Museos iraquíes: el arte y los valores del mercado

0
79

En la época de decadencia capitalista la burguesía ya no es capaz de hacer avanzar la civilización humana, pero la decadencia del sistema capitalista amenaza con envenenar todos los aspectos de la vida social. Los efectos más negativos de esta decadencia se pueden encontrar en el mundo de la cultura. El período actual de la historia del capitalismo está caracterizado, entre otras cosas, por la ausencia de grandes creaciones artísticas y de un pensamiento o filosofía original. Es un período extremamenmamente superfluo y con una enorme pobreza intelectual y espiritual, un período en el cual George W. Bush puede convertirse en presidente de la nación más poderosa del planeta y Jeff Koons es considerado un artista de talla.

El capitalismo es una amenaza para la cultura

En la época de decadencia capitalista la burguesía ya no es capaz de hacer avanzar la civilización humana, pero la decadencia del sistema capitalista amenaza con envenenar todos los aspectos de la vida social. Los efectos más negativos de esta decadencia se pueden encontrar en el mundo de la cultura. El período actual de la historia del capitalismo está caracterizado, entre otras cosas, por la ausencia de grandes creaciones artísticas y de un pensamiento o filosofía original. Es un período extremamente superfluo y con una enorme pobreza intelectual y espiritual, un período en el cual George W. Bush puede convertirse en presidente de la nación más poderosa del planeta y Jeff Koons es considerado un artista de talla.

El artista pop estadounidense, Jeff Koons, puede que no represente el pináculo del genio artístico, pero sus obras consiguen mucho dinero. Hace poco alguien vendió una escultura de Koons llamada Michael Jackson y las burbujas que representa al famoso cantante en compañía de un mono. El precio de compra de esta obra de arte moderna en 1991 fue de 250.000 dólares, ahora se acaba de vender en 5,6 millones de dólares. El astuto inversor conseguió un sustancioso beneficio en sólo diez años. Si el “arte” produce tales beneficios ¿por qué alguien en sus cabales se va a molestar en la inversión productiva?

El Evening Standard (28/3/003) se hacía eco de este hecho excepcional y decía lo siguiente: “Las obras contemporáneas son con mucho el sector más representativo del mercado de arte actual”. Hace poco se publicó el Zurich Art Market Research Art and Antiques Index (el índice del mercado de arte y antigüedades de Zurich) y demuestra que el “arte contemporáneo” dobló su valor desde 1996. Sólo en 2002, subió un 26 por ciento. El interés de los capitalistas en el arte aumenta en proporción inversa a su deseo de invertir en el desarrollo de la industria, la ciencia y la tecnología, y la creación de cosas que realmente son útiles para la mayoría de la raza humana.

Existe un próspero mercado internacional de arte donde los inversores compran todo lo que está disponible, muchas veces a unos precios absurdos. Para aquel que esté interesado puede mirar una página web con una base de datos que incluye los detalles de unos 290.000 artistas y los récords conseguidos en subastas desde 1700 en adelante. Su departamento económico proporciona los índices de precios, los niveles de precios por categoría, la tendencia de compra, el número de transacciones, el desglose de la facturación del artista entre los mercados y entre tipos de transacciones y ventas. Aquí se pueden encontrar muchas cosas para el deleite de todo aquel al que le gusten los gráficos, cuadros y diagramas, aunque esto no tenga nada que ver con el arte. Aquí se presenta el arte como otra mercancía en venta, como un caramelo, los calzoncillos o el petróleo iraquí.

Gran Bretaña, que ha perdido la mayor parte de su base manufacturera y se ha convertido en gran medida en una economía rentista y parasitaria, ahora cuenta con el 23 por ciento del mercado mundial de arte contemporáneo, porque produce una gran cantidad de obras de eso que algunos llaman arte y que con la fiebre especulativa actual siempre encuentran un comprador. De esta forma, una rama del parasitismo alimenta a la otra.

