Métodos de lucha del feminismo, una crítica marxista (Parte 3)

Acción directa

La acción directa es uno de los métodos de lucha más conocidos e implementados, donde se realizan actos autoorganizados por iniciativa individual o grupal, enfocados a responder ante situaciones concretas, estas pueden ser de carácter violento o no. En el caso de la acción directa no violenta pueden considerarse los actos de manifestaciones en vías públicas, huelgas, ocupaciones de espacios públicos entre otras, algunos teóricos le llaman a esto desobediencia civil, nosotros somos críticos ante este llamado, ya que le quita su contenido de clase y se le quiere acomodar entre muchos otros métodos de la “sociedad civil” diluyendo su contenido de clase. En el caso de la acción directa violenta, esta se le relaciona regularmente con el anarquismo, pues parte de la idea del terrorismo individual como ente provocador de la insurrección revolucionaria, que puede ir desde la destrucción de la propiedad privada, enfrentamientos con la policía, hasta atentados contra figuras de poder político.

En la historia del desarrollo del movimiento feminista, los métodos de la acción directa y la desobediencia civil han sido utilizados, desde el movimiento sufragista en Gran Bretaña hasta nuestros días, con ejemplos como el bloque negro.

Ante las grandes olas de violencia y desigualdad hacia la mujer que recorren cada rincón de nuestro país, estos métodos también se han extendido, prácticamente no hay una sola marcha donde no se realicen pintas, se rompan vidrios o haya enfrentamientos con la policía. Estos, aunque son realizados por grupos minoritarios en las manifestaciones, han adquirido cierto reconocimiento y aceptación por un sector del movimiento, sin embargo, estos actos no han tenido el resultado deseado, pues la intención no es la “destrucción o el enfrentamiento” en sí, sino que se busca un despertar de las masas manifestantes hacia la acción directa, cuestión que no ha sucedido. Aunque sus actos son aceptados por un sector del feminismo no hay una confluencia hacia la radicalización del movimiento y estos actos se mantienen de forma aislada.

León Trotsky en su texto “Por qué los marxistas se oponen al terrorismo individual”, escrito en noviembre de 1911, explica lo siguiente:

“A nuestro entender el terror individual es inadmisible precisamente porque devalúa el papel de las masas en su propia consciencia, las hace resignarse a su impotencia y volver la mirada hacia un héroe vengador y liberador que esperan llegará un día y cumplirá su misión. Los profetas anarquistas de la ‘propaganda de la acción’ pueden mantener todo lo que quieran a propósito de la influencia exaltadora y estimulante de los actos terroristas sobre las masas. Las consideraciones teóricas y la experiencia política prueban que sucede todo lo contrario. Cuanto más ‘eficaces’ son los actos terroristas y mayor es su impacto, más limitan el interés de las masas por su auto-organización y auto-educación”.

De esta forma tendríamos que plantearnos la pregunta, ¿Se puede provocar una revolución a través del terrorismo individual? Si el planteamiento fuera tan sencillo como eso, sería entonces muy sencillo provocar revoluciones, lo cual no es así pues de ninguna manera un grupo de personas puede sustituir la acción revolucionaria de las masas, y su participación requiere de un proceso dialéctico de acumulación de contradicciones en la vida cotidiana y de un proceso de toma de conciencia de las masas, donde estas deben pasar por un periodo de educación, de aproximaciones sucesivas hacia la mejor táctica de lucha, donde hay métodos que educan más que otros. De esta forma entendemos que intentar suplir el accionar de las masas genera la falsa sensación de que no es necesaria la organización pues “alguien más” ya lo está haciendo, también limita la toma de conciencia sobre la verdadera fuerza que tiene el movimiento y muestra una falta de confianza hacia las capacidades de organización y lucha de nuestra clase, por lo tanto, estas concepciones son equivocadas al momento de elevar a otro nivel el proceso de lucha.

Esto de ninguna manera significa que como marxistas nos oponemos al ejercicio de la violencia desde un punto de vista moral, si no que nos oponemos a la violencia individual desde un punto de vista táctico, la moral de los comunistas no tiene que ver con la moral burguesa que está diseñada en beneficio y defensa de los intereses de la propiedad privada, si no que nuestra moral se basa en el análisis de que es lo que ayuda a elevar el nivel de conciencia de la clase obrera y por lo tanto su grado de organización.

