentes obreros reformistas giraban a la derecha o se pasaban al campo del enemigo de clase. Su cobardía, y la confusión reinante en el movimiento obrero, permitieron a la burguesía lanzarse a una carrera desenfrenada para incrementar la superexplotación de los trabajadores, saquear con las privatizaciones la riqueza estatal de todos los países sin excepción, y lanzar un ataque despiadado contra las principales conquistas de la clase obrera.

Vietnam quedaba ya lejos, y el imperialismo norteamericano se aventuraba a nuevas guerras imperialistas en Iraq, Afganistán, y en la antigua Yugoslavia.

Quién no recuerda aquellos gobiernos fuertes asentados en sólidas mayorías parlamentarias en Europa y América; como los de Thatcher, Mitterrand, Helmut Kohl, Felipe González, Reagan, Bush padre, Clinton, Fujimori o Menem.

La más mínima mención al socialismo, al marxismo o a la revolución era tratada con sarcasmo e ironía en la prensa burguesa y en los estrados de las universidades.

Pero, como advirtió el viejo Marx, el topo de la historia continuaba haciendo su trabajo. Los cambios moleculares en la conciencia de las clases oprimidas, imperceptibles a simple vista, estaban teniendo lugar en todas partes. La arrogancia desenfrenada de las políticas capitalistas e imperialistas, inevitablemente provocaban una acumulación de malestar, bronca e indignación, que tenía que encontrar una vía de expresión más tarde o más temprano.

Un cambio en la situación mundial

No es necesario ser marxista o socialista para reconocer que la situación que vive el mundo hoy nada tiene que ver con los procesos descritos anteriormente. Toda la situación mundial ha dado, en unos pocos años, un vuelco dramático.

El fracaso de la aventura imperialista en Iraq y Afganistán, ha demostrado que el ejército más poderoso del mundo no es imbatible, y ha provocado una crisis seria en la clase dominante. Una expresión de esto fue el desafío que lanzó el Congreso estadounidense a su gobierno, aprobando una resolución que exige la retirada del ejército de Iraq. No importa que Bush vetara esta resolución. Esto simple hecho da una medida de la profundidad de la crisis política que vive EEUU. Los sectores decisivos de la clase dominante norteamericana son conscientes de que la política aventurera de Bush en Medio Oriente y otros lugares, debilita al imperialismo norteamericano, política y financieramente, y extiende el sentimiento antiimperialista en todas partes.

La economía estadounidense está en una situación pésima, endeudada hasta los dientes. Aumentan los gastos militares y se recortan los gastos sociales. La decadencia de la industria norteamericana se está expresando en decenas de miles de despidos. Y en el horizonte se dibuja una recesión, que tendrá un efecto de arrastre de alcance internacional.

La popularidad de Bush es la más baja de la historia presidencial estadounidense. El malestar social se refleja en el movimiento maravilloso de los inmigrantes hispanos, el sector más oprimido y marginado de la sociedad, que inundó por millones las calles de todo el país el año pasado, desafiando las leyes anti-inmigración y la amenaza real de deportaciones masivas. Todo prepara un ingreso tormentoso de la lucha de la clase obrera norteamericana en los acontecimientos.

¿Y qué decir de Europa? El Viejo Continente atraviesa la mayor inestabilidad política desde la 2ª Guerra Mundial. En todos los países tenemos gobiernos débiles, con frágiles mayorías parlamentarias, lo cual refleja la incertidumbre que respira la sociedad. Los ataques a las viejas conquistas del "Estado del Bienestar" han provocado luchas masivas y huelgas generales en un país tras otro. La realidad está cincelando la conciencia política de la clase obrera europea, "suavizada" tras décadas de relativa estabilidad social. Y en el curso de los años venideros redescubrirá sus tradiciones socialistas y revolucionarias.

La bancarrota del capitalismo se muestra en todas partes, particularmente en Asia y África, donde la barbarie forma parte de la vida corriente de millones de seres humanos.