Un anuncio típico de esta rama de la “producción” hace la siguiente pregunta: “¿Te gustaría en un corto espacio de tiempo convertir 5.760 libras en 7.152?” El corto plazo es lo que importa hoy en día para todos los capitalistas. El capitalismo británico ya no es capaz de producir autos, se ha arrinconado en el mercado del “arte”. ¡Qué hecho tan lamentable para el antiguo taller del mundo! ¿A alguien le extraña que Gran Bretaña haya terminado como un satélite del imperialismo estadounidense?

El mayor centro de este comercio por supuesto es EEUU, que cuenta con el 56 por ciento del mercado. Sobra decir que este enorme gasto en obras de arte tiene poco que ver con la estética. La mayor parte de las obras que se compran no son para exponerlas sino que son una inversión económica, o por llamar las cosas por su nombre, es especulación. El público no verá estas obras y la mayoría de ellas ni siquiera las verán sus compradores, estarán en los grandes bancos y empresas.

Algunas de estas obras de arte (la variedad contemporánea más barata) se alquilarán para exponerlas en los consejos de redacción o recepciones de las empresas. Las más valiosas estarán encerradas en las cámaras acorazadas de los bancos hasta que se vuelvan a vender. En el caso de obras como Michael Jackson y las burbujas, probablemente éste sea el mejor lugar para guardarlas. Los antiguos maestros que deberían ser propiedad común de toda la humanidad son acumulados por avaros y nunca verán la luz del día. De esta forma, a la raza humana se le roba una parte preciosa de su herencia.

El saqueo de Iraq

El ejemplo más sangrante de cómo el capitalismo destruye la herencia cultural de la humanidad es lo que ha ocurrido en Iraq. El enorme tesoro de la cuna de la civilización humana que se remontaba a más de cuatro mil años ha sido saqueado, destruido y destrozado gracias a la violación anglo-estadounidense de Iraq.

La orgía obscena de saqueo de algunos de los museos arqueológicos más ricos del mundo, ha provocado un sentimiento de malestar e indignación en todos los hombres y mujeres civilizados. Los criminales que perpetraron estos actos de vandalismo no eran sólo la muchedumbre desorganizada. Actuaron muy rápidamente y sus actos fueron tan minuciosos que es imposible creer que eran sólo pobres urbanos actuando de forma espontánea. Los museos fueron el blanco sistemático, no sólo en Bagdad, también en Babilonia, la cuna de la civilización humana. El periódico The Sunday Mirror (13/4/03) decía lo siguiente:

“Ayer, Nabhal Amin, subdirector del Museo Nacional de Iraq lloraba al ver el saqueo vandálico del edificio. Albergaba casi 200.000 antigüedades de un valor incalculable, abarcaban un período de tiempo de 8.000 años, esculturas irreemplazables, tablillas de piedra escritas y relieves tallados de media docena de culturas, incluidos los imperios sumerio, asirio y babilónico. Amin rompió a llorar cuando dijo: ‘Han saqueado o destruido 170.000 piezas de la antigüedad […] valían miles de millones de dólares’”.

Los individuos que perpetraron este acto de vandalismo cultural sabían lo que hacían. Se pudo ver cómo uno transportaba una puerta antigua, mientras que otros buscaban otras cosas como el arpa de plata de hace 4.000 años del antiguo reino de Ur. Este no era un saqueo a ciegas, tenía un objetivo determinado, planeado por adelantado. Probablemente, la destrucción fue obra de otros, elementos menos conscientes, o dañadas por estos gángsteres en su prisa por conseguir lo que estaban buscando. Es impensable que esto haya sido obra de iraquíes normales. Está claro que quienesquiera que fueran estas personas, estaban muy bien organizadas y eran conscientes del valor de los objetos robados y donde se encontraban. Su destino final estaba fuera de las fronteras de Iraq.