Nuestra táctica entonces implica la participación de nuestra clase en huelgas, manifestaciones en vías públicas, paros, etc. pues estas acciones van encaminadas a ayudar a las masas a creer en sus propias fuerzas, a auto organizarse y esto ayuda a tomar conciencia de las tareas históricas que tenemos por delante, además de que se pueden ver más claramente las limitaciones que hay dentro del sistema capitalista y su democracia burguesa para resolver nuestros problemas y demandas.

Para nosotros el uso de la violencia no es un tabú, sabemos que en algún momento será necesario emplearla pues la clase dominante no va a ceder el poder político y económico pidiéndolo por favor, y nosotros estaremos dispuestos a luchar hombro a hombro de manera organizada con nuestra clase. Una provocación de un acto violento aislado da a la burguesía el pretexto perfecto para utilizar su brazo armado para reprimir al movimiento, pues la represión nunca es focalizada sino general, esta situación puede llevarnos a perder entre la violencia del estado y la desmoralización a los mejores cuadros del movimiento, descabezándolo y propiciando la desmovilización, esto en definitiva no ayuda al movimiento en general.

En el caso del movimiento de la mujer donde estos métodos se han vuelto muy populares debemos decir que es cierto que expresan toda la rabia acumulada por las condiciones barbáricas a las que estamos sometidas las mujeres dentro del sistema capitalista y que es muy válido expresarlo y hacerlo notar, pero lo que ha sucedido es que este proceso de expresión de la rabia, termina silenciando las voces de víctimas y familiares, convirtiéndose en su contrario, pues es muy clara la política de cobertura de los medios de comunicación donde se vuelcan hacia el lugar donde se está realizando la acción directa en vez de cubrir los mítines y discursos donde se habla de los casos de las víctimas, los encabezados de la prensa siempre son la cobertura de las pintas y destrozos dejando solo unas notas pequeñas de los nombres de las víctimas por quienes salimos a las calles. ¿Esto ayuda a la lucha? ¿Visibiliza a las víctimas?

La cuestión en este caso es que no solo se trata de un error de método, sino de su política de lucha, en una entrevista ofrecida al periódico Milenio (puedes consultar la entrevista completa aquí: https://hoy.lasalle.mx/en-el-bloque-negro-ese-color-es-solo-una-manera-de-hacerse-visible/) , una simpatizante y participante de la organización Okupa Bloque Negro declaró que la criminalización y enfrentamientos con la policía son una forma de romper con los roles de género, pues se espera que las mujeres protestemos de forma pacífica:
“Por el hecho de ser mujer, porque la mujer es mal vista, se ve mal rompiendo, se ve mal quemando, por eso hablan de nosotras… pero somos mujeres que estamos rompiendo con los estereotipos marcados de la sociedad”.

Efectivamente existen estereotipos de género marcados por la sociedad de clases, pero para eliminarlos por completo es necesario transformar radicalmente las bases materiales que reproducen estos estereotipos, que además han sido creados para perpetuar la opresión hacia la mujer. Nosotras podemos romper, quemar y pintar todo lo imaginable, pero eso no cambiará la realidad material, eso no combate, ni siquiera rasguña la estructura del sistema capitalista, por eso es que, tanto desde el punto de vista táctico como político, este tipo de acciones son muy limitadas.

Alternativa revolucionaria y de clase

La violencia hacia la mujer, como hemos dicho, se encuentra presente en cada espacio de la vida diaria de las mujeres de la clase obrera, son las mujeres de nuestra clase las que no poseen los medios económicos necesarios para vivir en zonas residenciales vigiladas, para transportarse en auto particular y evitar el acoso callejero, no poseen el poder económico para hacer que las instancias judiciales actúen de forma inmediata en el ejercicio de justicia ante un caso de violencia, son las mujeres trabajadoras las que no pueden pagar guarderías y deben encargar a sus hijos, etc., estas son las condiciones a las que la mujer obrera se ve sometida dentro del capitalismo, se ve inmersa en un estado de indefensión y dependencia económica y social, muestra evidente de la opresión generada por este sistema hacia nuestra clase.

La lucha por la emancipación de la mujer no debe tratarse de manera superficial, requiere de un análisis filosófico preciso y serio, más allá de las condiciones de género, que, si bien están presentes y podemos diferenciarlas en todo momento estas son producto de una contradicción más profunda, la contradicción de clase.