Medio y Próximo Oriente son un caos. El imperialismo ha convertido la región en un infierno. El conflicto palestino es sólo su expresión más aguda. Sólo la unidad de las masas trabajadoras (árabes, israelíes, etc) en un combate común contra la burguesía sionista de Israel y los podridos regímenes burgueses y semifeudales de la zona, puede ofrecer una salida a la barbarie actual con el establecimiento de una federación socialista, donde todos los pueblos puedan convivir en paz y armonía. El fundamentalismo islámico es un fenómeno temporal, que refleja la desesperación de las masas y la ausencia de una alternativa revolucionaria. Es significativo que en Líbano, Palestina o Irán, las masas exhiban banderas con la efigie de Chávez y Che Guevara. Bastaría el ejemplo de una revolución socialista triunfante en cualquier país del mundo para que la influencia del oscurantismo religioso se evapore como una gota de agua en un horno encendido.

Países como India o Pakistán, tras 50 años de existencia independiente, dependen servilmente del imperialismo como nunca. La burguesía de estos países fracasó miserablemente en la resolución de las tareas democrático-nacionales pendientes para sacar a la sociedad de su atraso secular.

China es el único país con un desarrollo importante de las fuerzas productivas. Pero el restablecimiento del capitalismo, de la mano de los dirigentes estalinistas del PC, ha traído aparejada una explotación atroz de los trabajadores y campesinos, y numerosas revueltas sociales. China depende ahora completamente del mercado mundial. Una recesión en la economía mundial, que es inevitable, tendrá consecuencias muy severas en la sociedad china. El futuro aparece preñado de posibilidades revolucionarias para el poderoso proletariado chino, el más numeroso del planeta.

El socialismo está a la orden del día

América Latina es la región que refleja de manera más acusada la nueva época que vivimos. No existe un solo país estable desde Tierra del Fuego hasta el Río Grande. En un país tras otro, las masas trabajadoras y campesinas se han lanzado impetuosamente a la lucha para transformar la sociedad. En Argentina, Ecuador y Bolivia 6 presidentes electos fueron derribados por levantamientos populares. En Brasil y Uruguay, partidos de izquierda llegaron por primera vez al gobierno en unas elecciones. Luego de 20 años el Frente Sandinista volvió al poder en Nicaragua. En México tuvimos el año pasado las protestas populares más grandes de su historia contra el fraude electoral que le robó la victoria al PRD, y una insurrección revolucionaria en Oaxaca. En Venezuela, el proceso revolucionario abierto desde la llegada de Chávez mantiene su marcha ascendente, con un impacto en todo el continente.

La adopción del Socialismo como objetivo de la revolución venezolana tiene un profundo significado histórico. Por primera vez en décadas, un líder mundial ha proclamado la necesidad del socialismo, reivindicando el pensamiento de Marx, Lenin, Rosa Luxemburgo y Trotsky. Millones de trabajadores, campesinos y jóvenes venezolanos se identifican con la revolución socialista. Ahora se inició un programa de nacionalizaciones. Todas las condiciones para una transformación socialista de la sociedad venezolana están presentes, y sin apenas violencia. Si ese fuera el caso, su ejemplo se extendería por toda América Latina, y más allá.

El fracaso histórico del llamado "sistema de "libre" mercado" no puede ser más elocuente. Nunca antes en la historia presenciamos tantas calamidades juntas: conflictos, guerras, desastres naturales, terrorismo, pobreza, miseria. Millones de personas en todo el mundo empiezan a comprender que "algo va mal" y que se necesita un cambio fundamental en la sociedad.

Los escépticos y cínicos nos acusan a los marxistas de ser unos optimistas incurables. No declaramos culpables de esta acusación. Esta gente se la pasa todo el tiempo maldiciendo a la clase obrera por su "bajo nivel de conciencia" y por seguir a "falsos" dirigentes que la traicionarán. Pero estas lamentaciones están de más. Lo que se necesita es interpretar correctamente la época que transitamos y, sobre todo, intervenir audazmente en los movimientos de masas, cualquiera que sea su dirección, para establecer firmes puntos de apoyo en los trabajadores y campesinos, suministrando las consignas, las tácticas y el programa científico del socialismo que requiere la situación, y así ganar la confianza de la mayoría de la población oprimida, sobre la base de su propia experiencia.

Nuestro optimismo está fundamentado en hechos incontrovertibles y, sobre todo, en nuestra plena confianza en la capacidad de la clase trabajadora para encontrar el camino correcto y transformar la sociedad. Esto es lo que explica los éxitos y avances de la Corriente Marxista Internacional, de la que formamos parte, en América Latina e internacionalmente.