Zainab Bahraini, un profesor iraquí de arte mesopotámico que ahora vive en EEUU, avisó que: “Muchas de estas piezas desaparecerán en los mercados internacionales de arte y no se volverán a ver nunca más. Si estas bandas van a otros museos y los saquean, las pérdidas serán horribles”. Y así fue. El conservador del museo de Babilonia intentó preservar sus tesoros tapiando la puerta del museo, pero todo fue en vano. La banda organizada hizo un agujero en otro lugar del edificio y saqueó todo excepto los frisos de piedra que pesaban demasiado para transportarlos. El conservador del museo lloraba al ver el espectáculo de su museo profanado y el resto del mundo lloró con él.

Pero algunos no llorarán. Algunos estarán muy contentos con esta violación de una civilización antigua. Las bandas que asaltaron los museos de Iraq y robaron sus tesoros antiguos estaban organizadas por los tratantes internacionales de arte. Estos buitres estaban esperando la oportunidad de su vida una vez que las fuerzas del imperialismo estadounidense habían conseguido someter a Iraq. Sus agentes estaban preparados para actuar rápidamente y estaban seguros de que las tropas ocupantes no iban a interferir en sus actividades. Nadie les preguntó qué estaban haciendo. Nadie interfirió en el transporte de las mercancías robadas. Nadie los detuvo en la frontera con Jordania. ¡Todo era simplemente pueril!

No ha debido ser fácil transportar grandes estatuas sin que nadie lo detectara. Es completamente posible que exista alguna clase de connivencia por parte de los estadounidenses. Al final, ellos son los responsables de la negligencia en la cuestión del saqueo, de la vigilancia mientras saqueaban los hospitales y robaban las medicinas. Mostraron una actitud completamente indiferente ante el sufrimiento del pueblo iraquí al que teóricamente iban a liberar. Su desprecio por la dignidad de Iraq también se puede ver en su indiferencia ante la destrucción de su cultura. Esta actitud demuestra, no el aspecto humano de los verdaderos libertadores, sino la arrogancia de los conquistadores imperialistas.

Rumsfeld y la libertad de saqueo

Los comentarios más relevantes han llegado de Donald Rumsfeld. Cuando le preguntaron por el saqueo y el caos de Bagdad respondió con enorme tranquilidad que la libertad era algo muy delicado, y que el pueblo libre a veces hace cosas malas. Como son libres pueden saquear, robar, quemar y destruir museos y hospitales. ¿Pero acaso no es un precio pequeño por la conquista de la libertad? El ferviente compromiso de Rumsfeld con los principios del libre mercado, incluido el derecho sagrado al saqueo, evidentemente no se extiende a los negocios petroleros. Las tropas estadounidenses rápidamente se dispusieron a defender los ministerios de petróleo y defensa, mientras que abandonaban los hospitales, escuelas y museos. Este pequeño detalle revela cuales son los valores y prioridades del sistema capitalista en todas partes.

Para los capitalistas, el arte, la cultura y la educación no tienen un valor intrínseco. Sólo tienen interés en la medida que suministran una fuente de enriquecimiento para aquellos que ya son obscenamente ricos. Si pueden impunemente cerrar escuelas y hospitales en Europa y EEUU para ahorrar dinero, sin duda lo harán. Si pueden hacer que la gente pague por servicios públicos como los museos, bibliotecas y galerías de arte, lo privatizarán. Si no dan el suficiente dinero, lo cerrarán.

El mundo cultural a principios del siglo XXI es un desierto donde todo está subordinado a un solo principio: el beneficio. Donald Rumsfeld no se perturbó ante la desaparición de una gran parte de la herencia cultural de la humanidad porque no cree en herencias comunes, sólo en la propiedad privada. ¿Por qué dejar estas viejas esculturas en un museo de Bagdad cuando se pueden conseguir jugosos beneficios en el mercado del arte de Nueva York?

Para las personas como Rumsfeld las obras de arte sólo tienen interés si se transforman en mercancías. Si tiene la oportunidad pondrá en venta el contenido de cada museo y galería de arte y se lo dará al mejor postor. Estos son los principios del mercado. ¡Así es como se supone se hacen las cosas en la democracia!