Nuestras principales diferencias con el movimiento feminista y sus tácticas son que estas derivan de una premisa filosófica errónea pues concentran toda la lucha en las diferencias de género, contra los privilegios masculinos, contra el dominio patriarcal, que asumen como la causa raíz de la opresión de la mujer. Al asumir estas premisas como causa, caemos en la posición interseccional, en la heterogeneidad del feminismo, donde existe un feminismo para cada mujer, que lo interpreta de acuerdo con sus condiciones de clase, donde hay mujeres más privilegiadas que otras que aprovechan la lucha y la conquista de derechos de la mujer en general para reafirmar su posición de opresoras de clase. Esto no significa que nos oponemos a la conquista de derechos democráticos para las mujeres, todo lo contrario, pues entre más derechos tengamos más nos daremos cuenta de que nuestro problema no es la falta de derechos sino este sistema de explotación, pero sí creemos necesario profundizar más en la teoría para conocer si nuestro enemigo a derrotar es el “sistema patriarcal” o el sistema social basado en la propiedad privada.

Aunque sabemos que las demandas de la lucha por la emancipación de la mujer no podrán ser completamente resueltas dentro del sistema capitalista, pues su funcionamiento depende de la opresión y sumisión de las mujeres trabajadoras, es necesario levantar la bandera de un programa de lucha por reivindicaciones que ayuden a mejorar nuestras condiciones, es por esta razón que planteamos algunas medidas transitorias para organizar la lucha contra la violencia hacia la mujer, por nuestro derecho democrático a decidir sobre nuestro cuerpo, por mejorar las condiciones de trabajo de las mujeres y de las madres trabajadoras y por nuestra emancipación del yugo del trabajo doméstico.

Con respecto a la violencia hacia la mujer, esta debe ir ligada a la lucha contra el sistema capitalista, para poder erradicarla, y para esto es necesario que la lucha de la mujer esté ligada a la lucha por el socialismo. De igual forma, debemos incentivar la organización colectiva y permanente de las mujeres, junto al pueblo organizado, en policías comunitarias controladas por las comunidades y grupos de autodefensa que puedan formarse de manera democrática y popular en las calles, colonias, centros de trabajo y de estudios; es correcto luchar por leyes que nos protejan pero deben ir acompañadas de una transformación profunda de las estructuras judiciales y de las condiciones materiales que llevan a la opresión de la mujer sino de poco servirán. Necesitamos un estado totalmente nuevo, donde las instituciones encargadas de impartir justicia estén bajo control de los trabajadores y sectores oprimidos, que no sean burocráticos y tengan la posibilidad, en tribunales populares, de resolver rápidamente las controversias, los cuales no deben revictimizar a la mujer al momento de presentar una denuncia, luchamos por la formación de casas de atención integral y resguardo a mujeres víctimas de violencia.

Si el Estado es incapaz de proveernos de estas cuestiones mínimas para salvaguardar la vida de las mujeres, es nuestro deber organizarnos y luchar para conseguirlos, sin dejar de luchar porque el Estado las financie manteniéndose bajo nuestro control democrático.

Sobre el aborto, como compañeras organizadas y conscientes de la necesidad de avanzar en la conquista de derechos democráticos para las mujeres y personas gestantes, debemos luchar por la despenalización y legalización del aborto, sin restricción de causales en todo el país, para que este sea reconocido como un derecho humano, por lo tanto; de acceso libre, seguro y gratuito, y este deberá incluirse integralmente como parte del derecho a la salud pública. También nuestra lucha debe orientarse para que la educación sexual y el acceso a los métodos anticonceptivos puedan llegar hasta el más alejado rincón del país para que las mujeres tengan la posibilidad de prevenir embarazos no deseados.

Como parte importante de la clase obrera, luchar por mejorar nuestras condiciones laborales con el conjunto de nuestros compañeros de clase es fundamental, debemos alzar la consigna: “A trabajo igual salario igual”. Por el derecho al libre acceso a guarderías, jardín de niños y escuelas gratuitas, seguras y de calidad para los hijos e hijas de todas las madres trabajadoras, sin importar si su trabajo es formal o no, impulsando el acceso a todas las mujeres hacia el trabajo formal con derechos y prestaciones remuneradas. Debemos luchar por ampliar el tiempo de las licencias de maternidad y paternidad con el 100% del sueldo. Nuestra lucha también debe ir orientada hacia la eliminación de todas las leyes laborales o penales discriminatorias hacia la mujer, por la formación de comités en los centros de trabajo y sindicales que asuman la protección, defensa y combate contra el acoso sexual y laboral, y por la participación libre y plena de las mujeres en las organizaciones obreras.

