Este 8 de marzo ¡Recuperar las calles! ¡Para derrotar la violencia patriarcal derribemos al capitalismo!

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Este 8 de marzo nos encuentra nuevamente luego de 2 años de pandemia, marchando masivamente con la bandera en alto, con la memoria combativa de aquel 8 de marzo de 1910, día de paro y lucha para las mujeres trabajadoras que fuera propuesto como tal por iniciativa de Clara Zetkin y Käte Duncker en el II Encuentro Internacional de Mujeres Socialistas realizado en 1910 en Copenhague (Dinamarca) con el nombre de «Día de Solidaridad Internacional entre las mujeres proletarias». Esa marca de nacimiento, ese programa de «solidaridad» de clase es clave, actual, e indispensable para la reflexión y la acción.

En los últimos días las noticias nos muestran la violación ejercida contra una joven por parte de seis varones, acontecida en Buenos Aires. Este acto de violencia patriarcal, como tantos otros que padecen las mujeres, de acosos y ultrajes, nos debe llevar a una profunda reflexión, echando mano de las mejores ideas y experiencias que nos permitan derribar de manera definitiva las relaciones sociales y de producción del capitalismo, que son los pilares primordiales de la cultura machista y misógina.

La lucha sostenida durante años por el movimiento de mujeres, lesbianas, travestris, trans, tuvo sus frutos en la sanción de nuevas leyes que representaron conquistas sociales: la ley de protección integral de las mujeres, contra la trata de personas, el matrimonio igualitario, la identidad de género, el cupo laboral trans y la paridad de género, entre otras, y en diciembre de 2020 se estableció que el aborto inducido debe ser legal, seguro y gratuito. Estas conquistas, surgidas de la lucha y de la organización desde abajo, nos encuentran lejos de haber resuelto las raíces de los problemas del régimen patriarcal de manera práctica.

En la experiencia cotidiana se demuestra que la violencia y la discriminación nos persiguen -aunque las leyes estén sancionadas-, y que es preciso, para que esta lucha tenga éxito, contar con las ideas y los métodos superadores de este estado de cosas.

Como marxistas defendemos firmemente la causa de las mujeres, de las lesbianas, de las travestis y de las mujeres trans, luchamos contra la desigualdad y contra toda opresión, discriminación e injusticia. Pero lo hacemos desde el punto un vista de clase, desde la perspectiva de los y las trabajadores y trabajadoras, de los y las explotadas. Mientras luchamos resueltamente para conseguir reformas que representan un paso adelante en las condiciones de existencia cotidiana, afirmamos que la única salida para conseguir la completa emancipación de las mujeres, lesbianas, trans, travestis -y de todos y todas las oprimidas de la sociedad-, es mediante la disolución del sistema capitalista, pues su destrucción es condición necesaria para derrotar definitivamente al régimen patriarcal.

En concreto y luego de las multitudinarias marchas y luchas del movimiento de mujeres, si analizamos las condiciones materiales en las que se encuentran en el actual y complejo panorama económico y social de nuestro país, observamos que el último informe del Indec arroja que el desempleo en las mujeres aumentó del 11,2% en el primer trimestre del 2020 al 12,3% en el mismo período de 2021. En cambio, entre los varones, el indicador bajó del 9,7% al 8,5%. Un estudio de la Universidad Nacional de San Martín, durante los primeros meses del 2021 nos dice que hubo 390.000 varones ocupados más que en el mismo período del año pasado. Sin embargo, en el caso de las mujeres hubo 360.000 ocupadas menos en ese lapso. Esto demuestra que las desigualdades sociales y económicas van a la par con la violencia femicida y con los diversos modos de opresión hacia las mujeres y las diversas feminidades, siguiendo su curso supuestamente “natural”, aquel que consagra la cruel vigencia, a una vez, las desigualdades de clase y las de género.

En 1918 Rosa Luxemburgo decía, “es preciso dar vuelta un mundo”, cuando llamaba a la rebelión social en medio de un mundo envuelto en guerras, violencia y explotación. Su llamamiento se impone hoy, con mayor crudeza, el fin del patriarcado surgirá de un mundo completamente transformado, en el que la opresión de género sea erradicada junto con la violencia que anida en el corazón del capitalismo, violencia de clase, violencia que despoja a las grandes mayorías de sus condiciones mínimas de existencia, y consagra el dominio irrestricto de unos pocos. Esa lógica devoradora del capital, es la que se reproduce en la violencia patriarcal, y es en la lucha de clases donde encontrará su resolución definitiva y emancipatoria.

Desde los diferentes movimientos de mujeres están convocando a los varones a la lucha. Tomamos el guante y decimos, luchemos por un feminismo de clase que asuma como suya la perspectiva de la revolución social, y como objetivo el fin de la explotación de clase y de las opresiones de género.