Pero carece de importancia si esta clase peculiar de “democracia” significa el dominio ilimitado de un puñado de empresas gigantescas gobernadas por minúsculas camarillas de multimillonarios. Si estos “principios del libre mercado” significa el desmantelamiento sistemático de todas las conquistas conseguidas por la clase obrera durante los últimos cien años y regresar a la edad de las tinieblas, también es otro detalle insignificante. Que estos “principios” constituyen una amenaza para la cultura y los valores civilizados, también es indiferente. Todo lo que importa es el dominio del Capital y eso le permite saquear todo el mundo sin ningún tipo de obstáculo.

La moral de Bush

Las civilizaciones antiguas de Oriente Medio tenían muchas características bárbaras, aunque nunca fueron tan bárbaras como la conducta de nuestros actuales imperialistas. Ellos adoraban a dioses bárbaros y sanguinarios. Entre ellos estaba el dios Moloch que exigía sacrificios humanos constantes, normalmente niños pequeños. Devotos cristianos como George W. Bush y su lugarteniente, Donald Rumsfeld, toman este ejemplo para demostrar la superioridad moral de su religión y que ahora intentan imponer a la población iraquí a través de los servicios de un ejército de misioneros evangélicos.

Dudamos que estos misioneros sean bien recibidos en Iraq, a pesar de que irán bien equipados con dinero y comida para sobornar a la población hambrienta a cambio de lealtad religiosa. La población de Iraq ya ha tenido la oportunidad de observar la superioridad moral del cristianismo practicado por Bush y Rumsfeld, y los iraquíes sacarán la siguiente conclusión: que es la creencia más sangrienta, cruel y bárbara jamás vista en el mundo.

En los últimos doce años, el brutal bloqueo económico de Iraq provocó la muerte de más de un millón de niños. Nadie sabe cuantos hombres, mujeres y niños inocentes murieron en esta guerra reciente. Pero lo que está claro es que muchos más morirán en los próximos meses debido a la destrucción provocada por los bombardeos que los ha dejado sin infraestructura. En comparación con el comportamiento de los imperialistas estadounidenses en Iraq, Moloch parece una deidad benevolente.

La verdadera religión de George W. Bush y la clase a la cual representa no es el cristianismo, sino el culto a Mammón, el dios de la riqueza. Están dispuestos a sacrificar a mujeres, hombres y niños ante este dios despiadado. Es una religión que no tiene corazón, ni alma ni mente. Está dedicada completamente a la acumulación de riquezas en este mundo. En el próximo tendrán que cuidarse ellos mismos, porque dicen que el rico está en el punto de mira del Señor.

Declive capitalista

En el período de ascenso, la burguesía jugó un papel progresista porque desarrolló las fuerzas productivas e hizo avanzar los límites de la civilización y la cultura. Pero en el período de su decadencia senil, a los capitalistas ya no les interesa desarrollar las fuerzas productivas. Los límites estrechos del capitalismo no pueden contener las fuerzas productivas que ha creado. La economía mundial está en crisis porque hay demasiados autos, acero, zapatos y computadoras. En un mundo donde millones de personas pasan hambre, a los agricultores en Europa y EEUU se les paga para no producir comida, porque dicen que hay demasiado grano, carne y leche.

Las guerras que constantemente devastan un país tras otro, son un síntoma de que todo el sistema está en una crisis profunda y que está plagado de contradicciones insalvables. Aparecen fisuras por todas partes en el orden capitalista mundial. En un sistema que no otorga ningún valor a la vida humana, al que le es completamente indiferente los sufrimientos de millones de niños, ¿qué importancia va a tener la cultura? ¿Quién puede hablar seriamente de las maravillas del arte, la música y la literatura cuando en todas partes hay barbarie?