A diferencia de algunas posiciones feministas, los marxistas no creemos que la remuneración del trabajo doméstico sea un proceso de empoderamiento o liberación de la mujer, sino todo lo contrario, pues proporcionar un salario a la realización de las tareas del hogar reafirma la idea absurda y reaccionaria de que nuestro lugar está dentro de las cuatro paredes del hogar familiar y que nuestra función es el cuidado de la familia nuclear. Consideramos esta reivindicación como reaccionaria y contraproducente hacia la emancipación de la mujer, pues nuestro lugar debe de estar en la producción social, fuera del hogar, construyendo las fuerzas de una nueva sociedad, no sometidas ni enclaustradas dentro de nuestras casas, es por eso que nosotros reivindicamos la socialización del trabajo doméstico, donde estas tareas de cuidados y limpieza deben estar a cargo del estado, bajo la administración democrática del conjunto de la clase obrera, así estas tareas pasarán a ser una responsabilidad social y no un yugo de opresión hacia las mujeres.

Nuestra lucha contra la violencia y la opresión de la mujer se plantea en términos más allá del género y más allá de las limitantes de este sistema social.

Sabemos que la opresión se expresa de muchas maneras diferentes y hacia cientos de sectores diferentes, donde todos los días nos enfrentamos a sucesos violentos y discriminatorios por motivos raciales, étnicos, de género, de orientación e identidad sexual, etc., pero en cada una de estas variantes encontramos un factor común, la clase a la que pertenecemos, donde nuestros intereses y luchas en común son mucho mayores que nuestras diferencias.

Somos nosotros, los de la clase obrera, los que todos los días nos enfrentamos a las penurias de no tener el suficiente ingreso para alimentar a nuestras familias, somos los obreros los que no tenemos acceso a atención médica especializada y de calidad, somos nosotros los que sufrimos a diario la violencia de los prejuicios de una sociedad machista, racista, homofóbica, transfóbica y clasista. ¿Por qué dividir nuestra lucha en los mismos términos y estereotipos que nos marca la clase dominante? Esta división debilita la organización de nuestra clase y desvía nuestra atención hacia enemigos superficiales que no podremos destruir, pues solo son ramas del árbol podrido mas no su raíz.

Desde el estudio de la evolución del ser humano se ha demostrado que nuestra especie pudo adaptarse y sobrevivir gracias a su forma de organización en colectividad, vestigios de este instinto colectivo afloran en momentos críticos, donde olvidamos todos los prejuicios de individualidad y mezquindad de la sociedad burguesa y nos volvemos uno solo. Ejemplo de esto han sido los terremotos de 1985 y 2017, o recientemente el colapso de la línea 12 del metro, donde nuestra solidaridad de clase se expresa, en estos momentos es cuando podemos ver de manera muy clara que no hay diferencias entre los oprimidos, pues todos padecemos las penurias del capital.

Nuestra alternativa de lucha siempre será la de clase, pues sobre nuestros hombros se recarga todo el peso de la desigualdad, es nuestra clase la única capaz de arrebatarle el poder político, económico y social a esa clase parasitaria y burguesa.

Los y las trabajadoras somos la única clase capaz de destruir al sistema capitalista por nuestro papel dentro de la producción, es por ello que la organización y la lucha obrera son la mayor arma que podemos tener para destruir las bases materiales de la desigualdad, la violencia y la opresión, conquistando el poder político económico y social para ponerlo al servicio de la mayoría explotada, donde una nueva sociedad pueda construirse sobre las cenizas de la propiedad privada, eliminando las contradicciones de clase podremos avanzar hacia el proceso de transformación de la educación, de la cultura, de la moral, que le permita a las nuevas generaciones tener una visión de convivencia colectiva, sin los prejuicios y ataduras burguesas hacia la mujer, donde todos podamos ser completamente libres y completamente iguales, de este modo bajo una transformación radical de la sociedad, bajo una transformación socialista, las nuevas generaciones podrán vivir en un mundo lejos de la violencia y la explotación del capital.

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