Estamos en medio de una regresión general en lo que se llamaba civilización y este es el resultado inevitable del sistema socioeconómico actual que ha superado su razón histórica de existencia. La civilización ahora tiene dos frenos gigantescos: la propiedad privada de los medios de producción y el estado nacional. Pero la burguesía no es capaz de reconocer eso y se ha convertido en una barrera reaccionaria para el progreso humano. Se aferra al poder como un hombre agonizante se agarra a la vida. Al hacer esto ha condenado al mundo a un período prolongado de convulsiones, guerras y caos. Todos los intentos de salvarse están condenados al fracaso. Su declive es irreversible, pero amenaza con arrastrar a la sociedad detrás de él.

En el principio del siglo XXI, la burguesía es algo totalmente corrupto, reaccionario y degenerado. Esto se puede ver representado en los representantes del gobierno de EEUU. Las acciones las personas que ahora gobiernan el mundo constituyen una amenaza para al futuro de la cultura humana y la civilización. Los acontecimientos en Iraq han demostrado esto con una claridad contundente.

La lucha contra el imperialismo y el capitalismo se ha convertido en la lucha para defender las conquistas de la cultura humana frente a una fuerza destructiva que amenaza con aplastar todo lo que se encuentra para satisfacer su insaciable avaricia. La clase obrera no puede ser indiferente ante el destino de la cultura. Sobre ésta se debe construir el futuro edificio socialista. ¡No podemos permitir que la burguesía lo aplaste! Las conquistas acumuladas durante los cuatro mil años de civilización humana deben ser defendidas, valoradas, atesoradas y preservadas para el beneficio de nuestros hijos y nietos.

Esto es cien veces más cierto en la juventud. Los jóvenes son los que más tienen que perder bajo el capitalismo. Deben detener los ataques a la educación y deben exigir una educación decente en todas partes. ¡Hay que poner fin al monopolio cultural y educativo de la burguesía! La cultura es para todos, no para el enriquecimiento de un puñado de parásitos ricos. Los jóvenes deben comprender que su futuro exige la participación activa en la lucha por el socialismo. ¡Es imposible ser neutral!

La guerra en Iraq ha despertado a las más amplias capas de la sociedad. Ha afectado no sólo a la clase obrera, también a los estudiantes, intelectuales y artistas que demostraron su repulsión ante esta guerra injusta. Ahora la guerra ha terminado. Pero la lucha acaba de comenzar. Es necesario sacar todas las conclusiones.

Es necesario que todos aquellos que aprecian el arte y la cultura sean conscientes de la seriedad de esta amenaza. Los artistas, los músicos, los escritores y los intelectuales también tienen que jugar un papel en la lucha por un futuro mejor. El capitalismo, con su credo desalmado de los “valores del mercado”, es la negación del espíritu creativo que impulsa el arte y la cultura. La dictadura de los grandes monopolios está estrangulando el potencial para el libre desarrollo de la creatividad humana.

Los mejores representantes de los artistas, escritores y músicos están luchando para reivindicar su derecho a la libertad de expresión. Junto al arte “oficial” moribundo que muestra todos los síntomas de decadencia del sistema, surgirán nuevas tendencias que expresarán el espíritu de la rebeldía de la nueva generación. El movimiento contra la guerra los ha puesto en acción. Pero para dar significado a esa acción es necesario un programa y perspectiva serios.

Bajo el capitalismo el arte nunca será verdaderamente libre. Las nuevas tendencias artísticas, literarias y musicales sólo podrán desarrollarse en una nueva sociedad, liberándose del dominio del beneficio, la avaricia y el egoísmo, una sociedad donde hombres y mujeres puedan relacionarse entre sí como verdaderos seres humanos. El nombre de esta nueva sociedad es el socialismo. Es el momento de dejar a un lado todos los temores y vacilaciones y unirse con la clase obrera en la lucha revolucionaria por la transformación de la sociedad y construir un nuevo orden donde puedan vivir todos los seres humanos.

25 de abril